Archivo categoría Críticas cinéfilo-teatrales

Mr Banks, “salvado” con nota


CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: AL ENCUENTRO DE MR BANKS (SAVING MR BANKS)
DIRECTOR: John Lee Hankock
REPARTO: Emma Thompson, Tom Hanks, Colin Farrell, Paul Giamatti, Jason Schwartzman, Bradley Whitford, Ruth Wilson, B.J. Novak, Rachel Griffiths, Kathy Baker
GUIÓN: Sue Smith y Kelly Marcel
PRODUCCIÓN: Walt Disney Pictures / Ruby Films / Essential Media & Entertainment
GÉNERO: Drama
NACIONALIDAD: Estados Unidos
DURACIÓN: 125 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (sobre 5)

Tom Hanks (Walt Disney) y Emma Thompson (P.L. Travers), paseando por DisneylandiaEn primer lugar, si esta crítica llega a manos de algún determinado especialista puro en el mundo del cine, me gustaría pedirle perdón porque, a la hora de emitir mi puntuación particular de SAVING MR BANKS -prefiero el título original; además de más corto es más adecuado para con la filosofía del film- me haya dejado llevar por los entrañables recuerdos que en mi mente evocan tanto el universo Disney en general como, concretamente, una película –Mary Poppins– que siempre, tenga la edad que tenga, estaré dispuesto a ver al menos una vez más.

No quiere esto decir que el homenaje que Disney ha preparado por el cincuentenario del estreno de uno de sus éxitos históricos sea objetivamente una mierda, capaz de captar de manera facilona al seguidor de Mary Poppins pero de aburrir soberanamente al resto de la humanidad. Que nadie se atreva a pensar tal cosa. Aunque sí que la casi excelencia otorgada por mí en su evaluación podría deberse a la gran cantidad de agradables reminiscencias provocadas principalmente por la inolvidable banda sonora creada por los míticos hermanos Robert y Richard Sherman.

O no tanto, quién sabe. Porque si dejamos a un lado todo esto -cosa harto complicada- el resultado no es otro que el de un trabajo con sus pequeñas imperfecciones, pero cuya historia está notablemente conducida, yendo progresivamente a más con el transcurrir de los minutos. La visión -parece ser, eso sí, un poco edulcorada según los acontecimientos reales- de cómo Walt Disney consiguió, allá por 1961, hacerse con los derechos de la novela escrita por P.L. Travers para su adaptación cinematográfica, combinado todo ello con el recuerdo de las desgraciadas vivencias infantiles de la propia autora.

Los entresijos -algunos de ellos- del mundo del séptimo arte; el tira y afloja entre ambas partes a la hora de elaborar el guión de una obra que terminaría pasando a la historia… y la reivindicación, como uno de los “mensajes” incluidos, de la figura paterna. Ese “Mr Banks” -con el recuerdo, sencillo pero emotivo, del inolvidable David Tomlinson, el rostro por excelencia del personaje-, posiblemente imperfecto pero con seguridad cariñoso que quien más quien menos tiene o ha podido tener a lo largo de su vida. Ese padre “salvado”, ya sea por una simpática y eficaz institutriz… o más bien por uno mismo.

¿Y cuál es el proceso para “salvar”, y con la mejor nota posible, a Mr Banks? Para saberlo, es preciso que se acerquen a las salas de cine -o a los videoclubs, cuando salga la película en DVD- y sean testigos del maravilloso mano a mano interpretativo que mantienen dos verdaderos monstruos como EMMA THOMPSON y TOM HANKS.

Thompson encarna a la perfección probablemente no con exactitud a la Travers real, pero sí a la que exige el guión de Sue Smith y Kelly Marcel: la típica mujer inglesa -de origen australiano, en su caso- seca y en ocasiones hasta impertinente pero que, a través de los recuerdos de su desafortunado padre –COLIN FARRELL– va mostrando su corazoncito y que termina -con esto no descubro nada que el espectador mínimamente sagaz pueda dejar de imaginarse- realmente encantada con el multitudinario estreno de Mary Poppins. Y Hanks responde como un perfecto “partenaire” en la piel del -controvertido para algunos- “creador de sueños”, el “Rey Midas” que todo lo que toca lo transforma en oro pero que, a su vez, es capaz de soportar una úlcera para no incumplir una promesa hecha veinte años antes a sus niñas.

