Seis años de la segunda Copa del Rey del Betis


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (25)

Tal día como hoy, hace justo seis años, el Betis se proclamó por segunda vez en su historia campeón de la Copa del Rey. Fue la guinda a una temporada histórica, la 2004-2005, la del regreso al banquillo del histórico y querido Lorenzo Serra Ferrer, en la que también se consiguió por vez primera la clasificación para la Liga de Campeones; y tras la que se desarrolló progresivamente el negro período del que parece que empezamos a salir ahora.

Era la segunda final de Copa que le veía jugar al Betis -en la primera, la perdida de 1997 ante el Barça, estuve “in situ” en el Santiago Bernabéu- y el primer y único título que he podido disfrutar hasta ahora -y lo que me queda…- del equipo verdiblanco ya que en los otros dos, la Liga del 35 y la Copa del 77, todavía no había nacido. Así pues, no podía por menos que recordarlo en mi espacio personal con motivo de esta efeméride.

ALCALÁ Y CÁDIZ, PRIMEROS ESCOLLOS
Todo empezó en el Francisco Bono de Alcalá de Guadaíra, ante un equipo paisano como el Alcalá. Entonces, al igual que ahora, las dos primeras eliminatorias se jugaban a partido único, pero los equipos de Primera entraban en el bombo copero desde el inicio jugando como visitantes ante rivales de inferior categoría. Una ruleta rusa en la que los conjuntos de la máxima categoría tenían poco que ganar y mucho que perder, y en la que alguna que otra vez al Betis le había tocado meter la pata hasta el fondo.

No fue así esta vez, aunque a punto estuvo de serlo. En un campo embarrado por mor de la enorme cantidad de lluvia caída sobre Sevilla, el Betis sólo pudo superar al Alcalá en los penaltis. El 0-0 -con penalti errado incluído por el malagueño Fernando en la prórroga- dio paso a una dramática tanda en la que Toni Doblas, por entonces todavía tercer portero bético, se convirtió en el héroe parando una pena máxima, certificando Capi el pase con su gol en el último lanzamiento. Quién le diría a Doblas que, meses más tarde, volvería a ser decisivo desde los once metros…

Luego llegaron el Ramón de Carranza y el Cádiz, líder sólido de Segunda. Otra “chinita” que, a la mínima, se podía convertir en peñasco; pero que no llegó a tanto porque el Betis se dejó de alardes, puso sobre el césped su cara más sobria, y ganó por 0-2 con un golazo de Ricardo Oliveira en el primer tiempo y otro tanto del capitán, Juanjo Cañas, segundos antes del pitido final.

SUFRIMIENTO ANTE LA GRAMANET
El Betis estaba ya en octavos, y en las dos siguientes rondas, ya a ida y vuelta, la fortuna le sonrió con dos rivales de Segunda B como el Mirandés y la Gramanet. A los burgaleses se les venció gracias a una gran recta final en el partido de ida (1-3, tantos de Edu, Oliveira e Israel), mientras que con los catalanes se sufrió muchísimo más de lo esperado.

Sobre el césped artificial de Santa Coloma Fernando y Assunçao hicieron los goles del 2-2 con el que se llegó a Heliópolis y allí, tras un comienzo tranquilizador en la primera parte -2 a 0, Rivas y Fernando-, en la segunda la Gramanet apretó hasta llegar a un definitivo 4-3. Suerte que Oliveira y Assunçao marcaron dos golazos, porque sin ellos la sorpresa y la decepción bética habrían sido monumentales.

COMO EN EL 77, EN LOS PENALTIS ANTE EL ATHLETIC
Sea como fuere, se había aprovechado la pintiparada ocasión de volver, tras la edición de 1997, a unas semifinales de la Copa del Rey, en las que esperaba un rival de la entidad del Athletic Club de Bilbao. Fueron dos partidos en los que primaron más los nervios que otra cosa, sobre todo en el de vuelta en San Mamés, y el 0-0 global fue el resultado lógico.

