Archivo Junio, 2010

Cuarenta y cuatro años después…

Mundial de Inglaterra 1966. Sábado 30 de junio. En la final, celebrada en el mítico Wembley (Londres), Inglaterra y Alemania (República Federal) juegan un intenso partido que tiene su jugada más decisiva y más polémica mediada la primera parte de la prórroga. Con 2-2 el delantero inglés Geoffrey Hurst lanza un trallazo desde dentro del área que, después de estrellarse en el larguero, bota en medio de la línea. En directo hay dudas, como es lógico. El árbitro del encuentro, el suizo Dienst, a instancias de su juez de línea, el vehemente soviético Bakhramov, da gol. Inglaterra acaba ganando por 4-2, proclamándose campeona mundial por primera y única vez en su historia. ¿Qué habría ocurrido si ese gol que no fue no hubiese subido al marcador?

Mundial de Sudáfrica 2010. Domingo 27 de junio. Alemania e Inglaterra se miden en octavos de final en el Free State Stadium de Bloemfontein. Los alemanes, la selección que mejor está jugando con diferencia en el campeonato, salen como motos y a la media hora ya ganan por 2-0 (Klose y Podolski). Pero los ingleses sacan su orgullo y en dos minutos ponen el partido patas arriba: primero con un gol de Upton… y segundo, un minuto más tarde, con un disparo en vaselina de Frank Lampard que bota al menos un metro dentro de la portería alemana tras dar en el larguero. Ni el árbitro -el uruguayo Larrionda– ni su asistente dan gol. Alemania termina venciendo por 4-1 después de una segunda parte primorosa; pero ¿qué habría pasado si la acción de Lampard hubiese subido al marcador?

Caprichos del destino: la historia devolvió ayer a la selección de fútbol de Alemania lo que le quitó, ante el mismo rival y 44 años antes, a su antecesora, la RFA.

Y, de fondo, la misma pregunta que se nos pasa por la mente a todos los aficionados cuando vemos una jugada así en los tiempos que corren: ¿para cuándo el uso de la tecnología en ciertas acciones de los partidos de fútbol?

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Lorenzo gana también en Silverstone; y Alonso, gravemente perjudicado en Valencia por la dirección de la carrera

Fin de semana de luces y sombras para el motor español. Las luces llegaron, una vez más, en el motociclismo. Jorge Lorenzo está recogiendo a la perfección el testigo forzosamente dejado por Valentino Rossi, y ayer, en el GP de Holanda, en Assen, logró su cuarta victoria de la temporada, ésta por delante de Dani Pedrosa y de Casey Stoner.

El mallorquín dominó la carrera de principio a fin, y sólo pasó un momento de apuro cuando Pedrosa y Stoner le cogieron en la cuarta vuelta. Sin embargo la eficacia de los neumáticos duros de la Yamaha salió a relucir justo en ese momento, y Lorenzo acabó logrando otra plácida victoria que hace que aumente su distancia sobre el segundo de la general, que no es otro que Dani Pedrosa.

Lorenzo, pese a todo lo que queda, tiene ya el mundial de MotoGP en su bolsillo, salvo que le ocurra otro desgraciado accidente, como el que sufrió Valentino Rossi en Mugello. Para ver un campeonato disputado habrá que esperar hasta 2011, cuando el italiano vuelva a disputar el campeonato completo ¿a lomos de una Ducati?

En Moto2 el líder vuelve a ser Toni Elías, quien acabó ayer segundo tras Andrea Iannone; mientras que en 125cc Marc Márquez logró su tercera victoria consecutiva por delante de Terol y Espargaró. Un nuevo triplete que hace que Márquez se acerque en la general a sus dos compatriotas. Terol es líder, y Espargaró, segundo a tres puntos.

