El último “drive” de Carlos Moyá


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (17)

Sé perfectamente que, por desgracia, ésta no es la noticia deportiva del día; pero de la llamada “Operación Galgo” ya hablaremos en su momento, cuando la investigación vaya siguiendo su curso, se vaya asentando y continúen saliendo nombres. Mi artículo de hoy pensaba dedicarlo a Carlos Moyá, y no voy a cambiar de idea porque probablemente sería muy injusto con el ya ex tenista mallorquín.

Se nos ha retirado de forma oficial uno de los deportistas españoles más grandes de la historia reciente. “Apartado” en un segundo plano desde hace años por su edad -34 actualmente- y por la irrupción del “terremoto Nadal” -que, como es lógico, todo lo puede y todo lo eclipsa-, el tenis nacional le estará eternamente agradecido a Moyá por el enorme beneficio que le ha brindado, tanto dentro como fuera de las pistas, durante sus quince años de carrera profesional; una carrera que esta noche ha llegado a su fin tras ser derrotado por David Ferrer (7-6, 6-3) en el Master Nacional/Copa de S.M. El Rey, que hoy ha comenzado en el Palacio de los Deportes de San Pablo, en Sevilla.

Su última lección
Y lo ha hecho de una forma más que digna, tras un partido que nos ha divertido mucho a todos los espectadores que hemos estado allí presentes. Disfrutar y hacer disfrutar a la gente; esa ha sido desde siempre la máxima de Moyá, y eso mismo es lo que tanto el mallorquín como Ferrer han cumplido a rajatabla.

Especialmente en un primer set que nos ha permitido ver los últimos grandes puntos de la vida tenística de Carlos, que con golpes de derecha, de revés, y también con globos y dejadas nos ha puesto en pie en varias ocasiones, obligándonos a aplaudir casi a rabiar, y también a hacer la ola.

Y como Ferrer no se quedó atrás, todo se resolvió en el “tie-break”, un desempate ciertamente extraño. El mallorquín tuvo cinco bolas de set (1-6), pero entonces renació el alicantino no sólo para enjugarlas todas sino para hacerse con la manga por 7-6, con 8-6 en el juego decisivo.

En el segundo set, pese a recuperar un “break”, Moyá acusó tanto los años como la inactividad -llevaba sin jugar desde mayo por culpa de una lesión-, y Ferrer lo aprovechó para ganar por 6-3, pasar a semifinales y despedir con un fuerte abrazo a su amigo, que hizo lo propio con unos aficionados, los sevillanos, que siempre le hemos querido como si fuera uno de los nuestros.

Australia 97: como un elefante en una cacharrería
Rememorando lo que ha sido su carrera, aún recuerdo, allá por enero de 1997, a un chaval de apenas 20 años, desconocido para casi todo el mundo, que apareció en la élite del circuito profesional con un juego y un estilo sumamente descarados y desenfadados que le llevaron a ser el segundo español, tras Andrés Gimeno, en llegar a una final en el Open de Australia.

Carlos no pudo con el gran Pete Sampras, pero sentó las bases para “atacar” en años posteriores los grandes torneos, además de ganarse al público español con su sorprendente “hasta luego, Lucas” en el Rod Laver Arena de Melbourne.

Su progresión como tenista, basada principalmente en la consolidación de su “drive” o golpe de derecha, y la mejora progresiva de otros aspectos -como el revés, especialmente el cortado-, le llevó en 1998 a ganar Roland Garros y a jugar la épica final del Masters, ambos logros con su amigo Álex Corretja al otro lado de la red; y también a las semifinales del US Open y a hacerse con el Masters 1000 -por entonces “Torneo Super 9”- de Montecarlo.

Pero no fue hasta los inicios de 1999, tras el torneo de Indian Wells, cuando consiguió no su mejor triunfo pero sí el más simbólico: ser número 1 del mundo. Sólo estuvo dos semanas al frente del ránking de la ATP, pero esos quince días le sirvieron para pasar a la historia como el primer español en ser número 1 del mundo en la “era Open”.

Fue, no obstante, el inicio de un período decepcionante para él, ya que desde ese momento comenzó a bajar posiciones en la ATP; y en diciembre de 2000 recibió un duro golpe al quedarse fuera del equipo que, días más tarde, se haría con la primera Copa Davis para el tenis español.

La Davis, su principal objetivo
Desde entonces, la popularmente conocida como “Ensaladera” se convirtió en el objetivo número uno para Carlos, quien recuperó buena parte de su excelente nivel entre 2002 y 2004, período en el que consiguió triunfos señalados como los Masters 1000 de Cincinnati (2002) y Roma (2004), o el Conde de Godó (2003); pero la Davis siempre ocupó un lugar primordial en sus preferencias.

Estuvo a punto de lograrlo en la célebre final -por motivos ajenos al deporte, como todos recordamos- de 2003 en Australia. En el mismo lugar que le lanzó a la fama seis años antes, un Rod Laver Arena esta vez con la hierba como superficie, Carlos derrotó en la primera jornada en cuatro sets al subcampeón de Wimbledon de aquel año, Mark Philippousis; pero se quedó con las ganas de jugar el quinto y definitivo punto porque Ferrero, al igual que había ocurrido en la jornada inicial contra Hewitt, perdió en cinco durísimos sets ante Philippoussis, quedando la final sentenciada con el 3-1.

Al año siguiente, por fin, se desquitó ante Estados Unidos, en la no menos célebre final de Sevilla, que tuvo por escenario el Estadio Olímpico de La Cartuja. Fue la final de los baleares: Rafa Nadal, “alumno” de Moyá, se mostró definitivamente al mundo; y Carlos ganó sus dos puntos, el primero ante Mardy Fish; y el segundo, el que dio el título a España, ante Andy Roddick. La Copa Davis, por fin, también estaba en su palmarés.

A partir de ahí los años y las lesiones hicieron mella en su rendimiento y, aunque volvió al “Top 20” en 2007, nunca volvió a ser el mismo. Poco a poco fue preparando su retirada definitiva; y ésta, anunciada ya hace algunas semanas, se ha oficializado esta noche. Y yo, con el paso de los años, podré presumir de que estuve “in situ” en San Pablo para presenciar su último “drive”, su última lección sobre una pista de tenis.

EDITO (11-12-2011): María José Martínez y David Ferrer se han proclamado hoy campeones del Masters Nacional en las categorías femenina y masculina, respectivamente. La crónica de un servidor sobre ambas finales la pueden ver en Diario Siglo XXI.

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