Archivo septiembre, 2012

Óscar Freire: el “hombre arco iris”


Verona (Italia), campeonato del mundo de ciclismo, prueba de fondo en carretera de 1999. Al último kilómetro llega un grupito de unos 8-10 corredores, dispuestos a jugársela al sprint para ver quién se hacía acreedor a la medalla de oro y al maillot arco iris.

En esas, justo después de encarar la última curva antes de la recta final de 500 metros, en uno de los vaivenes típicos de estos desenlaces de carrera, saltó el más inexperto de todos, un cántabro de Torrelavega llamado Óscar Freire, de 23 años, que corría entonces en el Seguros Vitalicio (espónsor del equipo de Javier Mínguez).

Era su segunda participación en un mundial, y Freire arrancó por la derecha, muy decidido, justo cuando todos sus acompañantes se desplazaban hacia el lado contrario. Nadie le vio, y cuando le vieron nadie pudo frenarle. Prácticamente desconocido para el gran público, Freire entró en meta en solitario como campeón del mundo, y conquistó el segundo maillot arco iris en una prueba de fondo para el ciclismo español, cuatro años más tarde de la memorable exhibición de Abraham Olano y Miguel Indurain en Colombia.

Desde entonces, hasta su retirada el pasado domingo, ha conseguido adornar su palmarés (corriendo para Mapei, Rabobank y Katusha, además de la selección española) con tres Milán-San Remo (2004, 2007 y 2010); una París-Tours (2010); cuatro triunfos de etapa en el Tour de Francia (más el maillot verde de la regularidad en 2008); seis en la Vuelta a España; una Tirreno-Adriático (2005); tres Flechas Brabanzonas (2005, 2006 y 2007); una Gante-Wevelgem (2008); una Clásica de Hamburgo (2006); y, sobre todo, dos victorias más en el campeonato del mundo (2001 y 2004, este último también en Vernoa) que le hacen ser, con tres (más un bronce, en 2000), el corredor más laureado en esta prueba junto -ahí es nada- a Eddy Merckx, Alfredo Binda y Rik Van Steenbergen. El Mundial ha sido, desde siempre, “su” carrera; y el maillot arco iris, su vestimenta natural en competición entre 1999 y 2004. Lástima, eso sí, que no haya podido hacerse con otro oro, y así encabezar en solitario el ránking particular de la cita mundialista.

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Habilidosísimo para buscarse la vida por su cuenta, y casi siempre sin ser el más rápido, Freire ha sido el hombre capaz de abrir las miras del ciclismo español más allá de las grandes vueltas, un especimen raro que no teníamos desde los tiempos de Miguel Poblet, y que en cierto modo “animó” a los Alejandro Valverde (ganador de la Lieja-Bastogne-Lieja en 2006 y 2008), Igor Astarloa (campeón del mundo en 2003), Samuel Sánchez (campeón olímpico en 2008) o Joaquim “Purito” Rodríguez (vencedor este año de la Flecha Valona y (edito 29-9-2012) especialmente de todo un “monumento” como el Giro de Lombardía) a intentar -y conseguir- cosechar grandes victorias en las clásicas; y también a Juan Antonio Flecha a lograr continuados y meritorios lugares de honor en una carrera tan especial y particular como la París-Roubaix.

Por todo ello, el cántabro merece no ya el modesto reconocimiento personal de quien lleva los destinos de este espacio, sino un homenaje en toda regla y en todo lo alto por parte de la Federación Española de Ciclismo. Porque quien ha dejado la práctica activa del deporte de la bicicleta es, pese a no haber ganado Tours de Francia, Giros de Italia o Vueltas a España, un GRANDE -en mayúsculas- en la historia del ciclismo español.

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Mis conclusiones del Betis 1-Espanyol 0


Transcurridos cuatro partidos de liga para el Betis (el quinto, el aplazado contra el Atlético de Madrid, se celebrará pasado mañana), el equipo verdiblanco suma 9 puntos de 12 posibles; lo que no hace sino indicar que, en lo puramente material (el “puntaje”, que diría Manuel Pellegrini), está llevando a cabo un inicio de temporada muy similar al de la pasada campaña.

