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El “Lazarillo de Tormes”, ¿deja de ser anónimo?
Parece que el autor del Lazarillo de Tormes está a punto de salir del anonimato. Es lo que se extrae de la investigación realizada por la veterana paleógrafa Mercedes Agulló, la cual reflejan los compañeros de El Cultural -revista que se publica los viernes en el interior del diario El Mundo- en su edición de esta semana.
Según Agulló, con toda probabilidad el autor de la considerada primera novela moderna de la historia de nuestra literatura -publicada en 1554- y embrión del Quijote para muchos, es Diego Hurtado de Mendoza, conocido personaje del siglo XVI en España.
Para llegar a esta afirmación, la paleontóloga -cuya tesis versa sobre la imprenta y el comercio de libros en Madrid desde el XVI hasta el XVIII- se basa en un documento encontrado en el inventario de Juan López de Velasco, cronista e historiador del reinado de Felipe II. Este López de Velasco, cuenta Agulló, fue el encargado oficialmente de aplicar la censura a las correspondientes partes del Lazarillo, para que saliera del catálogo de libros prohibidos por sus obscenidades, adonde había caído en 1559; algo que, finalmente, ocurrió en 1573.
Pues bien, en dicho inventario se encontraba un lote numeroso de documentos acumulados por Hurtado de Mendoza, entre los que destacan dos líneas que dicen: “Vn legajo de correçiones hechas para la ynpression de Lazarillo y propaladia”

Desde aquel momento -hace unos cinco años-, Mercedes Agulló se ha dedicado a la elaboración de un libro que aparecerá dentro de unos días, A vueltas con el autor del Lazarillo, en el que nos ofrece una hipótesis bastante seria, que tiene muchos visos de convertirse en teoría.
Esto es lo que viene a contar, resumidamente, el artículo de El Cultural que he mencionado al principio, y que firma Blanca Berasátegui. Para quien tenga curiosidad por leerlo completo, dejo el enlace de Internet; en el que se puede ver, bajo el retrato de Hurtado de Mendoza, el fragmento manuscrito donde se incluyen las dos líneas que llevan a pensar que él es el autor del Lazarillo:
http://www.elcultural.es/version_papel/LETRAS/26742/El_Lazarillo_no_es_anonimo
A pesar de que valoro y alabo tremendamente el trabajo de Mercedes Agulló, reconozco que todavía soy algo escéptico y reticente con respecto a este hecho; pero de lo que no cabe la menor duda es de que, de confirmarse la autoría de Hurtado de Mendoza, se produciría una auténtica revolución en el mundo de la historia de las letras españolas; porque inmediatamente habría que reeditar no sólo el Lazarillo, sino también toda la extensísima bibliografía relacionada con nuestra literatura de los Siglos de Oro.
Por no decir también que la paleontóloga madrileña, a sus 84 años, pasaría inmediatamente a la historia al ser la que habría cambiado por completo uno de los axiomas por excelencia de la literatura española, algo que se nos viene enseñando desde nuestra pre-adolescencia como es el hecho de que el Lazarillo de Tormes es anónimo.
Se nos fue Rafael de Penagos, uno de los grandes por excelencia del doblaje en España
El mundo de la poesía y, sobre todo, el de la interpretación, están de luto. Anoche nos dejó, en el hospital Gregorio Marañón de Madrid, a los 86 años de edad, uno de los más grandes actores españoles de doblaje, Rafael de Penagos.
De Penagos, socio de honor de la Asociación de Actores de Doblaje de Madrid, comenzó su carrera a principios de los años 40, y deja un legado de más de mil trabajos. Entre los personajes a los que prestó su voz me gustaría destacar, por la parte que me toca, al Cardenal Richelieu D´Artacán y los Tres Mosqueperros; a Cervantes en Don Quijote de La Mancha ; a Dix, uno de los perros policía en La vuelta al mundo de Willy Fog -series animadas, todas ellas de gran calidad, que marcaron sobremanera mi infancia-; al Capitán Renault en Casablanca (doblaje 1983); al Ministro del Interior de La naranja mecánica; o al inolvidable Stan Laurel, “el Flaco”, en las películas del mítico dúo redobladas a partir de los años 80.
Amante de Latinoamérica -vivió durante algunos años en Chile y Argentina- y amigo, entre otros, de Pablo Neruda, Juan Ramón Jiménez, Jorge Luis Borges o Rafael Alberti; Rafael De Penagos también cultivó de forma destacada la poesía. En 1964 ganó el Premio Nacional de Literatura con su libro Como pasa el viento; mientras que otras de sus obras más señaladas -de un total de 15- son Cartas a León Felipe, Orilla de recuerdos, Memoria de doce escritores, Retratos testimoniales, y Poemas a Consuelo, dedicado a su esposa -fallecida ya hace años- Consuelo Romero.
