El sufridísimo ascenso de Jaén en 2001


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (24)

Tras el artículo de la semana pasada dedicado al ascenso del Betis en 1994, ahora toca hablar del penúltimo hasta la fecha, el décimo, el más sufrido de los cuatro que estos ojos han tenido la oportunidad de ver: el de la temporada 2000-2001.

En junio de 2000 el Betis había concluido de manera catastrófica un ciclo de seis años en los que llegó a ser una vez tercero y otra cuarto; a jugar una final de la Copa del Rey y también tres veces en Europa. El equipo bético, tras una temporada lamentable, bajó a Segunda junto -ahí es nada- al Sevilla y al Atlético de Madrid.

Era una Segunda histórica, en la que, además de béticos, sevillistas y atléticos se encontraban equipos como el Tenerife, el Sporting de Gijón, el Albacete, el Salamanca o el Extremadura, todos ellos con pasado reciente en Primera. Además, el Betis se vio obligado a afrontar una lógica regeneración -Finidi, Alfonso, Oli y algunos más dejaron el club- agravada por el conocido motín de Mérida en agosto, encabezado por uno que no jugaba y que, al igual que había hecho en su anterior club años antes, se estaba dedicando a malmeter, el “señor” Roberto Solozábal.

Manuel Ruiz de Lopera, que pese al batacazo no había perdido aún ni un ápice de popularidad, confió el equipo a un buen entrenador como Fernando Vázquez, después de que Faruk Hadzibegic, el entrañable “Pepe” que a punto estuviera de salvar al equipo en la anterior campaña, no dispusiera de la acreditación necesaria para dirigir al equipo más allá de unos cuantos partidos.

EXCELENTE NUEVA GENERACIÓN DE FUTBOLISTAS
Con Vázquez llegó la mejor hornada de canteranos que ha tenido el Betis en los últimos años. A la consolidación de Rivas y la recuperación de Capi -que había maravillado en el Granada-, se sumó la de Varela -tras su cesión al Extremadura- y la subida de un chaval que iba para figura del fútbol español y que, durante los años que vistió de verdiblanco, lo fue: Joaquín. A éstos se le acabaría sumando también Arzu, a lo largo del año.

Junto a ellos, el equipo lo completaron los veteranos que permanecieron en la plantilla como Prats, Filipescu, Luis Fernández, Cañas, Merino, Ito, Cuéllar o Benjamín; y algunos fichajes que serían vitales para la consecución del objetivo: los delanteros Gabi Amato y Gastón Casas, y un joven de 28 años llamado David Belenguer que, diez años más tarde, ha vuelto a colaborar de manera significativa en un nuevo ascenso.

Además, para la segunda vuelta se recuperó a Denilson, traspasado al Flamengo pero al que terminaron por no querer ver ni en pintura. El brasileño, otrora el más caro del mundo, evolucionó en su vuelta a Sevilla hasta convertirse en un jugador muy importante para el Betis, hasta que una lesión de rodilla en 2003 le fastidió, impidiéndole regresar al nivel que estaba comenzando a adquirir.

TEMPORADA MUY COMPLICADA
Al Betis le costó mucho cogerle el aire a la categoría; y cuando lo logró tampoco pudo alcanzar la regularidad necesaria para consolidarse entre los tres primeros. Y a ello tampoco ayudaba, todo hay que decirlo, el hecho de que el Sevilla mantuviese una sólida marcha hacia la categoría de oro del fútbol español. Todo desembocó con el cese de Fernando Vázquez tras perder, mediada la segunda vuelta, por 0-2 en casa ante el Tenerife, pese a que el Betis aún marchaba tercero.

Para reemplazar al gallego Lopera confió en la dupla compuesta por Luis del Sol y Paco Chaparro, que consiguieron que el juego del equipo mejorara -los goles de Amato (16 en total a lo largo del año) y de un Casas (11 “dianas”) que despertó sin Vázquez ayudaron muchísimo-, pero sin que se acabara la irregularidad.

Todo ello desembocó, tras una “cuasi” vergonzosa derrota en el estadio Ciudad de Valencia ante un Levante que no se jugaba nada, a un desenlace de infarto. A dos jornadas para el final, con el Sevilla matemáticamente ascendido, el Betis contaba con 69 puntos; el Tenerife y el Atlético -que iba claramente a más-, con 68; mientras que el sorprendente Recreativo de Lucas Alcaraz, “reascendido” a Segunda en los despachos un año antes por los problemas económicos del Mérida, tenía importantes opciones de subir con sus 65 puntos. Y el peor calendario, con diferencia, era el del Betis, ya que debía recibir al Recre y terminar en un feudo durísimo, el estadio de La Victoria de Jaén, donde los locales habían perdido tan sólo dos partidos en todo el año, y por la mínima.

AGÓNICO Y VITAL TRIUNFO ANTE EL RECRE
El encuentro ante los onubenses fue verdaderamente agónico. Pese a contar con un estadio lleno, los béticos se mostraban incapaces de meterle mano al equipo de Alcaraz, mientras que sus dos máximos rivales decantaban a su favor sus encuentros ante Lleida -Tenerife- y Sporting -Atlético-.

Todo estaba muy en el aire, ya que era vital hacer un gol para no estar en manos de chicharreros y rojiblancos en la jornada final; pero eso se estaba convirtiendo en tarea harto complicada con un rival que era el menos goleado de la categoría y que, pese a que sabía que ganando seguiría peleando por el ascenso, no estaba muy por la labor de atacar.

