Archivo agosto, 2009

Pedro le da la Supercopa europea al Barça

SUPERCOPA DE EUROPA

F.C. BARCELONA 1-SHAKHTAR DONETSK 0

F.C. BARCELONA: Valdés; Alves, Piqué, Puyol, Abidal; Touré (Sergio Busquets, min. 101), Xavi, Keita; Messi, Henry (Bojan, min. 97) e Ibrahimovic (Pedro, min. 79).

SHAKHTAR: Pyatov; Srna, Kucher, Chygrynskiy, Rat; Gai (Kobin, min. 78), Hübschman, Ilsinho, Willian (Aghahowa, min. 93); Fernandinho (Jadson, min. 77) y Luiz Adriano.

GOL: 1-0, minuto 115: Pedro, a pase de Messi

ÁRBITRO: Frank de Bleeckere (BEL). Tarjetas a Ilsinho (min. 54), Srna (min. 64), Kucher (min. 89), Messi (min. 89) y Pedro (min. 108).

INCIDENCIAS: Final de la Supercopa de Europa, disputada en el estadio Louis II de Mónaco, ante unos 20.000 espectadores.

Pedro, eufórico tras marcar el gol. Foto: AFP/Marca.com

Pedro, eufórico tras marcar el gol. Foto: AFP/Marca.com

La Masía continúa al poder. La cantera blaugrana se apuntó ayer un nuevo éxito, dado que fue netamente protagonista en el segundo título conquistado ya por el Barça esta temporada, y el quinto de 2009. El equipo de Guardiola está a un solo paso de completar algo histórico, lo nunca visto en el mundo del fútbol; sólo le falta el Mundial de Clubes para hacer el pleno: 6 títulos de 6 posibles en el año en el que nos encontramos.

De momento, lleva cinco; y en los dos logrados este verano -las dos Supercopas- un nombre sobresale por encima de todos: Pedro. El pequeño extremo canario, uno de los decubrimientos exclusivos de Guardiola, ya marcó en San Mamés el gol del triunfo en el partido de ida de la Supercopa española; y ayer repitió suerte en la europea. Corría el minuto 115 de partido, ya en la prórroga, y con los penaltis en lontananza, cuando Pedro -sustituto de un todavía desacertado Ibrahimovic- se asoció con Messi para batir, por fin, la portería ucraniana. El canario, desde la izquierda, combinó con el argentino, quien le devolvió el balón para que, desde el punto de penalti, lo colocara magistralmente junto al palo de Pyatov. El Barcelona no había estado brillante, pero con todo y con eso se llevó otra copa más a sus vitrinas.

El Barça, con la Supercopa levantada por Puyol. Foto: As.com

El Barça, con la Supercopa levantada por Puyol. Foto: As.com

Y no estuvo brillante por dos razones. La primera, la principal, que el Shakhtar -con el ya azulgrana Chygrynskiy como jefe de la defensa- planteó el partido perfecto para hacerle daño a los de Guardiola: cerrojazo y a buscar alguna contra. Lucescu, entrenador del Shakhar, usó la cabeza y le puso una sombra llamada Hubschman a Xavi, quien únicamente pudo pensar con claridad en contadas ocasiones. El campeón de la UEFA se encomendó a Luiz Adriano -verdugo del Barça hace tres años en el Mundial de Clubes con el Internacional de Porto Alegre- para intentar llevar peligro a la meta de Víctor Valdés, pero el pobre delantero brasileño demasiado hizo ante la falta de acompañamiento en la delantera.

El Shakhtar únicamente creó peligro en la prórroga, con la entrada de Aghahowa, quien le ganó un par de veces la espalda a la defensa culé, obligando la segunda de ellas a Víctor Valdés a hacer su prmera parada de importancia en el partido. Los ucranianos reclamaron poco antes del gol de Pedro un presunto penalti de Sergio Busquets a Luiz Adriano, en el que el brasileño da la sensación de que se tira nada más notar la mano del canterano del Barça. Esta jugada enfadó muchísimo a Lucescu, quien cargó en la rueda de prensa contra el árbitro. Quizás el entrenador rumano del Shakhtar estuviese pensando en las musarañas cuando antes, en el primer período del tiempo reglamentario, uno de sus chicos, formando parte de una barrera, sacó impunemente el codo dentro del área para desviar un lanzamiento de falta de Messi, porque de esa jugada no comentó nada.

Sea como fuere, el ataque constante del Barça, baldío hasta entonces, encontró su justo premio con el golazo de Pedro. Otra joya más procedente del vivero blaugrana, y otro título más levantado por el más veterano de todos ellos, Carles Puyol.

Por cierto, mención especial merece el césped del monegasco estadio Louis II, la segunda de las razones por las que el Barça no fue ayer el Barça. Es inadmisible que toda una Supercopa de Europa se juegue en un estadio con un césped en tan lamentables condiciones, por mucha Mónaco que sea la sede; más aún cuando allí no se disputan partidos desde mayo. ¿En qué estaban pensando Platini y los suyos?

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Messi, mejor jugador de la Champions 08-09

Leo Messi continúa su imparable carrera hacia el reconocimiento universal como mejor jugador del mundo. El argentino del Barça criado en La Masía recibió ayer el galardón de mejor jugador de la Champions League de la pasada temporada, un premio indiscutible que, no obstante, también pudo haber conseguido su compañero en el Barça Xavi.

Messi, MVP de la Champions. Foto: Marca.com

Messi, MVP de la Champions. Foto: Marca.com

Ambos fueron el más claro ejemplo del dominio azulgrana en la pasada Champions, ya que también fueron designados como mejor delantero y mejor centrocampista respectivamente, por delante de sus compañeros Eto´o -ya ex- y Andrés Iniesta respectivamente, quedando tercero en la votación de delanteros el rutilante fichaje del Madrid Cristiano Ronaldo.

