La Ryder Cup 2010 se queda en Europa


No es habitual que en este espacio se hable de golf. Pese a que reconozco su importancia, y pese a que suelo estar al tanto de la actualidad -dos de mis deportistas más admirados son Seve Ballesteros y Chema Olazábal, sobre todo el segundo por haberle podido seguir más de cerca y por todas las visicitudes por las que ha pasado a lo largo de su carrera-, no es el deporte que más suelo seguir, porque no me resulta lo suficientemente llamativa en comparación con otras.

No obstante, hay una excepción, una competición que, por varias razones, tiene una magia especial, no en vano es uno de los acontecimientos deportivos más seguidos del mundo. Hablo, por supuesto, de la Ryder Cup, el torneo más importante y más prestigioso de todos, el que levanta más pasiones; aquél en el que cada dos años se pone en juego el orgullo entre Europa y Estados Unidos; aquél en el que los jugadores no ganan ni un solo euro -o dólar- y, sin embargo, se parten los cuernos por dar lo mejor de sí.

Pero, además, es aquél que se disputa bajo una modalidad mucho más atractiva para mí que la de los torneos clásicos, como es la “match play“, en la que cada jugador o cada pareja se enfrenta de forma directa con su oponente, a dieciocho hoyos, contabilizándose los hoyos ganados y no los golpes realizados; y recibiendo un punto por la victoria y medio por el empate.

Así se juega la Ryder Cup, para el que no lo sepa: ocho partidos por parejas en cada una de las dos primeras jornadas, cuatro en la modalidad “fourball” -cada golfista juega con su propia bola, y el hoyo en disputa se lo lleva el equipo del jugador que haya empleado menos golpes en introducirla-, y otros cuatro en la modalidad “foursomes” -una bola por pareja, que cada uno de los miembros golpea alternativamente, ganando el hoyo la pareja que menos golpes emplee para meterla-; y doce encuentros individuales en la tercera y definitiva jornada, en la que entran en juego todos los jugadores de cada equipo. En total, 28 puntos, ganando la Copa aquel equipo que logre 14,5; aunque al último vencedor se le da el derecho de retenerla con sólo 14.

Europa domina claramente en los choques por parejas
En 2010, edición celebrada en País de Gales, Europa se ha tomado la revancha de la derrota de 2008 y ha reconquistado el torneo al vencer a Estados Unidos por la mínima: 14,5 a 13,5. Una edición en la que la lluvia ha modificado todo el calendario y toda la planificación, hasta el punto de que ha sido la primera de la historia en terminar un lunes.

Tras las dos primeras jornadas -extendidas a tres por la aparición del líquido elemento-, Europa dominaba de forma clara, por 9,5 a 6,5. No era tan de extrañar, puesto que los golfistas del “viejo continente” siempre hacen gala de un mejor entendimiento y espíritu de grupo que las estrellas norteamericanas, lo que es muy importante a la hora de afrontar los partidos por parejas.

Emoción hasta el final
Todo estaba casi hecho, pero había que ir con cautela porque si los “fourballs” y los “foursomes” son “europeos”, en los individuales los americanos -salvo que estén mentalmente destruidos, como en 2004 y 2006- suelen hacer valer su mayor calidad, ofreciendo remontadas increíbles. Así ha sucedido también en esta ocasión, aunque finalmente los chicos de Colin Montgomery han aguantado la presión de sus rivales y se han llevado la Ryder.

Europa comenzó la jornada de individuales muy fuerte, pero los estadounidenses fueron progresivamente remontando y llegaron a poner en peligro la victoria continental. Tiger Woods y Phil Mickelson, por una vez, sí que hacían valer su rango y resolvieron fácilmente sus partidos, en especial el “Tigre”, que jugó un encuentro increíble ante el italiano Francesco Molinari. Si a ello le unimos el triunfo de Steve Stricker ante Lee Westwood por dos hoyos a falta de uno, el panorama no pintaba demasiado bien.

Fueron los ingleses Ian Poulter y Luke Donald, y Miguel Ángel Jiménez los encargados de relanzar la moral de los europeos. Poulter pasó por encima de Matt Kuchar; Donald le ganó por un hoyo a Jim Furyk; y “el Pisha” -único español presente este año- venció claramente a Bubba Watson.

Todo se iba a decidir en los partidos de Edoardo Molinari y de Graeme McDowell. Europa había llegado a los 13 puntos, y le hacía falta uno y medio para hacerse con la victoria. El hermano de Francesco dominó hasta por tres hoyos al joven Rickie Fowler, pero el americano resurgió en la parte final y con un “putt” increíble en el hoyo 18 logró “robar” medio punto con el que los suyos no contaban.

Empate a 13,5; la gloria o el fracaso, en manos de un McDowell que iba uno arriba ante Hunter Mahan tras el hoyo 15, y que tenía que derrotar obligatoriamente a su rival para que la Ryder no se escapase. El norirlandés, campeón este año del US Open, ganó el 16 con un sensacional “birdie”; y en el 17 Mahan, presionadísimo al tener que hacerse con los dos últimos hoyos, falló tanto desde el “tee” de salida como en el “approach”. No hizo falta ni tan siquiera que McDowell embocara: la Ryder volvía a las vitrinas del golf europeo dos años después.

Es el octavo triunfo de Europa -por siete de Estados Unidos- desde que el torneo mide a estos dos equipos. La próxima gran batalla por la supremacía del golf mundial será en 2012; esta vez en territorio norteamericano.

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