Contador: la constancia y la valentía de un campeón



Sin duda alguna, la victoria en la recién finalizada Vuelta Ciclista a España es, y será, uno de los triunfos más emotivos y mejor recordados en la carrera de Alberto Contador, por varios motivos. El primero de ellos es obvio, por tratarse de la primera parte de la revancha por su más que polémica sanción de dos años merced a los malditos 50 picogramos de clembuterol. La otra mitad llegará si se hace con el próximo Tour de Francia.

El segundo, por haberse llevado la que para muchos ha sido la mejor edición en la historia de la ronda española. Estoy de acuerdo con éstos, aunque mi experiencia como seguidor de la Vuelta únicamente se circunscriba a las de 1992 en adelante. Mis felicitaciones para Javier Guillén y Abraham Olano, principales responsables de un recorrido sumamente atractivo al que yo, andaluz de pura cepa, sólo le pongo la “pega” de no haber visitado el sur de la Península Ibérica.

El tercero, por haber superado a dos grandísimos adversarios como lo han sido Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez. Y digo bien, “superado” y no vencido, porque ninguno de ellos dos se deben considerar derrotados, o perdedores. Tanto Valverde como, sobre todo, “Purito”, han dado espectáculo del bueno, han rendido en la montaña y en la contrarreloj, han ganado etapas, han vestido el jersey rojo de líder, y han puesto en aprietos más que serios hasta el penúltimo día al gran campeón de Pinto. Cualquiera de ellos podría haber estado perfectamente en lo más alto del podium.

Y el cuarto, por la forma en la que Contador ha conseguido añadir a su palmarés su segunda Vuelta, tras la de 2008. Alberto no ha sido el más fuerte de la carrera -era difícil con tan pocos días de competición en sus piernas después de su reaparición-; tal honor sin duda le ha correspondido al “Purito” Rodríguez, que está completando la mejor temporada de su vida con sus podiums en Giro y Vuelta. Pero, a falta de mejores piernas, ha sido su constancia y su valentía lo que le ha hecho merecedor de haber portado la preciada prenda roja en la fiesta final de Madrid.

Constancia por no desesperarse ante tantos y tantos ataques en vano frente a la enorme resistencia de “Purito”, que casi siempre terminaba superándole incluso en el terreno que mejor le venía al pinteño: la alta montaña. Era un denominador común cada vez que la carretera se empinaba ver cómo el catalán dejaba de rueda a Contador no ya sólo en los “muros” -que ha habido muchos-, sino también en el tramo final de los grandes puertos como Ancares, Cuitu Negru o la Bola del Mundo; lo que, pese a todo, no desanimaba a éste a la hora de lanzar uno, dos, tres, cuatro ataques… los que fueran.

Y valentía por la arriesgada apuesta que hizo que hizo en el Collado de la Hoz, el día de Fuente Dé; el ataque de lejos, a la antigua usanza, que le ha dado la victoria final. Valentía de campeón, del depredador que nunca se rinde y que aprovecha la más mínima debilidad de sus “presas” para darles el golpe de gracia. Aquella jornada, una etapa dura pero no de dificultad extrema que pasará a la historia de la carrera como por ejemplo el furibundo ataque de Hinault camino de Ávila en 1983, o la remontada de Perico Delgado ante Robert Millar en la sierra madrileña en 1985, la debilidad de “Purito” no fue tanto física como mental.

El catalán, sorprendido por la distancia que iba cogiendo Contador, se puso nervioso, se vio con la Vuelta perdida y acabó también por ceder ante Valverde. Era lógico, hasta cierto punto porque cuando Alberto, el mayor adalid -y casi único- del ciclismo de ataque en estos tiempos, se pone serio tiembla hasta el más pintado. La falta de forma de Contador con respecto a sus mejores días se puso de manifiesto en todo lo que le costó llegar en vencedor a la meta; un kilómetro más y Alejandro le habría rebasado.

Pero hubo justicia divina: un órdago a la grande como el de Alberto merecía acabar en victoria final, no sólo en la etapa, sino también en la general. Por el ciclismo de ataque, el que a todos nos gusta y que tanto escasea en el pelotón internacional en los tiempos actuales. Ha sido su quinta grande -dos Tours, un Giro y las dos Vueltas mencionadas-, su séptima para quien, como él, desee reivindicar su triunfo en el Tour 2010 y el Giro 2011. Una carrera, esta Vuelta 2012, en la que ha ganado prácticamente todo el mundo: Alberto, Valverde, “Purito”… y también la propia ronda española. Mi enhorabuena para todos ellos.

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