En las otras dos categorías, mejor portero y mejor defensa, los premios fueron para el guardameta holandés del Manchester United Edwin Van der Sar -por delante de Víctor Valdés-, y para el defensa inglés del Chelsea John Terry, quien consiguió más votos que otro que también pudo haber ganado perfectamente, Gerard Piqué.

Sin duda esta cascada de premios y nominaciones es la mejor contestación desde Can Barça a las palabras de Jorge Valdano del pasado martes. Aunque para completar en condiciones la respuesta deportiva el Barça debe ganar esta noche al Shakhtar Donetsk en la Supercopa de Europa, para sumar así el segundo título de los seis a los que optan los de Guardiola.

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Sorteo de la Champions 2009-2010

Ayer por la tarde, tuvo lugar el sorteo de la fase de grupos de la Champions League, en la que el Sevilla resultó ser, con diferencia, el mejor parado de los equipos españoles, y en la que tendrán lugar varios encuentros con mucho morbo.wallpapers_champions_league_1287

Como es tradicional desde 1998, el Fórum Grimaldi de Montecarlo acogió, un día antes de la disputa de la Supercopa Europea entre el Barcelona y el Shakhtar Donetsk, el sorteo de la primera fase de la máxima competición del fútbol continental de clubes, en la que lo más destacado será, sin duda, la vuelta de Eto´o al Camp Nou, ya que Barça e Inter han quedado encuadrados en el grupo F, junto al Dinamo de Kiev y a los rusos del Rubin Kazan.

Pero hay más morbo todavía: el emparejamiento entre catalanes e interistas trae también, como contrapartida, el retorno de Ibrahimovic al que fue su equipo hasta la pasada temporada, así como un nuevo enfrentamiento de José Mourinho contra el Barcelona. Además, para continuar con los reencuentros especiales, Kaká también volverá a San Siro, ya que Milan y Real Madrid compartirán experiencias en el grupo C, acompañándoles el Olympique de Marsella y el Zurich suizo.

El Atlético de Madrid, una vez superada la previa, no tiene un grupo a priori demasiado complicado, pero no debe confiarse. Al “coco” Chelsea le acompañarán en el grupo D el Oporto -verdugo colchonero la pasada temporada, pero debilitado ésta por las bajas-, y los chipriotas del Apoel Nicosia.

Y, como decíamos antes, el que sin duda ha salido mejor parado del sorteo ha sido el Sevilla. El equipo de Manolo Jiménez, por primera vez en su historia en el bombo de los cabezas de serie -curiosamente lo es cuando lleva dos años sin hacer nada destacado en Europa, y no lo fue cuando acudió, hace dos años, con la vitola de bicampeón de la UEFA- se las verá en el grupo G con dos históricos venidos bastante a menos como son el Sttutgart y el Glasgow Rangers, y con un absoluto desconocido en el fútbol europeo como el Unirea Urziceni de Rumanía. No es que vaya a ganar todos los partidos por goleada, pero visto lo visto el Sevilla casi está obligado a ocupar la primera plaza de forma relativamente cómoda.

La composición de todos los grupos es la siguiente:

GRUPO A: Bayern Munich (Alemania), Juventus (Italia), Girondins (Francia) y Maccabi Haifa (Israel).

GRUPO B: Manchester United (Inglaterra), CSKA de Moscú (Rusia), Besiktas (Turquía) y Wolfsburgo (Alemania).

GRUPO C: Milan (Italia), Real Madrid (España), Olympique de Marsella (Francia) y F.C. Zurich (Suiza).

GRUPO D: Chelsea (Inglaterra), Oporto (Portugal), Atlético de Madrid (España) y Apoel Nicosia (Chipre).

GRUPO E: Liverpool (Inglaterra), Olympique de Lyon (Francia), Fiorentina (Italia) y Debreceni (Hungría).

GRUPO F: Barcelona (España), Inter de Milán (Italia), Dinamo de Kiev (Ucrania), y Rubin Kazan (Rusia).

GRUPO G: Sevilla (España), Glasgow Rangers (Escocia), Sttutgart (Alemania) y Unirea Urziceni (Rumanía).

GRUPO H: Arsenal (Inglaterra), AZ Alkmaar (Holanda), Olympiacos (Grecia), y Standard de Lieja (Bélgica).

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (y 10)

DÉCIMO Y ÚLTIMO DÍA: 5-8-2009 (Vitoria)

Mi último día completo por tierras del norte fue el día festivo de las fiestas de la Blanca. El día en el que, desde el principio, todo el mundo se echa masivamente a la calle para realizar diversas actividades, aprovechando la festividad. Por la mañana todo comienza a las 7 con la procesión y el Rosario de la Aurora -que comienza y desemboca en la Plaza de la Virgen Blanca-, la misa de la Aurora, y la ofrenda floral a la Virgen Blanca, que para eso es su día; y todo continúa con diversos espectáculos como el desfile constante por las calles de las cuadrillas con los “blusas” -los mozos de dichas cuadrillas- y las “neskas” -sus alter ego femeninos-, o el espectáculo de los gigantes, cabezudos, comparsas y sotas.

El Gargantúa. Foto: usue.wordpress.com

El Gargantúa. Foto: usue.wordpress.com

Untzi y yo pillamos esto último. El día anterior había sido muy largo -aunque éste no lo iba a ser menos, en absoluto-, y toda la actividad que tuvimos, especialmente desde la tarde, hacía aconsejable que nos tomáramos la mañana con un poco de calma. A media mañana salimos a dar el correspondiente paseo turístico, para que yo tuviese la oportunidad de disfrutar con el ambiente que había en las calles, y también para que pudiera ver otras zonas que se nos habían quedado pendientes. Al día siguiente yo ya me iba, y debíamos aprovechar al máximo.

