El “K.O. técnico” de Guardiola a Mourinho


Jamás pensé que tras el primer “crochet” serio se iba a derrumbar con tanta facilidad. Jamás pensé, tratándose de todo un maestro en la guerra de guerrillas y en el “otro fútbol”, que una simple rueda de prensa -por dura y clarificadora que ésta fuera- de su rival lo iba a dejar con el norte absolutamente perdido.

Estoy hablando, naturalmente, de Jose Mourinho. No voy a entrar a valorar lo adecuado (o no) ni la corrección de las palabras que pronunció el pasado martes Pep Guardiola en la previa de la ida de la semifinal europea; aunque sí me gustaría dejar claro que, como persona, entiendo sobradamente al “míster” del Barça (que lleva aguantando carros y carretas durante mucho tiempo).

Solamente me voy a limitar a valorar lo que ayer vi sobre el césped del Bernabéu, y lo que pude escuchar a la finalización del partido en la comparecencia del técnico luso. Mourinho tuvo mil formas posibles de plantarle cara a un equipo que, pese a ser el mejor y el que mejor juega de todo el mundo, ha llegado al final de temporada con la “infantería” seriamente mermada; y, por lo tanto, de responder al reto de Guardiola -“fuera del campo ya ha ganado; dentro de él nos enfrentaremos a partir de las 20:45“- como se supone que ha de hacerlo un gran bloque con su cabeza visible y pensante. Sin ir más lejos, el “pressing” asfixiante (más allá de la dureza de algunos de sus jugadores) practicado durante la primera parte de la final de Copa, más aún llevado en volandas por su público. Y más aún todavía cuando cuenta con una plantilla auténticamente de cinco estrellas.

Pero no. El apodado “Mou” y “The Special One” volvió a las andadas. Su planteamiento de anoche, pensando más en la vuelta que en lo que tenía entre manos fue, simple y llanamente, igual de ruin y cobarde que el de los clásicos anteriores al de Mestalla de hace una semana. Cero a cero, y a sacar a Kaká a falta tan sólo de veinte minutos para apretar un poquito. Algo muy respetable, pero factible de ser rebatido y criticado, sobre todo cuando no da resultado.

Jose (léase “Xosé”), con tus tres delanteros en el banquillo, jugando en casa y esperando a tu rival en tu campo no te puedes escudar, como lo haces cada vez que pierdes, en el árbitro. En vez de pedirle explicaciones al alemán Wolfgang Stark y a la UEFA (o a la Federación Española, o a la Federación Inglesa cuando entrenabas en la Premier, y a la italiana no porque ganabas siempre el “Scudetto”), deberías hacerlo con algunos de tus hombres, empezando por Pepe.

Un jugador al que todos conocemos (con sus virtudes y, sobre todo, con sus defectos), y al que tú has colocado ahí desde el clásico de la liga para que hiciera precisamente eso, dar leña; aún a riesgo de que, como le ocurre frecuentemente, se le fuera la cabeza y diera con un colegiado que aplicara la ley en su justa medida. Eso mismo fue lo que le pasó ayer, con su entrada -qué digo entrada, entradón- a Dani Alves; y todavía, Jose, te tienes que dar con un canto en los dientes porque Marcelo y Adebayor acabaran el partido.

Aunque tampoco quiero incidir hoy mucho más sobre el tema, sobre todo porque ayer, en sus declaraciones a los medios, vi a un Mourinho absolutamente derrotado, por no decir profundamente desquiciado, tirando de un discurso, el suyo, tan manido como nada convincente, ya ni tan siquiera para sí mismo. Pero no derrotado ni desquiciado por Stark, ni por Leo Messi pese a sus dos golazos (de muy distinto estilo y factura, dignos del mejor jugador de lo que llevamos de siglo); sino por Guardiola.

Sí, repito que parece sumamente increíble que una sola contestación haya bastado para dejar al “p… amo” de las salas de prensa en estado de shock. La actitud ayer de su equipo y su patética -por no decir vergonzosa- comparecencia en el “postpartido” -con la que flaco favor le hace al Madrid, aunque Florentino haya vendido completamente su alma al diablo; y por la que el Barça le va a denunciar ante el comité disciplinario de la UEFA- lo dejan bien claro.

Y, a todo esto, el Barça aún no está en la final. Mal harían los blaugrana en confiarse para la vuelta, pero tengan seguro que Guardiola no trabajará en otra cosa durante toda la semana. Allí Mourinho deberá variar radicalmente su discurso futbolístico si quiere tener alguna que otra opción; aunque, sin Pepe ni Sergio Ramos, si se decidiera a meter toda la pólvora que no introdujo anoche, se arriesgaría a que se repitiera lo del pasado “29-N”. No obstante, no le queda otra.

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