22 de enero de 1995: el día en el que Alexis ejecutó la venganza del beticismo



MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (37)

Ganarle al Sevilla supone la mejor victoria posible para un bético -y viceversa-, siempre y cuando como mínimo se acabe la temporada de turno en Primera División. Así sucedió el pasado miércoles gracias a los dos libres directos de Beñat, gran artífice del último triunfo bético en el Sánchez Pizjuán.

No es el feudo sevillista un lugar en el que hayan abundado las victorias del Betis, ya sea en liga, Copa o en cualquier otro tipo de enfrentamientos; pero en la memoria verdiblanca sobresale la Copa Spencer de 1926 (trofeo creado por el Sevilla en memoria de su gran jugador Enrique Gómez “Spencer”, y que el Betis se lo “arrebató” ganándole en el campo de la Avenida de la Reina Victoria); la inauguración tanto del estadio de Nervión (1928) como del Sánchez Pizjuán (1958, en partido oficial); el primer derbi en Primera (0-3 en la temporada 34-35, la del título del Betis); o el 0-3 de finales de 1996.

Pero si hay una especial para los béticos dentro de la “era moderna”, esa es sin duda el 0-1 del 22 de enero de 1995, en la primera temporada completa de Lorenzo Serra Ferrer en el banquillo heliopolitano. Una victoria con muchas connotaciones para la tradicionalmente padecedora hinchada verdiblanca.

El Betis había retornado a Primera después de tres años en Segunda y varios más de penurias, que incluso estuvieron a punto de llevarle a la desaparición en el famoso 1992; mientras que su terno rival, sin llegar a la gloria absoluta de la segunda mitad de la primera década en el siglo XXI, gozaba de una bonanza que le llevaba a pelear año tras año, aunque sin conseguirlo casi nunca, por entrar en Europa.

En el estadio, durante el transcurrir de los partidos, la peña Biri Biri hacía chanza, mofa y escarnio sobre la dramática situación que estaba viviendo su vecino, con ataúdes y muñecos apaleados vestidos de verdiblanco, que bien pudieron verse por las televisiones de toda España. Pero el aficionado bético, como durante toda la historia de su equipo, supo sufrir y esperar su momento.

Y éste llegó. El Betis, dirigido por Manuel Ruiz de Lopera en los despachos -sí, Lopera también hizo cosas muy buenas, sobre todo en sus primeros años- y por Serra en el banquillo, salió por fin del pozo de la Segunda, y con jugadores modestos más destacados canteranos, consiguió armar un magnífico equipo. Era el Betis de los Cuéllar, Alexis, Aquino, Merino, Cañas, Ureña, Roberto Ríos, Márquez, Menéndez, Vidakovic, Sabas, Jaro… y también del actual director deportivo, Vlada Stosic, así como de un Rafael Gordillo que daba sus últimos coletazos como profesional del fútbol de élite.

El Sevilla, por su parte, con Luis Cuervas de presidente y Del Nido como segundo de a bordo, contaba con el gran Luis Aragonés en el banquillo y con una pléyade de buenos jugadores encabezados por Suker, y secundados por Moya, Unzúe, el “Nanu” Soler, Diego, Jiménez (el ex técnico sevillista y actual preparador del Zaragoza), Prieto o Rafa Paz.

La fecha, 22 de enero de 1995, en la 18ª jornada y penúltima de la primera vuelta. Un derbi por todo lo alto porque si el Sevilla estaba cumpliendo ocupando posiciones UEFA, el Betis también. El equipo de las trece barras contaba, como el Sevilla, con 20 puntos -por entonces las victorias valían sólo dos- sumados a base de buena defensa, de la labor en medio campo de Alexis y Stosic, y del talento en ataque de Cuéllar.

En un derbi no excesivamente bonito pero jugado de poder a poder, a los 18 minutos del segundo tiempo Stosic robó un balón en medio campo, Cuéllar se la dio a Cañas anticipándose a Jiménez, y el roteño se marchó como una exhalación desde la derecha hacia el área del Sevilla. Al entrar en ella recortó a Diego, y el ex bético le derribó claramente. Penalti, tal y como dijo Carlos Martínez en la retransmisión de Canal +, como una casa.

La responsabilidad era para el capitán, el “matemático” Alexis, como le “rebautizó” el gran Manolo Melado. El canario colocó el balón y, delante de un Gol Sur repleto de béticos, batió a Unzúe con un gran disparo a media altura, y consumó la venganza a tanto pisoteo como el que tanto el Betis como su afición habían tenido que aguantar a lo largo de aquellos años.

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A más de uno se le cayó una lágrima; no era para menos. En la segunda vuelta, el Betis remató la faena de aquella histórica campaña repitiendo victoria sobre su eterno rival en el Benito Villamarín (2-1, con el no menos célebre gol del “vaquerito” Sabas), y sellando el tercer puesto y la quinta clasificación para competiciones europeas (UEFA) por la puerta grande, ganando ni más ni menos que en el Bernabéu. Pero el agravio real había quedado vengado aquella noche, tan memorable como emocionante para los béticos, de enero del 95.

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