Archivo octubre, 2011

La interactividad en el teatro, en estado puro

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: POR LOS PELOS
AUTOR: Paul Pörtner
COMPAÑÍA: Producciones Marcelo Casas
REPARTO: Marcelo Casas, Eva García-Vacas, Juanjo Pérez Yuste, Jesús Cabrero, Pilar Barrera y Pablo Paz.
VERSIÓN/DIRECCIÓN: Marilyn Abrams y Bruce Jordan/Cesáreo Estébanez
LUGAR: Teatro Quintero (Sevilla)
DÍA: 29-10-2011 (sesión de las 22:30)
AFORO: Casi completo
DURACIÓN: 2 horas y 15 minutos (duración variable), con un descanso de 10 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Los aficionados al teatro debemos estar agradecidos a seis personas: de una parte al dramaturgo alemán Paul Pörtner, por haber creado en 1963 la obra Scherenschnitt oder Der Mörder sind Sie; de otra, a los señores Marilyn Abrams y Bruce Jordan, por traducirla al inglés y adaptarla bajo el nombre de Shear Madness, para difundirla por los Estados Unidos -y luego por el resto del mundo-; también a Marcelo Casas, productor y protagonista principal de este montaje, por el éxito -justificado- que está teniendo allá donde lo está llevando; a Cesáreo Estébanez, el popular “Romerales” de Farmacia de guardia , por la excepcional dirección escénica; y, por último, a Jesús Quintero, popularmente conocido como el “Loco de la Colina”, por haber traído la obra a Sevilla.

¿Por qué debe justificarse tal agradecimiento? Pues por el buen nivel tanto de la trama como de los actores… pero sobre todo, por dar rienda suelta de forma excelente a la participación de los espectadores. Y es que la interactividad entre público y actores se convierte en la peculiar y principal característica de esta obra que ha gozado de diez meses de éxito ininterrumpido en Madrid, y que mañana culmina un bagaje similar de tres semanas en el Teatro Quintero, el recinto de la céntrica calle Cuna.

Todo comienza en el Salón de Estética Unisex Tony´s, la típica barbería/peluquería en la que, más incluso que atender a los clientes, los trabajadores se dedican a cotillear, marujear y desvariar hasta tal punto que su dueño, Tony Luján (Marcelo Casas) se “convierte” en una diva del cine delante mismo de su sorprendida y, por momentos, desesperada. clientela. De repente, se comete un asesinato, llega la policía y todos los allí presentes quedan retenidos como sospechosos del crimen.

Y es ahí donde entramos en el juego los espectadores. Como únicos testigos, se nos pedirá la colaboración pertinente, pudiendo realizar todo tipo de preguntas al comisario encargado de la investigación (Juanjo Pérez Yuste) sobre los sopechosos, y decidiendo quién es el culpable, lo que hace que cada representación pueda desembocar en un final absolutamente diferente con respecto a la anterior.

Como los lectores se pueden imaginar, otro de los puntos fuertes de la obra es la capacidad de improvisación de los actores -la mayoría rostros más o menos conocidos de la televisión, especialmente para los fans de la telenovela Amar en tiempos revueltos-, especialmente cuando el público entra en acción, para poder mantener la coherencia de las historias de cada personaje, y también para compatibilizar de manera adecuada con los espectadores con el objetivo de mantenerles permanentemente con la carcajada en sus rostros.

Y en eso Marcelo Casas, sin desmerecer a los demás, es el rey absoluto de la función, ganándose al público con su desparpajo y su peculiar forma de interpretar al extrovertido Tony, el peluquero homosexual y amanerado propietario del salón. Hasta tal punto es capaz de llegar su improvisación que en la función que servidor de ustedes fue a ver uno de sus gestos provocó lo que en cualquier otro tipo de obra habría sido un error imperdonable -que alguno(s) de los actores se descojone(n) en el escenario hasta el punto de tener que “parar” durante algunos minutos-, pero que en ésta sirvió para que la gente congeniara un poco más si cabe con quienes estaban en el escenario.

Claro que un montaje difícilmente se sostiene con un solo actor, por muy bueno que sea; y ahí a Casas le dan una excelente réplica todos y cada uno de sus compañeros de escena, desde el comisario y su ayudante (Pablo Paz) hasta la señora rica y elegante, llamada “de la Mar Serena”, interpretada por Pilar Barrera, pasando por el anticuario “yuppie de las Tres Mil” (Jesús Cabrero). Pero quizás la más destacada del resto sea Eva García-Vacas, capaz de llevar a un personaje, la señorita peluquera Alicia Martos, con un registro a lo Belén Esteban perfectamente mantenido durante toda la representación, y de darle cuando se le declara culpable -como se puede comprobar ese fue el final que eligió el respetable en el pase que estoy comentando- un tono dramático digno de una notable actriz.