Con él se va una de las voces más reconocibles, más queridas y más admiradas del cine y la televisión en España.
Eastwood y Freeman nos vuelven a emocionar
Escrito por victor en Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura, General el Febrero 5th, 2010
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Invictus
DIRECTOR: Clint Eastwood
GUIÓN: Anthony Peckham y John Carlin
REPARTO: Morgan Freeman, Matt Damon, Tony Kgoroge, Patrick Mofokeng, Matt Stern
GÉNERO: Drama histórico
NACIONALIDAD: USA
DURACIÓN: 134 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)
Una vez más, Clint Eastwood vuelve a demostrar el porqué de su prestigio tan justamente ganado a lo largo de toda su carrera, con esta adaptación de la obra del periodista John Carlin El factor humano.
No es su mejor título porque, en comparación con otros, adolece de pequeñas imperfecciones que hacen que, personalmente, me haya decantado por no otorgarle la cuarta estrella en mi calificación; pero la sensación que se desprende al ver Invictus es la de haber contemplado una historia muy bien planteada y magníficamente contada: la de cómo Nelson Mandela, tras salir de la cárcel en 1990 y tras ser elegido presidente de Sudáfrica en 1994, consigue unificar el sentimiento de un país -caracterizado durante siglos por el “apartheid” o discriminación racial- a través de su apoyo al equipo nacional de rugby (los “Springboks”) y su participación en la Copa del Mundo de 1995, organizada por la nación sudafricana. El viejo Clint, una vez más, consigue llegar al corazón de la gente no ya por la historia en sí, sino también por su manera de narrarla.
Para ello se vale de la inestimable aportación de Morgan Freeman, que desempeña su papel de tal forma que el espectador, sentado en su butaca, realmente llega a dudar de si es él o es, verdaderamente, Nelson Mandela. La actuación de Freeman es sensacional, metiéndose por completo en la piel de Mandela y consiguiendo que veamos la imagen más fidedigna posible del histórico dirigente sudafricano. Freeman, además, tiene un perfecto complemento en Matt Damon, quien también borda su secundario papel como François Pienaard, capitán de los “Springboks”, aquél que ayuda a Mandela a que se cumpla su objetivo.
Asimismo, sobresaliente es la ambientación -desde la enorme diferencia existente entre los diferentes barrios de las principales ciudades del país, hasta la visita a la celda en la que, supuestamente, estuvo encerrado Mandela durante 27 años-, así como también la recreación de todas y cada una de las escenas de rugby, incluida la célebre “haka” maorí que bailan los jugadores de Nueva Zelanda antes de cada partido. Dichas escenas son fieles al 100% -salvo las patadas de inicio y reinicio del juego de los “All Blacks”- no ya sólo a lo que ocurrió durante aquella Copa del Mundo, sino también al desarrollo del deporte del balón ovalado. Posiblemente aquellos que no estén excesivamente familiarizados con el rugby tendrán algún problemilla a la hora de seguir la evolución de los diferentes encuentros a los que se hace mención, pero no demasiadas.
No obstante lo expuesto, debo comentar que uno de los fallos más visibles que tiene la película es la excesiva duración de la parte en la que se refleja la final entre Sudáfrica y Nueva Zelanda; es paradójico que lo destaque yo, que soy un gran aficionado al deporte en general, pero es lo que yo pienso. Obviamente, supongo que a los que compartan afición conmigo dicho fragmento no les resultará tan pesado como a los demás; pero para mí éste es uno de los pequeños errores que imposibilitan, junto a que no es una película hecha con excesivos alardes en general, que Invictus sea catalogada como una obra maestra.
Aún así, aseguro que el público se va a marchar más que satisfecho de la sala porque el film es propicio para ello. Y, pese a no verla merecedora del Óscar -principalmente por los fallitos a los que he hecho referencia-, me cuesta creer que la hayan dejado fuera de las nominaciones, más aún cuando el número de finalistas en la categoría de “Mejor Película” este año se ha ampliado a diez, en lugar de los cinco tradicionales.
Claro que mi sorpresa es relativa, conociendo los peculiares criterios que, en bastantes ocasiones, sigue la Academia de Hollywood a la hora de otorgar sus premios. Dejémoslo en cuestión de gustos…
“El pícaro” o el buen gusto televisivo por los clásicos de los Siglos de Oro
Andábamos mi señor padre y yo las pasadas navidades por el centro de Sevilla buscando diversos regalos para dárselos, como cada año, a nuestros allegados más cercanos en éstas fiestas tan entrañables. Uno de nuestros lugares de visita, como no podía ser de otra forma, fue “El Corte Inglés” de la Plaza del Duque, más concretamente el edificio de libros, música, películas y demás.
