Archivo julio, 2012

Ferrari: así, sí


Fernando Alonso ganó ayer el Gran Premio de Alemania de Fórmula 1, y aumenta su distancia al frente del Mundial. Al asturiano (154 puntos) le separan ya 34 de Mark Webber (120) y 44 del actual bicampeón Sebastian Vettel (110). Una distancia ni mucho menos definitiva porque aún quedan diez carreras -la próxima, sin ir más lejos, este domingo en Hungría-, pero sí importantísima y, sobre todo, impensable a principios de temporada.

Es la tercera victoria de Alonso en 2012, y si en la primera (Malasia) se pudo aprovechar de su pericia sobre mojado y en la segunda (Europa/Valencia) de una avería de Vettel -además de su coraje y su arrojo-, la de ayer en Hockenheim, en casa del “monarca” de la Fórmula 1, no ofrece ningún paliativo. Toda una lección sobre seco -tras su “pole” del sábado bajo el agua- en la que, además de su enorme calidad como piloto, se puso de manifiesto la notable mejora de su coche, el Ferrari.

Desde hace ya algunos años existe no un quórum, pero casi, sobre el paddock acerca de que el mejor piloto que hay en la parrilla no es otro que Fernando Alonso; afirmación que se puso de manifiesto cuando en 2010 estuvo a punto de ganar el Mundial tras remontar una barbaridad de puntos a mitad de temporada, y que se confirmó el pasado año cuando, con algo más parecido al “troncomóvil” de los Picapiedra que a un Fórmula 1 supo “arrancar” una victoria a los invencibles Red Bull, además de lograr varios podiums. Por eso más de uno, cuando el Ferrari -que además era, y sigue siendo, sinceramente, feo como ningún otro- estaba a dos segundos de Vettel/Webber y de los McLaren antes de empezar la campaña, nos lamentábamos -me incluyo entre ellos- de que en Maranello fueran incapaces de darle al campeón de 2005 y 2006 simplemente un monoplaza competitivo.

Fuimos muy duros entonces con Luca Cordero di Montezemolo y Stefano Domenicalli; así que ahora, cuando está a punto de cumplirse el ecuador del campeonato, veo más que justo alabarles por haber sabido dar, antes de que fuera demasiado tarde, con la tecla para proporcionar a Alonso lo que éste necesitaba para volver a la senda de las victorias o, por lo menos, de los podiums con regularidad.

El Ferrari sigue sin ser el coche más rápido -Red Bull y McLaren todavía le superan, y Lotus anda ahí, ahí-, y todavía, en determinados circuitos, las prestaciones con determinados tipos de neumáticos -por ej. en Silverstone con los duros-; pero esos casi dos segundos por vuelta de los que hablábamos antes han trocado en un monoplaza capaz de rendir en condiciones en casi todas partes.

De tal forma que, aunque todavía les queda margen de mejora con respecto a sus rivales -miren si no dónde está Massa, 14º con unos míseros 23 puntos-, el magisterio y la magia al volante de Fernando Alonso hace el resto como para que estén en disposición de volver al trono de la Fórmula 1, al menos en el campeonato de pilotos, el que realmente vale.

Un magisterio que, durante el año pasado y las primeras carreras de éste, ni tan siquiera era suficiente como para estar ahí arriba de forma regular, a excepción de los oasis británico en 2011 y malayo a principios de temporada. Y ahí residen mis alabanzas y felicitaciones a la mítica “Scuderia” del “cavallino rampante”. Porque así es mucho más fácil que tanto ellos como sobre todo Alonso -en lo que nos respecta a los españoles- sean de nuevo campeones del mundo.

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Gran Bretaña arrasa en un Tour ciertamente mediocre


Se acabó el Tour de Francia 2012, con la confirmación del ascenso definitivo a la élite del ciclismo británico, merced al dominio avasallador del equipo Sky: victoria final de Bradley Wiggins (más dos etapas); segundo puesto para Chris Froome (una etapa); y tres triunfos parciales para la bala Mark Cavendish.

