Archivo Marzo, 2012

Entrevista con Mercedes de los Reyes sobre el teatro en Sevilla (2007)


(Como todavía estamos en la semana del Día Mundial del Teatro, además del reciente artículo sobre Eduardo Vasco me ha parecido oportuno recuperar la entrevista que, en enero de 2007, me concedió mi ex profesora de la Universidad de Sevilla y especialista en teatro clásico Mercedes de los Reyes, con motivo de un trabajo para la carrera de Periodismo; y que meses más tarde se publicó en el número 24 de la revista sociocultural Tahona, de Almensilla)

Mercedes de los Reyes Peña es profesora titular del departamento de Literatura Española de la Facultad de Filología de la Universidad de Sevilla. Gran especialista en teatro clásico y, sobre todo, en Lope de Vega (cada año imparte en la Facultad la asignatura “La comedia española: ciclo de Lope”), también es, entre otras cosas, coordinadora del SIDCA (Seminario de Investigación de Dramaturgos Clásicos Andaluces) y colaboradora ocasional del boletín trimestral de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con la que mantiene frecuente contacto. Nos hemos puesto en contacto con ella, que ha accedido amablemente a que le realizáramos la entrevista que expondremos a continuación:

En primer lugar, me gustaría que nos diera un panorama general de la situación del teatro, o más bien de la oferta teatral, en nuestra ciudad durante los últimos años.

Bueno, pues como sabes fundamentalmente tenemos dos teatros, uno que es municipal, el Lope de Vega; y otro que depende de la Junta de Andalucía, que es el Teatro Central. Durante algún tiempo, en el Lope de Vega la programación ha sido más de teatro clásico (incluyendo obras del XVIII y el XIX); mientras que en el Teatro Central se estrenan las obras que produce el Centro Andaluz de Teatro (CAT) y también obras de teatro más de vanguardia. Pero en el Lope de Vega eso está cambiando desde que el nuevo director, Antonio Álamo, asume su cargo, ya que desde entonces también se están exponiendo allí más obras de grupos de vanguardia, sin olvidarnos pese a todo de que antes compañías como Els Comediants, Els Joglars, también han venido. Eso sí, cuando hay alguna obra de teatro clásico el Lope de Vega sigue siendo el sitio por antonomasia.

Después hay otras salas alternativas, como por ejemplo La Imperdible, en las que yo no sé ahora mismo qué suele haber, pero hasta hace poco estaba un grupo de enseñanza, Territorio de Nuevos Tiempos, dirigido por Ricardo Iniesta, el cual era una especie de escuela de arte dramático que montaba obras; y también tenemos la producción del Conservatorio como parte de su actividad habitual, así como actividades docentes. Pero no hay más que consultar la prensa y observar la oferta de las salas alternativas para ver que es muy importante. Otra sala importante es La Fundición, situada en el enclave de la Casa de la Moneda, que está apostando por un teatro actual. Leer el resto de la entrada »

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Eduardo Vasco: muchas más luces que sombras en la CNTC


Quien bien me conoce es sabedor del aprecio profesional y personal que le tengo a este gran -y controvertido al mismo tiempo- director escénico que es Eduardo Vasco. No me considero amigo suyo ni mucho menos; pero desde que fuera profesor mío en la UNIA (Universidad Internacional de Andalucía, curso de Dirección Escénica en la Sede “Antonio Machado” de Baeza) en julio de 2006, las pocas veces que nos hemos encontrado -siempre a raíz de alguno de sus trabajos- se ha portado muy bien tanto conmigo como con mis amigos más cercanos. Lo que no me impide, por supuesto, hacerle críticas negativas cuando considero que no hace las cosas bien, pero siempre desde el respeto.

Por eso hoy, día 27 de marzo, Día Mundial del Teatro -o al menos eso dicen-, me parece oportuno realizar un breve compendio de su trayectoria en la Compañía Nacional de Teatro Clásico (de aquí en adelante CNTC), a la que estuvo dirigiendo durante ocho años (2004 a 2011, ambos inclusive) antes de ser sustituido por Helena Pimenta; y de la que se ha despedido, espero y deseo que momentáneamente, con su reciente montaje de El perro del hortelano, de Lope de Vega.

Han pasado ya casi doce años desde aquel Don Juan Tenorio, en coproducción con el Centro Dramático Nacional, que supuso el bautismo de Eduardo en la CNTC. Una versión encabezada por Ginés García Millán y Cristina Pons de la que que no pude llegar a disfrutar, primero porque nunca llegó a Sevilla; y segundo, porque mi relación con el mundo del teatro clásico por aquella época todavía era poco menos que inexistente.

Tuve que esperar hasta 2006, en el curso anteriormente citado, para conocerle y poder empezar a evaluar su labor en la que para mí es la compañía teatral más importante que tenemos en España, y también la más olvidada a la hora de la concesión de los más renombrados galardones. En Baeza analizamos los que en mi opinión son sus dos mejores trabajos: El castigo sin venganza, texto de nuestro “Fénix” particular al que le he terminado profesando un amor incondicional por su gran lirismo y calidad dramática; y Don Gil de las calzas verdes, la divertidísima obra que surgió de la pluma de Tirso de Molina. Desde entonces, no he visto todos sus montajes pero sí muchos de ellos, con lo que me considero perfectamente capacitado para juzgarle profesionalmente.