Si todo ello es totalmente cierto o no, qué más da. Hay ciertas “licencias poéticas” -ahí tenemos, por ejemplo, a Shakespeare in love con el genio inglés y Romeo y Julieta– que, dependiendo del guión en sí y del propósito de la película a montar, resultan perdonables y asumibles. Es la magia del cine. Y con Saving Mr Banks no cabe otra cosa que dejarse llevar, y disfrutar.

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Tragedia (y celos) de un gran Otelo


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: OTELO
AUTOR: William Shakespeare
COMPAÑÍA: Noviembre Teatro
REPARTO: Daniel Albaladejo, Arturo Querejeta, Cristina Adua, Fernando Sendino, Isabel Rodes, Héctor Carballo, José Ramón Iglesias, Francisco Rojas y Ángel Galán
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
ESCENOGRAFÍA: Carolina González
ILUMINACIÓN: Miguel Ángel Camacho
MÚSICA: Ángel Galán y Eduardo Vasco. Adaptación musical a partir de R. Schuman y A. Scriabin
VERSIÓN: Yolanda Pallín
DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 7-2-2014
DURACIÓN: Aproximadamente un par de horas
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Desdémona (Cristina Adua) y Otelo (Daniel Albaladejo)Hay quien dice, según diversas críticas y opiniones que han podido llegar a mis manos, que el OTELO versionado por Yolanda Pallín y dirigido por Eduardo Vasco para Noviembre Teatro es el mejor montaje del director madrileño en toda su carrera.

No voy a entrar en si eso es cierto o no porque, además, es realmente complicado hacer semejante determinación vista la cantidad de excelentes trabajos que están presentes en su currículum; pero lo que sí es verdad es que tanto Vasco como Pallín -versión con cambios puntuales pero notorios, aunque sin alterar alterar la esencia de la historia- han captado perfectamente el espíritu de uno de los grandes clásicos universales de Shakespeare.

La tragedia del moro general veneciano, posiblemente el paradigma -o uno de ellos- en el teatro mundial de los celos y de la falta de escrúpulos a la hora de intentar llegar al poder, aparece perfectamente conducida por un director que está apostando fuerte por el genio inglés -ya presentó, hace un par de años, su Noche de Reyes– para su nueva andadura en la compañía creada hace algo más de una década por él mismo.

Los dos protagonistas principales: Otelo (Daniel Albaladejo) y Yago (Arturo Querejeta)Y, a su vez, también por su elenco clásico, al menos en su base principal. Ello le permite al público disfrutar de un bello mano a mano entre el más que consolidado Daniel Albaladejo -de facto uno de los grandes de la escena española contemporánea-, y la ya clásica maestría de un veterano que, como los buenos vinos, sigue mejorando con el paso del tiempo: Arturo Querejeta.

Decía Albaladejo, en una entrevista concedida recientemente a Radio Amisose, que daría un ojo de su cara por actuar en The Globe. Comparto su deseo; porque si el Otelo actual ya es de por sí de lo mejor que el cartagenero ha hecho en su carrera, el grado extra de inspiración que tendría al darle vida en el mítico teatro londinense sin duda convertiría su actuación en algo rayando lo antológico.

Y qué decir de Querejeta… el perfecto Yago, el personaje que lleva el peso de la historia tanto o más incluso que el propio Otelo, manejando los hilos y urdiendo la tela de araña en la que termina atrapando a su superior para ejecutar su particular venganza. Después de la vis cómica mostrada en Noche de Reyes, Querejeta vuelve a poner de manifiesto su excepcional versatilidad como actor.