Ha sido un Tour histórico -Wiggins es el primer súbdito del Reino Unido que consigue vestir de amarillo en los Campos Elíseos-, a la vez que mediocre. No entraré a valorar si ha sido el peor de los últimos 15-20 años, pero no me extrañaría para nada que así lo consideraran. Y no porque Wiggins no sea un digno ganador, ya que su conversión de mejor pistard del mundo en 2008 -multicampeón olímpico- a rey en las carreteras francesas es más que meritoria; sino por las circunstancias que han rodeado a la carrera tanto antes como durante la misma.

En primer lugar, por la participación. Sin el sancionado Contador y el lesionado Andy Schleck, y fuera de combate por caídas un corredor combativo donde los haya como Samuel Sánchez, ésta se quedaba de entrada más bien coja. Luego, por el recorrido, con mucha contrarreloj y muy poca montaña, que recordaba a los primeros Tours de Miguel Indurain, sobre todo el de 1991. Aunque entonces, a diferencia de ahora, había tipos que aprovechaban cualquier repecho para atacar y presentar batalla.

Y este último es el tercer y definitivo factor. Ausentes los antes mencionados, apenas si ha habido alguien que se haya decidido o haya tenido fuerzas para poner el pelotón en fila de a uno cuando han llegado las cuestas; y para colmo al que se atrevía -Froome- la política del equipo Sky lo retenía hasta el punto de neutralizar por completo la casi nula lucha que ha existido por la clasificación general.

El compatriota de Wiggins, segundo en la Vuelta 2011, ha sido -si descontamos los golpes faltos de fuerza de Nibali- el único capaz de hacerle sufrir en la montaña, y aunque el golpe de mano de este último ayer en la crono apaga un poco el debate, no puede dejar de pasárseme por la cabeza la idea de qué habría sucedido si Froome hubiese tenido carta blanca, porque al menos en tres etapas se vio sumamente más fuerte que su líder.

Wiggins, un admirador de Indurain en sus años mozos, ha corrido exactamente igual que el navarro, marcando las diferencias en las contrarrelojs y aguantando en la montaña. Pero mientras Miguelón imponía también su ley cuesta arriba frente a los Bugno, Chiappucci o Rominger, a Wiggins se le ha visto flaquear claramente ante Froome tanto en los Alpes como en los Pirineos.

Cual escudería de Fórmula 1, el Sky quería descaradamente que el Tour lo ganase Wiggins, y así ha cumplido, en detrimento incluso del -poco- espectáculo que podía llegar a haber en el presente Tour; un espectáculo que, en buena parte, ha corrido de parte de Thomas Voeckler. El francés, idolatrado y odiado a partes iguales por su excesivo histrionismo sobre la bicicleta, se ha ganado definitivamente la admiración del mundo del ciclismo por su combatividad y sus constantes ganas de lucha. Sus dos etapas y su maillot de la montaña, justa recompensa para él. Y tampoco debemos olvidarnos de Peter Sagan, 22 años, tres etapas y el maillot verde en su primera participación; todo un diamante en bruto de cara a los próximos años.

¿Y España? Pues el ciclismo nacional al final ha cumplido con una nota realmente digna. Cuatro valores importantes como Luis León Sánchez, Valverde, Rojas y Samuel Sánchez se veían envueltos en sendas caídas que provocaron los abandonos de los dos últimos, y dejaron muy mermados a los primeros.

Sin Contador, todo pintaba muy negro, pero tanto Valverde como “Luisle” se han recuperado, firmando un triunfo de etapa por cabeza y mucha combatividad en la segunda mitad por parte del de Rabobank, que firmó ayer una crono excepcional -tercero- que incluso otorga esperanzas de hacer algo importante en la de los Juegos. Además, un veterano como Haimar Zubeldia ha conseguido acabar sexto, sin recibir ayuda alguna de su equipo, el caótico Radioshack y después de superar un problema de corazón a principios de año. Bravo por el guipuzcoano.