Después de tomarnos algo en uno de los bares próximos a la plaza de la Virgen Blanca con Maite -la madre de Untzi, a quien nos encontramos por allí-, pasamos por delante de la figura del Gargantúa, un gigante con mucha tradición entre los niños vitorianos, a quienes suele engullir para posteriormente expulsarlos por el trasero… aunque como os podéis imaginar, en verdad aquello no es más que un tobogán cuya labor, lógicamente, es hacer las delicias de los más pequeños. Después nos cruzamos la calle Eduardo Dato -peatonal y festiva cuando se tercia, a diferencia de la que tenemos en Sevilla-, una de las más céntricas de la ciudad, por donde andaban en aquel momento los gigantes, los cabezudos y las sotas, estando representados en ellas cada uno de los cuatro palos de la baraja española: oros, bastos, espadas y copas. Obviamente no perdí la oportunidad de echar algunas fotos, pero las particularidades de mi ya deficiente cámara digital hicieron que tanto éstas como las que fui haciendo posteriormente a cada uno de los lugares por donde pasamos no pudieran ser extraídas posteriormente al ordenador, porque mi cámara, como se suele decir en estos casos, se las cargó.

Pero no sólo de contemplar las fiestas trató la mañana. El paseo también estaba dirigido al campus universitario, una preciosa zona donde se encuentran todas las facultades vitorianas de la Universidad del País Vasco: E.U. de Magisterio; la Biblioteca y el aulario “Las Nieves”; la E.U. de Estudios Empresariales; la E.U. de Ingeniería; la E.U. de Trabajo Social; la Facultad de Farmacia; la Facultad de Letras -Filología, Geografía, Historia, Historia del Arte…-; el Pabellón Universitario; la Residencia Universitaria y la Unidad Docente de Medicina.

El palacio de Ajuria Enea. Foto: elcorreodigital.com

El palacio de Ajuria Enea. Foto: elcorreodigital.com

De allí pasamos al barrio de la gente pudiente -que no recuerdo cómo se llama-, donde se encuentran, entre otras cosas, el palacio de Ajuria Enea, es decir, la sede del gobierno vasco; y la casa donde vive el “lehendakari”. No era lo principal, pero de todo hay que ver un poco.

Y con la vuelta a casa de nuevo por las calles más fiesteras nos metimos en la hora de comer, y la de ese día no iba a ser una comida como otra cualquiera. La tradición de la familia de Untzi dice que cada cinco de agosto hay comilona con la familia de sus “titos” -el hermano de su padre y su esposa, junto a su prima Iratxe-, aquellos con los que ya coincidí el domingo anterior; y este año, además, les tocaba recibirlos. Yo no tuve ningún problema en estar allí con ellos; al contrario, me lo pasé estupendamente porque los tíos de Untzi son, además de muy sociables, muy peculiares -en el buen sentido-, de los que animan como debe ser una reunión familiar de este tipo. Además ya había roto el hielo con ellos tres días antes, así que todo fue sobre ruedas.

La noche fue una de esas noches que no se olvidarán nunca. Todo por culpa de dos locas que llevan el espíritu fiestero en la sangre y que, cuando se juntan, no hay quien las pare. Me refiero a Untzi y a Nerea, una de sus amigas del alma. En algo más de medio día yo ya me iba de la ciudad, y lo cierto es que en aquellas mis últimas horas por allí me faltaba algo por conocer. Había convivido durante casi cuatro días con Untzi y su familia; había conocido personalmente a buena parte de su queridísima pandilla de “canallas”; había paseado por algunos de los lugares más representativos de Vitoria; había asistido al espectacular “txupinazo” de las fiestas y a la bajada de Celedón… pero ya digo que me faltaba algo. Y ese “algo” me lo iban a enseñar entre ellas dos: la Vitoria de noche, más allá de verbenas y demás acontecimientos especiales. La Vitoria de los bares, el ambiente nocturno que frecuenta cualquier joven vitoriano durante las fiestas o en cualquier fin de semana. Y la experiencia resultó muy positiva, a lo que ayudó sin duda el hecho de que los bares no estuvieran tan abarrotados como la noche anterior. Dado que yo era el invitado y quería ver lo máximo posible, Untzi y Nerea ejercieron de sobresalientes anfitrionas, y me llevaron a conocer a fondo la ruta nocturna de la capital de Euskadi; tanto fue así que se podría decir -quienes me conocen bien entenderán perfectamente la comparación- que fue como una “noche Ca3”, pero a la vasca. Lo que allí hicimos y hasta cuándo estuvimos queda para nosotros tres, y para aquellas pocas personas a las que se lo hayamos podido contar.

Al día siguiente, después de algunas horitas de descanso -no demasiadas-, terminé de preparar la maleta para que Untzi y su padre me llevaran al aeropuerto de Loiu, en Bilbao. Allí me esperaba el avión de Vueling -le hago propaganda porque el vuelo fue magnífico- que me iba a traer de vuelta, diez días después de mi salida, a Sevilla. Atrás quedaban esas diez jornadas magníficas, heterogéneas e incluso extrañas en algún que otro caso; diez días en los que conocí un poquito más España -y lo que aún me falta-, pero diez días en los que, sobre todo, conocí personalmente por fin a gente muy buena –Cristina, te meto en este grupo porque para quince minutos que te había visto antes en Madrid…-, así como a otro tipo de gente con la que nunca había hablado pero que también ha merecido mucho la pena conocer.

Cuando el avión aterrizó en el aeropuerto de San Pablo no pude evitar sentir una lógica mezcla de nostalgia y alegría: nostalgia porque yo sabía que, durante los días posteriores, sin duda iba a echar de menos -aunque solamente fuera un poquito- el bendito trajín del que había disfrutado tanto en León como en Galicia y, sobre todo, en Vitoria; pero alegría, claro está, por tener la oportunidad de volver a ver a mi familia y, en pocos días, también a mis amigos sevillanos. Los cuales espero que, para el año que viene me acompañen, porque si Dios quiere -que diría un ferviente católico-, o si puede ser -que es lo que digo yo-, dentro de más o menos 365 días vuestro humilde narrador -que diría el mítico Alex DeLarge, de La naranja mecánica– pienso volver a llevar a cabo una experiencia si no igual sí muy parecida a ésta.