El resto del elenco contribuye también a mantener el nivel de la obra. Fernando Sendino (Casio) e Isabel Rodes (Emilia) dan, junto a la joven Cristina Adua (Desdémona) una más que notable réplica a los dos protagonistas; ayudados por un aceptable Héctor Carballo (Rodrigo); por los “desdoblados” Francisco Rojas (Dux de Venecia y Ludovico) y José Ramón Iglesias (Brabancio y Montano); y por la siempre oportuna música al piano de Ángel Galán.

Todo ello, como ya es clásico en Eduardo Vasco, con un minimalismo escenográfico que deja todo el protagonismo a los artistas para que, sin duda, cada cual dé lo mejor de sí. Una medida, una vez más, acertada por parte del madrileño. Porque así, la calidad de quienes se encuentran sobre las tablas (y esta vez también puntualmente entre el público) no hace sino brillar como es debido.

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Maravillosa “correspondencia” de Miua Teatro


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: CARTAS
AUTOR: Borja de Diego
COMPAÑÍA: Miua Teatro
REPARTO: Mila Fernández
MAQUILLAJE: Clara Losa y Gema Barroso
DIRECCIÓN: Juan José Morales “Tate”
LUGAR: Teatro Duque-La Imperdible (Sevilla)
DÍA: 15-1-2014
DURACIÓN: Aproximadamente una hora
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Mila Fernández, en "Cartas"Seis mujeres históricas y otros tantos testimonios, con sus circunstancias. La parte más desconocida y desgraciada de la existencia de nombres femeninos ciertamente conocidos cobra vida gracias al montaje que MIUA TEATRO viene desarrollando desde su estreno el pasado mes de noviembre.

Desde Cleopatra, la “reina de las reinas” del antiguo Egipto, hasta Virginia Woolf; pasando por Marie Curie, Mary Shelley, Eva Braun y Marylin Monroe. Media docena de “cartas” íntimas y personales, con la intensidad dramática y el toque personal del joven periodista y escritor BORJA DE DIEGO. Seis monólogos con diferente estilo, pero con tres puntos en común: la reivindicación de la feminidad en la historia del género humano; la importancia histórica de los personajes; y la desgracia.

Todas ellas, enfrentándose a sus propios conflictos, y a la crueldad del destino y la sociedad de sus respectivas épocas que, pese a su grandeza fehacientemente demostrada, les reservó un rol posiblemente bien distinto al que ellas hubiesen deseado. No sabemos realmente, porque difícilmente se puede, si lo expuesto sobre el papel y las tablas era exactamente lo que ellas pensaban y contra lo que ellas luchaban o intentaban luchar; pero sí queda comprobado que, con esta múltiple puesta en escena, De Diego es capaz de llegar al público gracias a su capacidad de penetrar literariamente en el interior del ser humano, y ser capaz de mimetizarse psicológicamente de forma más que acertada.

Claro que no habría bastado para el éxito de la obra de no haber sido por la excelente dirección de JUAN JOSÉ MORALES “TATE” y, sobre todo, por una fuerza de la naturaleza llamada MILA FERNÁNDEZ; una joven actriz que, visto lo visto, merece más pronto que tarde una oportunidad en el teatro profesional. Leer el resto de la entrada »

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El retrato alternativo contemporáneo de la Ciudad Eterna


CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: LA GRAN BELLEZA (LA GRANDE BELLEZZA)
DIRECTOR: Paolo Sorrentino
REPARTO: Toni Servillo, Carlo Verdone, Sabrina Ferilli, Iaia Forte, Isabella Ferrari, Vernon Dobtcheff, Giorgio Pasotti, Luca Marinelli y Galatea Ranzi, entre otros
PRODUCCIÓN: Indigo Film
GÉNERO: Comedia/Drama
NACIONALIDAD: Italia/Francia
DURACIÓN: 142 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: * * * * (sobre 5)

(Exhibida en el FESTIVAL DE CINE EUROPEO 2013 DE SEVILLA)

La Roma nocturna, la Roma alternativa, la Roma que no se suele ver, la Roma más allá del Coliseo, el Foro, el Vaticano o la Piazza Navona. La Roma que retratara hace medio siglo Fellini en La dolce vita es la que nos ofrece, en el siglo XXI, Paolo Sorrentino.