Recuerdo que meses antes, cuando “El castigo” vino a Sevilla, la crítica local fue feroz con él -lo que me echó para atrás a la hora de decidirme a ir al Lope de Vega-, por el hecho de trasladar la acción de la Italia del XVII a la Italia de Mussolini. Hoy en día, después de haber tenido la ocasión de ver el montaje completo en DVD, sigo sosteniendo que yo no habría hecho eso y que continía chocándome ver vestidos al Duque de Ferrara y compañía con ropajes fascistas; pero no dejo de reconocer que para llevar a cabo un cambio de época tan radical -y razonarlo adecuadamente- hay que tener agallas y personalidad. Por no hablar de que los críticos, en el fondo, se pasaron bastante porque aquel montaje, a excepción de ese detalle, realmente era -y sigue siendo- de notable calidad interpretativa, con unos grandísimos Arturo Querejeta (Duque) y Clara Sanchis (Casandra), especialmente.

El atrevimiento a la hora de situar temporalmente las obras ha sido una de sus cualidades más destacadas; lo que no siempre le ha salido bien, todo hay que decirlo. Otro rasgo personal es su minimalismo escénico que también ha llegado a crear cierta controversia, y que parece haber dejado a un lado en varios de sus últimos trabajos.

Pero, sin duda, el gran legado de Eduardo Vasco en la dirección de la CNTC ha sido la apertura de miras, llevar al teatro español más allá de los Lope, Calderón o Tirso, permitiéndonos descubrir a otros autores menos conocidos, bien a través de sus propios montajes, bien con los montajes de otros directores escénicos gracias a su visto bueno como máximo responsable de la compañía.

Con él como cabeza visible, han llegado a la CNTC nombres como Vélez de Guevara y su “Serrana de la vera“, o el portugués Gil Vicente (cuando Portugal pertenecía a España, en el siglo XVI) con la Tragicomedia de Don Duardos; han regresado otros como Guillén de Castro (excelente El curioso impertinente que pude disfrutar en Niebla, en 2007); se le ha otorgado un destacado espacio a Cervantes (la peculiar comedia La entretenida y una adaptación dramática de su Viaje del Parnaso); y se ha expandido temporalmente el repertorio hasta el XVIII, con los Sainetes de Don Ramón de la Cruz.

Por no hablar de que también con Eduardo se ha creado cantera, gracias a la puesta en marcha, allá por 2007, de la Joven CNTC (heredera de la Escuela de Teatro Clásico puesta en marcha en los inicios de la compañía por Adolfo Marsillach), de donde ha salido la última gran joya interpretativa de nuestras artes escénicas, Eva Rufo.

Aunque no todo ha sido positivo. Sus diferencias de varios tipos con algunos de los trabajadores de la CNTC desembocaron en una huelga allá por mayo de 2010, que posiblemente precipitó su definitiva salida. Desconozco si los huelguistas tenían o no razón en sus revindicaciones, puesto que nunca he estado dentro de la CNTC; si bien es cierto que cuando el río suena… y aquella vez lo hizo con bastante fuerza.

Así pues, son aspectos que no debo entrar a valorar porque puedo meter la pata a base de bien; mi labor se limita a hacer constar lo que ocurrió. En tal caso, creo que si lo ponemos todo en una balanza nos sale, como resultado de todos estos años, una gestión en la que, por lo menos en el plano artístico, ha habido muchas más luces que sombras en el seno de la CNTC. Y de ello el responsable ha sido Eduardo Vasco, a quien ya podemos ver de nuevo en Noviembre Teatro, su compañía reactivada hace escasos meses.

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Pandiani deja helado otra vez al Villamarín (1-1)

BETIS 1-ESPANYOL 1

Todos los que lo conocen bien -entre los cuales me incluyo- saben que el Betis es especialista supremo en complicarse la vida cuando más fácil lo tiene. O, al menos, en no saber sentenciar sus objetivos, especialmente si éstos se escriben en clave de salvamento de la categoría. Esta noche, en el minuto 93 de su partido ante el Espanyol en el Benito Villamarín, los de Pepe Mel, tras cuatro jornadas sin ganar -y después del espantoso ridículo del último sábado en Vallecas- contaban con una renta virtual sobre los puestos de descenso de nueve puntos gracias al gol, una vez más, de Rubén Castro; pero al terminar el choque un par de ellos más tarde, dos de esos puntos habían “volado” del casillero verdiblanco.

Ello aconteció merced a un garrafal error al alimón entre Nelson y Jonathan Pereira, que hizo que el balón le quedara franco a un especialista en aguarle la fiesta a los verdiblancos. Walter Pandiani, que en la primera vuelta fue el autor del gol de la victoria “perica”, ya marcó con el Espanyol, hace cinco temporadas (06-07), en circunstancias similares, un gol que escoció sobremanera al beticismo; y esta noche ha aprovechado el regalito de la zaga para clavar en la escuadra un inapelable zurdazo que, como aquel año, ha vuelto a “robarle” al Betis dos puntos que podrían ser importantes cuando la liga acabe, allá por mediados de mayo.

No obstante, visto el nefasto rendimiento que continúan dando sus rivales más directos, Racing y Sporting, sobre todo, el Betis no debería pasar demasiados apuros para mantenerse en Primera, a pesar de su irregularidad y su incapacidad durante muchos tramos del campeonato para sumar victorias. Sin ir más lejos, pese a este jarro de agua fría, los de las trece barras amplían un poco más más su ventaja sobre cántabros y asturianos, siendo ya de siete puntos. Un mal menor antes de la visita de los racinguistas dentro de tres días, partido vital éste para definir gran parte de las opciones de pasar un final de temporada relativamente tranquilo.

