Freire añade la París-Tours al palmarés del ciclismo nacional


El ciclismo español está pasando un momento complicado con el “caso Contador” y con el positivo de Ezequiel Mosquera. Crítico, diría yo, si el de Pinto es incapaz de convencer a la UCI que lo suyo no es positivo. Pero entre tanto bajón el domingo volvió a resurgir aquél que pocas veces suele fallar; aquél que no tiene un excesivo número de victorias en su palmarés, pero las que posee son verdaderamente “pata negra”.

Me refiero, obviamente, a Óscar Freire. La de 2011 será su última temporada en el pelotón profesional, y desde ya proclamo que le vamos a echar mucho de menos cuando dé su última pedalada. El cántabro hizo en el reciente Campeonato del Mundo lo que rara vez suele hacer cuando está en disposición de pelear por el triunfo en una carrera importante: fallar.

Un despiste en uno de los momentos “calientes” de la carrera hizo que tanto él como la selección española trabajaran más de la cuenta para echar la escapada abajo, lo que le dejó sin fuerzas en el sprint que ganó Hushovd. Pero Óscar, como gran corredor que es, se desquitó en parte hace dos días.

Y lo hizo regalando al ciclismo español su primera victoria en una de las carreras importantes del calendario internacional: la París-Tours. Una clásica que está un peldaño por debajo de los cinco “monumentos” -Milán-San Remo, Tour de Flandes, París-Roubaix, Lieja-Bastogne-Lieja y Giro de Lombardía-, pero una clásica de pedigrí, que en 114 años nunca había ganado un ciclista español.

Un tipo que ha ganado tres veces el Mundial de ruta -más un bronce-, otras tres veces la Milán-San Remo -la última, este mismo año-, además de etapas en Vuelta y Tour y el maillot verde de la carrera francesa no tiene que demostrar nada a nadie. Ni tan siquiera a él mismo. Pero el Mundial de Australia le había dejado un regusto amargo, porque se veía en condiciones de ganar.

Por ello hizo una cruz en la París-Tours, el paraíso de los sprinters en el final de temporada, sólo siete días más tarde de la cita universal. Su equipo, el Rabobank, trabajó a fondo junto al Vacansoleil para echar a bajo la escapada de cinco corredores que se formó a mitad del recorrido, y también el posterior intento en los últimos kilómetros del francés de Radioshack Geoffroy Lequatre, neutralizado a escasamente 500 metros de la meta.

En el sprint, disputado por última edición en la larguísima Avenue de Grammont, Óscar actuó como mejor sabe, es decir, preparándose la llegada por su cuenta. El cántabro surgió en los últimos metros para batir al italiano del Lampre Angelo Furlan, y al belga del Radioshack G. Steegmans, sucediendo así en el palmarés a Phillipe Gilbert.

Un nuevo triunfo de prestigio para Freire, el tricampeón mundial por España; el corredor que, con el permiso del mítico Miguel Poblet -y pese a las múltiples molestias y lesiones que ha sufrido a lo largo de su carrera-, más lustre ha dado en las llegadas en grupo al ciclismo nacional durante toda su historia.

El campeonato del mundo en ruta de 2012, en Copenhague, cuentan que es extremadamente llano para sus intereses y para los de la selección española; pero ¿se imaginan a Óscar consiguiendo su cuarto maillot arco iris y colocándose al frente del palmarés de dicha carrera justo antes de su retirada? Sería, simple y llanamente, hacer justicia; pero no vayamos tan rápido porque todavía falta un año. De momento sigamos disfrutando de las grandes victorias que nos brinda este verdadero fenómeno; como dirían los italianos, este “fuoriclasse”.

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