Una Roma a través de los ojos de Jep Gambardella, escritor entrado ya en la vejez, con tan sólo una novela en más de cuarenta años, e intentando la búsqueda de la “gran belleza”. Con Gambardella (un excelso Toni Servillo), Sorrentino nos presenta una visión por momentos bastante crítica de lo que es la vida “real”, más allá del entramado clásico y turístico, en una de las ciudades más hermosas del mundo.

Todo ello se extrae de las vivencias de quien pretende ser el “rey de los mundanos” en un lugar, la “Ciudad Eterna”, donde es harto complicado hacerse un nombre descollante durante más de una semana. Gambardella, un hombre de buen vivir pero en el fondo amargado, comparte su vida, eminentemente nocturna, con personas de todo tipo, aunque todas ellas “mundanas” como él.

Como si aparentemente nada sucediera, nuestro protagonista ve vivir y ve morir a la gente que aprecia; sufre y, al mismo tiempo, disfruta de su confesa miserabilidad; hasta que descubre cómo llegar a ese particular “santo Grial” de la inspiración literaria y de la felicidad existencial.

Y entre un punto y otro, diferentes historias personales y corales a modo de frescos, con humor y drama, contrastes y buenas dosis de surrealismo bien llevado que emocionan al máximo, o que como poco no dejan diferente al espectador. Una brillante forma de clausurar el Festival de Cine Europeo 2013 de la capital andaluza.

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El Tenorio, perfecta (y “próximamente”) metateatralizado


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: DON JUAN TENORIO (PRÓXIMAMENTE)
AUTOR: José Zorrilla y EdeTeatro
COMPAÑÍA: EdeTeatro
REPARTO: Fernando Fabiani, José Luis Losa, Manuel López, Antonio J. Álvarez, Antonio Rodríguez, María Conradi, Laura Daza, Reyes Fabiani, Alejandro Puch, Pablo Gil de Montes, Isaac García, Alba Alférez, Mercedes Pérez, Clara Losa, sara Jiménez, Mary Miras, José Luis López, María Jiménez, Anabel Miras, Álvaro Pérez, Carlos Ortega
MAQUILLAJE: Clara Losa y Gema Barroso
ATREZZO: Laura Daza, Sara Jiménez y Mary Miras
VESTUARIO: Deborah Macías
DIRECCIÓN: José Luis Losa y Fernando Fabiani
LUGAR: Sala Chicarreros (Sevilla)
DÍA: 1-11-2013
DURACIÓN: Unas dos horas
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Doña Inés/Marta (María Conradi) y Don Juan/Carlos (Fernando Fabiani), en la mítica escena del diván. Foto: EdeTeatroUna calamidad de reparto, un director desesperado con todo y con todos (actores poco profesionales y con problemas entre ellos, atrezzo que no llega “hasta el martes” y problemas de todo tipo), una regidora que no da a basto la pobre… y un Tenorio en su ensayo general, a tan sólo una semana de su estreno en Sevilla, y con todas las localidades vendidas ya para sus cinco primeras funciones.

Así se presenta este DON JUAN TENORIO (PRÓXIMAMENTE) que nos ha traído EDETEATRO, compañía autora, entre otros destacados montajes, de una sevillanizada La cena de los idiotas, o de su particular homenaje al Quijote En un lugar de Sevilla.

Un hermoso espectáculo caracterizado por una magnífica combinación de los maravillosos versos de Zorrilla -en sus escenas principales-, y de los avatares que pueden llegar a ocurrir entre bastidores. Una vez más, el metateatro -teatro dentro del teatro- como recurso para dar a conocer no sólo la que es una de las 4-5 obras principales de toda la historia del teatro español -y, sin duda, la más popular de todas ellas-, sino también los entresijos que tienen lugar detrás de la escena.

Encabezado por un genial FERNANDO FABIANI -en su papel simultáneo de Don Juan y del actor Carlos- y por JOSÉ LUIS LOSA -el desesperado director-, este particular Tenorio va evolucionando en su preparación desde el desastre absoluto hacia el mejor ensayo que jamás pudieran imaginar.