Es decir, que con un poco de perspectiva, el punto en sí ante un rival que pelea por jugar en Europa la próxima campaña no es malo aunque sea en casa; lo que verdaderamente fastidia a los béticos, obviamente, es la forma en la que ha llegado. Aunque, en honor a la verdad, la igualada final es el resultado más justo según los méritos -no demasiados precisamente- de ambos equipos.

Tras una primera mitad absolutamente tediosa, aburrida y de tanteo, el Betis apretó un poco el acelerador en la reanudación, y la meta de Kiko Casilla empezó a verse amenazada, aunque sin demasiado mordiente en las llegadas de los locales. La entrada de Jonathan Pereira -por un no muy afortunado Juanma- y de Pozuelo reactivó el ataque bético después de que el Espanyol se fuera sacudiendo el inicial dominio heliopolitano en el segundo acto del partido.

A doce minutos del final, el Betis encontró el gol en una gran jugada por la derecha del pequeño delantero gallego, que cabeceó inapelablemente el goleador, Rubén Castro, quien tras cuatro jornadas sin marcar anotó su 10º tanto en la liga. Parecía el gol salvador, el que daría al beticismo una buena dosis de tranquilidad después de que su vecino, el Sevilla, se estuviera deshiciendo del Racing al mismo tiempo.

Pero el destino, cual célebre canción de Sabina, le terminó gastando al Betis una nueva “broma macabra”. O, al menos, bastante fastidiosa. Después de que Didac perdonara el empate, apenas dos minutos después -en el último del descuento- Pereira, junto a Nelson, emborronó su gran actuación en los minutos que estuvo sobre el césped con el fallo tras el que el “Rifle” uruguayo fusiló a Fabricio. Si el domingo se da buena cuenta del Racing, probablemente esto no deje de ser poco menos que una anécdota. Mas si no es así, cuidadín, cuidadín, que últimamente (véanse sin ir más lejos las temporadas 08-09 en Primera y 09-10 en Segunda) el Betis suele salir a la larga seriamente perjudicado del indulto con el que, en situaciones como ésta, suele “obsequiar” a sus adversarios.

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¿Por qué en España los cuartos árbitros en cada partido son de inferior categoría con respecto a los principales?

Como creo que todos recordamos, en el Betis-Real Madrid del pasado fin de semana, Iturralde González se lesionó en el descanso y fue reemplazado por el cuarto colegiado, el vasco Sagués Oscoz, árbitro de Segunda División B que, para más inri, fue descendido la pasada temporada por sus nefastas actuaciones en Segunda A.

Sagués completó en Sevilla una actuación llena de errores, entre los que destacaron por encima de todos los dos flagrantes penaltis no señalados a favor del Betis, con los que los verdiblancos podrían haber ganado al gigante blanco. Jorge Valdano afirmó en Carrusel Deportivo, tras la primera de sus decisiones, que el “trencilla” no pitaría nada, para no meterse en líos.

Creo que las palabras del ex jugador y ex entrenador hispanoargentino, de las que tuve conocimiento al día siguiente, no pudieron ser más acertadas. Hasta cierto punto es, si no diculpable, sí al menos comprensible la actitud de Sagués, un pobre hombre al que los avatares del destino colocaron el sábado en primera línea de fuego, en un partido de la máxima categoría con el Madrid presente, y en un choque que, además, se le estaba complicando sobremanera a los de Florentino Pérez y José Mourinho.

El vasco debió estar pensando algo así como “virgencita, virgencita, que me quede como estoy, que no ocurra nada complicado…”; pero no tuvo fortuna. Los líos aparecieron y bien; y Sagués, al que apenas si le iba algo en el asunto ya que jamás va a arbitrar en Primera, optó por lo más cómodo: “esconder” la cabeza bajo la tierra, como los avestruces, máxime cuando las decisiones que debía tomar eran contra el equipo más poderoso -en todos los sentidos, deportivos y sobre todo extradeportivos- del fútbol español. Algo muy humano, si no quieres estar innecesariamente en el centro de la diana mediática. Total, nadie te va a reprochar nada porque todo el mundo sabe cómo has llegado hasta ahí.

No es Sagués el culpable de este desaguisado. Todo esto esconde lo que para mí no es sino una grave carencia dentro de la forma de designar a los colegiados en el fútbol español; una reflexión que no he escuchado en ni uno solo de los numerosos debates futbolísticos que se hacen a nivel nacional en los medios de comunicación; quizás porque el perjudicado el sábado no fue el Madrid.

¿Por qué los cuartos árbitros en el fútbol patrio profesional son colegiados de Segunda División B? Con lo fácil que sería colocar en ese puesto a los de Primera que no tengan que arbitrar el correspondiente fin de semana. En los campeonatos internacionales -Mundial, Eurocopa, Champions, Europa League…- quienes realizan la función de cuarto árbitro son todos ellos colegiados de élite, todos ellos con la escarapela que demuestra su internacionalidad. ¿Por qué no se hace aquí algo similar?

¿Se imaginan lo que llegaría a ocurrir si lo del sábado en Heliópolis hubiera tenido lugar, por ejemplo, en un Barça-Madrid? Claro que se lo imaginan: se habría armado un escándalo monumental. Y no es nada complicado evitar tanto riesgo, tanta diferencia de categoría, y tanto -humano- pasotismo. Hay veinte árbitros en Primera para diez partidos a la semana; y veintidós en Segunda, para un total de once encuentros. Pues ya está: un árbitro principal y un cuarto árbitro por choque, y todos ocupados cada jornada. Y si hay que darles a cada uno dos duros más -o euros, mejor dicho-, pues se les dan, y punto. Fíjense qué solución tan sencilla. El remedio no sería infalible del todo en el sentido de que fallos seguiría habiendo, aunque probablemente bastantes menos.