Así pues, todo esto se acabó. El próximo año ojalá haya más.

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (9)

NOVENO DÍA: MARTES 4-8-2009 (Vitoria)

Penúltimo día completo del viaje; el día, como todos los años en Vitoria, en el que se inauguraron de forma multitudinaria las fiestas de la Blanca.

El Fernando Buesa Arena, visto desde fuera

El Fernando Buesa Arena, visto desde fuera

Pero eso fue por la tarde. Antes continué haciendo turismo por Vitoria, en este caso junto a Untzi y su padre por donde está el pabellón Fernando Buesa Arena y el Centro de Interpretación de Salburúa. Una zona verde magnífica, perfecta tanto para ir a echar el día con familia, amigos o pareja, como para ir a reflexionar y meditar -salvo los días en los que haya partido-, por su amplitud y tranquilidad. En primer lugar nos acercamos al impresionante recinto deportivo propiedad del equipo de baloncesto del Baskonia -tradicionalmente patrocinado por Tau Cerámica; desde esta temporada por la Caja Laboral-, con forma de platillo volante y con muchos recuerdos para con los grandes jugadores que han desfilado por las filas del equipo de Josean Querejeta, artífice de los años dorados que vive el baloncesto vitoriano desde 1997. Lástima que estuviese cerrado, pero claro, estamos en verano y los jugadores todavía disfrutaban de sus vacaciones.

Pero el conjunto de instalaciones del Baskonia no acaban en el Buesa Arena; también hay una ciudad deportiva -enfrente del pabellón-, donde sí pudimos entrar, en la que se incluyen, entre otras cosas, una cafetería, zonas de ocio tanto para niños como para adultos, una pista múltiple para baloncesto y otros deportes, y un pabellón de hielo.

El paseo matinal prosiguió con la visita a Salburúa, un centro de interpretación de la naturaleza que tiene, entre otras cosas, un impresionante mirador en el que puedes contemplar los quehaceres de muchas aves, anfibios y mamíferos. Desafortunadamente, aquello cerraba a las 14:00, y llegamos apenas un cuarto de hora antes, con lo que solamente tuvimos tiempo para ver un poco el edificio, pero nada más. Además, debíamos volver a casa para comer algo y terminar de preparar todo lo que iba a suceder a partir de las 6 de la tarde, donde había que ir con lo más cómodo y viejo que tuvieras, y sin ningún tipo de móviles, cámaras fotográficas ni nada que se les pareciese lo más mínimo. ¿Que por qué? Ahora lo desvelaré.

La fiesta, no obstante, ya empezaba a notarse por lo menos desde una hora antes. A las 5 Untzi y yo habíamos quedado con el resto de su pandilla, ya que había que procurar coger una buena ubicación en una plaza que, a la hora del txupinazo, estaría, como diría el Dúo Sacapuntas, “abarrotá”; y cuando empezamos a enfilar la correspondiente calle que desembocaba en la plaza comenzó uno de los rituales clásicos: los cubetazos de agua cayendo desde los balcones, todo un alivio ante el calor que estaba haciendo durante todo el día, aunque cierto es que, por la tarde, éste había amainado algo.

Bajada de Celedón por la Plaza de la Virgen Blanca. Foto: canales.diariovasco.com

Bajada de Celedón por la Plaza de la Virgen Blanca. Foto: canales.diariovasco.com

Poco a poco la fiesta se iba animando, hasta que llegamos a la plaza, donde cogimos una buena ubicación, aproximadamente por el centro y cerca de una de las salidas. El agua poco a poco comenzó a dejar paso al champán, incluso varios minutos antes de la bajada de Celedón. Es tradicional que el día 4 de agosto se gasten litros y litros de champán y, quien más quien menos, se fume un puro -yo no lo hice- a partir del descenso de Celedón, pero parece ser que allí la cosa suele empezar bastante antes, y este año no ha sido menos.

Puros, champán… y cánticos, algo que nunca puede faltar en el País Vasco; cánticos que, en algunos casos concretos, yo ya conocía después de mi convivencia con los seguidores del Tau en el pabellón San Pablo de Sevilla, durante la fase final de la Copa del Rey 2004; y en otros rápidamente me familiaricé con ellos, empezando por el que quizás sea el más tradicional de todos: “Ceeeeledón, ha hecho una casa nueeeeva; Ceeeeeledón, con ventana y balcón”.

Obviamente, cuando Celedón comenzó a descender con su paraguas -ver capítulo anterior de mi viaje para conocer su historia- por el cable habilitado desde la torre San Miguel, aquello ya fue la apoteosis. El champán, los botes que dábamos, los cánticos… fue todo genial, y muy espectacular; una experiencia para vivirla y repetir al año siguiente, si se puede. El actual Celedón, Gorka Ortiz de Urbina, cuando terminó el paseíllo a través de la plaza y subió al balcón, homenajeó en su pregón a un histórico del fútbol vasco y español, el Deportivo Alavés, necesitado ahora más que nunca de ánimos por parte de la afición vitoriana tras su descenso a Segunda B.

Y la fiesta, por supuesto, prosiguió cuando abandonamos la plaza, porque para limpiar el champán que nos había caído encima, ¡qué mejor que unos buenos cubos de agua! La fiesta del agua prosiguió, como no podía ser de otra forma, siempre al grito de “¡No seas rata, que el agua está barata!” Y tan barata que parecía estar, porque desde los balcones no dejaban de caer buenos chorreones. Perdidos, totalmente empapados, nos fuimos a tomar las primeras copas y a echar los primeros bailes y risas; en mi caso siempre acompañado de Untzi y de su genial pandilla de “canallas”: las Nerea, Miriam o Eli entre otras, a las que se unieron tres muchachas de Bilbao con las que terminé congeniando muy bien: Silvia, Alazne y Esti.

