Tregua total con los grandes colosos pirenaicos como testigos


Se esperaba mucho de la penúltima etapa pirenaica. Mañana se cumplen justo cien años de la primera gran jornada de montaña de la historia del Tour en los Pirineos, y por ello la organización preparó una super etapa, la 16ª de la presente edición entre Bagnères de Luchon y Pau, muy similar a aquélla que, en 1910, transcurrió entre Bagnères y Bayona.

Entre medias, el Peyresourde -de salida-, el Aspin, el Tourmalet y el Aubisque; y pese a que desde la cima de este último gran coloso había 61 kilómetros hasta la meta, el terreno invitaba a que un Andy Schleck teóricamente rebosando rabia por lo de ayer intentara reventar la carrera.

Pero qué va… Después de una salida pletórica y tremendamente guerrera en la que Samuel Sánchez sufrió mucho en el Aspin, los grandes de la general se reagruparon y pasaron el Tourmalet y el Aubisque sin plantear batalla, llegando a Pau cómodamente instalados en el gran grupo. ¿Lamentable? En mi opinión, sí. Vale que la distancia de bajada y llano hasta Pau era considerable, pero joder, que quien no se la juega no obtiene premio. Y con el pobre espectáculo que hemos visto en la mayoría de las etapas de este Tour, haber desaprovechado este pedazo de recorrido es, cuando menos, para que la dirección de la carrera les mande a los equipos algún tipo de aviso.

Especialmente decepcionante ha estado Andy Schleck. Parecía que el “PeZqueñín” de la saga -como le llama Andrew, de El blog del dxt– iba a lanzar un ataque de los de los campeones de antaño, buscando conseguir unas diferencias que, unidas a las posibles de pasado mañana, le permitieran afrontar la contrarreloj con garantías sobre Contador. Iluso de mí…

Me hace una tremenda ilusión que, como corredor español que es, pueda ganar Alberto su tercer Tour -quinto seguido para España-, y me alegra la reconciliación pública que han tenido Schleck y él después de la polémica de la etapa de ayer; pero si eso repercute en el espectáculo de la carrera… malo, pero que muy malo.

Como Andy no lo remedie pasado mañana en el Tourmalet -teniendo en cuenta que en la crono le debe caer “la del pulpo”- va a ser el Tour ganado por el de Pinto de forma más cómoda. Sí, más que el del año pasado, en donde arrasó. ¿Por qué? Pues porque no le ponen en dificultades para nada; sólo con demarrajillos esporádicos. De todos modos, reitero lo que vengo comentando en estos días: no es Alberto quien tiene necesidad de atacar, sino Schleck y Saxo Bank. Si no lo hacen, allá ellos; pero luego que no se quejen si Alberto se vuelve a subir el domingo a lo más alto del podium en París.

En fin, que ante la “huelga” de los principales corredores de la general, el interés de la etapa estuvo en los escapados, entre los que estaba un Lance Armstrong que, después de caerse día sí día también, y después de arrastrarse por la general, quiso dejarse ver, y lo consiguió. El antaño gran campeón -a cuya imagen no le ha beneficiado para nada su retorno a la competición- fue el nombre más ilustre de un grupito compuesto, además, por los españoles Carlos Barredo y Rubén Plaza, los franceses Cristophe Moureau, Pierrick Fedrigo y Sandy Casar, el italiano Damiano Cunego, el compañero de Armstrong Chris Horner y el belga Van de Walle.

De todos ellos el gran protagonista fue Barredo. El asturiano del Quick Step se la jugó a 44 kilómetros de la meta, y pareció durante muchos kilómetros que llegaría victorioso a Pau; pero en el último tramo Moureau se puso a tirar para su compañero en Caisse D´Epargne Rubén Plaza, y Barredo fue alcanzado sobre el arco del último kilómetro. Una verdadera injusticia, pero qué se le va a hacer. El sprint del grupo lo ganó Fedrigo, que consiguió la sexta victoria francesa en el Tour, y la segunda consecutiva para su equipo, el Bouygues Telecom, tras la de Thomas Voeckler hace 24 horas.

Mañana es el segundo día de descanso; y el jueves, la última gran etapa de montaña: 174 kilómetros entre Pau y el Tourmalet, con el Marie-Blanque y el Soulor, ambos de 1ª, entre medias. Será la segunda vez que la “Grande Boucle” llegue a la cima del gran coloso pirenaico en un final de etapa. Cierto es que en otras ediciones ha habido diversas jornadas que han desembocado en el Tourmalet; pero con la meta en La Mongie, la estación de esquí situada a 4,5 kilómetros. En 1974 -año de la última victoria en la general de Eddy Merckx- ganó el francés Jean-Pierre Danguillaume; veremos qué es lo que sucede en 2010, aunque de lo que estoy seguro es de que, esta vez sí, Andy Schleck se la tiene que jugar. Ojalá ello sirva para que, por fin, veamos ciclismo del bueno.

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