El año en el que se rompió el tabú de la Davis


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (33)

Se acerca ya la apasionante final de la Copa Davis entre España y Argentina en la “ciudad talismán” de Sevilla. Desde el viernes 2 hasta el domingo 4 servidor de ustedes, ya debidamente acreditado, estará en el Estadio Olímpico presenciando “in situ”, para DIARIO SIGLO XXI, la evolución de los Rafa Nadal, David Ferrer, Feliciano López y Fernando Verdasco, que tendrán unos durísimos oponentes en los albicelestes Juan Martín Del Potro, David Nalbandián, Juan Mónaco o Eduardo Schwank.

Y para ir abriendo boca, qué mejor que recordar la primera “ensaladera” conquistada por el tenis español, en el inolvidable mes de diciembre de 2000. Hemos hablado ya de la final de 2004, también en Sevilla, así como del “marplatazo” de 2008; pero nos faltaba hacerlo de la más importante, la más emotiva, la victoria que abrió este ciclo victorioso del equipo español, en los albores del siglo XXI.

Después de las finales de 1965 y 1967 perdidas ante Australia en tierras oceánicas -con los Santana, Orantes, Gisbert o Arilla-, el tenis español apenas si pudo paladear un par de semifinales desde el inicio del Grupo Mundial. En 1999, el último año de Manolo Santana como capitán, se perdió con Brasil en primera ronda en Lérida -última derrota de España en casa hasta el día de hoy-, y la presencia en el Grupo Mundial se tuvo que salvar en Nueva Zelanda.

La Federación Española decidió que era el momento de dar un golpe de timón, y por ello relevó al histórico jugador para poner en su lugar a un grupo de entrenadores encabezado por Javier Duarte, que se vino a llamar G-4: Jordi Vilarò, Josep Perlas, Juan Bautista Avendaño y el propio Duarte. Había que intentar como fuera hacer algo importante en la Copa Davis, porque ya tocaba. Para ello se debían dar un par de condiciones: encontrar un buen “dobles” y un buen sorteo; y ambas se cumplieron.

Lo primero llegó con el descubrimiento de Joan Balcells, el “Oso”; un tenista barcelonés de 25 años que apareció en escena en la dramática eliminatoria de permanencia de Nueva Zelanda; y que en 2000 formó junto a Álex Corretja la pareja para la Davis que el tenis español venía buscando desde los años de Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal. Ello, unido al surgimiento de Juan Carlos Ferrero y a la competitividad de los Corretja, Carlos Moyà o Albert Costa iban a hacer de España un equipo muy a tener en cuenta.

Lo segundo también salió a pedir de boca: un sorteo en el que se dio la circunstancia de que España iba a terminar jugando las cuatro eliminatorias en la tierra batida nacional, comenzando un período de fortaleza como locales que aún hoy no ha finalizado. Murcia, Málaga y Santander vieron como los nuestros “despachaban” cómoda y respectivamente a Italia, Rusia y Estados Unidos -a éstos por 5 a 0-; y España, por vez primera desde 1967, se clasificaba para jugar la final de la Copa Davis, para la que eligieron una ciudad señera como Barcelona, y un excelente recinto como el Palau Sant Jordi.

El rival, como en los años del blanco y negro, iba a ser Australia; una nación histórica donde las haya en la Davis, que llegaba como vigente campeona… pero que era plenamente consciente del hándicap que iba a suponer jugar como visitante. De aquel legendario equipo de los 60 sobrevivía John Newcombe, ahora como capitán; mientras que sobre la pista España debía superar a jugadores de la talla de un jovencísimo Lleyton Hewitt, Patrick Rafter, Mark Woodforde y Sandon Stolle -hijo de otro “verdugo” de los españoles como Fred Stolle-, que reemplazaba al otro “Woodie”, Todd Woodbridge, quien por esas fechas se disponía a ser padre. España, por su parte, presentó a Juan Carlos Ferrero, Álex Corretja, Albert Costa y Joan Balcells; debiendo tomar el G-4 la dura decisión de prescindir de Carlos Moyà.

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Todo estaba preparado en el Sant Jordi para disfrutar con el triunfo de los nuestros. Casi 17.000 personas, incluyendo un buen número de los “Fanatics” australianoa, gozaron de una fiesta de tres días, que comenzó con una durísima batalla entre Albert Costa y Lleyton Hewitt. El actual capitán del equipo español tuvo contra las cuerdas al número 1 australiano, pero acabó cediendo en cinco sets, por 6-3, 1-6, 6-2, 4-6 y 4-6. Afortunadamente, Juan Carlos Ferrero y los problemas físicos de Patrick Rafter igualaron la contienda. El valenciano ganaba por 6-7, 7-6, 6-2 y 3-1, cuando el doble ganador del US Open debió abandonar el partido. El primer día terminó 1-1.

Como en otras tantas eliminatorias, el partido de dobles iba a tener una importancia capital. España se guardaba las dos últimas balas de individuales en caso de una previsible derrota, pero la perspectiva de un 1-2 el último día inquietaba en las huestes de Duarte y los demás. Sin embargo, aquel sábado se respiraba un olor especial; primero porque Corretja y Balcells se habían mostrado como una pareja muy fiable -dos victorias y una derrota-; segundo por el “plus” especial de jugar en casa; y tercero porque delante no estaban los “Woodies” al completo, “sólo” dos grandes doblistas pero que apenas jugaban juntos en el circuito: Woodforde y Stolle. El resultado de todo esto fue una gran victoria de la pareja española, que se deshizo de los australianos por un triple 6-4, poniendo la Davis casi en nuestras manos.

El domingo debíamos rematar la faena, preferentemente con Ferrero o, si no, con Corretja, que de resultar necesario iba a reemplazar a Costa para decidir ante Rafter… o quien le reemplazara. Pero había que terminar a la primera, y eso fue lo que hizo “Juanqui” en cuatro memorables sets ante Hewitt. El último revés paralelo aún permanece guardado en las retinas de los buenos aficionados al tenis, ya que con él se completó un histórico marcador de 6-2, 7-6, 4-6 y 6-4, saliendo Ferrero a hombros cual estrella de la tauromaquia.

Con un adolescente Rafa Nadal como abanderado, el equipo español cumplió por fin con el sueño de generaciones y generaciones de tenistas de nuestro país: levantar la Copa Davis, la primera de las cuatro que, hasta la fecha actual, adornan las vitrinas de la Real Federación Española de Tenis. Ojalá este fin de semana, con Nadal también como “abanderado”, esta vez sobre la cancha, caiga la quinta.

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