Por la noche, después de habernos dado todos una buena ducha -lógicamente-, la fiesta continuó en las calles, total y absolutamente llenas de gente. Y como los bares estaban a tope, llegado un momento determinado optamos por ir a la verbena de la Plaza Nueva, donde la orquesta contratada -andaluza, dicho sea de paso- tocó, como en todos los acontecimientos de este tipo -bodas, verbenas, cruceros…-, muchos de los grandes éxitos tan conocidos por todos, para que todo pudiéramos cantar y bailar a gusto. Nos lo pasamos de muerte, más que nada porque está comprobado que las verbenas casi nunca fallan.

Excelente forma, pues, de terminar un día realmente intenso, provechoso y divertido. Pero todavía quedaba el último.

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (8)

OCTAVO DÍA: LUNES 3-8-2009 (Vitoria)

Después de que nos tomáramos las cosas con un poco de calma, Untzi y yo salimos a media mañana para que ella me llevara a dar el primer paseo turístico por Vitoria. Hacía calor, algunos grados menos que los que suele haber en Sevilla, pero calor al fin y al cabo.

Con la estatua de Celedón, en el balcón de la Plaza de la Virgen Blanca

Con la estatua de Celedón, en el balcón de la Plaza de la Virgen Blanca

En este primer día completo en la capital vasca, Untzi me llevó a ver lo más típico del centro de la ciudad, empezando por la Plaza de la Virgen Blanca, donde hay un monumento conmemorativo de la batalla de Vitoria de la Guerra de la Independencia española de principios del XIX; y donde 24 horas más tarde iba a tener lugar el multitudinario “txupinazo” de las fiestas, y la bajada de Celedón, su símbolo. No se sabe a ciencia cierta si realmente existió o no, pero según la leyenda Celedón fue un aldeano de la localidad de Zalduendo de Álava que cada año se acercaba a las fiestas con espíritu generoso y jovial, terminando por ser el protagonista de las mismas.

En 1957 nueve “blusas” -los mozos que salen en las cuadrillas por las calles vitorianas durante las fiestas- idearon este personaje que, cada 4 de agosto, desciende con su paraguas a través de un cable desde una de las torres de la ciudad, San Miguel, para recorrer la plaza ya “convertido” en humano, e inaugurar oficialmente las fiestas desde el balcón de la plaza, donde hay una estatua en su honor. Ésta, en líneas muy generales, es la historia.

Fue un paseo ciertamente agradable, en el que también estuvimos en otros lugares emblemáticos como por ejemplo la neoclásica Plaza Nueva, lugar en el que en días posteriores se celebrarían verbenas y conciertos, dentro del programa de las fiestas. Y, para terminar, la compra de los recuerdos para familia y amigos principales, algo que nunca puede faltar en cada viaje, y algo que decidí hacer aquel día porque desde el día siguiente la ciudad iba a estar, en el buen sentido del término, totalmente patas arriba.

Y ahí acabó la jornada de mañana. Después de parar en su casa un rato para comer y descansar un poco, Untzi y yo nos fuimos sobre las 18:30 a uno de sus bares preferidos, el Badiola, porque allí habíamos quedado para tomar algo con Itziar y algunas de las de su pandilla de “canallas”, como cariñosamente llama Untzi a su círculo íntimo de amistades. Primero llegó Itziar, una de las personas más importantes en la vida de Untzi de los últimos tiempos -y a quien yo también conocía un poco por internet-, y más tarde lo hicieron Miriam y Eli.

Todos estuvimos allí un buen rato conversando, en mi caso especialmente con Itziar, por razones obvias; hasta que Miriam y Eli se tuvieron que ir, y entonces Untzi e Itziar me llevaron, a eso de las 20:30-21:00, a otro de los “templos” más significativos para Untzi -de todos los que ella y su pandilla tienen, que son muchos-, el bar Tobarik -que viendo cómo se escribe es vasco total, pero pronunciado suena total y absolutamente a ruso-, donde también estuvimos tomando algo, charlando y haciendo tiempo hasta que “amá Maite” -la madre de Untzi- salió de su trabajo.

Después de que Itziar se despidiera, me volví para casa con la familia de Untzi casi al completo -solamente faltaba el hermano Andoni- para darme una ducha, cenar algo e irme a la cama, puesto que los dos días completos que me restaban allí ya sí que iban a ser de verdadera aúpa.

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“Relámpago” a la velocidad de la luz

Me refiero a ese fenómeno de la velocidad atlética nacido en Jamaica, que responde al nombre de Usain Bolt, y que anoche se proclamó campeón del mundo de los 100 metros lisos, pulverizando de nuevo su plusmarca mundial.

Usain Bolt, entrando en meta y parando el reloj en 9,58. Foto: Marca.com

Usain Bolt, entrando en meta y parando el reloj en 9,58. Foto: Marca.com

Este caballero, que ya el pasado año en los Juegos Olímpicos destrozó dos récords del mundo y medio -el del relevo 4×100 es suyo por lo menos en un 50%-, protagonizó anoche en el Estadio Olímpico de Berlín un capítulo más en su larga lista de hazañas deportivas, e incluso relacionadas con la física. Y lo mejor de todo es que cada una es más increíble que la anterior.

Porque si grandiosa fue su marca de 9,69 en los 100 metros de Pekín -realizada justo un año antes, el 16 de agosto de 2008- y estratosférica la de 19,30 en los 200, la rebaja que le metió anoche a la del hectómetro solamente encuentra parangón en los famosos 8 metros y 90 centímetros de Bob Beamon en el salto de longitud de México 68, y en los 19,32 de Michael Johnson en los 200 metros de Atlanta 96; marcas que, como saben los buenos aficionados al atletismo, ya han vuelto a ser batidas.