Pero claro, estamos en España, en la actual RFEF y con el señor Villar de presidente, el mismo que dice que la final de Copa no se fija a principios de la pretemporada porque en España no hay esa cultura. Posiblemente lo que planteo en este humilde artículo no sea sino pedir peras al olmo.

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El Barça gana la Copa de fútbol sala y el Atlético, la de balonmano

Polideportivamente hablando -más allá del fútbol-, además de eventos como la París-Niza de ciclismo -victoria de Bradley Wiggins, con Valverde tercero-, los mundiales de atletismo en pista cubierta -pésimo papel de nuestros representantes, con cero medallas y sólo cuatro finalistas- o la final de la Copa de la Reina de baloncesto -victoria del campeón de Europa, el Perfumerías Avenida, sobre el Ros Casares-, ayer se disputaron las finales de la Copa de España y la Copa del Rey, respectivamente, de dos de los deportes más populares en España, como lo son el fútbol sala y el balonmano.

En el “balompié pequeño” el dominio del F.C. Barcelona continúa siendo la nota predominante desde la pasada temporada. Los blaugrana, que sólo han cedido un título de los últimos cinco en juego -la última Supercopa, ante Inter Movistar-, revalidaron ayer su corona en la Copa de España al imponerse en la final por 5-3 a un gran Autos Lobelle, que logró forzar la prórroga ante el mejor equipo del panorama nacional.

Hubo que esperar hasta la segunda parte para ver una final realmente bonita, pero mereció la pena. Tuvo que ser la gran leyenda del fútbol sala nacional, Javi Rodríguez -para mí el mejor español de la historia junto a Paulo Roberto “Maravilla”- quien a los 27 minutos abriera el melón a los siete minutos. “Rodri”, como se puede suponer a sus casi 38 años, cada vez juega menos minutos, pero ayer dio una clara muestra más de su experiencia y categoría al mandar al fondo de la red un saque de esquina de Wilde.

A partir de ese momento se vivió un gran espectáculo. Cuando nadie daba un duro por Lobelle, el equipo gallego salió respondón e igualó el marcador por dos veces, con sendos golazos de Raúl Campos y de Rubi, una de las grandes revelaciones del torneo. Entre medias, Wilde había hecho el 2-1 a puerta vacía, tras una enorme jugada de Jordi Torras.

Se llegó a la prórroga afortunadamente para el espectáculo, y en ella el Barça definitivamente impuso su ley con dos goles de auténtico oportunista de Sergio Lozano, en sendas jugadas de estrategia. El máximo goleador de la Liga Nacional de Fútbol Sala y autor de dos tantos en la final del último Europeo de Naciones fue decisivo, junto a las buenas paradas de Cristian, para decantar un triunfo que cerró Wilde, con un último gol lejano cuando Lobelle ya jugaba con portero-jugador. Charlie dejó intacto el honor de los santiagueses con el definitivo 5-3.

ATLÉTICO, “REY” EN EL BALONMANO
Por el contrario, la entidad azulgrana no tuvo tanta fortuna en la otra final que disputaron ayer. El Balonmano Atlético de Madrid, heredero del BM Ciudad Real y continuador para el mundo colchonero de la histórica sección que se cargó Gil y Gil hace casi veinte años -aunque el nombre real del actual club sea Balonmano Neptuno y el Atlético “sólo” ponga el patrocinio-, se proclamó ayer de manera absolutamente merecida campeón de la Copa del Rey, al pasar por encima del Barça (37-31) en una segunda parte estelar. Es el sexto título de los colchoneros, que no la ganaban desde 1987, y el primero desde su reciente “refundación”.

Los pronósticos daban como favoritos a los de Talant Dujshebaev, ante un rival poderoso pero que no parece atravesar un excelso momento de forma, como se vio en los cuartos ante Naturhouse La Rioja y en semifinales frente a Cuatro Rayas Valladolid. La fulgurante salida azulgrana (9-13, con gran comienzo de Nagy y Rutenka) poco a poco fue abortada por los atléticos gracias a la aportación de Joan Cañellas, para llegarse al descanso solamente con un tanto de renta para el Barça (14-15).

Y en la segunda mitad, ante el progresivo apagamiento físico de los jugadores de Xavi Pascual, apareció la defensa atlética, las lecciones magistrales en la portería de todo un veterano como “Joseja” Hombrados -que, a sus cuarenta años, parece ir mejorando como los buenos vinos-, y una increíble efectividad en ataque que hizo que todo lo que lanzaran los rojiblancos les entrada durante diez o quince minutos, ante la desesperación de Saric y Sjostrand, los guardametas del Barça.

Fue así como el Atlético forjó una renta definitiva (32-25) que apenas si pudo ser maquillada al final por el campeón de liga y de Europa, tan cansado como desquiciado por el poderío de un equipo que, como su antecesor Ciudad Real, volverá a pelear con todas las opciones del mundo por arrebatarle al Barça la hegemonía tanto en España como en el Viejo Continente; y en este último caso sacarse una espinita que el balonmano colchonero tiene clavada desde que en 1985 la sección que dependía del club se topara con la histórica Metaloplastika de Sabac.