Echando un vistazo por allí nos dimos cuenta de que, para nuestra grata sorpresa, había un “stand” dedicado a algunas de las grandes series producidas y emitidas por TVE, las cuáles estaban a precios de ganga. Rápidamente decidí hacerme con algunas de ellas para que le hicieran compañía a El Quijote de Cervantes (que pude comprar este verano en Madrid también a precio de risa) y, después de escoger la de Cervantes, mi padre me recomendó una de la que no había oído hablar, pero que tenía muy buena pinta: El pícaro
Esta excelente serie, que mi padre y yo terminamos de ver hace pocos días y cuyo “alma máter” es Fernando Fernán-Gómez (director, protagonista y co-autor junto a su futura esposa Emmanuela Beltrán, más conocida como Emma Cohen, y Pedro Beltrán), se rodó en 1974 y está basada en los textos de algunos de los principales autores del género picaresco de nuestros Siglos de Oro: Cervantes, Quevedo, Mateo Alemán Espinel, Salas Barbadillo y el autor del Estebanillo González, además del francés Alain-René Lesage, conocido por la influencia de la picaresca española en la gran parte de su obra.
El pícaro consta de 13 capítulos, en los que se narran las aventuras de Lucas Trapaza (Fernando Fernán-Gómez), un pícaro ya veterano y curtido en mil batallas que, como todos los pícaros, tiene como gran objetivo en la vida sobrevivir intentando en la medida de lo posible no dar el callo trabajando, para lo que usa su ingenio, el cual le permite ir engañando a aquellos que, de una forma o de otra, se dejan timar. En la mayor parte de sus aventuras le acompaña un joven aprendiz llamado Alonso de Baeza (Juan Ribó) que, no obstante, después de haber sufrido en sus carnes más desventuras que otra cosa junto a Trapaza, termina por tomar un camino diferente.
La influencia de los autores más importantes de nuestra literatura es bien visible, como se puede comprobar en este fragmento encontrado en Youtube, en el que se observa de forma nítida el escenario característico de la conocida “novela ejemplar” cervantina Rinconete y Cortadillo (el patio de la cofradía del Señor Monipodio), así como algunos de sus personajes principales:
Asimismo la serie cuenta con un reparto de grandes actores célebres que le dan una notable réplica a Fernán-Gómez, comenzando por un jovencísimo Juan Ribó (de moda ahora en la prensa del corazón pero que es un excelente intérprete) y siguiendo por otros que prestan su colaboración especial en algunos capítulos concretos: la propia Emma Cohen, Pedro del Río, Charo López, Juan Diego, Quique San Francisco, Luis Ciges, Luis Varela, Pilar Bardem, Mary Santpere o José Mª Pou, por mencionar a algunos de los más conocidos.
Además, como dato anecdótico, esta serie supuso el debut de Javier Bardem quien, con 4-5 años, sale brevemente en el capítulo antes mostrado, como el joven Alonso. Pilar Bardem (que es el personaje de “La Cariharta”) se lo llevó al rodaje (supongo que porque no pudo dejarlo al cuidado de nadie), y como les faltaba un niño pues ahí estuvo ella para meter a su “Javito”:
En resumen, que con El pícaro (obra que, por supuesto, recomiendo no ya sólo a quienes hayan estudiado los Siglos de Oro de la literatura española sino, en general, a todo el mundo) se pone de manifiesto, una vez más, la importante labor que siempre ha desempeñado TVE en el conocimiento y la difusión de nuestros grandes clásicos. Una difusión que, sin desmerecer para nada el tipo de series que se hacen hoy en día (basadas más en hechos históricos, y algunas de ellas muy buenas), personalmente echo bastante de menos.
Querer es poder
Escrito por victor en Cultura, General, Reflexiones el Enero 27th, 2010
Este conocido refrán viene a cuento porque ayer por la tarde tuve la opción de ver El circo de la mariposa, un cortometraje estrenado el pasado año en el que intervienen Nick Vujicic -persona desprovista de sus extremidades- y Eduardo Verástegui, actor y productor mexicano a quien tuve la ocasión de conocer personalmente en un congreso en Sevilla sobre historias y vivencias humanas, en el que colaboré como voluntario en octubre-noviembre de 2008.