En definitiva, una obra altamente recomendable cuya crítica no quiero dejar sin felicitar a mi querida amiga Laura López (“CAS“), porque su intervención fue, con mucha diferencia, la mejor de todas las que se hicieron desde el público. Y que conste que en absoluto lo digo por ser quien es.

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Continúa sin romper la dinámica perdedora

ESPANYOL 1-BETIS 0

El Betis sumó anoche su quinta derrota consecutiva de la temporada, en su primera visita al estadio Cornellà/El Prat. El Espanyol, con un solitario gol de Pandiani en la segunda parte, agravó la crisis de resultados que están viviendo los de Pepe Mel, y que aunque suene a obvio deberían intentar cortar lo antes posible si no quieren que la amplia renta que habían adquirido con los de abajo -que ahora está en cinco puntos- se acabe dilapidando por completo.

Consciente de los enormes problemas defensivos que, junto con la falta de pólvora en ataque, desembocaron en las cuatro derrotas anteriores, el técnico madrileño del Betis hizo algunos cambios en el once, y modificó la forma de jugar de su equipo. De inicio debutó Ustaritz en lugar de Amaya, mientras que en el segundo tiempo hizo lo propio Tosic. Ambos estuvieron bien, aunque sin los alardes lógicos, fruto de la ausencia de minutos.

Con Beñat, Cañas e Iriney en el medio campo, los heliopolitanos se dedicaron a esperar al rival unos 25-30 metros más atrás, lo que nos dio un Betis bastante más controlado que otros días, aunque sin llegar tampoco excesivamente al área espanyolista. Aún así, Casto debió hacer un par de buenas paradas tras remates lejanos de Márquez y de Álvaro; y de igual modo respondió Cristian Álvarez ante los atacantes béticos, quienes se mostraron más activos en la segunda parte de la primera mitad, aunque como de costumbre en los últimos encuentros, sin ver puerta.

El descanso pareció sentarle mejor al Espanyol, que embotelló de salida durante algunos minutos a los ayer verdes, cuyos nervios en defensa propiciaron algunas ocasiones “pericas” que, afortunadamente para el Betis, no llegaron a buen puerto gracias a Casto y a la inoperancia de Álvaro, un delantero con buenos fundamentos pero con el punto de mira algo desviado.

Cuando el Betis se repuso, controló el medio campo e incluso llegó a pisar con relativo peligro el área local, Pochettino retiró a Álvaro para sacar al “rifle” Pandiani, quien a los 74 minutos aprovechó un excelente centro del campeón de Europa sub 21 Didac Vila para, a diferencia de su compañero reemplazado, conectar un certero remate con la cabeza hacia la base del poste y batir a Casto.

Los de Mel, con el pie ofensivo un poco cambiado a lo largo del partido y sin el sustituido Roque Santa Cruz, no tuvieron capacidad de reacción y culminaron su quinta jornada seguida sin sumar puntos en su casillero. El domingo, menos de tres días más tarde, le espera un Racing colista, pero que a punto estuvo el martes de ganar en el Sánchez-Pizjuán. Por mucho que digan Pepe Mel y sus hombres, hay motivos para empezar a estar seriamente preocupados, y éstos se agravarían todavía más si el Betis regresara de los Campos de Sport de El Sardinero con los mismos doce puntos que acumula desde la cuarta jornada, allá cuando era líder de la liga.

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Los “All Blacks” recuperan el cetro mundial del rugby (8-7)

Han tardado 24 años y ha tenido que ser, como en 1987, jugando en casa; pero la selección de Nueva Zelanda se proclamó ayer de nuevo campeona mundial de rugby tras derrotar, en el estadio Eden Park de Auckland, a Francia por 8-7, en una final muy emocionante -aunque de marcador un tanto raquítico- en la que los anfitriones sufrieron de lo lindo en la segunda mitad.

Es el segundo título para los “All Blacks”, lo que les iguala a sus dos archirrivales del hemisferio sur, Australia y Sudáfrica. Para Francia, por el contrario, supone la tercera derrota en una final tras las de 1987 y 1999 -ésta contra Australia-; aunque esta vez se quedó muy cerca de dar la que hubiese supuesto la mayor sorpresa en la historia del torneo.

