El Betis regala sus primeros puntos en casa (2-2)


El Benito Villamarín ya no es totalmente inexpugnable. El Betis dejó escapar un partido que tenía absolutamente controlado, y cedió ante el Barcelona Atlético su primer empate casero (2-2) en el partido aplazado de la 14ª jornada en Segunda División. Los béticos aventajan ahora al Rayo en tres puntos, y al Celta en cuatro.

Parece hasta cierto punto lógico que el equipo que ha acabado con el pleno verdiblanco en casa haya sido el filial del Barça. No en vano, pese a no poder disponer de los Fontás, Bartra, Jonathan Soriano o Víctor Vázquez -todos ellos utilizados por Guardiola un día antes en la Champions frente al Rubin Kazan-, el Barcelona Atlético, cuarto clasificado, sigue contando con jugadores de gran calidad, como corresponde a la mejor cantera del mundo en la actualidad. Pero no de este modo.

Porque el empate concedido por el Betis ha sido, visto cómo se ha desarrollado el encuentro, un verdadero regalo de Reyes por adelantado. Los de Mel gozaron de multitud de ocasiones para haber goleado a los jóvenes cachorros de La Masía, pero ayer los atacantes béticos -en especial Emana- tenían la pólvora mojada, y los barcelonistas lograron, en cinco minutos, igualar un 2-0 y “pescar” en un partido que ni por asomo veían que iban a poder empatar.

El Betis, que recuperaba a Beñat, salió muy decidido y se adelantó muy pronto. Mel renunció al “tridente” en favor de un mejor juego por las bandas, y a los siete minutos Salva Sevilla dio un excelso pase en profundidad a Rubén Castro, y el goleador heliopolitano marcó el 1-0 tras batir con mucha calidad a Masip. Desde ahí hasta el final del primer tiempo, carrusel de llegadas béticas ante un Barça B que sólo dispuso de una ocasión, bastante buena eso sí, a pies de Nolito.

Emana comenzó su particular divorcio con la puntería con un taconazo que salió lamiendo el palo, y con una llegada prácticamente sin fuerzas ante Masip, que sacó el disparo del camerunés. Rubén Castro también tuvo la suya, cuando el meta barcelonista le sacó un disparo a bocajarro tras centro de Miguel Lopes.

Las cosas no pudieron empezar mejor tras la reanudación. Después de un córner rechazado por la defensa culé, el balón le llegó a Beñat que la colgó al segundo palo y Roversio, que todavía andaba por allí, controló y batió a Masip con una serenidad increíble. Dos a cero y un Betis que estaba siendo infinitamente mejor que el filial azulgrana.

Mucho debían cambiar las cosas para que un nuevo triunfo no se quedara en Villamarín. Es más, todo tenía pinta de que, vista la pegada que caracteriza al Betis esta temporada, algún que otro gol más caería en la portería de Masip. El 3-0 pudo llegar si Martínez Munuera hubiera pitado un claro penalti de Muniesa a Salva Sevilla, pero el colegiado valenciano hizo caso omiso ante el derribo del central culé.

Una vez más, quien perdona lo paga
Pero no ocurrió así, y el Barça Atlético aprovechó la excesiva piedad que principalmente Emana tuvo con ellos para aguar la fiesta a la parroquia bética de forma increíble e inadmisible. Nacho estaba cuajando un partido soberbio; pero se despistó una vez y le costó muy caro. Montoya, lateral derecho visitante, aprovechó el pasillo dejado por el malagueño para correr la banda y centrar hacia Nolito, que cabeceó a la red picando el balón al palo contrario de Goitia con mucha habilidad.

Era el minuto 80, y el gol del sanluqueño propició que los nervios, que estaban a flor de piel antes del tanto, salieran en estampida. Tanto que el Betis, cinco minutos más tarde, cometió una serie de fallos impropios de un líder. El despropósito general de los centrocampistas y defensas béticos culminó cuando Isidoro y Roversio por un lado, y Goitia por el otro, no se pusieron de acuerdo en un balón raso y Oriol Romeu metió la puntita de la bota para hacer un empate que dejó entre estupefactos y cabreados a los aficionados que, tanto en el campo como en la televisión, seguían las evoluciones de los verdiblancos.

Un error en bloque que costó muy caro; un error en bloque que hace que los inmediatos perseguidores del Betis en la clasificación tomen aire pensando que el equipo de Pepe Mel ya no es el conjunto inabordable de hace algunas semanas. Dos partidos de los tres últimos perdidos por los propios errores y una mala racha de juego que dura ya varias jornadas así parecen atestiguarlo. Esperemos que el próximo sábado no se encargue el Córdoba, otra vez en Heliópolis, de darles definitivamente la razón.

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