La película es preciosa, y nos hace reflexionar acerca de la importancia del autoconvencimiento para ir superando las barreras de todo tipo que nos va colocando la vida, y para ser mas feliz en general. Os la dejo (en V.O. subtitulada) para que la disfrutéis, porque es una gran joya:
“La entretenida”: Cervantes -genio y figura también en el teatro- contra Lope
Ni pretendo ni voy a descubrir ahora, Dios -o quien sea- me libre, al que probablemente es el mayor genio que ha dado la literatura española en toda su historia; a aquel que, especialmente durante los primeros años del siglo XVII, tuvo una importancia capital en el desarrollo y en la evolución de nuestra lengua.
Todos estamos de acuerdo, creo yo, en que, entre las muchas y notables características de la creación literaria cervantina, probablemente las dos que más destaquen sean el tratamiento de los locos (”locos-cuerdos”, más bien) por una parte, y su habilidad para elaborar notables parodias. Ambas se dan en el Quijote, que, como sabemos, entre otras cosas no es sino un brillante compendio -pese a su extensión- de los principales géneros narrativos practicados en España durante los Siglos de Oro.
Pero Cervantes se puede decir que “cojeó” en el teatro -a pesar de la universalidad de sus Entremeses-, y no por su falta de calidad como dramaturgo, sino porque “un tal” Lope de Vega consiguió dar antes que él con la fórmula más exitosa para atraer al público a los corrales de comedias.
Sin embargo, hay una creación dentro de su repertorio dramático tal vez menos conocida pero que merece ser mencionada: La entretenida, obra, como otras suyas, de dudosa cronología y englobada dentro del volumen que publicó en 1615 bajo el título de Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados; y obra que, hace pocos días, tuve la suerte de conocer, aunque desgraciadamente no el texto completo, sino la adaptación que Yolanda Pallín hizo en 2005 para la Compañía Nacional de Teatro Clásico.
Hace un par de años mis amigos filólogos y yo fuimos a una feria dedicada al teatro que se celebró en el sevillano Casino de la Exposición, en la que pude hacerme, entre otros artículos, con el correspondiente ejemplar de la colección Textos de Teatro Clásico editados por la Compañía; y sin costarme nada ni un euro, gracias al contacto más o menos estrecho que mantenemos no ya con Eduardo Vasco, sino también, naturalmente, con nuestra querida profesora de teatro Mercedes de los Reyes. Pero no ha sido hasta estas navidades cuando me he decidido a descubrir, por simple curiosidad, esta pieza del ínclito e inefable don Miguel.
Dice Eduardo en el prólogo escrito que la crítica ha tenido opiniones muy dispares con respecto a su valía dentro de la historia del teatro español, dado que La entretenida, además de ser una obra desconocida para muchos, es bastante polémica. Y también afirma que muchos han visto en ella una reacción contra la nueva comedia de capa y espada “inventada” por Lope.
Obviamente ni me encuentro en la mente del “Príncipe” de las letras españolas ni he podido probarlo con documentos fehacientes pero, examinados uno a uno los casi 3.000 versos de los que se compone la adaptación, no me extrañaría para nada que así fuera. Quien haya estudiado de manera más o menos concienzuda la historia de la literatura española en los Siglos de Oro debe ser perfectamente conocedor de la encarnizada rivalidad existente entre Cervantes y Lope, más cuando éste consiguió que la popularidad de aquél disminuyera un poco entre el público gracias a sus exitosas comedias.
Estaba claro que un tipo tan orgulloso como Cervantes no podía permanecer quieto ante tamaña afrenta, y el resultado no es más que esta comedia en la que critica y se ríe abiertamente de todo lo que, según el lopesco Arte nuevo de hacer comedias de 1608, debe ir sucediendo en la comedia llamada “de capa y espada”. Pero no de forma chabacana, ni mucho menos; sino con una fina ironía llena de brillantez, como se debe esperar de un gran genio como él.
Cervantes, en La entretenida, parodia el desarrollo de la típica comedia escrita y exhibida en la España del XVII, dándole la vuelta a todos los preceptos promulgados por Lope en el Arte nuevo, desde el planteamiento de las tramas y conflictos hasta el final feliz que se observa en casi todas las obras -en el que prácticamente todos “comen perdices”-, pasando por las luchas por amor y por la menor importancia que se le solía conceder a los personajes secundarios. Y todo con una brillantez y originalidad métrica -por ejemplo se incluye un soneto disgregado en boca del secundario personaje de Torrente, inusual en la nueva comedia del XVII- dignas del más grande.
En resumen, que si algún aficionado al teatro español de los Siglos de Oro tiene la oportunidad de echarle un vistazo a esta comedia cervantina, le aconsejo que lo haga, aunque sea sobre el papel -o sobre la pantalla- y no sobre las tablas. Si tiene sentido del humor, y si es amante de la literatura cervantina, no cabe duda de que se llevará una agradable sorpresa. Y si no, también; porque no es el Quijote, pero a buen seguro le gustará.