La correspondiente tanda de penaltis ofrecía a los aficionados más veteranos de ambos equipos inevitables reminiscencias: las de la mítica final de 1977, por supuesto. Como en aquella ocasión, todo quedaba en manos de los porteros y, al igual que entonces, el Betis resultó vencedor.

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El “Esnaola” de 2005 fue Toni Doblas, quien comenzó “su” tanda parando el tiro de Del Horno y, tras el fallo posterior de Oliveira, la cerró haciendo lo propio con el penalti de Ezquerro en el primer lanzamiento de desempate. Todo quedaba pendiente de la zurda de Luis Fernández.

El lateral cántabro, uno de los futbolistas más honrados que han vestido la camiseta verdiblanca, puso el balón en la escuadra y el Betis se clasificó para la final ocho años después, provocando la algarabía de los seguidores presentes en San Mamés, y de todos los que estábamos en casa presenciando el partido y sufriendo con él.

Y TAMBIÉN COMO EN EL 77, LA FINAL, EN EL CALDERÓN
Semanas más tarde, terminada ya la liga y conseguida la plaza de Champions, tuvo lugar la final, en la que el Betis se enfrentó al Osasuna, sorprendente verdugo del Atlético de Madrid en semifinales. La derrota colchonera y las obras del Bernabéu llevaron el partido, como en 1977, al Vicente Calderón, lo que supuso un nuevo guiño, tan histórico como involuntario, para el beticismo.

Era, además, la oportunidad perfecta para que algunos que, de una forma o de otra, estuvieron en la final del 97 -Serra Ferrer; Alexis entonces como capitán y ahora como segundo técnico; Alfonso, aunque en 2005 dispusiese de pocas oportunidades; o Cañas- se quitaran la espina de la injusta derrota ante el Barça, como así terminaría ocurriendo.

El 11 de junio miles de béticos, a imagen y semejanza de lo ocurrido ocho años antes, “tomaron” la capital de España, accediendo al recinto de la ribera del Manzanares alrededor de 30 mil, en lo que iba a ser la gran jornada de gloria para el Betis en los últimos 28 años.

Sobre el césped, con Pérez Burrull de árbitro principal, dos equipos no habituados a levantar títulos. Osasuna, al que la clasificación para la Champions del Betis le daba ya plaza matemática para la UEFA, buscaba su primera Copa ante un Betis que partía como favorito y que, esta vez sí, no iba a dejar escapar su oportunidad.

Serra Ferrer puso en juego a Doblas; Melli, Juanito, Rivas (Lembo, min. 79), Luis Fernández; Arzu (Varela, min. 68), Assunçao; Joaquín, Fernando, Edu (ani, min. 90); y Oliveira. Por su parte, el mexicano Javier Aguirre sacó a Elia; Expósito, Cruchaga, Josetxo, Clavero; Pablo García, Puñal (David López, min. 77); Valdo, Webó (Aloisi, min. 79) y “Chengue” Morales (Milosevic, min. 72). Dos onces para una final histórica.

El primer tiempo transcurrió entre el nerviosismo del Betis, y la táctica preconcebida por Aguirre de aguantar atrás e intentar sorprender en alguna contra. Poquito fútbol se vio en el acto inicial del encuentro. Tras el descanso, no obstante, el Betis salió con mucha fuerza y mereció haber marcado al menos un gol.

OLIVEIRA ADELANTA AL BETIS
Pero para que la afición bética se extasiara por vez primera debió esperar hasta el minuto 75. Melli sacó de banda en campo propio y, tras cabecear Varela, Edu mandó también con la cabeza hacia Ricardo Oliveira. El pase de este último había sido tan forzado que parecía que acabaría en las manos de Elia, pero el goleador verdiblanco no desesperó en su puja y consiguió meter la puntita entre Cruchaga y el meta osasunista. El balón se alojó mansamente en las mallas, y el Betis se veía ya con una de las dos asas de la copa entre sus manos.