Además, el pasado sábado el Betis por fin pudo salir victorioso en el Villamarín ante una de sus tradicionales “bestias negras” de los últimos años: el Espanyol, que no perdía en Heliópolis desde la temporada 2001-2002 (2-0), con Juande Ramos en el banquillo bético y Joaquín y Gastón Casas como goleadores. Y todo esto dejando la portería a cero tanto en Zorrilla como frente al once “perico”.

Pero la desahogada posición en la tabla, como ocurriera hace un año, no debe hacernos perder la perspectiva real de lo que está sucediendo. Sin pretender llegar a los extremos apocalípticos que determinados compañeros de la prensa local están exponiendo en sus programas, lo cierto es que este Betis sufre más de la cuenta en cada partido, especialmente en los segundos tiempos.

Al esperpento en San Mamés (aunque se arreglara en los minutos finales) y al baile que le dio el Rayo en casa, el Betis ha sumado en Zorrilla y frente al Espanyol otros dos segundos tiempos realmente decepcionantes. Los catalanes, incluso con uno menos, hicieron pasarlo mal tanto a los profesionales verdiblancos como a la afición, e incluso se hicieron merecedores de algo más que el 1-0 con el que se volvieron a Barcelona de vacío.

Después de brindarnos en las primeras partes un juego de calidad media más que decente, parece como si los jugadores de Pepe Mel sufrieran una especie de bajón físico o mental que les hace estar a merced de sus rivales. Es por ello por lo que estos puntos que se están obteniendo ahora tienen más valor si cabe; pero si la “construcción” del bloque -Mel “dixit”- se alarga durante muchas jornadas más, el Betis puede terminar sufriendo de verdad para poder seguir compitiendo en Primera División.

Afortunadamente, hay una serie de nombres que, un año más, se están destacando como los baluartes del equipo, y cuyo excelente estado de forma pueden seguir posibilitando que los puntos continúen subiendo al marcador mientras el bloque termina de conjuntarse. Por ejemplo, la pareja de centrales, Mario y Paulao; aunque el brasileño, goleador frente al Espanyol, volverá a estar un par de semanas parado debido a la entrada de Wakaso, una acción realmente peligrosa y por la que el ghanés, que luego resultaría expulsado, no vio ni amarilla. O aunque sobre Mario pese la espada de Damocles de las constantes lesiones sufridas desde su último año en Getafe. Por suerte, parece que el ya debutante Perquis se está destapando como un hombre seguro y expeditivo, sobre todo en los balones cruzados.

Aunque la clave del funcionamiento en el juego bético sigue estando en la pareja Beñat-Rubén Castro. El internacional volvió a hacer un sensacional despliegue de pundonor pero, sobre todo, de calidad en el toque de balón; mientras que Rubén no tuvo su día, pero su viveza en el gol marcado en Valladolid es claro síntoma de que no ha perdido el instinto. Ellos dos, junto a Jorge Molina y sus golitos, a Juan Carlos, a Agra -que el sábado empezó a dejarse ver como extremo-, al aún casi inédito Campbell o a Nosa Igiebor -sus quince minutos fueron bastante más prometedores que la esperpéntica media hora de su debut en Zorrilla- pueden y deben llevar al Betis a realizar una temporada similar a la última, aunque sin tanta irregularidad.

Pero sin lanzar las campanas al vuelo, que esto es Sevilla, y bien que nos conocemos; por mucho que, si el miércoles se le ganara al Atlético -que tan fuerte ha iniciado la temporada-, se llegaría hasta el segundo puesto con 12 puntos, sólo por detrás del pleno culé. La permanencia, el verdadero objetivo, ahora mismo está a siete puntos, y de vencer a los colchoneros quedaría a diez. Ahí es, como hace un año cuando se estaba al comando de la clasificación, donde realmente hay que mirar.

