El Barça sigue sin cansarse de ganar


Dice Ramón Trecet -el veterano y prestigioso periodista antaño en TVE y ahora colaborador de los medios de Mediapro- en su cuenta de Twitter que no ha empezado la liga aún y el Barça ya tiene dos títulos en esta temporada; y con toda la razón del mundo.

Como quien no quiere la cosa, estando a un 70-75% de su nivel habitual, el equipo azulgrana ha añadido esta noche a su palmarés su cuarta SUPERCOPA DE EUROPA al deshacerse por 2-0 de un muy buen rival como el OPORTO; un título que se añade a la Supercopa de España conseguida la semana pasada, y que le permite al Barça ser el equipo español con más campeonatos oficiales, superando por uno al Madrid -74 por 73-.

Y como no podía ser de otra forma, ha vuelto a ser clave Leo Messi. El mejor jugador del mundo y de los campeonatos europeos no ha realizado hoy un despliegue físico ni de acierto como el del otro día ante el Madrid, pero ha marcado el primer gol cuando mejor defendían los portugueses y le ha dado el segundo en bandeja a Cesc Fábregas en la recta final.

Ha sido un partido, como se dice en el argot del ciclismo de ciertas etapas, “pestoso”; en el que el Oporto, campeón de la Liga Europa, no ha mostrado un peligro tremendamente letal, pero sí que ha estado molestando -en el buen sentido del término- prácticamente hasta el último minuto gracias a su constante presión en las cercanías del área barcelonista.

Sobre el “patatal” del estadio Louis II de Mónaco -escenario del torneo desde 1998 y que el próximo año lo organizará por última vez-, los portugueses demostraron el porqué de su prestigio, bien ganado en los últimos años gracias a su competitividad. Pocos equipos como el Oporto han conseguido asfixiar a este Barça como lo han hecho los “Dragones”, algo tremendamente meritorio por mucho que los blaugrana aún no hayan encontrado, ni de lejos, el punto de forma y de juego que todos esperamos del mejor equipo del mundo.

Encabezado por Hulk -que no es el ya atlético Falcao pero que con su potencia te puede dar más de un susto-, el ataque del Oporto aprovechó la labor del medio campo para acercarse con peligro a la portería de Víctor Valdés gracias a los balones robados. Ello duró aproximadamente hasta la mitad del primer tiempo, tras la cual bajaron un poco el nivel y pasaron a tejer la precisa tela de araña defensiva que, con una perfección absoluta a la hora de tirar el fuera de juego, apenas si llegó a conceder al Barça una ocasión clara de gol, malograda por Pedro al precipitarse en su remate en vaselina.

Hasta que llegó el minuto 39. Entonces todo el descomunal trabajo de los portistas se vino abajo por un monumental error de Guarín. El defensa colombiano le cedió el balón a su portero desde su línea de medios sin mirar y Leo Messi, que andaba por allí, aprovechó el regalo para regatear magistralmente a Helton -por favor, no se pierdan el quiebro con su pierna izquierda si no lo han visto, porque es de museo- y marcar el 1-0 a puerta vacía.

El segundo tiempo nos ofreció una tónica parecida. Pese a los cambios de Alexis Sánchez por Villa y de Busquets por Adriano, el Barça siguió sin encontrar la fluidez necesaria para respirar tranquilo, toda vez que los jugadores del Oporto seguían respirando continuamente en la nuca de los azulgrana. Es verdad que Villa -antes de ser relevado- y, sobre todo, Pedro, gozaron de dos buenas oportunidades para haber ensanchado aún más la renta de los suyos, pero el resto de acercamientos a la meta de Helton tuvieron escasa relevancia.

La poca contundencia de la defensa del Barça para sacar el balón en determinadas situaciones -mitad por el trabajo del Oporto mitad por las ausencias de Piqué y Puyol- le ocasionó a los campeones de Europa un par de sustos de consideración: el primero merced a una falta de entendimiento entre Mascherano y Valdés que resolvió Abidal ante Hulk; y el segundo, un penalti no pitado del propio Abidal sobre Guarín. El lateral francés derribó al colombiano dentro del área después de un defectuoso control, pero el holandés Kuipers -que mantuvo durante todo el partido un peculiar criterio para (no) señalar las faltas favorables al Barça- se lo tragó.

Y al Oporto se le acabó la gasolina cuando, en el minuto 85, Rolando vio una más que justa segunda amarilla tras hacer falta a Messi en una de las arrancadas del argentino. Tres minutos más tarde, Leo hizo otra sensacional jugada y Cesc aprovechó su asistencia para bajar el balón con el pecho y marcar su primer gol en partido oficial con el Barça.

Un gol que valió para cerrar el partido y la Supercopa, la cuarta en el historial barcelonista y el título número 12 para Pep Guardiola en tan sólo tres temporadas y un mes. La postrera expulsión de Guarín -que tuvo una noche aciaga- por una entrada más que criminal a Mascherano no tuvo incidencias en el devenir del encuentro. Próxima estación, el Mundial de Clubes, en diciembre.

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