Disección perfecta del espíritu de la obra y de la evolución del personaje de Don Juan -de machito ibérico a hombre enamorado-, aderezada con unos más que oportunos toques de interactividad, humor y dramatismo a partes iguales, en su lado metateatral. Recomendable a todas luces… a la vez que asequible para los bolsillos. No se lo piensen ni por un momento.

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La dramaturgia de Gil Vicente, en el siglo XXI


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: AUTO DE LA SIBILA CASANDRA
AUTOR: Gil Vicente
COMPAÑÍA: Nao D´Amores
REPARTO: Elena Rayos (Casandra), Sergio Adillo (Salomón), Carlos Seguí, Juan Pedro Schwartz, Alejandro Sigüenza (Profetas/sibilas), Sofía Alegre (Viola de gamba), Eva Jornet (Flautas) e Isabel Zamora (Clave)
ARREGLOS Y DIRECCIÓN MUSICAL: Alicia Lázaro
TÍTERES: David Faraco
VESTUARIO: Deborah Macías
VERSIÓN Y DIRECCIÓN: Ana Zamora
LUGAR: Espacio Santa Clara (Claustro del Convento de Santa Clara, Sevilla)
DÍA: 20-9-2013
DURACIÓN: Una hora
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Imagen del montaje exhibido en Almagro, en 2011. Foto: Guillermo Casas BaruqueDiversión, comicidad, buena música, sentido del humor -justo el que le falta a algunos-… en definitiva, calidad. Todo esto, y mucho más, es lo que nos muestra sobre las tablas la versión de Nao D´Amores del Auto de la Sibila Casandra, y de parte de la obra dramática de Gil Vicente. Un montaje intacto desde su génesis allá por el año 2003, y que la compañía castellana se decidió a recuperar en 2011, casi una década más tarde.

Quiero resaltar el gran valor que se le debería otorgar a la labor que, como directora teatral, lleva desempeñando Ana Zamora desde hace ya varios años. Más allá de gustos particulares, creo que objetivamente el buen aficionado debe agradecer la ventana abierta por la directora segoviana hacia el teatro medieval y renacentista, en especial hacia la figura del más importante autor portugués de la historia. Una verdadera rara avis en los espacios escénicos de nuestro país, y una apertura de miras realmente necesaria y refrescante al mismo tiempo.

Con su Sibila Casandra, tal y como ocurrió en su día con la Tragicomedia de Dom Duardos para la Compañía Nacional de Teatro Clásico, Zamora introduce al espectador del siglo XXI la figura de este autor tan importante para el teatro hispano del Renacimiento como poco conocido en general. Quizás más aún en esta última si cabe al abordar, dramatúrgicamente con el espíritu de los tiempos que corren hoy en día, una temática tratada ya por entonces, como la de la mujer que se levanta contra las convenciones sociales para decidir su propio camino.

Una puesta en escena en la que, tan sólo en una hora de duración, abunda sobremanera la riqueza de matices. Como por ejemplo, el mantenimiento de la dicción y la fonética del siglo XVI -toda una delicia para filólogos y amantes en general de la historia de la lengua española- sin perder el hilo con el espectador; así como la inclusión de ciertos aspectos de la cultura portuguesa -todo un guiño al lugar de origen de Gil Vicente- y de la época en la que se concibió el texto original. O también la música en directo, perfectamente interpretada por las tres instrumentistas que, en el fondo, no son sino tres personajes más, muy bien engarzados dentro un entramado exitosamente coral.

Nada está dejado de la mano de Dios -o casi nada, estrictamente, si lo pensamos bien-; ni tan siquiera el continuo desdoblamiento de personajes magníficamente coordinado entre los seis pastores -tanto profetas como sibilas-, perfectos complementos dramáticos de los protagonistas Casandra (la rebelde profetisa, interpretada por Elena Rayos) y Salomón (Sergio Adillo), y a los que dan vida, con particular arte, Carlos Seguí, Juan Pedro Schwartz y Alejandro Sigüenza.