Los franceses intentaron plantar cara desde los primeros minutos, pero dicha presión duró muy poco tiempo, y el oval comenzó a jugarse en campo visitante. A los quince minutos llegó el único ensayo neozelandés: tras una “touche” escasamente a cinco metros de la zona de marca francesa el pilar Tony Woodcock -los “pilares”, habitualmente dos, suelen ser los jugadores físicamente más fuertes de un equipo- se metió entre la defensa francesa y logró el ensayo.

La transformación posterior fue errada por Piri Weepu, quien falló también hasta un total de tres patadas de golpe de castigo, que hubiesen supuesto mayor distancia en el marcador para los suyos. Con el 5-0 se llegó al descanso; bueno, y también con la sensación de que los franceses habían salido vivos del asedio local.

En el segundo tiempo la historia estuvo a punto de cambiar por completo, pese a que tempranamente un golpe de castigo ejecutado por Stephen Donald -cuarto medio apertura usado por los “All Blacks” en el torneo, por lesión de los tres anteriores, y que relevó a Weepu en las patadas- colocó el 8-0. Francia, verdugo de Nueva Zelanda las dos últimas veces que se habían cruzado en las eliminatorias de un mundial, debió acordarse de las remontadas tanto de la semifinal de 1999 como de los cuartos de final de 2007, y pasó al ataque con todas las de la ley.

El mayor empuje francés tuvo como premio el ensayo de Thierry Dusatoir a los 47 minutos, tan sólo dos después de la anotación de Donald. La transformación posterior de Trinh Duc dejó a Francia a tiro de un punto (8-7) con muchos minutos aún por jugarse. El miedo se apoderó por momentos de Eden Park, toda vez que Nueva Zelanda se había echado atrás, y cualquier oportunidad de lanzar a palos, bien con un “drop” o con un golpe de castigo, daría la opción a Francia de culminar la remontada.

Ésta llegó a los 65 minutos, aunque a modo de golpe de castigo ejecutado casi desde el medio campo por Trinh Duc quien se la jugó, errando ante la gran dificultad -por la lejanía- de la patada. Francia todavía tuvo once minutos más a Nueva Zelanda encerrada por detrás de su línea de 22 metros, pero los “All Blacks” supieron resistir el acoso de los del “XV del Gallo” para terminar alejando el peligro y vivir de manera algo más relajada los últimos cuatro minutos, en los que tiraron de experiencia provocando que prácticamente no se jugara un segundo más.

Después de casi un cuarto de siglo de decepciones, en el que ni tan siquiera la mayor fuerza de la naturaleza que ha visto el rugby en los últimos años, Jonah Lomu, pudo llevar a los suyos hacia la victoria, la copa mundial vuelve a estar en Nueva Zelanda. Una copa que, en 2015, los “All Blacks” deberán defender fuera de casa; más concretamente en Inglaterra. Pero, como se suele decir, esa ya será otra historia.

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El Betis se estanca por su falta de acierto y sus errores atrás

BETIS 0-RAYO VALLECANO 2

Después de tres derrotas, dos de ellas ante el sorprendente líder Levante y el Madrid, y otra fuera de casa contra el Getafe, el Betis tenía esta mañana la que a priori era una buena oportunidad para retomar la senda de la victoria al tener enfrente, y en casa, a un equipo de los de “su liga”, el Rayo Vallecano.

Pero nada más lejos de la realidad. Ante los vallecanos el Betis ha sumado su cuarto encuentro consecutivo perdiendo, entre otras cosas porque los de Mel, aunque sin hacer el juego fluido de los primeros encuentros, han gozado de varias ocasiones claras de gol y las han desaprovechado todas; y como en defensa ha cometido dos errores en los minutos finales, el resultado no ha sido otro que ese 0-2 que supone, también, el primer triunfo para los madrileños como visitantes.

El Betis comenzó con la novedad de Cañas en detrimento de Beñat, con gastroenteritis; y también sin Dorado en el centro de la defensa, debido al bajo rendimiento en los encuentros anteriores. En la primera parte los verdiblancos se mostraron incapaces de superar el férreo sistema de José Ramón Sandoval; pese a lo cual gozaron de dos excelentes ocasiones a cargo de Rubén Castro. En la primera, Cobeño con el pie y un defensa bajo palos evitaron el gol; mientras que en la segunda, el canario remató muy alto, en franca posición, una excelente jugada individual.

Tras el descanso Michu pudo batir a Castro después de una gran jugada del joven Lass por la derecha; pero fue el Betis quien continuó acumulando llegadas y oportunidades realmente buenas. La mejor de todas, un centro desde la derecha que de nuevo Rubén Castro remató al larguero en primera instancia, y contra Cobeño a renglón seguido.