La dirección de carrera se luce en el GP de Europa
Otra cosa bien distinta fue lo de la Fórmula 1, porque por un motivo u otro Alonso no consigue la regularidad necesaria en su Ferrari. Esta tarde ha sido por culpa de la “cacicada” de Charlie Whiting -inglés- y su dirección de carrera, que tomó una serie de decisiones surrealistas que, una vez más, han beneficiado a Hamilton -inglés-, incluso cuando lo han sancionado como hoy, y una vez más, han perjudicado a Fernando Alonso. Suponemos que todo seguirá siendo pura casualidad…

La carrera en el Circuito Urbano de Valencia estaba desarrollándose con normalidad, con Vettel primero, seguido muy de cerca por Hamilton y Alonso; cuando en la vuelta diez ocurrió el terrible accidente provocado por un Mark Webber que parecía estar pensando en las musarañas. Webber, retrasadísimo por una pésima salida, chocó con el Lotus de Kovalainen y, después de que su Red Bull diera un salto mortal en el aire, se estrelló de manera espectacular primero contra el asfalto y luego contra los neumáticos de protección. Resultado: Safety Car.

Primer despropósito: el Safety Car sale entre Vettel y Hamilton, cuando lo normal es hacerlo con tiempo y espacio suficiente como para que el líder se quede detrás cómodamente. Como Vettel se había librado y a Hamilton se le escapaba la carrera, al señorito Lewis no se le ocurre otra cosa mejor que adelantarlo, algo prohibidísimo.

Resultado: Vettel y Hamilton llegaron a boxes lo suficientemente rápido como para como para cambiar neumáticos -Hamilton también el morro- y salir por delante de los nueve coches que ya habían pasado por el “pit lane”, al tener el tiempo suficiente como para hacerlo una vuelta antes que los líderes. Alonso, respetando la norma del Safety Car, llegó retrasadísimo al cambio de ruedas, saliendo décimo.

Segundo despropósito: nada menos que diez vueltas tardaron los jueces en ponerse a estudiar el incidente, y ¡catorce! en dar la sanción, un “drive through”, cuando una bandera negra de descalificación tampoco habría estado nada mal ya que esa es la sanción estipulada, por ejemplo, cuando entras o sales de boxes con el semáforo en rojo. Pero miren ustedes qué casualidad, Mr Hamilton había vuelto a coger tal ventaja sobre sus perseguidores que no perdió su segunda plaza; mientras que Alonso, que había cumplido con el reglamento, estaba décimo peleándose con todo el mundo en un circuito, como la gran mayoría, en el que es complicadísimo adelantar. Olé, Mr Whiting.

Vettel marchó tranquilísimo hacia la victoria, segunda suya de la presente temporada, seguido por Hamilton y Button. Alonso fue noveno después de que Kobayashi, que no paró cuando el accidente de Webber, le adelantara en la penúltima vuelta con unos neumáticos blandos supernuevos.

Y tercer despropósito: en el último tercio de carrera la dirección, pensábamos que intentando arreglar todo este enorme desaguisado, anuncia otra investigación, en este caso contra los nueve pilotos que entraron en boxes antes que los líderes, por ir presuntamente más rápido de lo permitido con el coche de seguridad en pista. Cinco de esos pilotos estaban por delante de Alonso, y el dictamen se conocería después de la carrera.

Todos pensábamos que al menos habría la sanción suficiente como para que Alonso alcanzara siquiera el quinto puesto -un resultado muy perjudicial, pero algo menos-; sin embargo, ¡cá disparate! Cinco segunditos escasos fueron los que la -inglesa- dirección de carrera les metió a los infractores. Cinco segundos que a Alonso escasamente le sirvieron para adelantar una posición -de noveno a octavo-… y que, además, dejaron sin puntuar a De la Rosa, que había terminado décimo. Y todo esto, para más inri, en España. Demencial.

El mundial queda encabezado por los ingleses Hamilton (127 puntos) y Button (121), con Vettel tercero (115), Webber cuarto (103) y Alonso, quinto (96), a 31 puntos ya de la cabeza. Olvidémonos ahora de que el mismo inglés de siempre ha sido el beneficiado y de que el mismo español de casi siempre ha sido el perjudicado. Después de ver esta cadena de despropósitos, la más increíble de toda la temporada y de los últimos años, la pregunta es: ¿merece la pena seguir creyendo en la Fórmula 1? Yo, aunque cada vez soy más escéptico, quiero pensar que sí.

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De reencuentros y homenajes

Fue un día especial. Ayer conseguí reunir a un grupito de personas que, hace tiempo, colaboraron notablemente para que éste que suscribe pasara dos de los mejores años de su vida; y todo ello para darle un pequeño pero merecido homenaje a uno de los más grandes profesionales de la enseñanza en nuestro país: mi señor padre.