9,58. Nueve segundos y 58 centésimas, para que todo el mundo lo entienda correctamente; once centésimas menos que su anterior récord, una auténtica barbaridad siempre y cuando los controles antidoping no digan lo contrario, que hasta ahora no lo han dicho pese a que han tenido ocasiones si Bolt hubiese incurrido en ilegalidades. Volviendo a la marca, si lo pensamos bien deberiamos estar sorprendidos, pero con matices; porque si analizamos la carrera de Pekín Bolt se dejó ir a unos 15 metros de la meta; es decir, ya el año pasado tenía esta marca en sus piernas. Y ayer, como ocurrió en los 200 metros hace un año, no se dejó ir, porque volvió a tener un rival que le apretó bastante.

Bolt, posando con su estratosférica marca. Foto: Marca.com

Bolt, posando con su estratosférica marca. Foto: Marca.com

En Pekín, éste fue Michael Johnson o, mejor dicho, su marca conseguida doce años antes; ayer fue Tyson Gay, un velocista estadounidense que, pese a ser doble campeón del mundo -100 y 200 metros, Bolt era un chavalín por entonces- en 2007, pasará a la historia como el 90% de los ciclistas que se enfrentaban a Eddy Merckx en los 60 y 70; es decir, como un pobre desgraciado que ha tenido la malísima fortuna de coincidir con el velocista más grande de la historia del atletismo. Gay hizo ayer la tercera mejor marca de toda la historia, 9,71; en cualquier competición sin Bolt le habría dado para apabullar al resto de sus rivales -ayer sacó 13 centésimas a Asafa Powell, el segundo jamaicano, que fue tercero con 9,84-, pero no cuando se enfrenta a Usain. Entonces, como se suele decir en esto casos, a Gay ni tan siquiera le vale el sagrado.

El resto de los finalistas fueron verdaderos espectadores de lujo, personas que pudieron contemplar desde el más privilegiado de los lugares cómo el “relámpago” jamaicano -no le puede venir más al pelo su apellido, porque uno de los significados de “bolt” es “relámpago”- se deslizaba por el tartán azul del estadio olímpico de Berlín a una velocidad casi más próxima a los 300.000 km/segundo que suponen la velocidad de la luz, que a lo que puede correr un ser humano.

Y todavía hay quien piensa que puede bajar de los 9,50; ya eso parece una utopía de las de verdad, pero visto lo visto, ¿hay quien piense hoy en día que existe algo imposible para este hombre?

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (7)

SÉPTIMO DÍA: DOMINGO 2-8-2009 (Viaje en tren/Vitoria)

A las siete de la mañana hice diana el primer domingo de agosto para coger, unos 3/4 de hora más tarde, un tren regional desde Pontevedra hasta Santiago de Compostela; y enlazar con un ARCO, pocos minutos después de bajarme en la capital gallega, que ya me llevaría a Vitoria-Gasteiz. Un buen madrugón para meterme entre pecho y espalda diez horas de viaje entre un tren y otro -eso sí, en el ARCO iba a ir en clase preferente, porque si no aquello sería insufrible-; todo para dar comienzo a la que, posiblemente, fuera la etapa más deseada de mi viaje y, seguro, la más intensa de todas. Mi querida amiga Untzizu -“Unchisu“, para pronunciarlo correctamente-, al igual que Irene en León, me esperaba un año después del fallido intento de viaje hacia tierras de Euskadi.

Untzi y yo: primera foto juntos

Untzi y yo: primera foto juntos

Pero esto a punto estuvo de truncarse, o de retrasarse al menos. Después de haberme despedido de Cristina -que se tomó la molestia de interrumpir su plácido sueño para decirme adiós- y de coger el primero de los trenes, éste se quedó parado a mitad de trayecto durante aproximadamente un cuarto de hora, por una presunta avería que no acertaban a localizar; incluso apuntaron la posibilidad de tener que cambiar una rueda, algo bastante extraño en un tren. Yo estaba que me subía por las paredes, aunque al mismo tiempo intentaba ir elaborando, en la medida de lo posible, otro hipotético “plan B”. Afortunadamente, no hubo que llegar a tanto porque, una vez reanudada la marcha -la alarma que saltó no se sabe cómo resultó ser una falsa alarma-, el tren recuperó algo del tiempo perdido, y pude llegar a Santiago 3-4 minutos antes de que tomara la salida el ARCO. Menos mal… Cuando entré en el vagón y me acomodé en mi asiento, ya me relajé por completo, porque el estrés por la posible pérdida del tren había sido bastante grande.

El viaje fue bastante cómodo y ameno, a pesar de su gran longitud temporal. A ello contribuyeron las dos películas que nos pusieron los de Renfe; pero ello no quita para que, a medida que se iba aproximando la llegada a la capital vasca, mi nerviosismo y las ganas de bajarme ya del tren fueran progresivamente en aumento. No era para menos: por muy cómodas que fueran, diez horas de viaje son diez horas de viaje; pero, sobre todo, lo que pasaba era que ya había ganas de ver en persona, por fin, a Untzi, más o menos como me ocurrió con Irene seis días antes.

Eso ocurrió poco después de las 18:30, aproximadamente unos cinco minutos después de que el tren me dejara en la estación. Como le prometí no sé cuántas veces durante el año y medio que llevábamos hablando, cuando Untzi apareció en la estación le di un gran abrazo, porque eran muchas las vivencias, muchos los momentos -buenos y malos- que habíamos compartido a través de la red, y también mucho el cariño que yo le tengo; así que era lógico que nos recibiésemos así. Porque Untzi, con sus virtudes y sus defectos, es una gran amiga, una de las personas más nobles que he conocido.

Primer y deseado brindis

Primer y deseado brindis

Por fin estaba allí; durante los cuatro días siguientes me disponía a conocer “su mundo”, como ella misma me había expresado semanas antes; un mundo peculiar, divertido, surrealista y caótico en ocasiones, pero en el que estaba completamente seguro de que no me iba a aburrir, y de que me lo iba a pasar estupendamente, como así fue.

