‘Your name’: mirando cara a cara a Chihiro



CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: YOUR NAME
DIRECTOR Y GUIONISTA: Makoto Shinkai
MÚSICA: Radwimps
PRODUCCIÓN: Toho Company, East Japan Marketing & Communications Inc., CoMix Wave, Toho, Kadokawa
DISTRIBUCIÓN: Selecta Visión
GÉNERO: Anime / Drama / Ciencia ficción / Romántica / Aventuras
NACIONALIDAD: Japonesa
AÑO: 2016 (Estrenada en España el 7-4-2017)
DURACIÓN: 107 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (sobre 5)

Hasta hace nada parecía casi imposible que Japón nos diese una película animada que estuviese a la altura de El viaje de Chihiro; y no por falta de calidad, sino porque la redondez absoluta de la mítica cinta de Hayao Miyazaki y Studio Ghibli hacía poco menos que impensable que alguna otra estuviese a su altura.

Pero, miren ustedes por dónde, ha aparecido MAKOTO SHINKAI, para muchos el sucesor del maestro Miyazaki, para dejarnos en evidencia con la adaptación cinematográfica de la novela del mismo nombre, que le ha quitado a la oscarizada Chihiro la condición de película de animación más taquillera de la historia en Japón y que, tanto en reconocimiento crítico como en premiación, es muy posible que, como poco, se aproxime a sus amplias cotas.

Y con razones para ello. YOUR NAME (Kimi no na wa, en japonés) es mucho, pero que mucho más que una bonita historia, con algo o bastante de ciencia ficción, entre dos muchachos, ella de pueblo y él de ciudad, cuyos cuerpos se intercambian constante y aleatoriamente, y que se conocen pero que aún no se han visto. Así es como se nos presenta en el tráiler la historia de Shinkai, en lo que no es sino una perfecta operación de marketing, con el objetivo de sorprender al espectador.

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Porque, después del comienzo ciertamente amable y divertido en el que se nos presentan a los jóvenes Taki y Mitsuha, el tono cómico progresivamente da paso al drama con ciertas dosis de angustia y de épica, sin perder el romanticismo latente desde el primer minuto.

En definitiva, que Your name no es solamente una película para adolescentes muy bien hecha, sino sobre todo una historia que requiere un pequeño esfuerzo de madurez por parte de un público más adulto, debido a las enseñanzas y a los valores que de ella se desprenden.

Y debido también a las múltiples referencias y alusiones que se incluyen. Referencias a aspectos más etéreos, como los sueños, cuyos recuerdos suelen desvanecerse –hasta el punto de olvidar incluso el nombre de aquello con lo que en ellos alternamos- a medida que nos despertamos y tomamos conciencia de la realidad.

Alusiones también a la insignificancia de la raza humana como parte del universo, en comparación con lo que el espacio y la Madre Naturaleza nos pueden tener deparados en cualquier momento de nuestras vidas. Pese a que la raza humana no hace sino proclamar su –falsa- superioridad sobre el resto de los seres y las cosas, Shinkai se encarga de recordarnos que siempre puede haber algo que, inevitablemente, puede cambiar nuestro destino en un segundo.

Y referencias a diferentes aspectos de la cultura nipona, como no podía ser de otra forma. Por ejemplo, la leyenda del lazo o hilo rojo, esa que dice que las personas predestinadas a conocerse están unidas por un invisible hilo rojo atado al dedo meñique. La fuerza del destino, de carácter inescrutable excepto para los dioses que lo determinan. Unos dioses a los que, en los rituales religiosos, se les suele hacer una ofrenda de sake -tal vez la bebida más popular y genuina de todo el archipiélago japonés-, elaborado de la forma más tradicional.

Todo ello, bien combinado y agitado adecuadamente dentro de una perfecta coctelera llamada narrativa, da como resultado un guión magistralmente hilado –nunca mejor dicho- y llevado a la pantalla a través de una animación excelsa, de una belleza tal que maravilla al espectador con su colorido, sus formas y los matices con los que refleja, además de las diferentes emociones de los personajes, la diferencia entre la vida en la gran ciudad y la vida más rural. Y también a través de su banda sonora, la guinda de una obra que, si bien para mí –más allá de su recaudación- no supera la magia y el misticismo espiritual y artístico de El viaje de Chihiro, sí que se ha ganado con creces el derecho a mirarla cara a cara, como joya del Séptimo Arte que es.

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