Todo ello da como resultado sesenta minutos de un delicioso entretenimiento y acercamiento general al mundo de los inicios de los Siglos de Oro… en el que sólo ha faltado, aquí en Sevilla, una mayor asistencia de público; y no precisamente por culpa de Nao D´Amores. Es una verdadera pena que, bien por unas u otras razones -excesivo precio de las entradas, escasísima propaganda en las semanas previas-, la gente no haya podido disfrutar de un espectáculo como éste que vale, y mucho, la pena. Que se dé por aludido quien corresponda.

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El humor del “espíritu” latino hispalense


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: GENIUS LOCI
AUTOR: Ramón Bocanegra
COMPAÑÍA: La Tarasca
REPARTO: Marcela Lacourt, Juan Carlos Guajardo, Diana Noriega, Montse Rueda y Eugenio Jiménez, entre otros
VESTUARIO Y ATREZZO: Antonio Zannoni
PRODUCCIÓN: Carmen Montes
DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: Ramón Bocanegra
LUGAR: Antiquarium (Sevilla)
DÍA: 27-7-2013
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

Según la tradición clásica romana, el concepto de “genius loci” alude al espíritu protector de un determinado lugar, una especie de dios que, frecuentemente, solía ser representado por una serpiente. Y lo que pretende la compañía La Tarasca con esta obra, basada en textos de autores clásicos como Virgilio o Marcial, es ofrecernos unas “pinceladas” del “genius loci” particular -según ellos- de la Hispalis del siglo II después de Cristo.

Todo ello ha venido funcionando a lo largo de los jueves, viernes y sábados del mes de julio, en un marco tan peculiar como el Antiquarium de Sevilla. Con los restos arqueológicos de fondo, la historia transcurre entre las características de una visita guiada en la primera parte, y un espectáculo teatral más al uso posteriormente, en el escenario habilitado en pleno centro del recinto.

Así, Ramón Bocanegra nos ha estado ofreciendo, con Genius Loci, a lo largo de estas últimas semanas una obra con humor y también algo de drama, y también con buenas dosis de música y baile. Un espectáculo -ideado originalmente para el festival de danza de Itálica- sumamente entretenido, en el que el texto quizás no esté logrado del todo, pero en el que los miembros del elenco ponen la nota destacada, desde los actores con su vis cómica y su variedad de personajes, hasta el músico -y sus efectos sonoros-, pasando por el nutrido coro de bailarinas.

Y también con un vestuario por lo general sencillo, pero acorde a la época en la que nos encontramos desde el mismo momento en el que, como si fuéramos turistas, cruzamos la puerta de entrada. En definitiva, un montaje más que digno con el que La Tarasca ha amenizado, durante el mes de julio, buena parte de las noches en el centro histórico de la antigua Hispalis.

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Sobre milicias y guerras absurdas


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: MILICIANO
AUTOR: Joaquín Blanes
COMPAÑÍA: Varia Invención (Distribuidora)
REPARTO: Jesús Redondo
ESCENOGRAFÍA: Sara Vidal
PRODUCCIÓN: Nacho Bauzano/Vito Domínguez
DIRECCIÓN Y DRAMATURGIA: Joaquín Blanes
LUGAR: Sala El Cachorro (Sevilla)
DÍA: 22-6-2013 (pase de las 22:00)
DURACIÓN: Cincuenta minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Jesús Redondo, en "Miliciano"España, segunda mitad de los años 30. En el frente, una trinchera, con sus barreras de protección, su pala para ser cavada. Y su correspondiente soldado, un joven con su soledad, su “menú” de supervivencia alimenticia -pan y latas de atún en conserva-, su tabacalera y, sobre todo, los recuerdos de sus seres queridos y las vivencias como miliciano en medio de una contienda absurda que nada bueno puede llegar a traer.

