Espectacular y extraordinaria machada del Caja Laboral en la final de la liga ACB


Lo que casi nadie pensaba que sucedería -empezando por un servidor- ha ocurrido. El Regal F.C. Barcelona, el campeón de la Copa del Rey y de la Euroliga, el mejor equipo de largo de toda la temporada, ha caído en la final de la liga ACB 2009-2010 ante el Baskonia, que consigue el tercer título de su historia.

Es curiosa la evolución de los duelos entre estos dos equipos, protagonistas de las tres últimas finales ligueras, ganadas todas ellas por el que ha tenido los pronósticos y el factor cancha en contra (dos el Caja Laboral, antes TAU Cerámica; y una el Barça). Pero lo de este año ha rozado lo heroico.

Tres derrotas en toda la fase regular y los play-offs, y cinco en toda la temporada; ese era el bagaje del mejor equipo que había pasado por la liga ACB en toda su historia; pues bien, han llegado los guerreros vitorianos y, en tres partidos sumamente emocionantes (58-63; 69-70 y 79-78), se han cargado con todas las de la ley la posibilidad del segundo triplete azulgrana de la historia.

Cierto es que el Barça, sobre todo en los dos primeros choques en el Palau Blaugrana, no ha sido ni la sombra del equipo que ha maravillado a Europa; pero no hay que quitar ningún mérito al excelente trabajo táctico de un entrenador, Dusko Ivanovic, habitualmente acostumbrado a perder finales de la ACB, y de unos jugadores encabezados por el MVP tanto de la fase regular como de la final, Tiago Splitter, y por el jugador que ha decidido el título en el tercer partido, Fernando San Emeterio.

Porque, como bien suele decir la afición baskonista, “al equipo blaugrana -colores originales del club antes de la llegada de los patrocinadores- no hay quien le gane, porque tiene unos huevos así de grandes”. Tras “asaltar” ni más ni menos que dos veces el Palau, en el tercer partido disputado en un Fernando Buesa Arena a rebosar la cosa llegó a emociones insospechadas. A falta de siete segundos para el final de la prórroga, el Barça ganaba por un punto y Basile, un tirador consumado, tenía dos tiros libres para casi sentenciar el choque e irnos al cuarto.

Todo el pabellón se acordaba de cómo su equipo había dejado escapar la victoria en el tiempo reglamentario, incluso aceptando la polémica que supuso el que los árbitros dieran validez al tapón final de Morris sobre Eliyahu, lo que habría significado el título. Pero Basile falló el segundo tiro libre, San Emeterio cogió el rebote y se fue hacia la canasta barcelonista dispuesto a todo; y todo fue lo que consiguió.

El escolta nacional logró una espectacular canasta acompañada de personal a falta de 5 décimas -todo se debe decir, hay que tener pocas luces para hacer falta ganando sólo por dos puntos cuando el jugador rival ya ha penetrado hasta la cocina-, y tenía en su mano darle la tercera liga a los suyos. No falló, y el 79-78 final desató la locura en el Buesa Arena y en toda la capital de Euskadi, donde el baloncesto es casi una religión.

De todo corazón -aunque quien me conoce sabe que, en baloncesto, yo voy siempre con el Cajasol y con el Barça-, felicidades al Caja Laboral Baskonia, con cuyos aficionados pasé una magnífica Copa del Rey en 2004; y a todos los vitorianos, quienes me acogieron de la mejor manera posible el pasado año en las veraniegas fiestas de la Blanca. Os lo habéis ganado a pulso, campeones.

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