Para comenzar, después de dejar las cosas en su casa y conocer a sus padres –Jesús Miguel y Maite, superacogedores-, Untzi y yo nos fuimos a tomar algo, a hacer el primer brindis en uno de los bares cercanos a donde ella vive, y a echar -cuántas ganas tenía ya…- las primeras charlas cara a cara. Y después, cena con los tíos paternos allí en casa, como manda la tradición de la familia. Sobre éstos -incluyendo a su prima Iratxe, que también estaba allí, lógicamente- ya me había hablado Untzi más de una vez a través del messenger, y no me decepcionaron para nada. De su extraordinaria peculiaridad como personajes ya hablaré algo en días posteriores, porque el día 5, el festivo en Vitoria durante las fiestas, me tocó el también tradicional almuerzo familiar.

El día no finalizó demasiado tarde: el viaje había sido largo y, además, ya habría tiempo de corrernos algunas juergas en condiciones, que para algo me iban a pillar allí los dos días principales de las fiestas vitorianas.

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (6)

SEXTO DÍA: SÁBADO 1-8-2009 (Pontevedra-Santiago de Compostela)

Mi último día en territorio gallego. Después de desayunar y leer el periódico terminé de recoger mis cosas y dejé el hotel, dado que ya se me acabaron los dos días que tenía reservados allí, para trasladar mis cosas a casa de Cristina, donde me iba a alojar esa última noche antes de salir para Vitoria.

Me despedí de Paula, claro está; normalmente en este tipo de viajes siempre terminas conociendo a alguien inesperado, con quien terminas llevándote bien pases el tiempo que pases junto a él/ella, y ese fue el caso de Paula en Pontevedra. Realmente me dio un poco de pena salir del hotel, porque todos en general me trataron muy bien, pero no me puedo quejar, porque sabía que Cristina y Ciprian, por supuesto, me iban a tratar igual de bien que el personal del Hotel Madrid.

Antes de ir a casa de ellos dos para dejar la maleta, no obstante, estuve consultando con Paula los horarios de los trenes y autobuses que iban a Santiago de Compostela, para ver cuál era el que mejor me venía. Finalmente salí de la estación de autobuses a las 12:30, bien ataviado con mi nuevo paraguas porque en la capital gallega se avecinaba algún que otro chubasco, como así fue.

Fachada de la catedral de Santiago

Fachada de la catedral de Santiago

Santiago me recibió, como manda la tradición, con un buen chaparrón que, afortunadamente para mí, no duró más de diez minutos; con lo que pude salir sin problemas, mapita en mano, directo al casco histórico para buscar, en primer lugar, la Plaza del Obradoiro, en mi opinión lo primero que se debe visitar la primera vez que se va a Santiago. Allí llegué, al son de los gaiteros, sobre las 14:15 horas.

Impresionante; aunque yo no sea católico practicante no tengo otra palabra para describir la estampa del destino final de todos aquellos que se atreven a hacer el camino de Santiago. Y la fachada de la catedral -la del Pórtico de la Gloria-, sin comentarios: como cada vez que veo en persona alguna de las grandes obras de arte de carácter nacional y mundial -algo parecido me sucedió el año pasado con el Panteón de Agripa y el Coliseo en Roma-, no pude evitar retrotraerme a las clases de Historia del Arte de José J. Franquelo en el instituto Mateo Alemán (San Juan de Aznalfarache), porque inevitablemente me recordaba a ello. Por allí estuve una media hora larga, visitando la catedral, inclusive la tumba del Apóstol Santiago, a la que quise echar una foto con el móvil -para no dar tanto el cante, al no notársele el flash-, pero no pude porque la batería andaba ya un poco floja.

Con eso ya me daba por satisfecho; así que como ya casi eran las 15:00 busqué un bar para ir a comer -el elegido fue uno que estaba en la Plaza Quintana-, y luego mi intención era la de dar un paseo por la zona universitaria antes de coger otro autobús de vuelta para Pontevedra.

Cartel anunciador de la exposición sobre Chaplin

Cartel anunciador de la exposición sobre Chaplin

Pero la casualidad hizo que, afortunadamente, permaneciera en Santiago más tiempo del que tenía previsto. Cuando llegué a la Plaza de la Universidad, en la iglesia allí situada había anunciada una exposición organizada por la Fundación La Caixa -que dura hasta el 31 de agosto- sobre el que para mí es el cineasta número 1 de la historia, amén de uno de los artistas más completos y de los personajes más importantes, complejos y fascinantes de todo el sigo XX: Sir Charles Spencer Chaplin.

Mi sorpresa fue tremendamente grata, y la verdad es que no me importó que fueran poco más de las 4 de la tarde y tuviera que esperar casi una hora para que abrieran las puertas de la iglesia. Me entretuve como pude haciendo tiempo, hasta que decidí buscar un lugar para tomar un café y así mitigar el considerable fresco que llevaba haciendo durante todo el día -yo iba ataviado como un típico visitante del sur, con camiseta y pantalón corto-; y, miren ustedes por dónde, las casuas y azares -que diría Silvio Rodríguez- volvieron a hacer notablemente su trabajo porque entré en una cafetería-restaurante situada casi enfrente de la iglesia que se llamaba… “Candilejas”. Más chapliniano, imposible; aunque el nombre no debía estar puesto en su honor porque allí no se observaban ningún tipo de motivos que nos hicieran recordar al payaso Calvero y compañía.

Finalmente, a las 5 entré a ver la exposición, que se componía de una muy completa exhibición de imágenes y trozos de películas de Chaplin, comenzando el paseo con el primero de los cortos donde apareció el personaje del vagabundo, Carreras sofocantes Kid Auto Races At Venice-, y terminando con el muy clásico final de Tiempos Modernos. Casi una hora estuve allí disfrutando, una vez más, con la obra de este gran genio del arte del siglo XX, volviéndome para Pontevedra con una amplia sonrisa en la cara.

Cuando llegué, sobre las 20:00, Cristina y Ciprian estaban esperándome, porque esa noche fuimos a cenar a casa de la hermana de Cristina, junto a ella, su novio y unos amigos, pasando yo un excelente rato con ellos. Fue una estupenda forma de concluir mi estancia en Galicia; al día siguiente me esperaba ya la última etapa de mi viaje, la que, a priori, se revelaba como la más intensa de todas, y así terminó siendo: Vitoria.