Así nos presenta Joaquín Blanes este alegato contra los conflictos armados en general, y la Guerra Civil en particular. Un texto que el director deja en manos de un notable Jesús Redondo, quien es capaz de combinar a la perfección el humor y dramatismo a partes iguales que Blanes, sobre el papel, lleva al extremo de su fusión absoluta en el momento decisivo de la acción, en su clímax.

Una historia que a ratos conmueve, y a ratos -como si fuera el gran Miguel Gila en sus archiconocidos “sketches”- arranca una sonrisa. E incluso, tal y como afirma Sir Charles Spencer Chaplin en su inolvidable El chico, también alguna que otra lágrima.

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Bella y emotiva apología del Quijote… y de Cervantes


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: YO SOY DON QUIJOTE DE LA MANCHA
AUTOR: Miguel de Cervantes/José Ramón Fernández (Dramaturgia)
COMPAÑÍA: Metrópolis Teatro (Distribuidora)
REPARTO: José Sacristán, Fernando Soto, Almudena Ramos y José Luis López (Violonchelista).
MÚSICA ORIGINAL: Ramiro Obedman
ESCENOGRAFÍA: Javier Aoiz
VESTUARIO: Mónica Boromello
DIRECCIÓN: Luis Bermejo
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 11-5-2013
DURACIÓN: Hora y tres cuartos, sin intermedio.
CALIFICACIÓN: * * * * * (Sobre 5)

No es el caso de quien suscribe estas líneas porque servidor de ustedes suele tener buen tino a la hora de escoger sus obras, pero para quien por un casual se hubiere desencantado del teatro por malas experiencias, no hay mejor forma de congraciarse con este bello arte que asistir a esta función, clara candidata a ser nombrada como mejor obra teatral de todo 2013. Como tampoco hay mejor forma para reivindicar y recordar, sobre las tablas, la que es la obra por excelencia de toda la literatura española.

Que tenga por seguro todo aquel amante del Quijote y del buen teatro que es verdaderamente imprescindible, si se lo puede permitir, asistir a esta magnífica adaptación de José Ramón Fernández que tiene la gran virtud de recoger y repasar todo lo más importante que ocurre en el texto de don Miguel de Cervantes en menos de dos horas, respetando en la medida de lo posible la palabra del Príncipe de las Letras españolas, sin violar su espíritu en ningún momento -antes al contrario- y adaptando la dramaturgia a las cualidades de un verdadero maestro de la interpretación como José Sacristán.

Sacristán es, después del inigualable Fernando Rey en la maravillosa obra televisiva de Manuel Gutiérrez de Aragón, el mejor Don Quijote que han visto estos ojos. Dominando la escena y el tempo interpretativo desde el inicio, el veterano actor madrileño da una nueva lección adoptando el alma del célebre y mítico hidalgo de La Mancha, en el que se transforma hasta el punto de fusionarse los dos en un mismo ser. Y recibiendo, asimismo, una réplica a la altura gracias a Sancho Panza y su hija Sanchica; o, lo que es lo mismo, a Fernando Soto y Almudena Ramos. Y también a José Luis López, el violonchelista, que termina por ser, en cierto modo, un personaje más.

De izquierda a derecha: Sanchica (Almudena Ramos), Sancho (Fernando Soto) y Don Quijote (José Sacristán)Todo con una escenografía tan discreta como adecuada al mismo tiempo para este espectáculo que introduce el metateatro como “modus operandi” en su inicio -teatro dentro del teatro para combinar realidad y ficción-, y para el que hay que dar las gracias a Natalia Menéndez, directora del Festival de Teatro Clásico de Almagro y “madre” de una idea impecablemente llevada a la práctica tanto desde la técnica como desde la emotividad que rezuma cada momento de su puesta en escena. Una idea con la que no sólo se reivindica al personaje, universal y autóctono, el “loco-cuerdo” por excelencia de la ficción española… sino también, indirectamente, a su “padre”.