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Clara Sanchis, mimetizada en Santa Teresa


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA LENGUA EN PEDAZOS
AUTOR: Juan Mayorga, a partir del Libro de la Vida de Santa Teresa de Jesús
COMPAÑÍA: La Loca de la Casa
REPARTO: Clara Sanchis y Pedro Miguel Martínez
ESCENOGRAFÍA Y VESTUARIO: Alejandro Andújar
DIRECCIÓN: Juan Mayorga
LUGAR: Corral de Comedias de Almagro (Ciudad Real)
DÍA: 14-7-2012
AFORO: Casi lleno
DURACIÓN: Aproximadamente una hora y cuarto
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Cuando el argumento de una historia de entrada te interesa más bien poco -aunque respetas la historia del personaje- pero al final terminas prácticamente enganchándote, quiere decir que la elaboración de por sí de la historia es buena. Y si además pones en escena al elenco adecuado, es inevitable que la obra termine siendo todo un éxito.

Eso es lo que me ocurre con La lengua en pedazos. No es que odie a Santa Teresa de Jesús, ni muchísimo menos; la respeto como a la que más y reconozco su importancia dentro de la historia social, literaria y religiosa de España en la Edad Moderna. Pero he de reconocer que la historia de su vida, por mi manera de ser y de pensar, no me interesa demasiado.

Con esta introducción no pretendo sino darle todavía más valor al montaje y al texto compuesto por Juan Mayorga, en el que se nos presenta de manera casi magistral el diálogo entre una Santa Teresa que, perteneciendo al convento de la Encarnación, había decidido abrir la primera de sus fundaciones, el monasterio de San José; y el Inquisidor que, en pleno Renacimiento, debía velar por el cumplimiento de la moral y las buenas costumbres… y también evitar la blasfemia y la evolución de quien se salía de las normas. Todo con la célebre duda de la monja como clímax.

El marco -el ya mítico Corral de Comedias de Almagro-, inmejorable -aunque las sillas podían ser un pelín más cómodas, sólo un poco-; la escenografía, tan minimalista como justa y necesaria -dos sillas y una mesa con alimentos para preparar más un cuchillo, como en la cocina del convento de la Encarnación-; la acústica, perfecta. Sólo el vestuario era inadecuado, especialmente el de una Santa Teresa muy de andar por casa en el siglo XXI. Algo mejorable, aunque asumible.

Pero nada de eso hubiera valido si los intérpretes no hubiesen dado la talla. Y ahí es donde brilla con luz propia una Clara Sanchis cuya brillante actuación no hace sino confirmar su enorme valía y su tremenda versatilidad como actriz. Clara, pese a verse desprovista del hábito -contra su voluntad, según nos confesaría luego-, se mimetiza dentro del alma de Santa Teresa hasta el punto de parecer ella misma.

Claro que un diálogo, como su propio nombre indica, debe estar formado por dos personas. Y ahí es donde un veterano de la escena como Pedro Miguel Martínez -popular para el “gran público” por sus papeles en series como La casa de los líos, La Señora o Aquí no hay quien viva, pero con una dilatada carrera sobre las tablas- le da a Clara Sanchis la perfecta réplica para conformar, junto a ella, una pareja perfecta.

Entre ambos consiguen algo tremendamente difícil como es mantener la calidad interpretativa durante todos y cada uno de los setenta y cinco minutos de los que se compone el montaje. La expresión oral y gestual; el lenguaje tanto verbal como no verbal aparece aquí como auténtica obra de arte gracias a la combinación de la calidad dramatúrgica de Juan Mayorga y a las excelencias de Sanchis y Martínez, capaces entre todos de llevar con sumo éxito una significativa parte de la vida de Santa Teresa hasta a un absoluto profano en la materia como lo es servidor de ustedes.