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No obstante, la empresa no podía ser tan fácil. La historia del Betis dice que los logros siempre llegan con el sufrimiento por bandera, y éste no iba a ser menos. Nueve minutos más tarde del tanto de Oliveira el Betis debió “soltar” el asa porque una gran jugada en ataque de Osasuna terminó con un centro medido de Delporte desde la izquierda que el delantero australiano Aloisi cabeceó a la red en el segundo palo. Jarro de agua no fría, sino helada.

A la prórroga, pues, donde Serra Ferrer se la jugó con Dani. El tiempo extra nos mostró a un Osasuna más fuerte físicamente que los béticos, quienes pagaron por momentos el mayor esfuerzo realizado durante el tiempo reglamentario. Los penaltis estaban cada vez más cerca, y pese a disponer de un especialista en pararlos como Doblas, era obvio que nadie en el Betis deseaba llegar hasta ese extremo, por razones principalmente de salud cardiovascular.

“¡GOOOOL DE DAAAAANIII! ¡GOOOOOL DE DAAAANIIII!”
No hizo falta. En el minuto 115 al Osasuna, cosa rara visto lo visto, le dio por irse al ataque en busca del gol de la victoria, y lo pagó caro. Porque una triangulación en el medio campo entre Fernando, Oliveira y Varela desembocó en una contra letal conducida por el nazareno. Oliveira, que corría por el centro del ataque, se “llevó” a los centrales del Osasuna, propiciando que Dani, por la izquierda, se quedara completamente solo. Varela le cedió el balón al trianero que la pegó con toda su alma ante un desesperado Cruchaga, metiéndola por el segundo palo de Elia.

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“¡Goooool de Daaaani! ¡Goooool de Daaaaani! ¡Se lo merecía! ¡Se lo merecía él, él se lo merecía! ¡No hay nadie mejor que él! ¡Qué gol!”, gritaba extasiado en los micrófonos de Canal Sur el capitán de 1977, Juan Manuel Cobo. Tenía razón; porque el fútbol hizo justicia con quien primero había sido víctima de una infame campaña de desprestigio por parte de cierto ex árbitro, comentarista televisivo; y después había sufrido lo indecible con varias lesiones graves.

La última de ellas, en la pretemporada, llegando incluso a tirar las botas en un signo claro de desesperación. Dani pensó muy seriamente en la retirada, pero entonces Serra Ferrer le animó, diciéndole que con esas botas marcaría el gol de la victoria en la final de la Copa del Rey. Proféticas palabras para un drama con un final verdaderamente hermoso.

Poco más se jugó de ahí al final, entre otras cosas porque Osasuna sacó los malos modos y el mal perder provocando sendas tanganas, la última de ellas después de que Pablo García fuera merecidamente expulsado por soltar una patada de juzgado de guardia a Joaquín, cuando éste buscaba el área rival. Con todo el jaleo la cosa se fue hasta los siete minutos de descuento; pero en el último de ellos Osasuna gozó de una buena ocasión para empatar. Por fortuna Milosevic, acosado por la defensa bética, no pudo rematar bien un buen servicio al área, llegando al balón a las manos de Doblas.

CAÑAS RECOGE LA COPA
El pitido final de Pérez Burrull se vivió con la lógica euforia que hay que expresar en esos momentos tan felices. El Betis, con el 2-1, ganaba su segunda Copa del Rey; el primer título para el fútbol sevillano y andaluz en las últimas tres décadas, y el segundo -el primero, la Copa del 77, también lo trajo el Betis- tras casi medio siglo.

Y Juanjo Cañas, en un nuevo signo de justicia humana y profesional, pese a no haber jugado un solo minuto en la final recibió la copa de manos de S.M. el Rey don Juan Carlos. No pudo haber un mejor final para la que, hasta la fecha, ha sido a nivel global la temporada más completa en la historia del Real Betis Balompié.

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