Por último, mis felicitaciones al club por acordarse de todo un histórico del beticismo como Rogelio. En el mismo fin de semana en el que se cumplían 50 años del debut como guardameta del Athletic de todo un mito como José Ángel “el Chopo” Iríbar, otro mito, éste del fútbol sureño, la “Zurda de Caoba”, celebraba también sus particulares “Bodas de Oro” de su estreno en verdiblanco. Mirar hacia el presente y el futuro, pero sin olvidar el pasado; lo que, en los últimos años de Lopera, difícilmente llegaba a ocurrir.

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Mundiales de ciclismo 1995: la intimidación de Indurain y el triunfo -con la rueda pinchada- de Olano


MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (38)

El próximo domingo se celebra la prueba en ruta de los Campeonatos del Mundo 2013 de ciclismo, en Valkenburg (Holanda). España intentará lograr su sexta medalla de oro, tras los triunfos de Abraham Olano en 1995, Óscar Freire en 1999, 2001 y 2004, e Igor Astarloa en 2003. De ganar, Freire se convertiría en el corredor con más títulos mundiales de la historia del ciclismo, aunque por parte hispana parecen tener más opciones, de entrada, Alejandro Valverde y el “Purito” Rodríguez.

Precisamente fue en la carrera de 1995 donde se produjo la que, para mí, es la imagen -doble- por excelencia de todos los campeonatos que he podido ver hasta la fecha. Los que ya comenzamos a tener una cierta edad todavía recordamos, con verdadera emoción, el desarrollo de aquella carrera disputada en Duitama (Colombia), y en la que Abraham Olano y Miguel Indurain repitieron el doblete conseguido días antes en la contrarreloj, pero a la inversa. Si en la crono fue “Miguelón” quien hizo buenos los pronósticos, en la prueba de fondo el guipuzcoano culminó el sensacional trabajo táctico de la selección española, con la inestimabilísima colaboración del navarro, gran líder del bloque nacional pero que aceptó, como los más humildes, ponerse al servicio exclusivamente del equipo.

En un circuito verdaderamente rompepiernas, Olano atacó en el final de la penúltima vuelta y adquirió una ventaja preciosa gracias a sus buenas piernas pero, sobre todo, a la impresionante intimidación que Miguel Indurain, cinco veces ganador del Tour, causaba en sus rivales. Todavía me pone la carne de gallina recordar cómo el gran campeón de Villava frenó, literalmente, a un grupo en el que iban hombres de relevancia en el ciclismo internacional como Marco “el Pirata” Pantani, Richard Virenque, el suizo Mauro Gianetti y el colombiano Oliverio Rincón, entre otros.

En cuanto saltó Olano, Miguel se puso al frente del grupo “clavando” su bicicleta en la carretera y mirando constantemente hacia atrás, como diciendo “venga, a ver quién es el guapo que tiene los coj… necesarios para moverse”. Ni un alma, señores. El miedo -deportivo- que imponía el navarro era tal que nadie se atrevió a lanzar un ataque hasta que Olano no llegó a los 40-45 segundos, momento en el que Indurain se apartó de la cabeza y se dedicó a marcar a todos y cada uno de los rivales. Si no tiraban, ganaba Abraham; si neutralizaban al de Anoeta, él les remataría inmediatamente después.

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Pero aún habría más imágenes para el recuerdo, en este campeonato histórico para el ciclismo nacional. En los últimos kilómetros Olano sufrió un pinchazo en la rueda de atrás de su bicicleta, y antes de parar y ser absorbido por el grupito perseguidor decidió afrontar el tramo final del recorrido redoblando el esfuerzo por los lógicos llantazos que estaba dando sobre el asfalto. Le sobraron 36 segundos para levantar su brazo izquierdo -cualquiera hacía lo propio también con el derecho, para que se cayera y diera al traste con su hazaña- como vencedor, antes de que Indurain les ganara en el sprint a Pantani y a Gianetti, y celebrara la consecución del doblete como si él mismo hubiese sido el campeón del mundo.