Más de cuarenta años al servicio del estado -sin cogerse además ni una sola baja prolongada- en una carrera como maestro que se acaba el 30 de junio merecían cuando menos este gesto tan sencillo como emotivo: juntar a una representación de una de las mejores generaciones de alumnos que él ha tenido en los últimos 15-20 años, para hacerle una visita sorpresa, años después, a modo de despedida. Bueno, en este caso, más bien que hemos tenido, puesto que yo tuve la enorme suerte de poder compartir con ellos -como acabo de comentar- dos años excelentes, en la época en la que yo solía pasarme por el colegio en mis ratos libres para echarle una mano en diversos aspectos.

Como digo, ha sido todo un placer haber podido juntar de nuevo a estos jóvenes a los que mi padre y yo vimos ir creciendo “in situ”; chavales que hace años no eran más que pipiolillos, y que hoy en día les falta muy poco para ser hombres y mujeres hechos y derechos. Chavales a los que, en resumen, tanto servidor de ustedes como su progenitor les teníamos y les tenemos un cariño ciertamente especial.

Hacía años que no los veíamos -a la mayoría, incluso desde que se fueron del colegio-; hacía años incluso que no se veían algunos de ellos; pero la suerte me llevó hace meses a contactar y a volver a saber de ellos, con lo que pude ir preparando este modesto evento, emotivo al 100% tanto para el maestro como para el, por entonces, su desinteresado ayudante. Una visita-homenaje que duró algo más de una hora, y que tuvo lugar durante la mañana de ayer, miércoles 23 de junio de 2010.

Y digo que fue emotivo para los dos -y también para los chavales- porque, todo hay que decirlo, yo también tenía unas ganas enormes de volverlos a ver. Acudieron sólo seis; pero seis que formaron una representación excelente de aquella promoción de 5º y 6º que, entre 2003 y 2005, llenaron de satisfacción buena parte de las vidas de vuestro humilde narrador y de su señor padre.

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La goleada más estéril (4-0) de la historia del Betis. Hércules, justamente equipo de Primera División

El Betis despidió la temporada ganando por 4-0 al Levante, en un partido ganado por los béticos con brillantez y facilidad -los valencianos no se jugaban nada y llegaron a Sevilla muy tranquilos-, consiguiendo además muy bellos goles. Juande de cabeza, Caffa de falta por la escuadra, Jonathan Pereira nada más regresar del descanso y Odonkor de pepinazo también por la escuadra, firmaron la victoria más abultada de la temporada, junto a la de los partidos ante el Villarreal B y ante el Cádiz.

La pega es que ha sucedido lo que todos nos temíamos: el Hércules ha ganado fuera de casa cuando más lo necesitaba, y el 0-2 del Stadium Gal de Irún mete a los alicantinos en Primera y deja al Real Unión en Segunda B… y al Betis, otro añito más, en Segunda, con los mismos puntos que Hércules y Levante, pero con peor balance en los duelos directos con estos dos equipos.

Y no se puede decir que haya sido injusto, todo lo contrario. El Hércules, que hace un año se quedó a las puertas del ascenso, ha sido mucho más regular durante la temporada que el Betis, al que, entre otras muchas cosas, los muchos puntos que dejó escapar de manera ciertamente incomprensible en determinados partidos -los últimos, los de la semana pasada en Salamanca- le han terminado condenando. Desde aquí le quiero dar mi enhorabuena al Hércules, porque aunque al final ha tenido un poco de suerte, se ha ganado el ascenso a pulso.

Todo lo destacable esta tarde ocurrió en la primera media hora. A los 16 minutos la afición cantó un gol supuestamente del Real Unión… pero que no era de los irundarras, sino del Hércules. Portillo, recuperado para el gol en las últimas jornadas, adelantó a los suyos, que pusieron prácticamente los dos pies en la máxima categoría. La peor noticia posible para el Betis, a pesar de que, prácticamente al mismo tiempo, Juande abría el marcador en Heliópolis.

La falta maravillosamente lanzada por Caffa cerró el choque contra el Levante, y dejó a los 55.000 espectadores del Ruiz de Lopera -la afición nunca falla y nunca le fallará al equipo- pendientes de lo que ocurría por tierras norteñas, donde el Real Unión, pese a que los resultados que se tenían que dar para salvarse no le acompañaban, seguía teniendo ocasiones ante la portería del Hércules.