Y como el que perdona suele terminar perdiendo, a los 80 minutos un balón largo lo cabeceó defectuosamente Nacho y Lass -quien un minuto antes parecía estar poco menos que gravemente lesionado, y otro más tarde intentó “expulsar” a Iriney con una actuación por la que no hubiera recibido ni un triste galardón de pueblo- aprovechó el tradicional regalito de la defensa bética para batir en vaselina a un Casto dubitativo y desconcertado.

El Betis intentó buscar el empate, pero ya con desorden y desconcierto; y a dos minutos del final un penalti de Mario a Koke, tras otra desaplicación defensiva, lo transformó en el definitivo 0-2 el propio delantero malagueño. A pesar de todo, el Betis sigue a siete puntos del descenso; mas debe recobrar mínimamente su moral y su puntería si no quiere que esa renta, que llegó a ser de once puntos, vaya menguando todavía más. Y ahora tiene dos salidas consecutivas, Cornellà/El Prat y Santander, en apenas cuatro días.

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La última curva de Simoncelli

Marco Simoncelli ha fallecido esta mañana durante la disputa del Gran Premio de Malasia de moticiclismo. El italiano, uno de los pilotos más controvertidos de todo el “paddock”, derrapó en una curva durante las primeras vueltas de la carrera de MotoGP, y después de irse al suelo fue atropellado por Colin Edwards.

Ante la gravedad del asunto, y toda vez que el título ya estaba decidido en favor de Casey Stoner, los comisarios decidieron primero detener la carrera y luego cancelarla definitivamente. Minutos más tarde se produjo el fatal desenlace.

No me gustaba como piloto, fundamentalmente por sus reiteradas acciones y mal comportamiento sobre la pista -aunque últimamente estaba bastante regenerado en ese sentido-; pero ello no es óbice para pensar que, lógicamente, a sus 24 años no se merecía un final así.

La bajada de tensión final que impidió a Nico Terol sentenciar el título en 125cc y la desgracia de Marc Márquez que deja para él casi perdido el campeonato de Moto2 hoy quedan dos o tres escalones por debajo al lado de esta tragedia, la segunda en el campeonato del mundo en apenas un año, después de la del japonés Tomizawa en Misano 2010.

Descansa en paz, Marco…

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El día en el que Wilkinson “rasuró” a los australianos en su casa

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (32)

No me considero un gran aficionado al rugby, ni mucho menos; pero sí que me gusta ver determinados partidos, preferentemente los más importantes. Pasado mañana (10:00, hora española, Canal + Deportes) tendrá lugar la final de la Copa del Mundo, que este año enfrentará a los anfitriones, los temibles “All Blacks” de Nueva Zelanda, contra Francia.

Los franceses acuden como víctima propiciatoria para el segundo triunfo neozelandés en un mundial, tras el de 1987, en el que también en casa vencieron igualmente a los del llamado “XV del Gallo”. Mas Nueva Zelanda no debe confiarse, porque hay antecedentes que indican que los pronósticos pueden dar vuelcos importantes.

No, no me refiero a lo que sucedió hace 16 años en la que posiblemente sea la final más célebre de todas las que se han jugado, la de Sudáfrica y Nueva Zelanda en el estadio Ellis Park de Johannesburgo -donde la selección española de fútbol jugó dos veces en el pasado mundial que terminó ganando-, la de El factor humano, de John Carlin, e Invictus, la película de Clint Eastwood; sino a la de 2003 en Australia, en la que Inglaterra logró el primer y único título para Europa y para el hemisferio norte.

El “XV de la Rosa” -así se conoce al equipo nacional inglés de rugby-, tras dejar fuera a Francia en semifinales gracias al tremendo acierto pateador de su estrella, el apertura Jonny Wilkinson -para que nos entendamos, el “apertura” del rugby es el equivalente al medio centro del fútbol, solo que además se suele encargar de los lanzamientos por golpes de castigo-, se medían a la selección local, vigente campeona por entonces, en el Telstra Stadium de Sidney. Los “Wallabies” australianos -verdugos en la penúltima ronda de los siempre favoritos “All Blacks”- habían arrebatado el título a Inglaterra doce años antes en Twickenham; y los hijos de la Gran Bretaña buscaban vengar semejante afrenta. La victoria ante Nueva Zelanda hizo aumentar un poco más el favoritismo de Australia, pero todo terminó sucediendo justo al contrario de lo que deseaban en el país del Waltzing Matilda.

