Vacaciones León-Galicia-Vitoria (9)


NOVENO DÍA: MARTES 4-8-2009 (Vitoria)

Penúltimo día completo del viaje; el día, como todos los años en Vitoria, en el que se inauguraron de forma multitudinaria las fiestas de la Blanca.

El Fernando Buesa Arena, visto desde fuera

El Fernando Buesa Arena, visto desde fuera

Pero eso fue por la tarde. Antes continué haciendo turismo por Vitoria, en este caso junto a Untzi y su padre por donde está el pabellón Fernando Buesa Arena y el Centro de Interpretación de Salburúa. Una zona verde magnífica, perfecta tanto para ir a echar el día con familia, amigos o pareja, como para ir a reflexionar y meditar -salvo los días en los que haya partido-, por su amplitud y tranquilidad. En primer lugar nos acercamos al impresionante recinto deportivo propiedad del equipo de baloncesto del Baskonia -tradicionalmente patrocinado por Tau Cerámica; desde esta temporada por la Caja Laboral-, con forma de platillo volante y con muchos recuerdos para con los grandes jugadores que han desfilado por las filas del equipo de Josean Querejeta, artífice de los años dorados que vive el baloncesto vitoriano desde 1997. Lástima que estuviese cerrado, pero claro, estamos en verano y los jugadores todavía disfrutaban de sus vacaciones.

Pero el conjunto de instalaciones del Baskonia no acaban en el Buesa Arena; también hay una ciudad deportiva -enfrente del pabellón-, donde sí pudimos entrar, en la que se incluyen, entre otras cosas, una cafetería, zonas de ocio tanto para niños como para adultos, una pista múltiple para baloncesto y otros deportes, y un pabellón de hielo.

El paseo matinal prosiguió con la visita a Salburúa, un centro de interpretación de la naturaleza que tiene, entre otras cosas, un impresionante mirador en el que puedes contemplar los quehaceres de muchas aves, anfibios y mamíferos. Desafortunadamente, aquello cerraba a las 14:00, y llegamos apenas un cuarto de hora antes, con lo que solamente tuvimos tiempo para ver un poco el edificio, pero nada más. Además, debíamos volver a casa para comer algo y terminar de preparar todo lo que iba a suceder a partir de las 6 de la tarde, donde había que ir con lo más cómodo y viejo que tuvieras, y sin ningún tipo de móviles, cámaras fotográficas ni nada que se les pareciese lo más mínimo. ¿Que por qué? Ahora lo desvelaré.

La fiesta, no obstante, ya empezaba a notarse por lo menos desde una hora antes. A las 5 Untzi y yo habíamos quedado con el resto de su pandilla, ya que había que procurar coger una buena ubicación en una plaza que, a la hora del txupinazo, estaría, como diría el Dúo Sacapuntas, “abarrotá”; y cuando empezamos a enfilar la correspondiente calle que desembocaba en la plaza comenzó uno de los rituales clásicos: los cubetazos de agua cayendo desde los balcones, todo un alivio ante el calor que estaba haciendo durante todo el día, aunque cierto es que, por la tarde, éste había amainado algo.

Bajada de Celedón por la Plaza de la Virgen Blanca. Foto: canales.diariovasco.com

Bajada de Celedón por la Plaza de la Virgen Blanca. Foto: canales.diariovasco.com

Poco a poco la fiesta se iba animando, hasta que llegamos a la plaza, donde cogimos una buena ubicación, aproximadamente por el centro y cerca de una de las salidas. El agua poco a poco comenzó a dejar paso al champán, incluso varios minutos antes de la bajada de Celedón. Es tradicional que el día 4 de agosto se gasten litros y litros de champán y, quien más quien menos, se fume un puro -yo no lo hice- a partir del descenso de Celedón, pero parece ser que allí la cosa suele empezar bastante antes, y este año no ha sido menos.

Puros, champán… y cánticos, algo que nunca puede faltar en el País Vasco; cánticos que, en algunos casos concretos, yo ya conocía después de mi convivencia con los seguidores del Tau en el pabellón San Pablo de Sevilla, durante la fase final de la Copa del Rey 2004; y en otros rápidamente me familiaricé con ellos, empezando por el que quizás sea el más tradicional de todos: “Ceeeeledón, ha hecho una casa nueeeeva; Ceeeeeledón, con ventana y balcón”.

Obviamente, cuando Celedón comenzó a descender con su paraguas -ver capítulo anterior de mi viaje para conocer su historia- por el cable habilitado desde la torre San Miguel, aquello ya fue la apoteosis. El champán, los botes que dábamos, los cánticos… fue todo genial, y muy espectacular; una experiencia para vivirla y repetir al año siguiente, si se puede. El actual Celedón, Gorka Ortiz de Urbina, cuando terminó el paseíllo a través de la plaza y subió al balcón, homenajeó en su pregón a un histórico del fútbol vasco y español, el Deportivo Alavés, necesitado ahora más que nunca de ánimos por parte de la afición vitoriana tras su descenso a Segunda B.

Y la fiesta, por supuesto, prosiguió cuando abandonamos la plaza, porque para limpiar el champán que nos había caído encima, ¡qué mejor que unos buenos cubos de agua! La fiesta del agua prosiguió, como no podía ser de otra forma, siempre al grito de “¡No seas rata, que el agua está barata!” Y tan barata que parecía estar, porque desde los balcones no dejaban de caer buenos chorreones. Perdidos, totalmente empapados, nos fuimos a tomar las primeras copas y a echar los primeros bailes y risas; en mi caso siempre acompañado de Untzi y de su genial pandilla de “canallas”: las Nerea, Miriam o Eli entre otras, a las que se unieron tres muchachas de Bilbao con las que terminé congeniando muy bien: Silvia, Alazne y Esti.

Por la noche, después de habernos dado todos una buena ducha -lógicamente-, la fiesta continuó en las calles, total y absolutamente llenas de gente. Y como los bares estaban a tope, llegado un momento determinado optamos por ir a la verbena de la Plaza Nueva, donde la orquesta contratada -andaluza, dicho sea de paso- tocó, como en todos los acontecimientos de este tipo -bodas, verbenas, cruceros…-, muchos de los grandes éxitos tan conocidos por todos, para que todo pudiéramos cantar y bailar a gusto. Nos lo pasamos de muerte, más que nada porque está comprobado que las verbenas casi nunca fallan.

Excelente forma, pues, de terminar un día realmente intenso, provechoso y divertido. Pero todavía quedaba el último.

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