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Blanca Portillo, el perfecto Segismundo


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA VIDA ES SUEÑO
AUTOR: Calderón de La Barca
COMPAÑÍA: Compañía Nacional de Teatro Clásico
REPARTO: Blanca Portillo, Joaquín Notario, Marta Poveda, David Lorente, Fernando Sansegundo, Rafa Castejón, Pepa Pedroche, Pedro Almagro, Ángel Castilla, Óscar Zafra, Alberto Gómez, Anabel Maurín, Mónica Buiza, Damián Donado y Luis Romero.
MÚSICA: Daniel Garay (Percusión), Juan Carlos de Mulder (Guitarra barroca), Anna Margules (Flauta de pico) y Ana Álvarez (Viola de gamba)
ESCENOGRAFÍA: Mambo Decorados, Sfumato
VESTUARIO: Cornejo, Ahmed Meziane, Ángel Domingo y Vito Montaruli
VERSIÓN: Juan Mayorga
DIRECCIÓN: Helena Pimenta
LUGAR: Hospital de San Juan (Almagro, Ciudad Real)
DÍA: 13-7-2012
AFORO: Casi lleno
DURACIÓN: Algo más de dos horas
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Esperaba con mucha expectación este montaje de La vida es sueño por diversas razones, como por ejemplo ser la primera representación que tenía la oportunidad y la decisión de ver de uno de los dos o tres textos por excelencia de los Siglos de Oro; ser la primera función que iba a presenciar en la cuna actual del teatro clásico español, Almagro -aunque no en el Corral de Comedias, eso llegaría al día siguiente-; o comprobar cómo se desenvolvería una actriz como Blanca Portillo en la piel de un personaje como Segismundo.

No es que dudara de la capacidad profesional e interpretativa de Blanca con respecto a los personajes masculinos; no en vano ya dio vida de forma sobresaliente al inquisidor Fray Emilio de Bocanegra en Alatriste. Pero Segismundo es otra cosa. El encarcelado hijo del rey Basilio de Polonia tal vez sea, junto al Duque de Ferrara de El castigo sin venganza (Lope de Vega), el personaje más complejo y mejor creado de todo nuestro teatro clásico; y para interpretarlo de forma convincente no hay que ser ni hombre ni mujer: simplemente hay que ser muy bueno.

Y Blanca Portillo no sólo lo es en general, sino también -y muy especialmente- esta ocasión. Comenzó algo precipitada, pero rápidamente se templó y nos ofreció a los espectadores presentes en el antiguo Hospital de San Juan una de las clases de teatro más magistrales que yo haya podido contemplar. Blanca paró, templó y mandó, marcando y respetando los tiempos interpretativos como a pocos les he visto, sobre todo en el memorable gran monólogo, el de finales del segundo acto. Fue -y es-, en resumidas cuentas, el perfecto Segismundo.

Aunque esta versión de la Compañía Nacional de Teatro Clásico no sólo es Blanca Portillo. También nos ofrece las magníficas actuaciones de un veterano como Joaquín Notario y de una joven como Marta Poveda. Con muchas tablas y todavía más años sobre los escenarios, Notario, tras hacer de Segismundo años atrás, se transforma ahora en un más que notable rey Basilio; mientras que Poveda, popular para el público televisivo por su papel en Escenas de matrimonio, es en La vida es sueño una Rosaura también un poco precipitada en su actuación al principio, pero estupenda a medida que transcurre la obra.

Quizás donde el montaje flojea un poco interpretativamente sea en el personaje de Astolfo, al menos para mi gusto. Rafa Castejón presenta un Astolfo especialmente “suave”, aunque eso sí, con una muy buena dicción del verso. Por el contrario, David Lorente con Clarín sí que cumple perfectamente con su cometido, el de mostrarnos a un personaje verdaderamente aprovechado de la vida y con buenas dosis de gracia y humor, tal y como lo creó Calderón. Fernando Sansegundo (Clotaldo) y Pepa Pedroche (Estrella) mantienen el tipo.