El partido fue poco vistoso -sólo un ensayo por bando-, como corresponde al 95% de las finales de cualquier deporte de equipo; pero espectacular por su intensidad e igualdad. Australia se adelantó pronto con su único ensayo -sin conversión posterior-, obra del ala izquierda Lote Tuqiri; pero tres golpes de castigo de Wilkinson, a cada cual más espectacular, y un ensayo -sin conversión- del ala izquierda inglés Jason Robinson dieron nueve puntos de ventaja a Inglaterra (5-14) en el descanso. En el segundo tiempo el apertura australiano Elton Flatley, con tres lanzamientos a palos por sendos golpes de castigo -el último en los minutos de descuento-, puso el empate a 14 con el que acabaron los 80 minutos reglamentarios.

Haría falta una prórroga; veinte minutos más para alargar y definir el drama. Wilkinson anotó nada más empezar un nuevo golpe de castigo desde una distancia kilométrica; pero Flatley, a falta de dos minutos, volvió a replicarle para colocar el empate a 17. Dos minutos, sin embargo, era mucho tiempo para un pateador consumado como Wilkinson. A falta de 30 segundos Inglaterra preparó la jugada letal: tras una melé sin juego parado, el oval le llegó a “Jonny” quien, a unos 25 metros de los palos, anotó con la derecha, siendo zurdo, el drop -lanzamiento a bote pronto con el balón en juego- que supuso el definitivo 17-20 y la primera Copa del Mundo para los inventores del rugby.

Wilkinson, mejor jugador indiscutible del torneo, como si fuera una de las navajas o cuchillas de afeitar de la conocida marca británica, “rasuró” a los australianos de tal forma que les cortó de raíz la consecución del que hubiese sido su tercer título, vengando así a sus compatriotas del año 91. ¿Repetirá sorpresa Francia el domingo? Es muy complicado; pero visto lo visto, todo es posible.

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Carta abierta a Teledeporte por su continuo maltrato a la gimnasia

El canal temático deportivo Teledeporte, de RTVE, tiene a gala -como parte del ente público que es- ofrecernos, entre otras cosas, lo mejor y lo más destacado de los deportes considerados “minoritarios”; aquellos que no gozan de la audiencia necesaria como para tener cabida al menos entre el resto de canales en abierto.

Pero eso no es sino una verdad a medias. Porque por lo menos uno de esos deportes, de enorme solera y tradición dentro del olimpismo como la gimnasia artística, sufre año tras año, desde hace ya varios, una serie de maltratos y tropelías de todo tipo que, regularmente, nos lleva año tras año a los que nos consideramos aficionados a expresar nuestro malestar en los diversos lugares web.

Mas después de las últimas putadas -hay que decirlo así-, las de esta última semana en los campeonatos del mundo 2011 -las crónicas de un servidor, como así ocurre habitualmente, se pueden leer en GIMNASTAS.NET, la página de mi estimada amiga Cristina MJ/Calítoe.:.-, no me he podido aguantar y he escrito una sonora queja -en la que por momentos, como creo que esta vez debe ser, me dejo llevar por mi condición de aficionado, aunque con lenguaje bastante poco soez- a los señores de RTVE, a través de su Defensora del Espectador, que me es muy gustoso compartir aquí, a modo de carta abierta, con quienes me sigan de manera habitual y/u ocasional. Leer el resto de la entrada »

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Se impuso la lógica en el Bernabéu (4-1)

REAL MADRID 4-BETIS 1

El Betis lo intentó, pero al final terminó sucumbiendo en el Santiago Bernabéu por un tanteo que, visto lo que suele hacer el Madrid con aquellos que visitan el estadio de la Castellana -salvo con el Barça-, es bastante honroso. Con todo ello, fueron una serie de errores puntuales los que posibilitaron los goles madridistas; aunque claro, salir con el casillero de fallos impoluto del Bernabéu para un equipo que lucha por la permanencia es casi una quimera.

Salió el Betis, en la tarde de ayer, fiel a su filosofía, bastante decidido, con una acción de Vadillo nada más comenzar, y con un lanzamiento de falta de Beñat desde algo más allá de la frontal del área, que se marchó algo desviado. Pero los planes comenzaron a trastocarse al cuarto de hora con la lesión de Vadillo, que sufrió un serio esguince de rodilla en un mal apoyo después de que Sergio Ramos “marcara territorio” con un empujoncito sobre el gaditano. Mala suerte para el chaval, y esperemos que no sea nada grave.

