Lakers y Pau Gasol, bicampeones de la NBA (83-79)


No cabía más emoción. Con permiso del “Dios” del baloncesto, Michael Jordan, la NBA vivía ayer su episodio más importante desde hacía ya más de 20 años: Lakers y Celtics, Los Ángeles y Boston, en un séptimo partido de las finales. La rivalidad por excelencia en la liga profesional norteamericana, renacida definitivamente.

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Era la gran ocasión de los Lakers para tomarse la revancha de la derrota de 2008, y también para ganarle por fin un encuentro decisivo a sus rivales de toda la vida. Y la gran ocasión para los Celtics de asestarle un nuevo golpe histórico a la franquicia angelina.

Finalmente, tras un encuentro desastroso en sus tres primeros cuartos y auténticamente sublime en el último, los Lakers (83-79), remontando los trece puntos que alcanzaron los Celtics en el tercer período (36-49), han repetido título -nadie lo hacía desde que ellos mismos lograron tres consecutivos entre 2000 y 2002-, han ganado por primera vez a Boston en un séptimo encuentro, y con su anillo número 16, se colocan sólo a uno de los Celtics. Y, además, es el undécimo título para el gran “gurú” de los banquillos, como llaman a Phil Jackson.

BRYANT, MVP; GASOL, ESTELAR
Y en un partido tan especial hubo un hombre, el mejor baloncestista español de toda la historia, que fue una vez más decisivo. Pau Gasol estuvo hecho un coloso, sobre todo en el último cuarto, y sus 19 puntos y 18 rebotes fueron claves para el triunfo de su equipo.

Gasol, que logra su segundo título de campeón de la NBA, estuvo hecho todo un coloso bajo los aros, destacando especialmente un rebote vital en ataque capturado a 30 segundos del final, cuando los Lakers ganaban por tres puntos, jugada que acabó con dos tiros libres de Kobe Bryant. Pau, además, anotó varios puntos decisivos en los minutos más calientes, y sólo el excesivo porcentaje de fallos en los tiros libres -sobre todo para lo que en él es habitual- le impidieron lograr la excelencia baloncestística.

Para algunos debió haber sido el MVP de las finales, pero eso, al lado del anillo logrado y del reconocimiento de sus compañeros y aficionados, no tiene importancia alguna. Gasol, por si a alguien le quedaban dudas, se ha consolidado ya definitivamente como una gran estrella en la mejor liga de baloncesto del mundo; y un servidor, que le viene siguiendo desde sus comienzos en el Barça, está teniendo el enorme placer personal -como tantos otros aficionados españoles- de poder disfrutar de él. Que dure.

El premio de mejor jugador fue, cómo no, para Kobe Bryant. El mejor y más emblemático jugador de la historia de los Lakers fue ayer demonio y ángel. Su actuación antes del último parcial le hizo merecedor de que le corrieran a gorrazos, porque fue sencillamente infame. Pero en los doce minutos finales, amigo, se redimió y estuvo en un lado y en otro, anotando y reboteando, para acabar con 25 puntos y 15 rebotes. Su 6 de 30 en tiros de campo quedaba olvidado.

Nunca llegará a ser, en mi opinión, como Jordan -con el que constantemente se le compara- pese a que ya le queda sólo un anillo para superarle -6 a 5-; pero cuando se retire, el 24 -número que, junto al 8, es el que ha llevado en su carrera- debería colgarse en el Staples Center junto al 13 de Wilt Chamberlain, el 22 de Elgin Baylor, el 25 de Gail Goodrich, el 32 de “Magic” Johnson, el 33 de Kareem Abdul-Jabbar, el 42 de James Worthy, y el 44 de Jerry West, el hombre que, desde los Grizzlies, facilitó el traspaso de Pau Gasol hace 2 años y medio.

ARTEST, EL FACTOR CLAVE
Ahora bien, el elemento más importante para el triunfo de Lakers fue, sin duda, Ron Artest. El “leñero” por excelencia, el jugador más excéntrico que hay actualmente en la NBA, “aparece” de vez en cuando en ataque, y cuando lo hace, es imparable. Como ayer.

Él solito mantuvo en el marcador en el segundo cuarto a los Lakers con doce puntos; y él se encargó de anotar un triple vital a falta de 1:01 (79-73). Veinte tantos para el amigo, la tercera gran clave de los Lakers.

CELTICS, DANDO LA CARA HASTA EL FINAL
De los Celtics, qué decir que no hayamos dicho ya. Es un conjunto con orgullo, con carácter, y con enormes jugadores; que, sin uno de sus hombres claves, Kendrick Perkins -también estuvo prácticamente disminuído Bynum en los Lakers- plantaron cara durante todo el choque, se colocaron 13 arriba en el tercer cuarto y pelearon hasta el final la victoria en cancha contraria.

Rondo, Ray Allen, Pierce, Garnett y Wallace; todos y cada uno de los miembros de su quinteto inicial estuvieron por encima de los diez puntos de anotación; pero ayer “no hubo” banquillo. Ayer, el título estaba escrito que sería para los Lakers, que tiraron de todo lo que tenían para evitar que éste se les escapara en su propia casa.

“Sheed” Wallace, Allen y Rajon Rondo se empeñaron en dar emoción con tres triples en el último minuto y medio cuando los Lakers ya tocaban el anillo; pero los angelinos mantuvieron la cabeza fría y sentenciaron con dos tiros libres de “Sasha” Vujacic. Después, la locura; no era para menos.

Se había escrito uno de los mejores capítulos de la historia de las finales de la NBA, habían ganado los de casa y, encima, un españolito fue “starring” de este gran triunfo. Casi nada. Ahora Pau Gasol se dedicará a descansar, sin participar en el Mundial con la selección española. Aunque nos duela no poder contar contigo, te has ganado el descanso, campeón.

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