Pero todo quedó ahí. El irundarra Descarga se marcó un gol a los siete minutos de la reanudación, y sentenció definitivamente la tarde. Los tantos de Jonathan Pereira y de Odonkor -bellísimo el del alemán, importante revulsivo cuando por fin ha estado sano- fueron total y absolutamente inútiles y estériles.

La afición, como era lógico y comprensible, se pasó lo que restaba de partido dirigiendo sus iras -de forma pacífica, eso sí- al palco, donde una vez más Lopera se encontraba ausente. Señor Lopera, yo le he defendido a usted durante un montón de años, al principio de manera incondicional y luego porque estaba convencido de que usted no era el único responsable de todo el desaguisado de los últimos cinco años.

Y sigo pensándolo, pero, sinceramente, cada día que transcurre se me pasa un poco más por la cabeza, por el bien del Betis y por la reunificación de toda la masa social, que lo mejor es que abandone usted el barco y deje paso a gente nueva, con ganas de trabajar y que refresque y modernice de una vez todo lo referente al club. Incluso aunque los que entren sean los tan denostados por mí de la Fundación Heliópolis. Porque esos personajes siguen sin terminar de convencerme en absoluto pero, contrariamente a lo que pensaba hace un año, creo que peor de lo que actualmente estamos no nos vamos a encontrar en un futuro.

Ahora se presenta una temporada dura, más dura todavía que la que acabamos de terminar. El dinero que se va a ingresar continuará siendo ínfimo, y lo primero que, a buen seguro, va a tener que afrontar el club será darle la baja a bastantes futbolistas a los que difícilmente va a poder continuar pagándoles la elevada ficha que cobran. Aunque bueno, visto cómo llevan rindiendo las dos últimas campañas -salvo los seis últimos encuentros de ésta-, eso probablemente sea lo más positivo de todo.

Pero ahí entra tanto la secretaría técnica como la capacidad de gestionar del propio Lopera; y, visto lo visto, mientras quien manda actualmente siga en su cargo difícilmente vamos a poder hacer una reconstrucción deportiva en condiciones. Los resultados desde 2005 hasta la fecha creo que avalan la opinión que acabo de expresar. Sinceramente, no creo que Lopera -y más con todo el proceso jidicial en el que está inmerso- esté capacitado en absoluto para llevar a cabo esta próxima gestión en tiempos de economía verdaderamente de guerra.

Difícil, muy difícil, es el futuro que se nos presenta. Pero como el Betis históricamente ha sido como el ave Fénix, esperemos que el año que viene, con Lopera o sin Lopera, consigamos resurgir de nuestras cenizas. Los béticos -la afición que nunca abandona al equipo sea en el campo, en los bares o en sus propias casas- nos lo merecemos.

ÚLTIMA HORA (20-6-2010): El representante del Consejo de Administración dijo ayer que el organismo que preside José León y en el que manda Manuel Ruiz de Lopera se reunirá a fondo esta semana y comezará a abordar el profundo y urgente cambio que necesita la entidad. Como le dijo Marty McFly a su madre en Regreso al futuro, eso quiero verlo por escrito…

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Fallece, a los 87 años, José Saramago

José Saramago, uno de los últimos grandes mitos de la literatura mundial y Premio Nobel de literatura en 1998 -el primero en lengua portuguesa- nos ha dejado esta misma tarde, con 87 años de edad.

Saramago ha fallecido en Lanzarote, donde él residía habitualmente desde hacía unos años, según ha informado Alfaguara, editorial que habitualmente publicaba sus obras en España.

Los restos mortales se velarán esta misma tarde a partir de las cinco en Tías, la localidad lanzaroteña donde vivía, y en cuya biblioteca -que lleva su nombre- quedará instalada la capilla ardiente.

Saramago presentaba un delicado estado de salud desde hacía un par de años, lo que no le impidió publicar a finales de 2009 Caín, su última y polémica novela, en la que se muestra, como en prácticamente toda su carrera como escritor, en plan genio y figura. Siempre crítico con la iglesia católica, las injusticias y los económicamente poderosos fueron sus “blancos” más habituales.

