Tricampeonato más que merecido


Se acabó la lucha por el título de liga. Con el empate de ayer en el campo del Levante, el F.C. Barcelona se proclamó, a dos jornadas del final, matemáticamente campeón por tercer año consecutivo, sumando 21 ya en toda su historia. El tricampeonato del Barça desde que Pep Guardiola se sienta en el banquillo blaugrana no es una cuestión baladí ni tampoco algo que se deba pasar por alto puesto que tan sólo es la segunda vez que ocurre en los 112 años de vida de la entidad catalana, después del tetracampeonato entre 1991 y 1994, con Johann Cruyff en el banquillo… y Guardiola como cerebro.

En un final que recordó al de la liga 2004-2005, tras más de una hora de batalla tanto culés como “granotas” sacaron la bandera blanca, dado que el empate les venía bien a ambos. Los goles de Keita y de Caicedo habían adornado una primera parte ciertamente interesante, en la que el Barça intentó llegar a la meta rival, como siempre, a base de toque y de paciencia, mientras que el Levante nunca le perdió la cara.

Pero tras lo que pudo haber sido uno de los goles del año -por justicia divina y futbolística el jugadón de Messi mereció acabar en el fondo de la red y no en el palo-, todo se tranquilizó sobremanera hasta que el andaluz Paradas Romero pitó el final y dio paso al inicio de la fiesta azulgrana. No fue precisamente el final más lucido posible para una temporada en la que el Barça ha vuelto a enamorar con su fútbol, pero particularmente yo entiendo a sus profesionales.

Porque no hace falta ser demasiado listo para darse cuenta de que los culés han llegado al final con la reserva señalada en su depósito. Es lógico, porque pese al K.O. técnico asestado al Madrid en la liga, ha sido un año durísimo. Está siendo, mejor dicho, porque todavía queda la última traca, que no es otra que la final de la Liga de Campeones ante el United en Wembley. Plantilla corta -eso es lo que principalmente deben mirar Guardiola, Zubizarreta y Rosell de cara a la próxima temporada-; lesiones importantes; adversarios y ataques tanto deportivos como extradeportivos; poderío -y pujanza- cada vez mayor de la plantilla de su máximo rival; tensión suprema con los cuatro clásicos de hace poco… y todos los partidos posibles, porque el Barça está jugando todo lo que podía jugar con las finales de Copa y de Champions. Con todo eso, es fácilmente comprensible que los jugadores del Barça decidieran, de acuerdo mutuo con los levantinistas, “no jugar” los minutos finales de ayer.

Sería de una mezquindad total llegar a afear el título del Barça por eso, o por la falta de perfección de las últimas semanas. Las goleadas conseguidas -destacando, claro está, el 5-0 endosado en casa al Madrid- jornada sí jornada también, en una primera vuelta casi impecable, hicieron pensar que incluso podría caer el histórico récord de goles del Madrid de 1990, con 107.

Luego llegaron las lesiones de Puyol, Bojan y Maxwell; el tumor de Abidal; los problemas físicos puntuales de campeones del mundo como Xavi, Iniesta o Pedro; el acoso de los “paparazzi” por la relación entre Piqué y Shakira… y el llamado “rally de clásicos”, con toda la mierda que se echó encima durante aquellas escasas tres semanas. Ahí es donde Guardiola demostró no sólo su valía como técnico, sino su carácter. Primero, con la lesión de Puyol, fue capaz de reconvertir a un buen lateral como Abidal en un excelente central; luego, tras el desgraciado tumor del francés, hizo 3/4 de lo mismo con Mascherano. Posteriormente no tuvo reparos en darle el mando del equipo a Thiago Alcántara cuando más falta le hacía; y, por último, sacó en el momento justo las garras contra Mourinho y la prensa de Madrid cuando desde la capital ya todo pasaba de castaño oscuro. Sin despreciar a los demás, el técnico de Santpedor es, junto a Leo Messi -indiscutible mejor jugador de la liga, aunque el poderoso sprint final de C. Ronaldo le vaya a dejar sin ser el máximo goleador-, el blaugrana que más se ha merecido este título.

Aunque tampoco hay que olvidarse de los “Zipi y Zape” del Barça y de la selección española, Xavi e Iniesta; ni de Víctor Valdés, que va a ser por cuarta vez el portero menos goleado en la que probablemente está siendo la mejor temporada de su carrera. Son algunos de los nombres de una campaña que el Barça intentará cerrar con un magnífico sobresaliente el próximo día 28.

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