Gracias, Juan Carlos; gracias, “Bomba”



Se acabó la carrera como internacional de don Juan Carlos Navarro. Y lo hizo con la medalla de bronce en el Eurobasket 2017, la décima presea para él como internacional absoluto, justo en el mismo lugar en el que se colgó la primera: Estambul.

Aquella, en 2001, también fue de bronce, conquistada frente a la Alemania de un Dirk Nowitzki que ya apuntaba como estrella rutilante de la NBA. La de ayer, ante Rusia, la selección que le hizo pasar uno de los tragos más amargos cuando, en 2007, una canasta “in extremis” de ese “rusomericano” llamado John Robert Holden relegó a la selección a la plata en el europeo de nuestro propio país.

Entre una y otra, ocho más –contando la plata de 2007-, destacando tres oros –dos europeos y uno mundial- y tres medallas olímpicas. Todo con un protagonismo estelar por su parte, a excepción de los últimos campeonatos en los que la edad -37 años- y los problemas físicos han hecho que la ley de vida haya ido cayendo inexorablemente sobre sus espaldas, disminuyendo su rol sobre la cancha –que no fuera de ella-.

En nuestra memoria quedarán sus canastas; su “bomba” marca de la casa que le da sobrenombre; su descaro; su arrojo… y tantas cosas más a lo largo de 253 partidos, más que ningún otro jugador español, desde que debutara hace 17 años en los albores de unos JJOO de Sidney que resultaron decepcionantes para nuestro baloncesto, pero que supusieron el primer gran campeonato para este fenómeno que llegaba a la selección como el estandarte de los “Juniors de Oro” campeones mundiales un año antes.

En la cita australiana Navarro adquirió parte del aprendizaje necesario que, ya junto a la mayoría de sus compañeros de generación, se encargó de aplicar a partir del Eurobasket 2001. La irrupción de Pau Gasol, su amigo, socio y hermano no biológico, no le restó brillo, antes al contrario. Ambos han marcado una época en la selección; y aunque el de Sant Boi es el número 1 y está alargando mejor su carrera deportiva, Juan Carlos no ha estado muy por detrás.

Indiscutiblemente Pau es el mejor baloncestista español de la historia; pero, para mí, Navarro es el número dos asimismo sin discusión alguna, con todo el respeto a Fernando Martín y al hermano menor de los Gasol, Marc. Todos recordamos el Eurobasket 2011, seguramente el mejor momento de su carrera, donde además de ser un artista veía el aro como una piscina –una media de casi 30 puntos entre cuartos, semifinales y final-.

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Allí, en Lituania, Navarro fue MVP, además de tener el enorme gesto de cederle el honor de levantar el trofeo de campeones a otro gigante de nuestro basket como Felipe Reyes, que acababa de perder a su padre. Pero también recordamos los 27 puntos del partido por el bronce en 2001 –secundando los 31 de Pau-; o el partido de semifinales ante Italia en Suecia 2003, cuando tomó la responsabilidad del ataque español aquel día en el que Pau no anduvo fino, y en el que nos jugábamos la clasificación olímpica. O también los 7 triples que le hizo a Polonia en 2009, en el partido decisivo para entrar en cuartos del que acabó siendo el primer Eurobasket de nuestros chicos.

Son solamente las muestras más sobresalientes de Navarro vistiendo la camiseta de España, pero no las únicas brillantes. Si tuviésemos que hacernos eco de todas ellas el artículo se nos haría kilométrico y realmente interminable.

Las hemerotecas hablarán por nosotros en cuanto la memoria empiece a fallarnos, para volvernos a recordar que la gran era de la selección española de baloncesto, por mucho Pau Gasol que hayamos tenido y que seguimos teniendo, no habría sido tanto sin el particular sello de un capitán que, además, ha sido desde su debut el jugador más fiel a las convocatorias internacionales, ya que sólo se ha perdido dos grandes campeonatos –los Europeos de 2013 y 2015- y ambos por lesión.

Desde aquí no nos sale del alma otra cosa que decirle gracias. Gracias, Juan Carlos; gracias, “Bomba”.

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