Recuerdos del Circuito de Mónaco


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (7)

No es ésta una historia que tenga que ver estrictamente con el deporte en sí porque no narra un acontecimiento deportivo; pero como este fin de semana se disputa el Gran Premio de Mónaco de Fórmula 1 quería recordar mi visita a las calles de Montecarlo que, como bien saben los aficionados al automovilismo, es donde está ubicado el circuito que está considerado como la “catedral” de la Fórmula 1; y me ha parecido oportuno colocar el artículo en esta sección.

Cuando hace algo más de dos años mis compañeros de Periodismo y yo decidimos escoger el crucero por el Mediterráneo de Pullmantur para el viaje de fin de carrera, todos pensábamos en lo clásico: las visitas a Florencia, Pisa, Roma… pero además de todas esas bellas ciudades había un día que, para mí, iba a tener un significado especial; y ese no era otro que el correspondiente a la primera de las escalas, con destino el Principado de Mónaco.

El martes 22 de abril de 2008, procedentes de Villefranche -donde atracó el ya retirado S.S. Oceanic-, los “periodistas” de la Universidad de Sevilla, acompañados posteriormente por los “maestros” murcianos, llegamos a las calles de Montecarlo. Quien más quien menos pretendía visitar lugares de gran popularidad como el gran Casino o el Palacio de los Grimaldi; pero mi intención, preferentemente, era otra bien distinta: ver los lugares emblemáticos por donde año tras año pasan los monoplazas de la Fórmula 1; y la suerte hizo que pudiera salirme con la mía, ya que para ir al hogar del ínclito Albertito de Mónaco debimos caminar, aproximadamente, por el 50% del circuito.

Para llegar hasta allí debíamos ir por una subida situada enfrente de la curva de Anthony Noghes -la última antes de entrar en la recta de meta, dedicada al creador de la carrera en 1929-, con lo que no quedaba otra que caminar junto a la zona del puerto, aquélla donde se encuentran los yates de lujo. Después de pasar por el Casino, de que cada cual se hiciera una foto junto a la archiconocida curva de Loews -la más cerrada de todo el Mundial, situada junto a uno de los hoteles de lujo que hay en Montecarlo- y de llegar al paseo marítimo o boulevard, tomamos un ascensor que nos dejó en el túnel.

Y allí estaba yo, en el mítico túnel de Mónaco, testigo de algunas de las imágenes más espectaculares de la Fórmula 1 -se me viene a la mente el porrazo que se dio Fernando Alonso en 2004 cuando intentaba adelantar al doblado Ralf Schumacher– y lugar donde se decide la trama principal de la mejor película que, sin duda, ha realizado la factoría Disney sobre Herbie, el famoso Wolkswagen Escarabajo blanco, con el número 53: Herbie en el Grand Prix de Montecarlo (Herbie goes to Monte Carlo). No puedo ocultarlo: ese film me marcó cuando era niño por cómo Herbie acabó resolviendo la carrera en el túnel; y ese film, sin lugar a dudas, me enseñó a apreciar con gran sensibilidad todos y cada uno de los principales recovecos de este singular circuito dentro del Mundial de Fórmula 1.

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Tras el túnel vinieron, consecutivamente, la “nueva chicane”; la chicane de La Piscina; la curva del restaurante “La Rascasse” (donde el campeonísimo Michael Schumacher , vencedor en cinco ocasiones, “aparcó” deliberadamente en la sesión de clasificación de 2006 cuando Fernando Alonso estaba a punto de quitarle la “pole position” -menos mal que luego se hizo justicia y fue sancionado-); y nuestro punto de desvío, Anthony Noghes, donde hay un monumento en homenaje al que, para muchos, es el mejor corredor de la historia de la Fórmula 1, el argentino Juan Manuel Fangio.

Y todavía, cuando “dejamos” a Grace Kelly en su tumba -vaya subidita para llegar hasta el Palacio Grimaldi y hasta el panteón-, pasamos por la recta principal, ya que la parada de autobús donde nos bajamos para dirigirnos a la estación de trenes estaba allí situada.

Son recuerdos imborrables de mi paseo por unas calles donde, año tras año, se celebra una carrera que, para muchos, es una de las tres grandes joyas del automovilismo junto a las 24 Horas de Le Mans y a las 500 Millas de Indianápolis; una carrera que el mítico Ayrton “Magic” Senna ganó seis veces -cinco de ellas consecutivas-, y en la que otro “Magic”, Fernando Alonso, ha vencido por el momento en dos ocasiones.

Un gran premio que discurre por un circuito estrecho y muy técnico, en el que es sumamente complicado adelantar, pero en el que te puedes ir contra el muro si te da por perder la concentración durante un solo instante, o si calculas erróneamente -aunque sea por muy poquito- el negociado de una curva o de una chicane. Una carrera, en resumen, para campeones, para pilotos de verdad.

Ayer los monoplazas comenzaron a rodar con los entrenamientos libres, aunque la verdadera competición tendrá lugar entre el sábado con la sesión de clasificación, y el domingo con la carrera. De momento Alonso domina con mano de hierro, pero los favoritos continúan siendo los Red Bull. El año pasado la victoria fue para Jenson Button y su imparable Brawn GP; este año el actual campeón forma parte de la escudería que mejor se ha adaptado históricamente a este recorrido, McLaren; pero la llave parece estar en manos de Sebastian Vettel y Mark Webber. Ferrari, por su parte, no gana en Mónaco desde 2001, pero con Fernando Alonso todo es posible. ¿Qué ocurrirá en 2010? Dentro de dos días lo sabremos.

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