Los de Mel, quizás preocupados por lo que le podía haber pasado a Vadillo, anduvieron desnortados durante algunos minutos, en los que las llegadas blancas al área de Casto se sucedieron exactamente como se esperaba en un encuentro de este tipo. Pese a todo, la meta del portero extremeño seguía a cero, y el Betis aprovechó los últimos minutos del primer tiempo para volver a acercarse a Casillas y gozar de su ocasión más clara cuando Rubén Castro, que reaparecía, empalmó sin dejar caer el balón un centro desde la derecha que bien pudo haber supuesto el 0-1.

El Betis había aguantado notablemente las acometidas del Madrid, y faltaba por ver hasta cuándo llegaría la resistencia heliopolitana. Desgraciadamente, el enigma quedó resuelto a los 40 segundos, cuando Chica se despistó tras un pase por alto de Marcelo a C. Ronaldo; el portugués aprovechó para plantarse ante Casto y cederle la pelota a Higuaín, que a puerta vacía marcó el 1-0, el primero de sus tres goles. El llamado por algunos “CR7”, catorce minutos más tarde, cedió a Kaká para que el brasileño, sin apenas oposición, disparara dentro del área para hacer el 2-0.

No obstante, el Betis puso un poco de miedo en el cuerpo de los seguidores blancos con el gol de Jorge Molina, quien a los 69 minutos fusiló a Casillas después de una jugada de pillo de Rubén Castro. Primer tanto del alcoyano, que ayer reemplazó en el once a Santa Cruz, en la liga de los grandes; una buena noticia porque, a buen seguro, el Betis le necesitará en más de un partido.

Desgraciadamente, muy poco duró la alegría, como suele suceder en la casa del pobre. Nada más sacar de centro un nuevo despiste en este caso de Nacho lo aprovechó Higuaín para marcar el 3-1; y tres más tarde, el cuarto. Y ahí se quedó la cosa, pese a los intentos del Madrid por hacer un poco más de sangre si cabe. El domingo próximo viene el Rayo, en la matinal sevillana una vez más -y ya van dos este año- por obra y gracia de los “señores” Roures y Astiazarán. Es un partido que, después de tres derrotas seguidas, hay que intentar ganar como sea.

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Khorkina o la elegancia al servicio de la gimnasia

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (31)

Hoy se disputa la final individual femenina de los campeonatos del mundo de gimnasia artística, que este año se están celebrando en Tokio, la capital de Japón. Y ante un evento como éste, uno no puede por menos que acordarse de una de las más grandes campeonas de la historia de este deporte; posiblemente la más grande, tanto por longevidad como por palmarés, que uno haya tenido la ocasión de ver en directo.

Hablo, naturalmente, de SVETLANA KHORKINA (pronúnciese Jórkina). Hay quien es reticente a situarla en el olimpo de la gimnasia femenina por el hecho de que se le negase el oro olímpico -siempre refiriéndonos al concurso general-; pero por esa regla de tres, por ejemplo, habría que excluir también de esa lista a la otra gran Svetlana, la gran dama Boguinskaia, maestra en cierto modo de Khorkina en elegancia y marcando estilo, de la cual todos estamos de acuerdo en que su grandeza apenas tiene parangón.

Es verdad que la gran estrella rusa lo más lejos que pudo llegar en unos Juegos fue a la plata en su última gran competición, Atenas 2004, tras una cerrada lucha contra una estadounidense nueve años más joven que ella -25 contra 16-, a la que había vencido un año antes en los mundiales y de la que, tras la cita ateniense, nunca más se supo: Carly Patterson. Pero ello no desmerece ni mucho menos el extensísimo historial de esta extraordinaria deportista que se retiró hace ya siete años ni más ni menos que con tres campeonatos del mundo -récord absoluto, teniendo en cuenta eso sí que hasta mediados de los 70 se celebraban cada cuatro años- y otros tantos europeos, como logros más sobresalientes.

Algo tremendamente meritorio dado que, a lo largo de sus once años de carrera deportiva, tuvo que coincidir con grandes campeonas de varias generaciones como la propia Boguinskaia (Bielorrusia), Lilia Podkopayeva (Ucrania), Shannon Miller (USA), Lavinia Milosovici, Simona Amanar o Andrea Raducan (las tres de Rumanía), y también con la fugaz eclosión de la ya mencionada Patterson (USA).

Gran maestra en las asimétricas -dos títulos olímpicos, cinco mundiales y seis europeos en este aparato para ella- y espectacular también en suelo, Khorkina logró su primer resultado de relevancia mundial en los campeonatos de 1995, celebrados en Sabae (Japón), ocupando la segunda posición a algo más de una décima de Podkopayeva, -posteriormente también campeona olímpica en el 96-; pero debió esperar a dos años más tarde para, en Lausana (Suiza), ganar su primer oro venciendo a Amanar y a su compatriota Elena Produnova.

