La exhibición de Carlos Sastre en Alpe D´Huez que le dio el Tour 2008


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (27)

El Tour de Francia llega hoy a una de sus cimas míticas por antonomasia, el Alpe D´Huez; probablemente el puerto más duro y más célebre de la cordillera alpina. Como siempre, nos espera un gran espectáculo, aunque por desgracia, el ciclismo español ya poco tiene que decir después de que tanto Alberto Contador como Samuel Sánchez flaquearan ayer en el Galibier.

Para compensar un poco la decepción, recordaremos qué fue lo que sucedió hace tres años, en la última vez que el Tour incluyó el Alpe D´Huez en su recorrido; el gran día de gloria de la carrera ciclista de Carlos Sastre, que realizó a lo largo de las legendarias 21 curvas la demostración por antonomasia de su carrera, que le valió para ganar, pocos días más tarde, el Tour 2008.

Tan sólo dos españoles habían ganado hasta entonces en Alpe D´Huez, los vascos Fede Extabe e Iban Mayo en 1987 y 2003, respectivamente; y tan sólo dos etapas había conseguido Sastre en el Tour hasta aquella jornada, una en 2003 -Ax3 Domains- y otra en 2006 -Morzine, tras la descalificación por dopaje de Floyd Landis-. El 23 de julio de 2008 el abulense entraría definitivamente en la historia del gran coloso alpino y de la carrera francesa.

Fue un Tour marcado por la injusta ausencia de Contador, vencedor en 2007 -por el pasado turbulento de un equipo, el Astana, del que tan sólo quedaba el nombre-. El pabellón del ciclismo español quedaba en manos de Óscar Freire para los sprints y, sobre todo -con permiso de Alejandro Valverde-, de Carlos Sastre para la general.

CONTRA EVANS… Y SUS ENTONCES COMPAÑEROS, LOS SCHLECK
El madrileño -medio abulense-, líder del CSC -actual Saxo Bank- estaba pasándolas canutas en el seno de su equipo, merced a la labor desestabilizadora que estaban llevando a la práctica los hermanos Schleck, que podía llevar al equipo de Bjarne Riis a perder la carrera en beneficio de un corredor más experimentado y buen contrarrelojista como Cadel Evans.

Cierto es que, dos días antes, en Prato Nevoso, Frank Schleck había arrebatado a Evans el maillot amarillo, pero el mayor del clan no era el hombre del CSC para la general por su nulidad contra el crono, mientras que el pequeño Andy aún estaba demasiado verde por su juventud. El jefe de filas, por mucho que los hermanos luxemburgueses se empeñaran en demostrar lo contrario, era Carlos Sastre.

PONIENDO ORDEN A LO CAMPEÓN
Y en el Alpe D´Huez, entre Sastre y Riis reestablecieron el orden en el CSC. Pese a tener a un compañero vestido de amarillo Carlos, como los grandes, apostó fuerte atacando al comienzo del puerto -unos 13 km restaban para la meta-; mientras que Riis, que ni era ni es tonto precisamente, ordenó a los díscolos Frank y Andy que le dejaran a Evans la responsabilidad de la caza.

El australiano resultó claramente perdedor en el mano a mano con Sastre, cuyas ventajas aumentaban paulatinamente con el transcurrir de las curvas, hasta el punto de ganar con 2:02 sobre Samuel Sánchez y Andy Schleck, 2:13 sobre Valverde y Frank Schleck, y 2:15 sobre Evans, al que aventajó en la general en algunos segundos menos.

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Una renta suficiente porque tres días más tarde, en la contrarreloj final sobre 53 kilómetros en Saint Amand Montrond, Sastre aguantó perfectamente a Evans, al que ganó en la general por 58 segundos. Menchov fue tercero aprovechando la postrera exclusión por dopaje del austríaco Bernard Kohl -rey de la montaña, cuyo primer puesto heredó Sastre- las escasas prestaciones de Frank Schleck, quinto; mientras que “Samu” fue 6º; Valverde, 8º; y Freire, además de dos etapas, se llevó el maillot verde de la regularidad.

A pesar de la “cacicada” de la organización a Contador fue un Tour soberbio para el ciclismo español; un Tour que un veterano de 33 años curtido en mil batallas sentenció un 23 de julio en la última subida hasta la fecha al Alpe D´Huez.

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