Abraham Olano abrió, con su oro -escoltado por Indurain en el podium-, el palmarés de triunfos españoles en los Campeonatos del Mundo de Fondo en carretera. Un título que algunos, injustamente, le echaron en cara que se lo había “arrebatado” al navarro, a quien sólo le faltaba esta victoria -y la medalla olímpica que lograría al año siguiente, también con el guipuzcoano en el segundo lugar- para culminar su laureadísimo palmarés. Pura miseria y pura necedad, porque si bien es cierto que la acción de Miguel frenando el grupo fue importantísima, Olano luego tuvo la fuerza necesaria para llegar en vencedor, sobreponiéndose incluso al ya mencionado pinchazo en los kilómetros finales.

Después llegarían los tres títulos de Freire -me encantaría que finalizara su carrera deportiva con su cuarto entorchado- y, entre medias, el de Astarloa. Pero, con el respeto hacia ellos, ninguno llegó a ser tan emocionante como éste de 1995. Por ser el primero, por la generosidad y la intimidación de Indurain, por la fuerza y la rueda pinchada de Olano… por todo.

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Contador: la constancia y la valentía de un campeón


Sin duda alguna, la victoria en la recién finalizada Vuelta Ciclista a España es, y será, uno de los triunfos más emotivos y mejor recordados en la carrera de Alberto Contador, por varios motivos. El primero de ellos es obvio, por tratarse de la primera parte de la revancha por su más que polémica sanción de dos años merced a los malditos 50 picogramos de clembuterol. La otra mitad llegará si se hace con el próximo Tour de Francia.

El segundo, por haberse llevado la que para muchos ha sido la mejor edición en la historia de la ronda española. Estoy de acuerdo con éstos, aunque mi experiencia como seguidor de la Vuelta únicamente se circunscriba a las de 1992 en adelante. Mis felicitaciones para Javier Guillén y Abraham Olano, principales responsables de un recorrido sumamente atractivo al que yo, andaluz de pura cepa, sólo le pongo la “pega” de no haber visitado el sur de la Península Ibérica.

El tercero, por haber superado a dos grandísimos adversarios como lo han sido Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez. Y digo bien, “superado” y no vencido, porque ninguno de ellos dos se deben considerar derrotados, o perdedores. Tanto Valverde como, sobre todo, “Purito”, han dado espectáculo del bueno, han rendido en la montaña y en la contrarreloj, han ganado etapas, han vestido el jersey rojo de líder, y han puesto en aprietos más que serios hasta el penúltimo día al gran campeón de Pinto. Cualquiera de ellos podría haber estado perfectamente en lo más alto del podium.

Y el cuarto, por la forma en la que Contador ha conseguido añadir a su palmarés su segunda Vuelta, tras la de 2008. Alberto no ha sido el más fuerte de la carrera -era difícil con tan pocos días de competición en sus piernas después de su reaparición-; tal honor sin duda le ha correspondido al “Purito” Rodríguez, que está completando la mejor temporada de su vida con sus podiums en Giro y Vuelta. Pero, a falta de mejores piernas, ha sido su constancia y su valentía lo que le ha hecho merecedor de haber portado la preciada prenda roja en la fiesta final de Madrid.

Constancia por no desesperarse ante tantos y tantos ataques en vano frente a la enorme resistencia de “Purito”, que casi siempre terminaba superándole incluso en el terreno que mejor le venía al pinteño: la alta montaña. Era un denominador común cada vez que la carretera se empinaba ver cómo el catalán dejaba de rueda a Contador no ya sólo en los “muros” -que ha habido muchos-, sino también en el tramo final de los grandes puertos como Ancares, Cuitu Negru o la Bola del Mundo; lo que, pese a todo, no desanimaba a éste a la hora de lanzar uno, dos, tres, cuatro ataques… los que fueran.

Y valentía por la arriesgada apuesta que hizo que hizo en el Collado de la Hoz, el día de Fuente Dé; el ataque de lejos, a la antigua usanza, que le ha dado la victoria final. Valentía de campeón, del depredador que nunca se rinde y que aprovecha la más mínima debilidad de sus “presas” para darles el golpe de gracia. Aquella jornada, una etapa dura pero no de dificultad extrema que pasará a la historia de la carrera como por ejemplo el furibundo ataque de Hinault camino de Ávila en 1983, o la remontada de Perico Delgado ante Robert Millar en la sierra madrileña en 1985, la debilidad de “Purito” no fue tanto física como mental.