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El Betis merece ganar al Madrid, pero el árbitro le corta las alas (2-3)

BETIS 2-R.MADRID 3 (Jornada 27ª, 26 real, en Primera División)

El Madrid no necesita ayudas de este tipo para ganar los partidos. O, al menos, no las debería necesitar. El todopoderoso equipo de Florentino Pérez y José Mourinho, hecho a golpe de talonario, tiene jugadores lo suficientemente buenos como para ganar la liga de la forma que lo está haciendo este año: indiscutiblemente. Pero hoy ha precisado de un inestimable favor arbitral para llevarse los tres puntos del Benito Villamarín.

Sagués Oscoz; apunten ese nombre, porque es el de un colegiado de 2ªB que, si no deja el arbitraje, a buen seguro que lo tendremos dentro de no demasiados años pitando en la élite, visto cómo parecen estar las cosas actualmente en el fútbol español. Sagués Oscoz debió entrar en el descanso por lesión de Iturralde González -considerado abiertamente por la prensa nacional como árbitro “pro Villarato-Barça”-, y se ha tragado sendas manos de Xabi Alonso y Sergio Ramos, a cada cual más clamorosa, con las que el signo del partido habría cambiado radicalmente.

Habrá quienes me tachen de osado, sobre todo si no han visto el partido, pero no dudo ningún momento en afirmar que hoy el Betis ha merecido ganar el partido y romper el impresionante récord de victorias a domicilio -ya son diez consecutivas- que ha establecido el que va a ser un merecidísimo campeón de liga.

Lo digo así, tal y como lo pienso. El clásico planteamiento atrevido de Pepe Mel no sólo ha puesto contra las cuerdas al gigante madridista -al que, además del arbitraje, ha salvado su enorme pegada-, sino que además ha debido traer como resultado tres puntos de oro con los que el Betis habría dado un paso realmente gigantesco hacia la salvación. Pero hoy no le han dejado vencer, y ojalá no tenga que acordarse a final de temporada de estos dos penaltis el día en el que al Madrid se le permitió poco menos que jugar a balonmano en su propia área.

VALIENTE Y EFECTIVO DE SALIDA
El Betis sorprendió al Madrid de inicio; un Madrid que quizás no se esperaba la gran salida de los heliopolitanos. El resultado, un golazo a los diez minutos, en una contra letal que se inició con una carrera de Nacho por la izquierda. Su centro lo controló Rubén Castro -no, no hubo manos, señores de LaSexta- y, acto seguido, le cedió la pelota a Jorge Molina, que fusiló a Casillas sin piedad. Quinto gol de la temporada del alcoyano -tercero seguido-, y segundo al Real Madrid.

Todo el mundo esperaba que, tarde o temprano, el Madrid reaccionara; pero por el momento lo que había era un Betis que, de la mano de un extraordinario Jefferson Montero, le estaba creando en ataque a los hoy de rojo bastantes más problemas de los que todos ellos podían esperarse. Pero dejarles un metro a estos tipos es mortal. Eso hizo el Betis a los 24 minutos al perder un balón en medio campo, y el resultado fue un mortal contragolpe que Higuaín culminó con el gol del empate.

No obstante, el Madrid continuó sin ser superior. Las mejores ocasiones, no demasiadas pero sí bastante claras, seguían siendo del Betis. Jorge Molina no controló un buen pase dentro del área a los 39 minutos con el que habría vuelto a quedarse solo ante Casillas; y un minuto más tarde Salva Sevilla mandó un libre directo al travesaño. Pese a esta acción, el almeriense no ha tenido su día, siendo probablemente el peor de los béticos en la noche de hoy.

DECISIVO RELEVO ARBITRAL
Tras el descanso, se produjo el cambio que terminó por decantar el partido a favor del Madrid. Y no lo hizo Mourinho; simplemente el cuarto árbitro, el debutante Sagués Oscoz, reemplazó al lesionado Iturralde, que hasta entonces estaba realizando una labor bastante buena. Su nefasto arbitraje -quiero pensar que por su inexperiencia, aunque tampoco descarto algo de miedo- le ha restado protagonismo al excepcional partido que continuó viéndose en la segunda mitad.

Cristiano Ronaldo, desaparecido en combate en el primer tiempo, hizo de “killer”, y “cazó” un balón a los seis minutos ante la indecisión de la defensa bética para batir a Fabricio y hacer el 1-2. Cualquier equipo, a excepción del Barça, se habría rendido indefectiblemente ante esta adversidad, conocedor del sobresaliente potencial de los “merengues”; pero este Betis hoy estaba torero. Tres más tarde Jefferson Montero encontró el premio a su incansable labor ofensiva batiendo a Casillas por bajo, con la derecha, tras el rechace de un córner.

LA VERGÜENZA Y EL ESCÁNDALO INVADEN HELIÓPOLIS
Ya sí que se podía pensar que el espíritu del “CurroBetis” sobrevolaba el casi repleto Benito Villamarín, conduciendo al beticismo a otra de esas noches mágicas que este singular equipo les regala de vez en cuando; pero Sagués Oscoz empezó por obviar la fiesta “tragándose”, al cuarto de hora, una mano flagrante de Xabi Alonso. Fue la primera de las dos penas máximas que se han marchado al limbo. Cierto es que la acción es involuntaria, pero con la mano despegadísima del cuerpo el reglamento es claro: penalti. Penalti para todos, menos para el novato.