Tanto este primer título como el segundo, en 2001, sirvieron como bálsamo de sendas decepciones olímpicas, en Atlanta 96 y Sidney 2000, donde no pudo acabar entre las mejores y donde se tuvo que conformar con el oro en “sus” asimétricas, curiosamente las mismas que le apartaron de las medallas en los concursos generales. En 2001, ya con 22 años y con la retirada más que preparada según muchos, fue a Gante (Bélgica) y dijo que ahí seguía ella dando guerra, imponiéndose por delante de la también rusa Natalia Ziganshina y de la campeona olímpica en Sidney -para mí lo es pese a que los resultados oficiales digan lo contrario- Andrea Raducan.

Aquel triunfo supuso el inicio de la que, en mi particularísima opinión, fue su mejor etapa, la crepuscular; culminada con el apoteósico oro de 2003, el tercero y último de su carrera a sus 24 años, cuando, pese a haber ganado en 2002 su tercer europeo consecutivo, todos la daban ya por acabada. Más aún cuando en la ronda de clasificación, en la ciudad californiana de Anaheim, no se metió en ninguna final por aparatos y apenas ocupó la tercera plaza en la general.

Pero en la final “Sveta” resurgió de sus cenizas, algo que se pudo comprobar en sus sempiternas asimétricas -que parecían haberle abandonado- y en la barra de equilibrios, donde se la jugó al límite. En suelo, con un ejercicio de estilo para ella clásico, en el que desplegó toda su elegancia y todos sus “truquillos” de veterana, acabó con el sueño de la debutante Carly Patterson -que competía en casa-, quien no pudo frenar en su último aparato, el salto, al “vendaval Khorkina”.

Un año más tarde, en la cita olímpica, Patterson se tomó la revancha en una final tildada por algunos de polémica, por el supuesto trato de favor que la estadounidense gozó de los jueces con respecto a la rusa -tercera fue, tanto en Anaheim como en Atenas, la china Zhang Nan-, que no pudo poner la guinda a un palmarés más que envidiable con el oro olímpico -aunque sí mejoró notabilísimamente sus prestaciones de Atlanta y Sidney-, pero cuyo amplísimo legado, tanto en títulos como en calidad gimnástica y, sobre todo, en carisma, permanecerá en el historial de la gimnasia para siempre.

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“Lágrimas por una medalla” y “Mañana lo dejo”: la cara y la cruz del deporte de élite

1996. Juegos Olímpicos de Atlanta. En un período escasamente de una semana el deporte español conquista sus cinco medallas de oro, de un total de 17. La vela, histórico vivero de preseas olímpicas donde los haya, nos dio dos de ellas (Fernando León/J.L. Ballester en Tornado y Theresa Zabell/Begoña Vía Dufresne, en 470); mientras que Miguel Indurain (acompañado en el podium por Abraham Olano) logró, en la prueba contrarreloj de ciclismo, la última de ellas.

Pero, cobrando un cariz muy especial la del gran “Miguelón”, sin duda las que más llegaron al buen aficionado al deporte fueron las otras dos. El casillero de oros lo inauguró uno de los mejores equipos que ha tenido España en toda su historia, el de waterpolo; un conjunto, el capitaneado por Manel Estiarte, al que el triunfo se les había negado sistemáticamente en varias finales de campeonatos internacionales (sobre todo la de Barcelona 92), pero que con aquel oro iniciaron una era de dominio en el waterpolo internacional, con dos mundiales en un período de cinco años.

Y, por otra parte, dos días antes de la clausura, el equipo español de gimnasia rítmica se proclamó campeón olímpico en la primera competición de conjuntos en la historia del olimpismo, tal y como recordamos en este espacio en su momento. Una medalla que este grupo también venía buscando con ahínco desde su formación, en 1994-95, y que también se les había negado por sistema tanto en mundiales como en europeos. Un oro que, además, les hizo convertirse en las campeonas olímpicas españolas más jóvenes de la historia, toda vez que sus edades oscilaban únicamente entre los 15 y los 17 años.

Entre los waterpolistas, además de Estiarte y del portero, Jesús Rollán, destacaba PEDRO “TOTO” GARCÍA, otro de los estandartes de aquella gloriosa generación; mientras que una de las componentes del conjunto de rítmica era la vitoriana TANIA LAMARCA; sí, aquella cuyas lágrimas de emoción mientras sonaba el himno nacional nos llegaron al alma de todos los que estábamos viendo la competición a través de la pequeña pantalla (y que a mí, 15 años después, todavía me siguen conmoviendo cada vez que recuerdo el momento).