El catalán, sorprendido por la distancia que iba cogiendo Contador, se puso nervioso, se vio con la Vuelta perdida y acabó también por ceder ante Valverde. Era lógico, hasta cierto punto porque cuando Alberto, el mayor adalid -y casi único- del ciclismo de ataque en estos tiempos, se pone serio tiembla hasta el más pintado. La falta de forma de Contador con respecto a sus mejores días se puso de manifiesto en todo lo que le costó llegar en vencedor a la meta; un kilómetro más y Alejandro le habría rebasado.

Pero hubo justicia divina: un órdago a la grande como el de Alberto merecía acabar en victoria final, no sólo en la etapa, sino también en la general. Por el ciclismo de ataque, el que a todos nos gusta y que tanto escasea en el pelotón internacional en los tiempos actuales. Ha sido su quinta grande -dos Tours, un Giro y las dos Vueltas mencionadas-, su séptima para quien, como él, desee reivindicar su triunfo en el Tour 2010 y el Giro 2011. Una carrera, esta Vuelta 2012, en la que ha ganado prácticamente todo el mundo: Alberto, Valverde, “Purito”… y también la propia ronda española. Mi enhorabuena para todos ellos.

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Entre denunciar y acusar sin pruebas


Una vez más, ha vuelto a quedar de manifiesto que detrás de una serie continuada de éxitos ni mucho menos es oro todo lo que reluce. El anuncio de la no renovación del contrato de Anna Tarrés, la seleccionadora con la que la natación sincronizada española ha alcanzado cotas impensables hace no demasiados años -empezando por cuatro medallas olímpicas-, ha destapado la caja de los truenos en un deporte que podría comenzar a verse salpicado por ciertos escándalos.

No se puede pensar menos después de las declaraciones de las ex internacionales Paola Tirados y Cristina Violán, que se han apresurado a aplaudir públicamente la decisión tomada por el presidente de la Federación Española de Natación, Fernando Carpena. Tirados, una de las históricas por excelencia de la sincronizada nacional, y Violán llevaban denunciando públicamente los presuntos abusos de Tarrés prácticamente desde su retirada en 2009, aunque no ha sido hasta ahora cuando la prensa deportiva nacional se ha hecho eco de ello.

Tontos no somos. La experiencia, entre otros casos, de las niñas del conjunto español de gimnasia rítmica campeón olímpico en Atlanta 96 -vuelvo a recomendar la lectura de Lágrimas por una medalla, de Tania Lamarca– me hace pensar que, cuando el río suena, al menos algo de agua debe llevar. No me parece del todo lógico que, por mucho resentimiento personal que pueda llegar a haber contra Tarrés -Violán fue descartada para Pekín 2008, y Tirados fue apartada del dúo con Gemma Mengual en beneficio de la posteriormente cuádruple medallista olímpica Andrea Fuentes-, las dos nadadoras canarias se hayan inventado todo de lo que le acusan a la que será ex seleccionadora desde el próximo mes de enero.

Pero, en medio de todo este lío, Paola y Cristina han cometido un grave error, una imprudencia que, sin quitarles la razón que podrían llegar a tener, sí les resta credibilidad, al menos de cara a los ojos de un servidor. Tirados y Violán, sin aportar prueba alguna, han acusado a la que fue su entrenadora de ocultar positivos por dóping en la orina de algunas nadadoras. Es decir, de cometer un delito, porque según la última versión del Código Mundial Antidopaje, doparse o colaborar en la ingesta de sustancias prohibidas adquiere la calificación de delito.