Porque si a don Miguel no se le hubiese ocurrido embarcarse en lo que iba a ser en principio una novela corta -al estilo de las Ejemplares- no habríamos tenido ni a Don Quijote, ni a Sancho, ni nada de todo lo bueno que se puede disfrutar en la que para mí y para muchos es la NOVELA por antonomasia. En definitiva, no habríamos tenido al Quijote: ni a la obra, ni al personaje, ni al mito. Ni tampoco, huelga decirlo, esta delicia teatral nacida en pleno corazón de La Mancha y que, como el Caballero de la Triste Figura, lleva recorriendo la geografía nacional desde julio del pasado año. No para “desfacer entuertos”, pero sí para deleitarnos y hacernos disfrutar durante casi dos horas, que también hace mucha falta en los tiempos que corren.

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Paradigma de la reflexión existencialista


CRÍTICA TEATRAL

OBRA: EL MALENTENDIDO
AUTOR: Albert Camus
COMPAÑÍA: Centro Dramático Nacional
REPARTO: Cayetana Guillén Cuervo, Julieta Serrano, Ernesto Arias, Lara Grube y Juan Reguilón.
MÚSICA: Alba Fresno (Viola de Gamba) y Scott A. Singer (Acordeón).
ESCENOGRAFÍA: Carolina González
VESTUARIO: Lorenzo Caprile
VERSIÓN: Yolanda Pallín
DIRECCIÓN: Eduardo Vasco
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 3-5-2013
AFORO: Unos tres cuartos
DURACIÓN: Hora y media, sin intermedio.
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Elenco de "El malentendido", inclusive los músicosExistencialismo puro y duro; es lo primero que ha de pasar necesariamente por la mente después de visionar sobre las tablas este texto de uno de los grandes nombres, como lo es Albert Camus, de esta corriente filosófica a caballo entre la segunda mitad del siglo XIX y la primera mitad del XX. Una constante reflexión facilitada por aspectos como las reminiscencias bíblicas de la conocida parábola del Hijo Pródigo, o la siniestralidad que emana de las acciones criminales de la madre y la hija protagonistas, castigadas a la postre de la peor y más cruel de las formas posibles.

Pesimismo y angustia, típicos del existencialismo, que no deben esconder las virtudes de una composición alejada para mi gusto de la majestuosidad y la perfección de la que, en mi modesta opinión, hacen gala muchos de los grandes clásicos -españoles y universales-, pero que consigue captar, desde el principio hasta el final, la atención de cualquier espectador con un mínimo de sensibilidad.

A ello contribuye la notable actuación en conjunto de un elenco muy bien escogido, comenzando por una Cayetana Guillén Cuervo a veces un puntín acelerada en su dicción, pero que consigue dar la talla de sobra en el emotivo tributo rendido a su padre recientemente fallecido, al protagonizar la obra en la que, según dicen, se conocieron sus progenitores, Fernando Guillén y Gemma Cuervo, estrenada en España en 1969 bajo la dirección de Adolfo Marsillach. La excelente réplica de la veterana Julieta Serrano y, en segunda instancia, de Ernesto Arias, deja el terreno preparado para que Lara Grube e incluso Juan Reguilón -el viejo criado que aparece de manera tan sumamente puntual- pongan la guinda interpretativa con sus respectivas aportaciones ya en el epílogo.

Y sobre la puesta en escena, ahí está de nuevo el sello de Eduardo Vasco. Austeridad y frialdad cromática -en la escenografía- y rítmica, acompañada de la música en directo; el estilo típico con el que el director madrileño goza de igual cantidad tanto de admiradores como de detractores. Pero una excesiva sobriedad general que, en esta ocasión, está plenamente justificada ya que, indiscutiblemente, viene al pelo para reflejar el pesimismo, la angustia y la siniestralidad antes aludidos.

Porque El malentendido, como la obra en general de Camus, no es un texto hecho para provocar el entusiasmo y la pasión de las grandes comedias/tragedias barrocas de capa y espada; sino para que el espectador sea capaz no ya de compartir creencias con los existencialistas, sino de llevar a cabo el correspondiente ejercicio psicológico para ponerse en su piel durante hora y media e intentar comprender sus peculiarísimas inquietudes. Y tanto Vasco como los actores no hay duda de que lo consiguen.

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