La primera Copa de Europa del Barça, en el clásico Wembley


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (22)

Diecinueve años después, Londres vuelve a acoger una final de la Liga de Campeones. Y diecinueve años después, el F.C. Barcelona volverá a estar en ella; aunque no será en el clásico Wembley, ya que éste fue derribado en 2001, sino en el nuevo. Por lo tanto, el cuadro blaugrana puede convertirse -si no, lo será el United- en el primer equipo que se proclama campeón de Europa en las dos versiones de la “Catedral” del fútbol continental.

Sirva pues este artículo no sólo para rememorar no sólo el primer título del Barça, sino también para recordar al que, probablemente, haya sido el escenario más emblemático de la historia del fútbol europeo al que ahora, sobre el mismo tapete aunque con distinta estructura, sustituye el que va a enfrentar al equipo de Pep Guardiola contra el Manchester United dentro de 22 días.

Haciendo memoria, hasta finales de los ochenta el Barça era, eminentemente, un club perdedor, que había tenido puntuales momentos de gloria pero que, sobre todo, estaba sumamente acomplejado -con parte de razón, aunque quizás sólo con eso- con el Real Madrid; del que nadie con dos dedos de frente dudaba que era el “equipo del gobierno” durante la dictadura franquista, pero que en la Transición también se estaba hinchando a ganar títulos.

Tuvo que llegar Johann Cruyff al banquillo en 1988 para culminar la obra que él mismo sobre el campo había dejado inconclusa allá por los setenta. Le costó al técnico holandés, pero dos años más tarde “su” Barça ya tenía asimilados todos sus conceptos y toda su filosofía, la filosofía del gusto por el buen fútbol que, salvo pequeños períodos puntuales, ha perdurado hasta la actualidad. Había nacido el “Dream Team” del fútbol internacional.

Campeón indiscutible de liga en 1991, el Barça se disponía a afrontar su participación en la Copa de Europa, en el último año de la máxima competición futbolística europea con su denominación clásica. Un torneo en el que apenas si se contaban con los dedos de una mano su participación hasta la fecha; y un torneo que, pese a haber llegado dos veces a la final, únicamente le había dado disgustos por la forma tan desgraciada de perder ambas finales.

En nómina, un equipazo con cracks de la categoría de Ronald Koeman, Michael Laudrup o Hristo Stoichkov; veteranos como Alexanco o Zubizarreta; magníficos jugadores como Bakero, Beguiristain, Eusebio, Amor, Nadal, Julio Salinas, Ferrer o Goicoechea -el extremo-… y un imberbe Pep Guardiola, que desde muy joven comenzó a adquirir maneras de líder.

Como decíamos, era el último año del torneo antes de que pasara a llamarse oficialmente “Liga de Campeones”; y en él se puso en funcionamiento por primera vez el sistema de liguilla a doble vuelta, al que llegarían los ocho mejores equipos tras las dos primeras rondas, y del que saldrían los dos finalistas, que no serían otros que los campeones de cada uno de los dos grupos de cuatro conjuntos.

La ilusión de los blaugrana era romper de una vez con sus complejos y su maldición histórica, y hacerse de una vez con un campeonato que habían perdido en 1961 por la mala fortuna con los palos; y en 1986 por el desacierto supremo en la tanda de penaltis. Pero tras eliminar en la primera ronda al Hansa Rostock, último campeón de la extinta RDA, el bombo le emparejó en octavos de final con el último campeón de la también desaparecida RFA, el Kaiserslautern.

Fue la eliminatoria del heroico y épico gol de José Mari Bakero en el Fritz Walter Stadium, en el último minuto de un doble enfrentamiento que el Barça había empezado ganando 2-0 en el Camp Nou, pero que en la ciudad alemana se le complicó de tal forma que, justo antes del enorme cabezazo del navarro a centro de Koeman, los azulgrana estaban eliminados al ir perdiendo por 3-0.

En la liguilla, el Barça quedó encuadrado en el grupo B, junto al Sparta de Praga, el Benfica y el Dinamo de Kiev. Sólo los checos, en casa, consiguieron vencer a los azulgrana a lo largo de los seis partidos, con lo que el Barça acabó accediendo a la final, sentenciando el grupo tras ganarle al Benfica por 2-1 en el Camp Nou.

Su rival, el 20 de mayo del 92, era la Sampdoria. La “squadra” genovesa había sido en los últimos años, por orden cronológico, campeona de la Copa de Italia en 1988 y 1989; subcampeona de la Recopa -precisamente ante el Barça- ese último año; campeona de la Recopa en 1990 y campeona del “Scudetto” italiano en 1991.

Un equipo, entrenado por Vujadin Boskov, que contaba en sus filas con grandes jugadores como Vialli, “Toninho” Cerezo, Pagliuca o Roberto Mancini. Y un equipo que, además, no había accedido a la competición por la sanción de un año al Milan -debido al llamado escándalo de Marsella- como algunos todavía quieren hacer ver; sino simplemente porque era el campeón de liga en Italia, por delante de los “rossoneri” de Sacchi, Van Basten, Gullit y Rijkaard entre otros. Casi nada.

“>

Fue un partido durísimo y feo durante muchos minutos. La “Samp”, como buen equipo italiano, impuso su defensa a lo largo del primer tiempo, a la espera de pillar alguna contra letal; y no fue hasta los comienzos de la segunda parte cuando el Barça puso de verdad en apuros a Pagliuca con las ocasiones de Julio Salinas, Eusebio y Stoichkov.

Se llegó a la prórroga, y poco a poco sobre la mente del barcelonismo sobrevolaba el infausto recuerdo de la tanda de penaltis de 1986 contra el Steaua de Bucarest, hasta que llegó el minuto 112. Una falta cercana a la frontal del área le dio al mejor lanzador que han visto estos ojos la ocasión de meter al Barça en la historia del fútbol europeo. Stoichkov tocó la pelota, Bakero la paró y Ronald Koeman la clavó en la red de Pagliuca.

El aficionado “culé” estalló; los fantasmas se fueron; Alexanco recogió la “Orejona” de manos del presidente de la UEFA Lennart Johansson; y el “Dream Team” de Cruyff llegó a su punto más alto aquella noche de mayo en Wembley. Casi dos décadas después, el Barça de su principal discípulo de entonces volverá, aunque en un escenario distinto, al lugar de los hechos. Ojalá regrese igual de feliz que entonces.

, ,

  1. No hay Comentarios
(No será publicado)