En el resto de aspectos el nivel apenas si decae, antes al contrario; aunque es verdad que con los efectos “especiales” -llamémosle así- utilizados al declararse la lucha de Segismundo contra su padre se pasan un poco. El decorado está muy bien construido, con sus entradas y salidas y con la presentación del Segismundo encarcelado desde abajo; el vestuario y el atrezzo, adecuados -aunque reconozco haber sentido algo de apuro cada vez que paseaban por los aires a Blanca Portillo, que fueron varias, ante el tan hipotético como improbable fallo de los arneses-; mientras que con la música, en vivo y en directo, Helena Pimenta continúa la pauta no iniciada pero sí especialmente desarrollada durante la época de Eduardo Vasco.

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Vivencias teatrales en Almagro…


Cierro los ojos, y todavía me parece estar cogiendo el AVE que nos llevó a mis amigos más cercanos y a mí mismo a tierras manchegas.

Cierro los ojos, y todavía siento llegar a esa estación/apeadero más parecida a la de muchas películas del oeste que a la de la España del siglo XXI. La de ALMAGRO, pueblo de rancio abolengo medieval y renacentista, y sede por excelencia del mejor teatro español de la historia gracias a su FESTIVAL INTERNACIONAL DE TEATRO CLÁSICO.

Cierro los ojos, y todavía me parece llegar a ese austero alojamiento, sin aire acondicionado -por fortuna tampoco hizo tanta falta- pero con suma tranquilidad y mucho aroma claustral: la Hospedería de Almagro.

Cierro los ojos, y todavía respiro el aire puro teatral que corre por la Plaza Mayor y por muchas de las calles del pueblo cada año, durante el mes de julio.

Cierro los ojos, y todavía disfruto con toda la historia escénica y social de los Siglos de Oro que desprende el Corral de Comedias; y también con las joyas expuestas en el Museo Nacional del Teatro.

Cierro los ojos, y todavía gozo en el paladar las excelencias de productos típicos y no típicos, con mención especial para los “quijotescos” duelos y quebrantos: una bomba de relojería si los comes frecuentemente, pero un verdadero disfrute de sensaciones si los degustas con moderación.

Cierro los ojos, y todavía creo estar sintiendo la magistral interpretación de ese Segismundo de La vida es sueño llevado a escena por BLANCA PORTILLO, junto a magistrales veteranos como JOAQUÍN NOTARIO y jóvenes prometedores como MARTA POVEDA.

Cierro los ojos, y todavía me veo -nos veo, chicos- compartiendo impresiones y recuerdos de otros años junto a la modernizada -muy a su pesar- Santa Teresa de Jesús que es nuestra querida CLARA SANCHIS, excelente actriz y MEJOR PERSONA aún.

Cierro los ojos, y me acuerdo de la simpatiquísima camarera del bar-cafetería Teo; y de la dependienta de la tienda Alma de Almagro que nos atendió con tanta amabilidad y atención; y también de TEÓFILO y la peculiar cocinera de Valdeolivo. Y, cómo no, de la gran CHARO LÓPEZ, con la que si no nos cruzamos diez o quince veces, no lo hicimos ninguna.

En definitiva, cierro los ojos y aún me parece seguir estando en Almagro; aunque ya me encuentre de vuelta en tierras sevillanas. Muchas gracias -además de a todos los anteriormente mencionados- a LAU y RAFA por insistirme tanto para poder disfrutar esto con vosotros; a ESPE, por vivir junto a mí y junto a todos nosotros una nueva aventura -y van ya muchas- que contar a nuestros respectivos nietos; y a MARÍA JESÚS, por aportar su granito de arena, completando la expedición, en un fin de semana del que nos acordaremos siempre, deseando eso sí que no sea irrepetible.

