Drogba y Cech alargan la maldición del anfitrión



Si Didier Drogba no hubiese errado el penalti que impidió a Costa de Marfil ser campeona de África ante Zambia, posiblemente hoy en día sería el candidato más serio para llevarse el Balón de Oro FIFA 2012. Porque una gran parte de la Champions que el Chelsea le acaba de arrebatar al Bayern Munich, en el mismísimo Allianz Arena de la ciudad bávara, lleva su nombre.

Y si no, repasemos: a sus 34 “tacos” y en un Chelsea ultradefensivo, él fue el hombre que encarriló la semifinal con el Barça gracias a su gol en la ida; él ha sido quien, con su tremendo cabezazo casi sobre la hora, ha salvado a los “blues” de una segura derrota esta noche; y no contento con ello, en la tanda ha demostrado una sangre fría increíble para anotar el penalti decisivo, el que le ha dado al Chelsea la primera Champions de su historia.

Claro que este título no habría sido posible sin la aportación de Peter Cech. Él solito, ante la mediocre calidad defensiva de sus zagueros, se encargó de abortar, una a una, la mayoría de las intentonas por parte de los jugadores del Barça en la semifinal; él se ha encargado de subsanar, en la prórroga, el único error de Drogba parando el penalti de Robben.

Y el guardameta checo, no contento con ello, se ha encargado de ponerle “botando” el triunfo colectivo a su equipo y personal a su compañero adivinando las cinco penas máximas del Bayern en la tanda definitiva, desviando dos de ellas. Cierto es que en el casi definitivo gol de Thomas Müller pudo haber hecho algo más, pero su actuación posterior le redime absolutamente.

La otra cara es la del Bayern. Era “su” final, la que más deseaban ganar al celebrarse en su propio estadio, pero al final la maldición del anfitrión, aquélla que dice que el organizador de la final no gana el título desde que lo consiguiera el Inter de Milán en 1965, ha terminado por imponerse.

Los muniqueses han intentado de todas las formas posibles abrir el candado del italianizado Chelsea, pero no han tenido la claridad suficiente ni para crear un número avasallador de ocasiones, ni para culminar con claridad aquellas que se han podido sacar de la chistera. Mal Robben -su penalti errado en la prórroga le perseguirá casi tanto como su doble error ante Casillas en la final del Mundial-; mal Ribery; y mal Mario Gómez, todos ellos no tanto en el juego sino más bien en el tiro a puerta.

Incluso el cabezazo que convirtió Thomas Müller, picado pero muy flojo en una gran posición del delantero internacional germano, se puede catalogar como deficiente. No obstante, el Bayern lo tuvo en la mano cuando el Bota de Oro del último Mundial consiguió alojar el balón en la portería londinense faltando escasos siete minutos para el final; pero los bávaros se olvidaron de la fuerza y la calidad de Drogba. Minuto 88, único córner forzado por el Chelsea hasta el momento: centro de Mata y poderoso remate del marfileño, imparable para Neuer.

Luego, ya en el tiempo extra, vendría la crucial intervención de Cech en el penalti horriblemente lanzado por Robben. En ese momento, la suerte de la final estaba echada. Dio igual que Neuer luchara denodadamente por convertirse en el héroe de su equipo, abortando el primer penalti “blue” de la tanda -el de Mata- y convirtiendo uno con posterioridad. Cech volteó la situación desviando los lanzamientos de Olic y Schweinsteiger -éste de forma muy ligera, pero efectiva, antes de que el balón fuera al poste-; y Drogba se dio el gustazo de rubricar la primera Champions para esta generación de jugadores a la que tanto le ha costado conseguirlo.

Y más que a ellos, a Roman Abramovich, que se ha dejado una fortuna a lo largo de nueve años para terminar ganando con un estilo, el clásico “catenaccio” -personificado esta vez en Roberto Di Matteo-, repudiado por todos aquellos a los que nos gusta el buen fútbol -no obstante hoy, con la gran cantidad de bajas, tenía “bula” para jugar de nuevo así-, pero que ha llevado al Chelsea a la victoria gracias a dos artistas en sus respectivas demarcaciones: Drogba y Cech.

Twitter: @victordiaz79

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