El Barça de Guardiola, un equipo de leyenda


FINAL DE LA LIGA DE CAMPEONES 2010-2011

F.C. BARCELONA 3-MANCHESTER UNITED 1

Definitivamente, el Barça de Pep Guardiola ha entrado en los anales de la historia del fútbol, si es que no lo estaba ya. La entidad blaugrana ha conquistado esta noche, en el nuevo Wembley, su cuarta Copa de Europa -primer equipo en salir campeón tanto en el clásico como en el moderno mítico estadio londinense-, lo que le iguala a históricos como Ajax o Bayern Munich. Es la tercera “Champions” de las últimas seis ediciones, y la segunda con el técnico de Santpedor en el banquillo, quien se ha hecho con su décimo título desde que es entrenador del Barça.

Su trayectoria al frente de la entidad catalana asusta y, al mismo tiempo, asombra: tres Ligas, dos Copas de Europa, una Copa del Rey, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa y dos Supercopas de España en tres temporadas; además de poseer un récord difícilmente igualable como el de los seis títulos de seis posibles en 2009. Y si ampliamos el palmarés del equipo al período de Frank Rijkaard -en el que coincidieron muchos de los que están ahora-, uno se queda aún más perplejo: cinco Ligas, tres Copas de Europa, una Copa del Rey, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa y cuatro de España en siete años. Casi nada al aparato, que diría aquél.

Pero lo que hará perdurar para siempre a este bloque en la memoria de los buenos aficionados al fútbol no es la cantidad de títulos que está logrando ni la hegemonía que -ahora sí señor Mourinho- ha conseguido establecer en el continente europeo; sino su forma de ganar y de jugar al fútbol.

Enfrente hoy estaba el Manchester United, multicampeón de la Premier League en la última década y que buscaba resarcirse de la final de Roma 2009; pero no ha tenido nada que hacer. Todo el mundo estaba pendiente de cómo Rooney y “Chicharito” Hernández, junto con el veteranísimo Giggs, iban a intentar buscarle las cosquillas a un equipo que llegaba al final de temporada con la reserva en su depósito; pero al final a los grandes jugadores del United no les quedó otra que claudicar ante esa máquina de hacer fútbol que es el Barça, al que las dos semanas de descanso de sus titulares desde que ganaron la tercera liga le han venido de perlas para recobrar de la manera más esplendorosa el nivel con el que han enamorado al mundo en estos tres años.

Y eso que el partido comenzó casi como la final de hace dos años. El United salió presionando arriba del todo, especialmente con Carrick y Park en el medio campo y un Rooney bastante activo. Cierto es que los de Ferguson no llegaron a gozar de las claras ocasiones del enfrentamiento en Roma, pero el continuo rondar de los “Diablos Rojos” sobre la meta de Víctor Valdés metía un poco el miedo en el cuerpo en los aficionados y profesionales culés.

COMIENZA LA EXHIBICIÓN
No obstante, como en Roma, a los diez minutos cambió el signo del partido. Hoy no ha hecho falta un gol tan tempranero como el de Eto´o; simplemente el Barça empezó a echar el balón al suelo y a asediar la portería de Van der Sar. Una ocasión de Pedro y dos disparos de Villa precedieron al tanto de Pedro a los 27 minutos; toda una obra de arte iniciada por Xavi y culminada por el canario, que como casi siempre volvió a marcar en un partido grande. Merecido premio al fútbol de ataque y brillo.

Aunque el United, antes de rendirse, aprovechó un momento de relax blaugrana para dar un zarpazo que sólo un equipo grande puede dar en este tipo de momentos. Siete minutos más tarde del 1-0, un saque de banda de Abidal -titular en toda una final de Champions semanas después de su operación- acabó en los pies de Rooney, hoy el mejor con diferencia de los ingleses, quien aprovechó el pasillo dejado por el medio campo culé para hacer una pared de libro con Giggs y marcar el empate. Un gol, todo hay que decirlo, que no debió subir al marcador ya que, aunque por muy poquito, el veteranísimo zurdo galés estaba en fuera de juego cuando Rooney le dio el pase.

MESSI, REY DEL FÚTBOL MUNDIAL
En el descanso bien pudo pensar el Barça que su falta de efectividad había dejado vivo al United, pero en vez de eso los azulgrana continuaron jugando al fútbol en la reanudación como lo habían hecho hasta entonces. Piqué y un sensacional Mascherano ponían orden atrás y, en ataque, como no podía ser de otra forma, terminó apareciendo ante el gol el rey del fútbol en el siglo XXI, don Lionel Messi, del que ya no se duda que, por tercer año consecutivo, recibirá el Balón de Oro como el mejor del año.

El argentino, que en el primer tiempo había participado en muchas de las jugadas de ataque de su equipo, volvió a hacer gala de su condición indiscutible de mejor jugador del mundo agarrando un balón a los 54 minutos y soltando un latigazo imposible de parar para Van der Sar. Un tanto celebrado de la manera más efusiva posible ante los 24.000 barcelonistas que, finalmente, pudieron viajar a Londres. Doce goles para Messi en otros tantos partidos europeos este año, récord absoluto de la Champions igualado con Van Nistelrooy, quien lo consiguiera en la temporada 2002-2003 precisamente con la camiseta del United.

Y Messi culminó su estelar actuación con el espectacular slalom que inició la jugada del 3-1, a los 70 minutos. Una acción tras la que el jugador más parecido a Maradona que ha dado Sudamérica pasó el balón a Sergio Busquets, quien tuvo la visión suficiente para ver a Villa en la frontal del área. El “Guaje”, como si nada, la puso en la escuadra con la derecha y obtuvo un más que merecido premio ya que en su carrera, si bien lo que más abunda son los goles, faltaba un tanto en una gran final. Un auténtico “chicharrazo” con el que selló la cuarta Copa de Europa del Barça.

PUYOL CEDE LA COPA A ABIDAL
De ahí al final, a disfrutar. Un disfrute que derivó en un relax que bien pudo haber complicado el título si Víctor Valdés no hubiese estado atento en una salida ante el hoy inédito “Chicharito”; aunque visto lo visto si el Barça hubiese necesitado otro gol a buen seguro que lo habría metido.

La fiesta se inició cuando el húngaro Viktor Kassai silbó el final de la batalla. Una batalla que, con el paso de los años, se recordará como la mejor exhibición de las muchas con las que, hasta la fecha, nos ha obsequiado este legendario equipo; y también se recordará por el bellísimo gesto de Puyol con Abidal, al cederle el brazalete de capitán para que el francés, uno de los jugadores más queridos por todo el barcelonismo, tuviera el honor de levantar la copa. Un premio más que merecido para el gran Eric, por todo lo que ha tenido que batallar en los últimos meses para seguir jugando al fútbol.

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