La modestia no reñida con el arte



CRÍTICA TEATRAL

OBRA: LA NOCHE DIVIDIDA
AUTOR: Paloma Pedrero.
COMPAÑÍA: La Mirada Teatro.
REPARTO: Elena Viña (Sabina) y José Téllez.
DIRECCIÓN: Manuel Romero.
ESCENOGRAFÍA: Kassandra Romero y Lorena Cabrera.
COMPOSITORA: Inma Almendral del Río.
DISEÑO Y TÉCNICA DE ILUMINACIÓN: Kassandra Romero.
TÉCNICA DE SONIDO: Lorena Cabrera.
PRODUCCIÓN: La Mirada Teatro.
VOZ EN OFF: Moncho Sánchez-Diezma.
GÉNERO: Comedia dramática
LUGAR: Sede Viento Sur Teatro (Sevilla).
DÍA: 3-3-2018
DURACIÓN: Aproximadamente 50 minutos.
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Es bastante fácil, hasta cierto punto, acercarse a cualquier espacio teatral mínimamente renombrado para ver algún trabajo de cualquiera de las compañías profesionales más reputadas a nivel nacional. En esos casos, no siempre pero sí como norma general, uno sabe que va a asistir a espectáculos cuya calidad suele estar bastante acorde tanto con el nombre de la compañía en cuestión como del texto llevado a las tablas.

Pero cualquier amante del teatro debería de vez en cuando dejarse caer por esos otros espacios más allá de los grandes escenarios -y Sevilla no es Madrid, pero aquí también hay bastantes de ese tipo-; o frecuentarlos, directamente. Si no lo hace, a mi modo de ver estaría cometiendo un error, porque en más de una ocasión se encontraría con gente que, sin tanta experiencia, sí que destila arte por los cuatro costados.

Es el caso de LA MIRADA TEATRO, compañía emergente -haciendo también alusión al ciclo teatral organizado por Viento Sur Teatro- de reciente creación en la que la juventud, valía y ganas de trabajar de sus componentes deberían darles un futuro más que prometedor en las artes escénicas, bien como el grupo que ahora son, bien por separado.

Estos chicos, brillante cantera de la Escuela Superior de Arte Dramático (ESAD) de Sevilla, nos han ofrecido durante este fin de semana su versión de LA NOCHE DIVIDIDA, texto de Paloma Pedrero en el que predomina el género dramático, presentado con buenas dosis de comedia.

Dos personas, Sabina y Adolfo, actriz y vendedor ambulante de libros, con sus respectivos dramas personales/profesionales, que se encuentran en un momento de sus vidas realmente complicado y que, siendo aparentemente dos seres completamente diferentes poco a poco van descubriendo que, al menos en el momento presente, tienen más en común de lo que ellos mismos podían sospechar nada más verse las caras.

Personajes éstos que bien podríamos ser cualquiera de nosotros en algún momento determinado de nuestras vidas, y que aquí son interpretados por dos jóvenes actores como ELENA VIÑA y JOSÉ TÉLLEZ, capaces de dar los matices necesarios como para que el espectador se crea la tristeza de la situación que atraviesa cada uno de ellos, tratada a su vez con una vis cómica que saca algunas sonrisas, a su vez que también hace aflorar un poco de ternura.

Todo ello desarrollado en un ático madrileño perfectamente representado. Un trabajo sencillo a la vez que sumamente brillante con el que KASSANDRA ROMERO y LORENA CABRERA nos dejan claro que no es preciso mostrar una escenografía rimbombante para lograr componer el espacio buscado. Solamente es necesario una dosis del ingenio y del arte que tienen estas dos jóvenes -de Kassandra yo había visto ya algún que otro trabajo durante su época de estudiante, mas no de Lorena, todo un descubrimiento- para presentar un ático de diseño sencillo y modesto, no exento de elegancia -lástima, eso sí, que las características del escenario impidieran mostrar las telas del fondo en plenitud- y con un trabajo escénico acorde a lo que aquí se precisa.

Asimismo tampoco desentonan, en absoluto, otros aspectos como la iluminación, la música -precioso y sensual el “momento tango” de los protagonistas, dicho sea de paso- y el sonido. Especial mención hay que hacer en ese sentido de MONCHO SÁNCHEZ-DIEZMA, actor de amplia trayectoria artística que presta su colaboración con un buen cameo de voz al final de la obra. Su “aparición” supone, como decimos, el punto final de un montaje con el que los chicos de La Mirada Teatro nos han dejado bien claro que, muchas veces, la modestia, la juventud y la sencillez en absoluto están reñidos con el arte.

(IMAGEN: GEMA RODRÍGUEZ)

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