Por suerte, el central recreativista Juanmi fue expulsado al ver su segunda amarilla por perder tiempo mediada la segunda parte, lo que dio algo de aire al Betis. A doce minutos del final, por fin, llegó el ansiado gol. Tras un córner despejado por la zaga visitante, Denilson centró con la zurda fenomenalmente desde la derecha y Belenguer, tras parar la pelota con el pecho, la incrustó en la portería onubense con toda su alma. Uno a cero. El estadio se vino abajo porque el gol hacía depender otra vez de sí mismo al equipo bético.

Pero el corazón de los espectadores se paró por momentos instantes después. Nada más sacar de centro, una falta de Filipescu casi en el medio campo por el costado derecho acabó de forma increíble en la red. El hoy jugador del Huesca Camacho le dio una parábola tal que la pelota se fue derechita al fondo de las mallas. Increíble.

Por suerte Teixeira Vitienes, que entonces estaba en Segunda, anuló el tanto a instancias de su asistente -al que presionaron de manera decisiva Cañas y Rivas- por una falta de un jugador del Recre a Toni Prats, que le impidió ir a despejar el balón de forma correcta. Los onubenses se cabrearon ostensiblemente. Habían sido, con diferencia, el equipo más perjudicado de toda la liga, pero esta vez no tenían razón. El final del partido se recibió en Heliópolis con un tremendo suspiro de alivio, ya que el Betis continuaba vivo y dependiendo de sí mismo ante una semana crucial, gracias al punto que mantenía de renta sobre Tenerife y Atlético.

EL “CASO BARATA”: HAY QUE GANAR SÍ O SÍ EN JAÉN
Para avivar más el fuego, el Comité Español de Disciplina Deportiva desestimó definitivamente un recurso presentado por el Betis contra el jugador del Tenerife Joao María Menezes, “Barata”. En pleno lío por los pasaportes comunitarios falsos, el club verdiblanco reclamó tras el encuentro en Sevilla entre ambos equipos porque había descubierto que el del delantero brasileño era claramente ilegal.

Pero incomprensiblamente, pese a haber presentado la reclamación en el plazo pertinente -48 horas-, el recurso fue rechazado. De haber prosperado, los tres puntos que se le hubiesen otorgado al Betis habrían supuesto el ascenso automático de los verdiblancos, que se habrían ahorrado una enorme dosis de angustia para la jornada final.

Así pues, si se quería la Primera División había que ganar obligatoriamente en Jaén; si no se conseguía, el Betis quedaría poco menos que hundido en la miseria, en Segunda otro año y con el eterno rival de nuevo entre los grandes. Y los jiennenses no lo iban a poner fácil por varias razones: la -absurda- rivalidad del resto de las ciudades andaluzas con respecto a Sevilla; la simpatía que por allí le tienen al Atlético de Madrid -el señor Zarrías, consejero de la presidencia de la Junta de Andalucía confesó que prefería que subiera el Atlético antes que el Betis-… y el pedazo de prima con el que Jesús Gil estaba dispuesto a recompensar, según se supo después, a los jugadores entrenados por Pedro Braojos en caso de evitar el triunfo bético.

DOS GOLES DE CASAS… Y UN PAR DE HUEVOS PARA ASCENDER
Sin embargo, los profesionales de la plantilla verdiblanca eran perfectamente conscientes de lo que se jugaban, y la afición, también. La marea verdiblanca, habitual en las grandes ocasiones, no faltó aquella vez a la cita, ocupando el 50% del vetusto estadio de La Victoria -que acogía su último partido-; y su equipo le regaló el mejor partido del año.

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El Betis -que no pudo contar don Denilson, sancionado- salió muy concienciado, y a los tres minutos un saque de puerta de Prats lo tocó de cabeza Amato, Joaquín prolongó hacia el área también con la testa y Gastón Casas, de zurda y a la media vuelta, mandó el balón al fondo de las mallas. Estallido total de la numerosa masa social bética presente en Jaén, porque la tarde comenzaba de dulce.

Y también de dulce acabó; porque pese a que el Jaén no se dio por vencido teniendo ocasiones para lograr el empate -así como el Betis para haber hecho pronto el segundo-, mediada la segunda parte llegó la sentencia. Luis Fernández envió un balón largo para Amato, quien le ganó la partida a Milosevic y centró para que Casas marcara el 0-2 con otro zurdazo, éste a la escuadra.

El final del partido fue una verdadera fiesta, y no era para menos. Se había pasado muy mal; en algunos momentos de la temporada no se dio la talla; se llegaron a sufrir también muchas injusticias arbitrales y federativas… pero el “Día D” el Betis le echó huevos, ganó a lo campeón y, junto al Sevilla y al Tenerife -que acabó dejando un añito más en el infierno al prepotente Atlético de Gil-, terminó logrando el ascenso más agónico desde 1979; el décimo en total a lo largo de su historia.

Lo que vino después lo saben todos los béticos: clasificación europea en 2002; Copa del Rey y clasificación para la Champions en 2005; progresiva caída hasta descender de nuevo en 2009; marcha forzada de Lopera… y, dos añitos después de la desgraciada tarde de finales de mayo de 2009, un nuevo y apoteósico ascenso con el que, ojalá, se abra una etapa que, además de calma social, sea también de esplendor deportivo.

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