El infortunio se agravó para el Betis cuando de nuevo el goleador portugués aprovechó la candidez de Dorado para remachar una gran parada de Fabricio después de un saque de esquina, y hacer el gol de la victoria del Madrid, su 31º en lo que llevamos de temporada. Era el minuto 72 y, pese a los cambios -entraron Pozuelo, Santa Cruz y Cañas-, el Betis estaba ya muy cansado.

Mas no era plan de darse por vencido; y a fe que los de Mel habrían obtenido un justísimo premio si Sagués Oscoz, quién si no, hubiera visto cómo Sergio Ramos, emulando a su compañero Casillas, desvió con la mano -sí, CON LA MANO y no con el muslo, señor Andújar Oliver, árbitro del mundo MARCA- el disparo final de Jefferson Montero que habría acabado en la red, a buen seguro. Cierto es que esa jugada era más de su asistente que de él mismo, pero la única verdad es que se pasó de penalti y expulsión del camero al evitar un gol casi cantado, al final del partido.

Al Madrid este escándalo no le va a hacer ganar la liga -al menos si analizamos éste por separado, porque si echamos la vista atrás…-, pero repito y reitero: con lo apretado que está todo ojalá el Betis no tenga que acordarse a final de temporada de estos tres puntos que hoy terceras personas le han impedido ganar. Tras las lamentaciones de mañana, tocará quedarse con lo positivo, con la gran imagen dada ante el mejor equipo de la liga; e intentar retomar el camino de la victoria exactamente dentro de siete días, en un campo ciertamente complicado como el estadio de Vallecas.

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Notable despedida de Eduardo Vasco de la CNTC

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: EL PERRO DEL HORTELANO
AUTOR: Lope de Vega
COMPAÑÍA: Compañía Nacional de Teatro Clásico
REPARTO: Eva Rufo, David Boceta, Joaquín Notario, Isabel Rodes, Pedro Almagro, Alberto Gómez, María Besant, Luisa Martínez, David Lorente, Rafael Ortiz, Miguel Cubero, David Lázaro, José Juan Rodríguez y José Luis Santos.
MÚSICA: Alba Fresno (Viola de Gamba), Sara Águeda (Arpa) y Eduardo Aguirre de Cárcer (Percusión)
ESCENOGRAFÍA: Carolina González
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
VERSIÓN Y DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 9-3-2012
AFORO: Casi lleno
DURACIÓN: Unas dos horas
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Se puede afirmar, no necesariamente con connotaciones negativas, que Eduardo Vasco no es el que era. Sin dejar los grandes dramas, parece que el director madrileño se está haciendo más prolijo últimamente en comedias y montajes especialmente vistosos y divertidos, como si pretendiera llegar más aún al público, o bien demostrar que es capaz de dominar todos los registros de la dirección escénica. Tal vez haya de todo un poco.

Y precisamente ha elegido una de las comedias más populares de nuestro “Fénix” de los Ingenios para despedirse, esperemos que sólo temporalmente, de las colaboraciones con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, una vez abandonado su cargo de director de la misma. El perro del hortelano, la comedia palatina que cuenta la turbulenta relación entre Diana, Condesa de Belflor, y su secretario Teodoro, sita en Nápoles -para burlar las restricciones de la “Santa” Inquisición del siglo XVII- y con el amor de distintas clases sociales de por medio, es uno de los títulos más conocidos de Lope de Vega, aunque para mi gusto un escalón por debajo en cuanto a calidad de El castigo sin venganza, Fuenteovejuna y El caballero de Olmedo.

Como casi cada vez que andan de por medio Vasco y la CNTC, las virtudes del montaje superan en mucho a los defectos; así que comenzaremos por estos últimos para así quitárnoslos de enmedio cuanto antes. El primero de ellos es David Boceta, el actor que interpreta a Teodoro. No es que lo haga fatal, ni mucho menos; pero no da la talla en comparación con sus compañeros de reparto, especialmente con Eva Rufo. Se supone que Teodoro es un personaje que, moviéndose primero por el interés de ascender social y nobiliariamente siendo conde de Belflor, termina enamorándose de Diana; y Boceta en ningún momento da la sensación de experimentar dicha evolución dado que su interpretación, cuando más calidez y emotividad requiere, es tremendamente fría.

Y la segunda nota negativa viene del exagerado tratamiento de chanza que se le da a la aparición del Conde Ludovico, el “padre” de Teodoro -llevado de forma excelente por el veterano José Luis Santos-. La ridiculización de los representantes de las clases nobles -a excepción de Diana- mostrada por Eduardo Vasco funciona muy bien durante toda la obra, como puede verse con el Marqués Ricardo (David Lorente), el Conde Federico (Miguel Cubero) y sus respectivos criados (Rafael Ortiz y David Lázaro); pero una escena como la del viejo Conde Ludovico en la que un padre cree haber encontrado a su hijo debía haber sido tratada de otra forma, más seria y con mucha más emotividad.

Son las dos “pegas” de un montaje que por lo demás, cumple de manera excelente con aquello para lo que ha sido creado: dar a conocer un poco más a Lope y a la parte principal de su obra; y divertir al público con un producto de calidad. ¿Cómo? Pues para empezar, colocando en el reparto a EVA RUFO.

Esta actriz madrileña, dada a conocer hace algunos años en la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, y a quien pude ver hace algo más de un año en El alcalde de Zalamea como Isabel, la hija de Pedro Crespo, interpretando magistralmente su monólogo en el acto final de la obra de Calderón, literalmente se luce en El perro del hortelano con una actuación en la que combina perfectamente la actitud desdeñosa de Diana con la carga dramática de la condesa enamorada, esa que que es incapaz de mostrar con Teodoro su “partenaire” David Boceta.