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El campeón que jamás dejó de serlo


A Roger Federer se le ha dado por “muerto” más de una vez. La primera, cuando en 2008, a los 27 años, el “huracán Nadal” le destronó en Wimbledon y le arrebató el cetro mundial. El caballero suizo -ayudado, todo sea dicho, por los problemas físicos de Rafa- se rehizo, y en 2009 no sólo recobró el liderato de la ATP sino que, además, colocó la bandera con sus iniciales en el único territorio que le faltaba por conquistar: París.

La segunda, en 2010, cuando Nadal, con el camino allanado por Soderling, volvió a ser número 1 en Roland Garros, e igualó la mejor marca del suizo de Grand Slams en un solo año: tres. Y la tercera, el año pasado con la irrupción del “terremoto Djokovic”. Federer, que pese a todo se mantenía en el “Top 4”, parecía relegado a los triunfos de segundo nivel, o a un fallo de alguno de los dos dominadores de la clasificación mundial para acceder de nuevo en un grande a un resultado medianamente acorde a su categoría.

Pero Roger se ha vuelto a recuperar, y ha resurgido de nuevo de sus cenizas, cual ave Fénix. Primero en la Copa Masters 2011; y luego, esta misma tarde con su séptimo Wimbledon, 17º título del Grand Slam, que además le permite conseguir un viejo anhelo, un logro que parecía definitivamente enterrado una vez perdida la cabeza de la clasificación mundial: igualar primero y superar después -esto se materializará en apenas una semana- a Pete Sampras como el tenista que más semanas ha estado, desde el inicio de la “era Open”, al frente de la ATP.

Nadie confiaba en él pero, en efecto, Federer lo ha hecho otra vez. Con su victoria de esta tarde ante Andy Murray -un escocés “adoptado” por los ingleses gracias a su condición oficial de británico- por 4-6, 7-5, 6-3 y 6-4, el “maestro” de Basilea ha obtenido su séptima copa en el All England Tennis Club; y con ello, a partir de mañana, su semana número 286 como rey del tenis, las mismas que “Pistol Pete”, al que superará sí o sí dentro de siete días, toda vez que la clasificación no se moverá de nuevo en sus primeros lugares al menos hasta después de los JJOO… de Wimbledon.

La sorprendente derrota de Nadal en segunda ronda le dejó de nuevo a las puertas del cielo; el imponente partido ante Djokovic en semifinales prácticamente se las terminó de abrir de par en par. Murray ha dado guerra; pero hoy no iba a ser el día en el que un británico -que no inglés- triunfara en Londres por vez primera desde Fred Perry en 1936.

Hoy el Olimpo le tenía reservada otra nueva jornada de gloria a Sir Roger Federer, a quien tan sólo le falta ya un pequeño detallito para ser el mejor en todo: llegar así a diciembre y sumar su sexto año como número 1 mundial, como Mr Sampras. Entre el US Open -“semis”-, el Masters 1000 de París-Bercy y la Copa Masters -campeón en ambos casos- defiende una enorme cantidad de puntos; mas nada es imposible para quien parecía monarca destronado, pero que en realidad es el gran campeón que nunca jamás dejó de serlo.

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Tricampeones con brillantez y merecimiento


Se acabó la Eurocopa 2012, y lo ha hecho con el espectacular triunfo de la selección española, que ha completado la “triple corona” que le hace entrar en los anales no ya de la historia del fútbol, sino también en los de la leyenda. Un triunfo que, al igual que sucediera con el Mundial 2010, ha tenido la mejor de las coberturas en SIGUE A LA ROJA.

Enhorabuena a todos y cada uno de los componentes de La Roja; y gracias muy especialmente a TERESA SENDÍN, MERCEDES GENTIL, PAULA MORENO, PAULA MARTÍNEZ, ESTRELLA ROJO, ÁLVARO SÁNCHEZ, SILVIA DORADO y JUAN ALBERTO ROMÁN, por el espectacular trabajo que hemos hecho entre todos en la web por excelencia de la selección española.

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