Su legado literario, que no ha dejado indiferente a nadie, muestra títulos como El año de la muerte de Ricardo Reis, El evangelio según Jesucristo, Ensayo sobre la ceguera, La balsa de piedra y La caverna. Gracias a éstas y a muchas más obras, Saramago siempre permanecerá vivo en nuestra memoria, como corresponde a uno de los mejores escritores y más fascinantes personajes que ha dejado la historia y la literatura en el siglo XX y principios del XXI.

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Lakers y Pau Gasol, bicampeones de la NBA (83-79)

No cabía más emoción. Con permiso del “Dios” del baloncesto, Michael Jordan, la NBA vivía ayer su episodio más importante desde hacía ya más de 20 años: Lakers y Celtics, Los Ángeles y Boston, en un séptimo partido de las finales. La rivalidad por excelencia en la liga profesional norteamericana, renacida definitivamente.

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Era la gran ocasión de los Lakers para tomarse la revancha de la derrota de 2008, y también para ganarle por fin un encuentro decisivo a sus rivales de toda la vida. Y la gran ocasión para los Celtics de asestarle un nuevo golpe histórico a la franquicia angelina.

Finalmente, tras un encuentro desastroso en sus tres primeros cuartos y auténticamente sublime en el último, los Lakers (83-79), remontando los trece puntos que alcanzaron los Celtics en el tercer período (36-49), han repetido título -nadie lo hacía desde que ellos mismos lograron tres consecutivos entre 2000 y 2002-, han ganado por primera vez a Boston en un séptimo encuentro, y con su anillo número 16, se colocan sólo a uno de los Celtics. Y, además, es el undécimo título para el gran “gurú” de los banquillos, como llaman a Phil Jackson.

BRYANT, MVP; GASOL, ESTELAR
Y en un partido tan especial hubo un hombre, el mejor baloncestista español de toda la historia, que fue una vez más decisivo. Pau Gasol estuvo hecho un coloso, sobre todo en el último cuarto, y sus 19 puntos y 18 rebotes fueron claves para el triunfo de su equipo.

Gasol, que logra su segundo título de campeón de la NBA, estuvo hecho todo un coloso bajo los aros, destacando especialmente un rebote vital en ataque capturado a 30 segundos del final, cuando los Lakers ganaban por tres puntos, jugada que acabó con dos tiros libres de Kobe Bryant. Pau, además, anotó varios puntos decisivos en los minutos más calientes, y sólo el excesivo porcentaje de fallos en los tiros libres -sobre todo para lo que en él es habitual- le impidieron lograr la excelencia baloncestística.

Para algunos debió haber sido el MVP de las finales, pero eso, al lado del anillo logrado y del reconocimiento de sus compañeros y aficionados, no tiene importancia alguna. Gasol, por si a alguien le quedaban dudas, se ha consolidado ya definitivamente como una gran estrella en la mejor liga de baloncesto del mundo; y un servidor, que le viene siguiendo desde sus comienzos en el Barça, está teniendo el enorme placer personal -como tantos otros aficionados españoles- de poder disfrutar de él. Que dure.

El premio de mejor jugador fue, cómo no, para Kobe Bryant. El mejor y más emblemático jugador de la historia de los Lakers fue ayer demonio y ángel. Su actuación antes del último parcial le hizo merecedor de que le corrieran a gorrazos, porque fue sencillamente infame. Pero en los doce minutos finales, amigo, se redimió y estuvo en un lado y en otro, anotando y reboteando, para acabar con 25 puntos y 15 rebotes. Su 6 de 30 en tiros de campo quedaba olvidado.

Nunca llegará a ser, en mi opinión, como Jordan -con el que constantemente se le compara- pese a que ya le queda sólo un anillo para superarle -6 a 5-; pero cuando se retire, el 24 -número que, junto al 8, es el que ha llevado en su carrera- debería colgarse en el Staples Center junto al 13 de Wilt Chamberlain, el 22 de Elgin Baylor, el 25 de Gail Goodrich, el 32 de “Magic” Johnson, el 33 de Kareem Abdul-Jabbar, el 42 de James Worthy, y el 44 de Jerry West, el hombre que, desde los Grizzlies, facilitó el traspaso de Pau Gasol hace 2 años y medio.

ARTEST, EL FACTOR CLAVE
Ahora bien, el elemento más importante para el triunfo de Lakers fue, sin duda, Ron Artest. El “leñero” por excelencia, el jugador más excéntrico que hay actualmente en la NBA, “aparece” de vez en cuando en ataque, y cuando lo hace, es imparable. Como ayer.