Y he aquí la diferencia entre denunciar y acusar sin pruebas lo que, si Tarrés se lo propusiera, podría llegar a acarrear graves consecuencias para las dos nadadoras, toda vez que sólo han podido acompañar semejante acusación con frases tan banales y poco clarificadoras como “quizás”, “no lo sé, pero creo que fue así” o “puede ser que sí… o que no”. Paola y Cristina, probablemente tengáis razón en la mayor parte de lo que estáis denunciando, pero así no se hacen las cosas. Si se va a sacar a la luz algo tan sumamente serio, hay que ir con las pruebas por delante; y si no, directamente os calláis hasta que dispongáis de ellas.

Claro que la actitud del señor presidente tampoco ayuda a nada a la resolución del caso. La postura del avestruz adoptada hasta el momento por el señor Carpena únicamente sirve, como me comentaba esta misma tarde la gimnasta olímpica en Moscú 80, Gloria Viseras, para que la imaginación de unos y otros eche a volar, y para que una progresiva lluvia de mierda -esto ya lo digo yo- empiece a caer sobre la especialidad que más éxitos internacionales le ha dado a la natación española -4 medallas olímpicas, 23 mundiales y 25 europeas- desde que las preseas comenzaran a llegar en los Campeonatos del Mundo de Barcelona 2003. Por el bien del deporte español -a menos de un año de una nueva cita mundialista en la Ciudad Condal-, que todo se esclarezca lo antes posible.

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Mazinger Z cumple 40 años


El pasado sábado, el Telediario de TVE se hizo eco del 40º aniversario de la publicación del primer manga correspondiente a la gran serie de robots por antonomasia, la mítica serie de Mazinger Z, por obra y gracia del dibujante japonés Go Nagai. Casualmente, el mismo día por la noche, sin ser conocedor de la efeméride, tuve la ocasión de adquirir en una tienda de Chipiona (Cádiz) un ejemplar en miniatura de tan legendario personaje, cuya enorme popularidad adquirida durante los años 70 y 80 todavía se extiende ya metidos en el siglo XXI.

Las andanzas de Mazinger Z, pilotado por el genial -y un pelín machista, todo sea dicho- Koji Kabuto y creado por el abuelo de éste, el doctor Juzo Kabuto, ocuparon muchos minutos en televisión a lo largo de nuestra infancia, y todavía hoy en día quien lo desee puede disfrutar de los capítulos a través de diferentes canales de Youtube, entre otras vías.

Con sus míticas armas -comenzando por los “puños fuera” y terminando por el “fuego de pecho”-, Mazinger y Koji lucharon, entre otros, junto al profesor Yumi, Sayaka (y su Afrodita A), Boss y su pandilla y su hermano Shiro, por evitar que el Japanium y la correspondiente super aleación Z creada por su abuelo cayera en manos del malvado Dr Infierno y sus lugartenientes, el Barón Ashler y el Conde Broken (a los que luego se unirían algunos más). Todo ello a lo largo de 92 capítulos, y una reaparición triunfal del personaje en los últimos episodios de su secuela, Gran Mazinger, con la que se termina la historia.

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De los 92 capítulos, en España tan sólo se emitieron en su momento (1978) 32, a través de Televisión Española, siendo descartados el resto por ser considerada la serie como demasiado violenta y no apta para niños (si hoy en día se esgrimiese semejante argumento para su cancelación, más de uno y más de dos se descojonarían vivos). 32 capítulos doblados al español castellano en los que destacan las voces, entre otros, de un irreconocible Constantino Romero en la piel del Conde Broken, y de Pepe Mediavilla, como Boss, el amigo de Koji. Años más tarde, ya en los 90, tanto Telecinco como algunas televisiones autonómicas (por ej. Canal Sur), nos hicieron llegar -con doblaje latinoamericano- no sólo la serie completa, sino también Gran Mazinger.

Podría enumerar miles de escenas de la serie, pero si me he de quedar con una sola, sin duda elijo la que adjunto más arriba a través del correspondiente video: el primer vuelo de Mazinger, correspondiente al que para mí, sin duda, es el mejor capítulo de todos, el número 32: El terrible monstruo de tres cabezas. Seguidores nostálgicos de Mazinger Z, disfrútenlo.

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