Maravillosa “correspondencia” de Miua Teatro



CRÍTICA TEATRAL

OBRA: CARTAS
AUTOR: Borja de Diego
COMPAÑÍA: Miua Teatro
REPARTO: Mila Fernández
MAQUILLAJE: Clara Losa y Gema Barroso
DIRECCIÓN: Juan José Morales “Tate”
LUGAR: Teatro Duque-La Imperdible (Sevilla)
DÍA: 15-1-2014
DURACIÓN: Aproximadamente una hora
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Mila Fernández, en "Cartas"Seis mujeres históricas y otros tantos testimonios, con sus circunstancias. La parte más desconocida y desgraciada de la existencia de nombres femeninos ciertamente conocidos cobra vida gracias al montaje que MIUA TEATRO viene desarrollando desde su estreno el pasado mes de noviembre.

Desde Cleopatra, la “reina de las reinas” del antiguo Egipto, hasta Virginia Woolf; pasando por Marie Curie, Mary Shelley, Eva Braun y Marylin Monroe. Media docena de “cartas” íntimas y personales, con la intensidad dramática y el toque personal del joven periodista y escritor BORJA DE DIEGO. Seis monólogos con diferente estilo, pero con tres puntos en común: la reivindicación de la feminidad en la historia del género humano; la importancia histórica de los personajes; y la desgracia.

Todas ellas, enfrentándose a sus propios conflictos, y a la crueldad del destino y la sociedad de sus respectivas épocas que, pese a su grandeza fehacientemente demostrada, les reservó un rol posiblemente bien distinto al que ellas hubiesen deseado. No sabemos realmente, porque difícilmente se puede, si lo expuesto sobre el papel y las tablas era exactamente lo que ellas pensaban y contra lo que ellas luchaban o intentaban luchar; pero sí queda comprobado que, con esta múltiple puesta en escena, De Diego es capaz de llegar al público gracias a su capacidad de penetrar literariamente en el interior del ser humano, y ser capaz de mimetizarse psicológicamente de forma más que acertada.

Claro que no habría bastado para el éxito de la obra de no haber sido por la excelente dirección de JUAN JOSÉ MORALES “TATE” y, sobre todo, por una fuerza de la naturaleza llamada MILA FERNÁNDEZ; una joven actriz que, visto lo visto, merece más pronto que tarde una oportunidad en el teatro profesional.

Sin exagerar lo más mínimo, tras un comienzo un tanto irregular, a quien suscribe le llegó a conmover su garra y su excelente disposición para marcar el “tempo” de todos los registros interpretativos reflejados en el texto. Energía y pausa en su dicción, justo cuando correspondía en cada momento.

Pero, sobre todo, a un servidor -que era la segunda vez que la veía actuar, y la primera con un papel protagonista- le impresionó su dominio de la expresión corporal y gestual, importantísima en la puesta en escena preparada por la compañía. Una ejecución del lenguaje no verbal con la que Fernández, contactando directamente con los espectadores y ejecutando estupendamente las diferentes coreografías, fue capaz de llenar ella solita el escenario, y de llevarse absolutamente de calle al público. Simplemente, estuvo genial.

Ello en un montaje sin alardes, con el minimalismo escénico por bandera, y con una capacidad para jugar con los escasos objetos presentes tal que, en un brevísimo espacio de tiempo, el inhalador de gas de Eva Braun pasaba a ser, con total naturalidad, el micrófono con el que Marilyn interpretaba su célebre “I wanna be loved by you”. Y todo en poco más de una hora, con lo que realmente no da tiempo ni siquiera a ser víctima del cansancio y del hartazgo.

Desde aquí, desde este modesto espacio, le deseo toda la suerte del mundo a esta neófita pero tremendamente prometedora compañía, para que de ahora en adelante pueda llevar sus Cartas, su particular “correspondencia” a lo largo y ancho del territorio nacional. Sería hacer justicia con ellos.

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