Él solito mantuvo en el marcador en el segundo cuarto a los Lakers con doce puntos; y él se encargó de anotar un triple vital a falta de 1:01 (79-73). Veinte tantos para el amigo, la tercera gran clave de los Lakers.

CELTICS, DANDO LA CARA HASTA EL FINAL
De los Celtics, qué decir que no hayamos dicho ya. Es un conjunto con orgullo, con carácter, y con enormes jugadores; que, sin uno de sus hombres claves, Kendrick Perkins -también estuvo prácticamente disminuído Bynum en los Lakers- plantaron cara durante todo el choque, se colocaron 13 arriba en el tercer cuarto y pelearon hasta el final la victoria en cancha contraria.

Rondo, Ray Allen, Pierce, Garnett y Wallace; todos y cada uno de los miembros de su quinteto inicial estuvieron por encima de los diez puntos de anotación; pero ayer “no hubo” banquillo. Ayer, el título estaba escrito que sería para los Lakers, que tiraron de todo lo que tenían para evitar que éste se les escapara en su propia casa.

“Sheed” Wallace, Allen y Rajon Rondo se empeñaron en dar emoción con tres triples en el último minuto y medio cuando los Lakers ya tocaban el anillo; pero los angelinos mantuvieron la cabeza fría y sentenciaron con dos tiros libres de “Sasha” Vujacic. Después, la locura; no era para menos.

Se había escrito uno de los mejores capítulos de la historia de las finales de la NBA, habían ganado los de casa y, encima, un españolito fue “starring” de este gran triunfo. Casi nada. Ahora Pau Gasol se dedicará a descansar, sin participar en el Mundial con la selección española. Aunque nos duela no poder contar contigo, te has ganado el descanso, campeón.

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Libre, aunque entretenida versión del clásico de Wilde

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: El retrato de Dorian Gray
DIRECTOR: Oliver Parker
REPARTO: Ben Barnes, Colin Firth, Ben Chaplin, Rachel Hurd-Wood, Rebecca Hall, Emilia Fox, Fiona Shaw, Caroline Goodall, Douglas Henshall, Michael Culkin
Guión: Toby Finley
GÉNERO: Aventuras/acción
NACIONALIDAD: Reino Unido
DURACIÓN: 112 minutos
CALIFICACIÓN: * * (Sobre 5)

Metido de lleno como estoy en mis colaboraciones mundialistas, hoy, que la actualidad deportiva se toma un respiro por la mañana, por fin he encontrado un hueco para dar mi visión de esta versión de la conocida novela de Óscar Wilde, dirigida por Oliver Parker.

Hace aproximadamente algo más de un año que me decidí a resolver la asignatura que tenía pendiente con esta obra, animado por los consejos de mi amiga Untzizu, gran aficionada a la literatura de Wilde. Cuando lo hice me encontré exactamente lo que me esperaba: un relato con su parte de acción pero eminentemente filosófico y moralista acerca de la superficialidad, el hedonismo y la naturaleza en general del ser humano.

Por el contrario esta adaptación, aunque mantiene en esencia el espíritu del texto original, incluye una serie de cambios perfectamente visibles y reconocibles, quizá para otorgarle un formato un tanto más “cinéfilo”.

El resultado no es malo del todo porque el espectador medio sale del cine con la sensación de haber visto un producto bastante entretenido, pero es inevitable que surjan las comparaciones -como en cualquier obra literaria llevada a la gran pantalla- por parte de los que ya conocíamos el texto original. Aún así es recomendable ir a verla porque, más allá de lo visible que pueda llegar a ser, conserva buena parte de lo que Oscar Wilde quiso hacernos ver en su momento.

¿Cuáles son los cambios? La excesiva dosis de suspense y de thriller que incluyen Oliver Parker y el guionista Toby Finley, y el desmesurado erotismo, que no pornografía; todo ello siempre en comparación con la novela. Además la película incluye algunos personajes ausentes en la versión original, como Emily, la hija de Lord Henry Wotton, el excesivamente juerguista “amigo” de Dorian. Todo, repito, perfectamente asumible en el fondo por el espectador conocedor de Wilde.