Sin duda, la presencia de Eva Rufo supone lo mejor de todo el montaje; aunque sería injusto que eclipsara a otro veterano como Joaquín Notario, capaz de meterse hace meses en la piel de Pedro Crespo y luego, en su siguiente trabajo, pasar perfectamente por el típico criado gracioso de las comedias lopescas -Tristán, en este caso- capaz de ayudar a su amo y de engañar a los demás siempre para sacar beneficios tanto para éste -Teodoro- como para él mismo. Su prestigio como actor escénico queda de manifiesto una vez más.

La música, como prácticamente en la totalidad de los trabajos de Vasco, también está presente de forma muy acertada, combinando el sonido de la viola de gamba (tocada por Alba Fresno) con el arpa (Sara Águeda) y los instrumentos de percusión (Eduardo Aguirre de Cárcer), ubicados al fondo del escenario. Todo ello, además, con una dosis de canto -coral e individual, con Miguel Cubero- que parece haber adoptado el director madrileño para la gran mayoría de sus montajes -tanto en la CNTC como ahora en Noviembre Teatro- desde que exhibiera el calderoniano texto El pintor de su deshonra .

El vestuario, de diez, como suele ocurrir con Lorenzo Caprile; mientras que, escenográficamente hablando, Eduardo Vasco abandona su clásico minimalismo para ofrecernos una destacada variedad de telones, celosías y demás elementos escénicos que, a su manera, contribuyen a que la despedida de Vasco de la CNTC sea, si no clamorosa y sobresaliente, sí al menos notable y próxima a la máxima calificación y consideración, al menos por mi parte.

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Se nos fue la mitad del dúo que “hizo” cantar a Mary Poppins

Probablemente a muchos de los jóvenes actuales el nombre de Robert Sherman no les diga prácticamente nada. Si añadimos que, junto a su hermano Richard, fue el santo y seña de muchas de las canciones incluídas en los clásicos de Disney -con las que crecimos más de uno y más de dos, y con las que todavía nos seguimos deleitando de vez en cuando hoy en día-, tal vez les suene algo más. Y si concluimos con que uno de sus trabajos fue la banda sonora de Mary Poppins, probablemente le terminen de ubicar.

Pues bien, Robert Sherman, el “compositor supercalifragilístico” como he leído en alguna que otra página web, falleció el pasado martes, a los 86 años de edad, en Londres. Como dúo, los Sherman trabajaron durante muchos años con la compañía de Walt Disney, siendo su éxito más sonado la ya citada banda sonora de la que, para muchos, es la película más conocida del “padre” de Mickey, Donald, Pluto y muchos otros personajes mundialmente conocidos. Gracias a ella ganaron el Óscar a la Mejor Banda Sonora y a la Mejor Canción Original (Chim Chim Cher-ee), en 1965.

A la muerte de Disney ambos dejaron la compañía, aunque todavía colaboraron con ella en otros títulos realmente extraordinarios como El libro de la selva, Los aristogatos o La bruja novata; antes de “independizarse” por completo y seguir con su trabajo como compositores, continuado con otra comedia de éxito como Chitty chitty, bang bang.

Robert nos ha dejado; pero, en homenaje a su memoria, dejo parte de su legado con el que, junto a Richard (todavía vivo), nos hizo disfrutar en su momento, y nos sigue haciendo disfrutar todavía en estos tiempos que corren, allá por el siglo XXI.

(Todas las canciones estarán colgadas en su versión original en inglés, ya que las adaptaciones al español no son suyas)

SUPERCALIFRAGILÍSTICOEXPIALIDOSO, Mary Poppins:

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CHIM CHIM CHER-EE:

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FEED THE BIRDS:

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I WANNA BE LIKE YOU (El libro de la selva):

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Y muchas otras más, que poco a poco iré añadiendo; para que quien visite esto las disfrute, como lo sigo haciendo yo.

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El “Centenariazo” del Depor cumple diez años

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (35)

Fue, sin duda, el mayor “campanazo” del mundo del fútbol en 2002. Todo estaba preparado para que el Real Madrid ganase aquella edición de la Copa del Rey. Era el Madrid un equipo, como el de hoy, hecho por Florentino Pérez auténticamente a golpe de talonario -Figo, Zidane, Roberto Carlos… más Raúl, Íker Casillas o Fernando Hierro- en el que el único miembro de perfil modesto era su técnico, el hoy campeón del mundo con España Vicente Del Bosque.

El club blanco cumplía cien años aquel 6 de marzo; desde principios de la temporada la Federación Española decidió que la final de Copa se jugaría ese día, el 6 de marzo… y en el estadio Santiago Bernabéu. El Madrid, un conjunto confeccionado para ganarlo absolutamente todo, no falló y llegó al choque decisivo, como se esperaba.

Su rival era el Deportivo de La Coruña, dirigido por “Jabo” Irureta; pero a poca gente más allá de los deportivistas parecía importarle verdaderamente, a pesar de que dos años antes habían sido campeones de liga, y en el presente luchaban por ella. Quien más quien menos, con un Bernabéu ocupado al 65-70% por seguidores blancos -recordemos, en una final las entradas deben repartirse al 50% entre ambas aficiones, aunque uno de los clubes sea el anfitrión-, esperaba que después de los noventa minutos Fernando Hierro levantara el primero de todos los títulos que Florentino Pérez esperaba ganar aquel año tan especial para la historia del Madrid.

