Los Lakers barren a los Celtics (89-67) y fuerzan el séptimo partido


No va más. Desde 1994 (Houston Rockets-New York Knicks) no tenía lugar un séptimo y definitivo partido en unas finales de la NBA; pues bien, en 2010 la emoción de un cara o cruz para ambos finalistas está asegurada, ni más ni menos que con las dos franquicias más grandes de la historia de la liga profesional norteamericana.

Ayer los Lakers reaccionaron a lo grande y, desde el salto inicial, pasaron por encima de unos Celtics que, todo sea dicho, en cuanto su rival alcanzó la veintena de puntos de diferencia en el segundo cuarto, bajaron los brazos -al contrario que en otras ocasiones- y se dedicaron a pensar más en el gran choque de mañana jueves.

A ello ayudó la lesión de un Kendrick Perkins que se torció la rodilla en el período inicial y que no volvió a aparecer por la cancha. Las primeras exploraciones le convierten en seria duda para el definitivo encuentro, lo que sería una baja realmente sensible para los de Boston debido a todo lo que aporta el pívot titular en defensa, más o menos lo mismo que en su momento fue la de Andrew Bynum para los Lakers.

Pero cuando Perkins se retiró los Lakers ya estaban en vías de resolver el partido, utilizando justo las mismas armas que habían aupado a los Celtics hasta el 2-3 en la serie: intensidad defensiva -los angelinos mordían-, acierto más que decente en ataque y aportación de los hombres de banquillo, en especial de un “Sasha” Vujacic que ayer, en los minutos que estuvo en cancha, sí aportó lo que se espera de él, con 9 puntos y dos triples convertidos.

Y si a ello se le une que Pau Gasol, pese a estar físicamente bastante agotado, tiró de repertorio para quedarse a sólo una asistencia del triple doble (17 puntos, 13 rebotes y 9 asistencias); que Kobe Bryant estuvo en sus números con 26 puntos y 11 rebotes; que Ron Artest metió sus triples; que Odom apareció algo (8 puntos) y que los reservas célticos, a diferencia de lo que suelen hacer, ayer no aportaron casi nada, el resultado no pudo ser otro que el 51-31 del descanso y el 89-67 que registró definitivamente el electrónico del Staples Center.

El último cuarto sólo sirvió para que ambos equipos -pese a que Phil Jackson mantuvo a algunos titulares hasta el final- se dedicaran a dejar pasar el tiempo y a pensar en lo que van a tener entre manos dentro de dos noches: la batalla definitiva que, en ningún momento lo dudamos, no va a tener nada que ver con lo que se pudo contemplar ayer.

Los Celtics puede que no tengan a Perkins pero son bastante fiables fuera de casa y sólo han perdido dos partidos seguidos cuando ganaban a los Magic por 3-0; los Lakers jugarán al calor de su público donde se crecen enormemente y donde sólo han cedido un partido en todos los play-offs, pero esa derrota, recordemos, vino precisamente de manos de los Celtics y, además, la historia está totalmente en su contra si se miran los cara o cruz ante sus archirrivales de Boston.

¿Qué pasará? Visto lo visto vayan ustedes a saber; pero yo, que admiro a las dos franquicias por igual, deseo como es lógico que Pau Gasol salga del Staples Center con su segundo anillo colocado en su mano.

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