Lo mejor de todo es, por una parte, la perfecta recreación del Londres de la época victoriana. En ese sentido la película se convierte en un bello y magnífico retrato pictórico de la Inglaterra del siglo XIX. Y, por otra, la interpretación de Colin Firth, metido en la piel de Lord Henry. El actor británico realiza la mejor interpretación de su carrera, o al menos de entre las películas que yo le he visto; y nada más por verle actuar merece la pena pagar la entrada.

Tampoco está tan mal el actor protagonista, Ben Barnes. He leído críticas en las que se dice que el papel de Dorian Gray le viene excesivamente grande porque es un niño bonito y poco más; pero no creo que sea para tanto. Quizá, eso sí, el compartir escena con un arrasador Colin Firth haga que su trabajo -que tampoco es digno de un Oscar- desluzca más de lo que debiera. El tercero en discordia, Ben Chaplin (Basil), cumple de manera más o menos sobria; y también es reseñable el buen hacer de Rebecca Hall, interpretando a Emily Wotton.

Todo ello da como resultado un film del que probablemente se esperaba más, pero que en el fondo resulta una opción más que notable para cualquiera que se decida a acudir a las salas, si acaso salvo para los excesivamente fanáticos de Oscar Wilde.

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La actualidad del Mundial, en la red

Se ha terminado la primera jornada de todos los grupos en el Mundial de Sudáfrica, con la sorprendente derrota de España ante Suiza por 0-1.

Si queréis estar al día de lo que ocurre en cada uno de los partidos y, especialmente, de las noticias referentes a la selección española, podéis hacerlo en:

http://www.siguealaroja.com/

Y también en:

http://www.paraisofutbol.com/

En ambas páginas encontraréis, entre otras cosas, todas mis opiniones y valoraciones sobre lo que está aconteciendo en la cita futbolística y deportiva del año.

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Los Lakers barren a los Celtics (89-67) y fuerzan el séptimo partido

No va más. Desde 1994 (Houston Rockets-New York Knicks) no tenía lugar un séptimo y definitivo partido en unas finales de la NBA; pues bien, en 2010 la emoción de un cara o cruz para ambos finalistas está asegurada, ni más ni menos que con las dos franquicias más grandes de la historia de la liga profesional norteamericana.

Ayer los Lakers reaccionaron a lo grande y, desde el salto inicial, pasaron por encima de unos Celtics que, todo sea dicho, en cuanto su rival alcanzó la veintena de puntos de diferencia en el segundo cuarto, bajaron los brazos -al contrario que en otras ocasiones- y se dedicaron a pensar más en el gran choque de mañana jueves.

A ello ayudó la lesión de un Kendrick Perkins que se torció la rodilla en el período inicial y que no volvió a aparecer por la cancha. Las primeras exploraciones le convierten en seria duda para el definitivo encuentro, lo que sería una baja realmente sensible para los de Boston debido a todo lo que aporta el pívot titular en defensa, más o menos lo mismo que en su momento fue la de Andrew Bynum para los Lakers.

Pero cuando Perkins se retiró los Lakers ya estaban en vías de resolver el partido, utilizando justo las mismas armas que habían aupado a los Celtics hasta el 2-3 en la serie: intensidad defensiva -los angelinos mordían-, acierto más que decente en ataque y aportación de los hombres de banquillo, en especial de un “Sasha” Vujacic que ayer, en los minutos que estuvo en cancha, sí aportó lo que se espera de él, con 9 puntos y dos triples convertidos.

Y si a ello se le une que Pau Gasol, pese a estar físicamente bastante agotado, tiró de repertorio para quedarse a sólo una asistencia del triple doble (17 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias); que Kobe Bryant estuvo en sus números con 26 puntos y 11 rebotes; que Ron Artest metió sus triples; que Odom apareció algo (8 puntos) y que los reservas célticos, a diferencia de lo que suelen hacer, ayer no aportaron casi nada, el resultado no pudo ser otro que el 51-31 del descanso y el 89-67 que registró definitivamente el electrónico del Staples Center.

El último cuarto sólo sirvió para que ambos equipos -pese a que Phil Jackson mantuvo a algunos titulares hasta el final- se dedicaran a dejar pasar el tiempo y a pensar en lo que van a tener entre manos dentro de dos noches: la batalla definitiva que, en ningún momento lo dudamos, no va a tener nada que ver con lo que se pudo contemplar ayer.

