Lorenzo gana también en Silverstone; y Alonso, gravemente perjudicado en Valencia por la dirección de la carrera


Fin de semana de luces y sombras para el motor español. Las luces llegaron, una vez más, en el motociclismo. Jorge Lorenzo está recogiendo a la perfección el testigo forzosamente dejado por Valentino Rossi, y ayer, en el GP de Holanda, en Assen, logró su cuarta victoria de la temporada, ésta por delante de Dani Pedrosa y de Casey Stoner.

El mallorquín dominó la carrera de principio a fin, y sólo pasó un momento de apuro cuando Pedrosa y Stoner le cogieron en la cuarta vuelta. Sin embargo la eficacia de los neumáticos duros de la Yamaha salió a relucir justo en ese momento, y Lorenzo acabó logrando otra plácida victoria que hace que aumente su distancia sobre el segundo de la general, que no es otro que Dani Pedrosa.

Lorenzo, pese a todo lo que queda, tiene ya el mundial de MotoGP en su bolsillo, salvo que le ocurra otro desgraciado accidente, como el que sufrió Valentino Rossi en Mugello. Para ver un campeonato disputado habrá que esperar hasta 2011, cuando el italiano vuelva a disputar el campeonato completo ¿a lomos de una Ducati?

En Moto2 el líder vuelve a ser Toni Elías, quien acabó ayer segundo tras Andrea Iannone; mientras que en 125cc Marc Márquez logró su tercera victoria consecutiva por delante de Terol y Espargaró. Un nuevo triplete que hace que Márquez se acerque en la general a sus dos compatriotas. Terol es líder, y Espargaró, segundo a tres puntos.

La dirección de carrera se luce en el GP de Europa
Otra cosa bien distinta fue lo de la Fórmula 1, porque por un motivo u otro Alonso no consigue la regularidad necesaria en su Ferrari. Esta tarde ha sido por culpa de la “cacicada” de Charlie Whiting -inglés- y su dirección de carrera, que tomó una serie de decisiones surrealistas que, una vez más, han beneficiado a Hamilton -inglés-, incluso cuando lo han sancionado como hoy, y una vez más, han perjudicado a Fernando Alonso. Suponemos que todo seguirá siendo pura casualidad…

La carrera en el Circuito Urbano de Valencia estaba desarrollándose con normalidad, con Vettel primero, seguido muy de cerca por Hamilton y Alonso; cuando en la vuelta diez ocurrió el terrible accidente provocado por un Mark Webber que parecía estar pensando en las musarañas. Webber, retrasadísimo por una pésima salida, chocó con el Lotus de Kovalainen y, después de que su Red Bull diera un salto mortal en el aire, se estrelló de manera espectacular primero contra el asfalto y luego contra los neumáticos de protección. Resultado: Safety Car.

Primer despropósito: el Safety Car sale entre Vettel y Hamilton, cuando lo normal es hacerlo con tiempo y espacio suficiente como para que el líder se quede detrás cómodamente. Como Vettel se había librado y a Hamilton se le escapaba la carrera, al señorito Lewis no se le ocurre otra cosa mejor que adelantarlo, algo prohibidísimo.

Resultado: Vettel y Hamilton llegaron a boxes lo suficientemente rápido como para como para cambiar neumáticos -Hamilton también el morro- y salir por delante de los nueve coches que ya habían pasado por el “pit lane”, al tener el tiempo suficiente como para hacerlo una vuelta antes que los líderes. Alonso, respetando la norma del Safety Car, llegó retrasadísimo al cambio de ruedas, saliendo décimo.

Segundo despropósito: nada menos que diez vueltas tardaron los jueces en ponerse a estudiar el incidente, y ¡catorce! en dar la sanción, un “drive through”, cuando una bandera negra de descalificación tampoco habría estado nada mal ya que esa es la sanción estipulada, por ejemplo, cuando entras o sales de boxes con el semáforo en rojo. Pero miren ustedes qué casualidad, Mr Hamilton había vuelto a coger tal ventaja sobre sus perseguidores que no perdió su segunda plaza; mientras que Alonso, que había cumplido con el reglamento, estaba décimo peleándose con todo el mundo en un circuito, como la gran mayoría, en el que es complicadísimo adelantar. Olé, Mr Whiting.

Vettel marchó tranquilísimo hacia la victoria, segunda suya de la presente temporada, seguido por Hamilton y Button. Alonso fue noveno después de que Kobayashi, que no paró cuando el accidente de Webber, le adelantara en la penúltima vuelta con unos neumáticos blandos supernuevos.

Y tercer despropósito: en el último tercio de carrera la dirección, pensábamos que intentando arreglar todo este enorme desaguisado, anuncia otra investigación, en este caso contra los nueve pilotos que entraron en boxes antes que los líderes, por ir presuntamente más rápido de lo permitido con el coche de seguridad en pista. Cinco de esos pilotos estaban por delante de Alonso, y el dictamen se conocería después de la carrera.

Todos pensábamos que al menos habría la sanción suficiente como para que Alonso alcanzara siquiera el quinto puesto -un resultado muy perjudicial, pero algo menos-; sin embargo, ¡cá disparate! Cinco segunditos escasos fueron los que la -inglesa- dirección de carrera les metió a los infractores. Cinco segundos que a Alonso escasamente le sirvieron para adelantar una posición -de noveno a octavo-… y que, además, dejaron sin puntuar a De la Rosa, que había terminado décimo. Y todo esto, para más inri, en España. Demencial.

El mundial queda encabezado por los ingleses Hamilton (127 puntos) y Button (121), con Vettel tercero (115), Webber cuarto (103) y Alonso, quinto (96), a 31 puntos ya de la cabeza. Olvidémonos ahora de que el mismo inglés de siempre ha sido el beneficiado y de que el mismo español de casi siempre ha sido el perjudicado. Después de ver esta cadena de despropósitos, la más increíble de toda la temporada y de los últimos años, la pregunta es: ¿merece la pena seguir creyendo en la Fórmula 1? Yo, aunque cada vez soy más escéptico, quiero pensar que sí.

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