Un título que, además, llevaba el Madrid sin poderlo ganar desde hacía nueve años… y que iba a tener que esperarlo otros ocho más. Porque el Depor, muy cómodo en su papel de “David”, sorprendió a propios y extraños derrotando a “Goliat” Madrid por 1-2, y llevándose una Copa muy especial no sólo por conseguirlo en las circunstancias ya comentadas, sino porque el llamado Campeonato de España también cumplía cien años en aquel histórico 2002.

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Los goles en el primer tiempo de Sergio y de Diego Tristán hicieron inútil por completo el de Raúl al cuarto de hora de la segunda mitad. El Bernabéu, salvo el fondo de los seguidores blanquiazules, claro está, se quedó boquiabierto y patidifuso: el “Depor”, el “SuperDepor versión 2.0”, había castigado la prepotencia no tanto de los profesionales merengues, sino sobre todo de su junta directiva… y, por qué no decirlo, de su prensa afín. Aquella gesta, a imagen y semejanza del celebérrimo “Maracanazo” de 1950, pasó a ser conocida como el “Centenariazo”; y supuso el primer gran mazazo para Florentino Pérez como presidente del Madrid, y como deseoso dominador del fútbol mundial.

En total, el Deportivo -ahora inmerso en un más que probable retorno a Primera División- posee una liga, dos Copas y tres Supercopas de España; y ha llegado una vez a semifinales de la Champions y otra a la misma ronda de la ya extinta Recopa. Para todos esos logros la afición coruñesa guarda un hueco en su corazón; pero me atrevería a decir que, pese a que la liga del 2000 es lo más grande que ha conseguido el Depor en su historia, el título más y mejor recordado de todos es aquél que hoy celebra su primera década, la Copa que levantó Fran. Porque no sólo se enfrentaron al considerado como mejor equipo del siglo XX en su casa, en su Centenario, y en una Copa que se la habían puesto en bandeja de plata; sino que además, ganaron.

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Ocasión perdida ante un sólido Levante (3-1)

LEVANTE 3-BETIS 1 (Jornada 26, 25ª real, en Primera División)

El Betis ha desperdiciado una oportunidad pintiparada de haber puesto una distancia casi definitiva con respecto a los puestos de descenso, al haber perdido esta noche por 3-1 frente a un renacido Levante, que tras ocho semanas sin ganar ha enlazado dos triunfos seguidos y mantiene la cuarta plaza.

El técnico levantinista, Juan Ignacio Martínez, ha sido más inteligente que Pepe Mel a la hora del planteamiento de su equipo. Sin hacer un juego espectacular, su sólida defensa ha anulado por completo el juego de ataque de un Betis monopolizador del balón en la primera parte, pero falto absolutamente de mordiente a lo largo de todo el partido. Y al contragolpe han sido, sencillamente, letales.

Los valencianos, que no ganaban en casa desde que en diciembre derrotaran al Sevilla, apenas si llegaron tres veces a la meta de Fabricio en el primer tiempo, pero aprovecharon dos de ellas; justo lo contrario que un Betis cuya delantera fue incapaz de culminar las acciones de Jefferson Montero, espectacular en el dribling y el desborde cerca del área, pero más deficiente en los pases.

El Levante aprovechó, a los 34 minutos, la segunda de las dos faltas -más que dudosas ambas- cercanas al área señaladas sobre Ghezzal, toda una pesadilla para la zaga verdiblanca. Barkero, con un soberbio disparo, batió a Fabricio; y ocho minutos más tarde Xavi Torres, solo como la una cabeceó a la red un centro comodísimo de Juanfran. Demasiado castigo, por entonces.

De nada le sirvió a los heliopolitanos el gol de Jorge Molina -segundo consecutivo suyo, al aprovechar un error garrafal, el único, de la zaga “granota”- al filo del descanso. Un contragolpe letal de los locales, llevado por Ghezzal y culminado por Koné a los cinco minutos de la segunda parte -con la defensa por completo de espectadora de excepción ante la acción del pasador- acabó con todas las esperanzas béticas de remontada.

Los valencianos tuvieron unos minutos en los que, siempre a la contra, pudieron golear a un Betis desnortado; pero no lo hicieron. Sin embargo, como durante casi todo el partido, supieron contener adecuadamente a un ataque, el verdiblanco, que no mejoró ni tan siquiera con la entrada de Roque Santa Cruz. Sólo un cabezazo postrero al palo de Rubén Castro y una parada de Munúa a tiro de Jorge Molina inquietaron la meta de un tranquilo Munúa.

El descenso, no obstante, sigue estando a seis puntos. Pero la visita del Madrid dentro de cinco días hace inevitable pensar que entre el empate de la pasada semana contra el Getafe y la derrota de hoy, el Betis ha desaprovechado la ocasión de su vida no de luchar por Europa, sino de haberse alejado definitivamente de la quema y de empezar a pensar en vivir un ilusionante final de temporada.

No ha sido así, y aunque la irregularidad de los de abajo hace que la distancia con el descenso sea relativamente cómoda -seis puntos-, toca seguir remando durante algunas jornadas más -cuidado, porque las dos próximas, Madrid y Rayo, no son nada proclives para sacar rédito- para seguir soñando con cumplir lo antes posible el objetivo real y único: permanecer, a ser posible de forma más o menos holgada, en Primera División.

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