Los Celtics puede que no tengan a Perkins pero son bastante fiables fuera de casa y sólo han perdido dos partidos seguidos cuando ganaban a los Magic por 3-0; los Lakers jugarán al calor de su público donde se crecen enormemente y donde sólo han cedido un partido en todos los play-offs, pero esa derrota, recordemos, vino precisamente de manos de los Celtics y, además, la historia está totalmente en su contra si se miran los cara o cruz ante sus archirrivales de Boston.

¿Qué pasará? Visto lo visto vayan ustedes a saber; pero yo, que admiro a las dos franquicias por igual, deseo como es lógico que Pau Gasol salga del Staples Center con su segundo anillo colocado en su mano.

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Espectacular y extraordinaria machada del Caja Laboral en la final de la liga ACB

Lo que casi nadie pensaba que sucedería -empezando por un servidor- ha ocurrido. El Regal F.C. Barcelona, el campeón de la Copa del Rey y de la Euroliga, el mejor equipo de largo de toda la temporada, ha caído en la final de la liga ACB 2009-2010 ante el Baskonia, que consigue el tercer título de su historia.

Es curiosa la evolución de los duelos entre estos dos equipos, protagonistas de las tres últimas finales ligueras, ganadas todas ellas por el que ha tenido los pronósticos y el factor cancha en contra (dos el Caja Laboral, antes TAU Cerámica; y una el Barça). Pero lo de este año ha rozado lo heroico.

Tres derrotas en toda la fase regular y los play-offs, y cinco en toda la temporada; ese era el bagaje del mejor equipo que había pasado por la liga ACB en toda su historia; pues bien, han llegado los guerreros vitorianos y, en tres partidos sumamente emocionantes (58-63; 69-70 y 79-78), se han cargado con todas las de la ley la posibilidad del segundo triplete azulgrana de la historia.

Cierto es que el Barça, sobre todo en los dos primeros choques en el Palau Blaugrana, no ha sido ni la sombra del equipo que ha maravillado a Europa; pero no hay que quitar ningún mérito al excelente trabajo táctico de un entrenador, Dusko Ivanovic, habitualmente acostumbrado a perder finales de la ACB, y de unos jugadores encabezados por el MVP tanto de la fase regular como de la final, Tiago Splitter, y por el jugador que ha decidido el título en el tercer partido, Fernando San Emeterio.

Porque, como bien suele decir la afición baskonista, “al equipo blaugrana -colores originales del club antes de la llegada de los patrocinadores- no hay quien le gane, porque tiene unos huevos así de grandes”. Tras “asaltar” ni más ni menos que dos veces el Palau, en el tercer partido disputado en un Fernando Buesa Arena a rebosar la cosa llegó a emociones insospechadas. A falta de siete segundos para el final de la prórroga, el Barça ganaba por un punto y Basile, un tirador consumado, tenía dos tiros libres para casi sentenciar el choque e irnos al cuarto.

Todo el pabellón se acordaba de cómo su equipo había dejado escapar la victoria en el tiempo reglamentario, incluso aceptando la polémica que supuso el que los árbitros dieran validez al tapón final de Morris sobre Eliyahu, lo que habría significado el título. Pero Basile falló el segundo tiro libre, San Emeterio cogió el rebote y se fue hacia la canasta barcelonista dispuesto a todo; y todo fue lo que consiguió.

El escolta nacional logró una espectacular canasta acompañada de personal a falta de 5 décimas -todo se debe decir, hay que tener pocas luces para hacer falta ganando sólo por dos puntos cuando el jugador rival ya ha penetrado hasta la cocina-, y tenía en su mano darle la tercera liga a los suyos. No falló, y el 79-78 final desató la locura en el Buesa Arena y en toda la capital de Euskadi, donde el baloncesto es casi una religión.

De todo corazón -aunque quien me conoce sabe que, en baloncesto, yo voy siempre con el Cajasol y con el Barça-, felicidades al Caja Laboral Baskonia, con cuyos aficionados pasé una magnífica Copa del Rey en 2004; y a todos los vitorianos, quienes me acogieron de la mejor manera posible el pasado año en las veraniegas fiestas de la Blanca. Os lo habéis ganado a pulso, campeones.

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