Tanto Pedro como Tania estaban viviendo, después de años de dura preparación y de intensa lucha a lo largo de los años, la gloria absoluta dentro del mundo del deporte: ser campeones olímpicos y estar en la cresta de la ola. Pero no todo iban a ser sonrisas. Además de los esfuerzos que tuvieron que realizar para llegar tan alto -compensados porque practicaban lo que les gustaba-, la vida estaba a punto de darles una dura lección.

Cuatro años antes, en la víspera de los Juegos de Barcelona, Pedro tuvo que confesar su adicción al alcohol y a las drogas, las cuales consumía por puro placer, nunca para aumentar su rendimiento deportivo. No obstante, tuvieron que pasar once años para que se diera realmente cuenta de lo que le estaba pasando, y se cerciorara que, de continuar así, posiblemente sus días de existencia finalizaran bastante más pronto de lo deseado.

Tania, por su parte, después de verse obligada a dejar el equipo por razones de sobrepeso, sufrió, como otras compañeras, la incomprensible dejadez por parte de la Federación Española de Gimnasia a la hora de incorporarse a la vida “real”, después de años metida dentro de la “burbuja” del deporte. Un período en el que aprendió a ser una persona independiente; a competir; a no rendirse ante las exigencias diarias del entrenamiento de un deporte tan duro como la gimnasia rítmica; a conocer a compañeras que, con el tiempo, llegaron a ser grandes amigas… mas no a prepararse para luchar, una vez dejado el deporte, en la “jungla” de la vida. Entre otras cosas porque no sólo no la asesoraron ni la ayudaron para ello, sino que incluso intentaron “tangarle” (a ella y a todo el conjunto) la prima correspondiente al oro merecidamente ganado en la cita olímpica del 96, la cual les abonaron nada menos que cuatro años más tarde gracias a las denuncias diarias del mítico periodista José María García.

Un oro que, dicho sea de paso, estuvieron a punto de perder una vez recibido, por el riesgo que corrió la federación de obligarles a ponerse, cuando salieron al podium, un maillot con el logotipo -que no el nombre, eso sí- de su patrocinador, estando prohibidísimo por el Comité Olímpico Internacional cualquier tipo de publicidad. Todo a cambio de un dinero del que las chicas no vieron ni una sola peseta.

Ambos, superados sus respectivos problemas, decidieron reflejar sus vivencias en sendos testimonios publicados en 2008: MAÑANA LO DEJO (Pedro García Aguado, editorial Bresca) y LÁGRIMAS POR UNA MEDALLA (Tania Lamarca, en colaboración con la periodista Cristina Gallo, editorial Planeta/Temas de Hoy); dos relatos profundamente conmovedores en los que, además de hacernos partícipes de toda la gloria deportiva que llegaron a conseguir, aleccionan a quien corresponda con sus experiencias para que, en un futuro, las diferentes generaciones de deportistas y de organismos relacionados con el deporte no cometan los errores que les llevaron a ellos (y a algunos de sus compañeros) a sufrir, bien en activo bien una vez retirados del deporte, los tumbos que les hicieron pasar posiblemente los peores años de sus vidas. Son dos libros que, por fin, pudieron llegar a mis manos no hace muchos días y que, una vez leídos, recomiendo absolutamente a cualquiera que se anime a hacerlo.

Hoy en día Pedro -ahora García Aguado y no el apodado “Toto” en la selección- es una persona sana, libre de cualquier adicción -lo que no pudo conseguir su tristemente fallecido compañero y amigo Jesús Rollán- y dispuesto a ayudar a los demás gracias a su programa Hermano Mayor, de Cuatro; mientras que Tania también ha encontrado su lugar en la vida, felizmente casada y trabajando como técnico deportivo en Escarrilla, un pueblo del pirineo aragonés.

A Pedro lo conocí personalmente hace tres años, recién salido su libro, cuando vino a Sevilla a dar una charla sobre el tema; y pude departir unos minutos con él para expresarle mi alegría por la superación de sus adicciones. Con Tania aún no he tenido ese gusto; aunque es obvio decir que me encantaría, cara a cara o por otras vías, transmitirle personalmente mi felicitación por el libro, y también darle las gracias, con efecto retroactivo, por haberme emocionado, como a tantos otros aficionados españoles, aquella tarde/noche de principios de agosto, en 1996.

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