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Vacaciones León-Galicia-Vitoria (5)

QUINTO DÍA: VIERNES 31-7-2009 (Pontevedra)

El descanso de la noche anterior me vino bastante bien; aunque hasta la sobremesa todavía continué notando un poco de flojera corporal, pero ya bastante menos. Por lo pronto, lo primero que hice al levantarme fue desayunar en la cafetería un buen croissan a la plancha con un café con leche -lo que no suelo desayunar en casa-, y sentarme en uno de los sofás del salón para poder leer la prensa con tranquilidad.

Recreación de la cámara de la Numancia. Foto: web del Museo de Pontevedra

Recreación de la cámara de la Numancia. Foto: web del Museo de Pontevedra


Fue en ese preciso momento cuando Paula se tomó unos minutos para degustar su desayuno, justo en el mismo sitio en el que yo procedía a la lectura del periódico de turno. Al principio solamente la saludé de forma educada, pero después de que en el espacio de dos minutos la reclamaran en recepción unas 3-4 veces ya le hice un comentario simpático sobre la situación, y estuvimos hablando un ratillo, justo hasta que pudo terminar su café con leche y lo que tuviera para comer. Tampoco me costó mucho entablar conversación con ella, porque desde que la vi por primera vez el día anterior me cayó bien, y creo que yo a ella también; así que aquellos 10-15 minutos de charla yo los pasé encantado.

Después de subir en un momento a la habitación para lavarme los dientes y coger lo necesario, decidí hacer un poco de turismo por mi cuenta. Para ello le pedí consejo a Paula, quien complementó las indicaciones que ya me había dado Cristina el día anterior, y me señaló en un mapa qué era lo que podía ver principalmente. Entre las dos me hablaron bastante bien del museo de la ciudad -situado en la Plaza de la Leña, a pocos minutos del hotel-, así que hacia allí me dirigí.

El Museo de Pontevedra es un recinto pequeño en comparación con los de algunas de las grandes ciudades, pero con un contenido muy interesante y que merece la pena verse. Son cuatro edificios -uno de ellos en rehabilitación- más las Ruinas de Santo Domingo, por donde había pasado con Cristina y Ciprian la tarde anterior. Dado que cerraban a las 14:00 y eran poco más de las 12, decidí visitar tranquilamente los dos primeros, el Castro Monteagudo y el García Flórez, que eran los dos que estaban situados de forma contigua, en la Plaza de la Leña.

El primero de ellos incluye en su planta baja una colección muy variada de elementos y objetos arqueológicos y de orfebrería en Galicia, desde la Prehistoria hasta la época de los romanos; así como una impresionante colección de platería donada por el escritor Gonzalo Fernández de la Mora y Mon. La planta alta, por su parte, está destinada a la pintura, pudiendo contemplarse varias estancias con cuadros góticos, renacentistas, españoles, italianos y de los Países Bajos, así como también algunos bodegones y orfebrería religiosa.

Placa de la casa de Valle-Inclán/pintada del vecino

Placa de la casa de Valle-Inclán/pintada del vecino


En el segundo lo más destacado es el espacio dedicado a la temática naval, sobre todo una magnífica recreación de la cámara de la fragata Numancia -ver foto de más arriba-, navío construido en el siglo XIX y comandado por Méndez Núñez. Simplemente preciosa, lo mejor que he visto en los 3 días que he pasado en Pontevedra.

Fue una muy entretenida mañana, que tuvo continuidad a la hora de comer cuando Cristina me llamó y me dijo que si quería ir a comer a su casa y así conocer a sus padres, que habían llegado de visita junto a su tía de Madrid. Me lo pasé bastante bien con ellos, sobre todo con el padre, un ser para echarle de comer aparte.

Una vez finalizado el almuerzo, todavía llegué a tiempo al hotel para echarme un rato de siesta de cara a la salida de la tarde, una visita guiada por la ciudad antigua de la que me habían hablado Cristina y su padre, y que me dijo Paula que comenzaba diariamente a las 19:00 en la Plaza de la Ferraría. Ésta duró aproximadamente una hora y tres cuartos, y se compuso en un 80% de un paseo por los lugares por donde ya había estado un día antes con Cristina y Ciprian, pero con explicaciones y anécdotas bastante más numerosas.

Detalle del hijo a la izquierda del padre, en Santa María

Detalle del hijo a la izquierda del padre, en Santa María

Por ejemplo la historia del loro Ravachol y el cortejo fúnebre que le hacen año tras año; la anécdota de la pintada del “vecino” de Valle-Inclán, justo enfrente de su casa; o también los avatares de la fachada de la Basilica de Santa María, como el hecho de que Cornelius de Holanda, su autor, dejara su sello con detalles como colocar a Jesucristo a la izquierda de Dios -cuando todo el que tenga una mínima cultura sabe que la Biblia dice que estaba colocado a su derecha-, sobre lo que hay varias hipótesis, o el hecho de fabricar la imagen de un santo con gafas. Asimismo, uno de los lugares que todavía no había visto fue la plaza de Méndez Núñez, donde hay una estatua de Valle-Inclán. Resumiendo, la ruta estuvo muy interesante y entretenida, y mereció la pena por mucho que la mayoría de los lugares por los que transitamos ya los conociera de la tarde-noche anterior.

A la vuelta me di cuenta de que el cielo poco a poco se iba poniendo cada vez más gris, así que como además para el día siguiente pronosticaban lluvia me pasé por una tienda de chinos, y compré allí un paraguas adecuado para pasar buena parte de la jornada en Santiago de Compostela. Después, volví a cenar en la cafetería del hotel, y pasé mi última noche en el Hotel Madrid -el sábado me alojaba en casa de Cristina y Ciprian- viendo al Madrid contra la Juve en la Peace Cup. Ganaron los turineses por 1-2.

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