El Betis, más líder tras golear al Rayo (4-0)


Para muchos, ésta era la primera reválida del Betis. Daba igual que los verdiblancos se hubieran impuesto ya en “plazas” tan complicadas como Elche y -esta temporada- Salamanca, y que otro “gallito” como el Valladolid hubiera hincado la rodilla en el estadio bético. El encuentro de la décima jornada ante el Rayo Vallecano, quizás el mejor equipo de la categoría hasta el momento junto a los de Mel, iba a ser una excelente piedra de toque para medir el momento real del equipo.

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Y para ser la primera reválida, el Betis no la ha superado nada, pero que nada mal. Los heliopolitanos han machacado a los de Vallecas en el Benito Villamarín -primer partido de liga con la denominación clásica- por 4-0, marcando ya las primeras distancias medianamente considerables en la clasificación con respecto a sus perseguidores.

Un contundente resultado, logrado no bajo la vía del buen juego y del apabullamiento, sino por la efectividad. Es lo que tiene este equipo, al menos en este primer tercio de la campaña: si juega de modo vistoso te puede meter un saco; pero si no lo hace, también.

Porque esta mañana, a excepción del primer cuarto de hora, el balón no ha sido del Betis, sino del Rayo, un muy buen equipo en el que parece haber perdurado el buen gusto de su ex entrenador -hoy en el banquillo rival-, pero que, al menos hoy, ha sido cándido como sí solo a la hora de poner en aprietos a los locales.

Los béticos, pese al infame aspecto del terreno de juego -menos mal que hoy mismo ya empiezan a resembrarlo-, consiguieron que el balón rodara más o menos a su gusto en los primeros minutos de partido, y a los catorce minutos abrieron el marcador. Una falta lateral botada por Salva Sevilla encontró el afortunado “remate” de Javi Fuego. El golpeo del centrocampista almeriense se envenenó de tal forma que el rayista no pudo despejar con corrección, alojando la pelota en su propia portería.

El partido ya estaba como quería el Betis; pero entonces el Rayo se hizo dueño del balón y comenzó a rondar el área de Goitia. Iriney y Beñat sufrían ante el despliegue físico de veteranos como Movilla y Míchel, y ante la notable labor de Trejo, Borja García y Delibasic, en la delantera.

La posesión había cambiado de bando, aunque la excelente labor en el centro de la defensa de Miki Roqué y Dorado impidió que los vallecanos gozaran de una sola ocasión para hacer el empate, ante un Betis que, en ataque, sólo vivía de algún contragolpe llevado, cómo no, por Emana.

Zas, zas… y 3-0 en un momento
Al descanso el Rayo no había podido aprovechar su momento, y eso el Betis se lo haría pagar en unos primeros minutos del segundo tiempo espectaculares. En el 49 Beñat le robó el balón a Movilla y montó, junto a Emana, un contragolpe letal. El camerunés le devolvió el pase en la frontal del área y el vizcaíno batió a Cobeño con un derechazo inapelable. Segundo gol en la liga de la gran revelación del año en Segunda División.

Pero el Betis quiso más, y aprovechó el desconcierto rayista para sentenciar poco después gracias a su goleador, el canario ex rayista Rubén Castro, quien tras dar un pase de fábula a Salva Sevilla hacia el interior del área aprovechó el rechace de Cobeño, que había salido a los pies del almeriense, para marcar a puerta vacía. Tres a cero y sin maravillar; a este Betis no le hace falta.

Sólo entonces dispuso el Rayo de alguna que otra ocasión. La más clara la tuvo David Aganzo mediada la segunda mitad, pero su disparo a bocajarro tras la dejada de un compañero encontró una sobresaliente respuesta de Goitia, cuando el 3-1 ya se cantaba.

Fue poco menos que un espejismo. El Betis cerró el marcador a seis minutos del final, tras un -tonto- penalti a Rubén Castro que transformó, a lo Panenka, Achille Emana. Entonces comenzaron a aflorar los malos modos en los jugadores rayistas, sobre todo en Cobeño.

El guardameta rayista, suplente años ha en el Sevilla, se encaró con Emana porque, según sus palabras, poco menos que se había reído de él al ejecutar el penalti. Comprendemos la frustración del ex sevillista, hasta entonces el portero menos goleado de Segunda, por salir “escaldado” del campo del Betis -más conociendo su pasado-, pero hombre, esas no son formas. Porque por esa regla de tres, por ejemplo, Sepp Maier debería haber cogido a Panenka en el 76 y, prácticamente, haberlo zarandeado después de haber convertido así su penalti.

Emana, mucho más elegante -aunque arriesgado por no haber ignorado a Cobeño sobre el campo-, respondió al rayista al terminar el partido con un simple “cada cual tira los penaltis como quiere”. En resumen, lo que debería hacer Cobeño es aplicar toda la energía y toda la mala leche que ha soltado tras el cuarto gol la semana que viene. Porque su equipo lleva ya tres jornadas sin ganar y, en seis días, visita Vallecas el Valladolid. Un partido que su equipo necesita sacar adelante para que los pucelanos no le superen en la clasificación.

Por su parte el Betis, tras diez fechas, saca ya cuatro puntos al Celta, cinco al Rayo y siete al Valladolid; y el próximo domingo, también en horario matinal, tiene una ocasión pintiparada para alejar a los vigueses en tres puntos más. Visto lo visto, y reconociendo la enorme dificultad del choque, que se echen a temblar.

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