Y tras el baile… la “Derrota”
¿Sabéis el cuerpo y la cara que se le quedan a uno cuando, después de casi 370 páginas de notable narración, se da de bruces con un desenlace de la historia no solamente ambiguo sino también bastante absurdo y muy precipitado tanto en el fondo como, especialmente, en la forma?
Pues eso mismo que estáis pensando es lo que me ha sucedido con El baile de la Victoria, la novela de Antonio Skármeta -Premio Planeta 2003, llevada al cine por Fernando Trueba.
“Una bellísima historia con un imprevisible final” (La Stampa). Y tan imprevisible… creo que ni en mi faceta más escéptica podía pensar que Skármeta lo iba a hacer tan mal.
“Ahora Skármeta, con El baile de la Victoria, nos encanta una vez más” (The Washington Post). Pues a mí, no. Lo siento mucho tanto por el jurado que le concedió el galardón como por los seguidores del escritor chileno, pero lo que digo es lo que pienso: el final se carga de manera casi absoluta todo lo anterior.
¿Que cómo es y, sobre todo, cómo está construido el susodicho final para que salga yo aquí diciendo esto? Haceos con la novela y vedlo vosotros mismos.
Kubrick, Malcom McDowell y Beethoven, juntos en una sala de cine: un verdadero placer
Escrito por victor en Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura, General el Diciembre 23rd, 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: La naranja mecánica
DIRECTOR: Stanley Kubrick
GUIÓN: Stanley Kubrick y Anthony Burgess
REPARTO: Malcom McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Warren Clarke y John Clive, entre otros
GÉNERO: Drama
NACIONALIDAD: Gran Bretaña/USA (1971)
DURACIÓN: 136 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * * (Sobre 5)
CINE: Avenida 5 Cines (Sevilla). Versión Original Inglesa subtitulada en español.
No va a ser ésta una crítica como las demás; no puede serlo de ninguna de las maneras. En primer lugar no voy a proceder a escribir unas líneas a modo de sinopsis porque La naranja mecánica no necesita presentación; y en segundo lugar apenas si voy a decir nada en sí sobre la película porque se han escrito ya tantas y tantas líneas desde que se estrenó hace casi cuarenta años que corro el riesgo de dar a entender, erróneamente, que he descubierto la pólvora.
Sólo me gustaría darle las gracias a Unión Cine Ciudad y al Avenida 5 Cines -tal y como hace algunos años se la di al Alameda por traer al inigualable e inimitable Sir Charles Chaplin- por haber tenido el detalle de recuperar la que tal vez sea la obra maestra de Sir Stanley Kubrick -de entre las varias que tiene el cineasta británico que perfectamente podrían ser así consideradas- para el público sevillano; y también expresar mi enorme satisfacción por haber podido ver en pantalla grande, por fin, una de las películas que más me ha impactado y más me ha fascinado desde que la vi por primera vez, en el instituto -clase de Ética-, allá por 1996.
Porque para mí ha sido un enorme placer poder contemplar “como Dios manda” esta muy notable adaptación de la novela escrita en 1962 por Anthony Burgess -curiosamente el propio Burgess ni mucho menos la ubica entre sus mejores obras-; una historia en cierto modo profética y muy controvertida que propició que se expresaran todo tipo de opiniones nada más estrenarse en 1971.
Lógico por otra parte, dado que si algo tiene La naranja mecánica es que produce un sinfín de profundas reflexiones sobre todo lo que se cuenta y se advierte en la historia, desde la condenable ultraviolencia de Alex y sus “drugos” -con el uso de la llamada jerga “nadsat” creada por Burgess- hasta la no menos condenable manipulación que hace la política -tanto el gobierno como la oposición-, los cuales intentan tirar de forma despiadada y casi denunciable del protagonista hacia sus respectivos bandos según sus intereses, para intentar llegar o perpetrarse en el poder, al más puro estilo de Maquiavelo. Temas todos ellos de rabiosa actualidad en buena parte de los países del mundo; sin olvidarnos para nada de la controversia religiosa: la privación del libre albedrío, de la posibilidad de elección moral para el ser humano gracias al infernal “tratamiento Ludovico”.
Un film extremadamente duro por momentos, sobre todo en lo psicológico; y un excelente trabajo -incluso cuando Kubrick se “come”, para satisfacer al público de Estados Unidos, el capítulo final de la novela- en el que sobresale por encima de todos Malcom McDowell, en la que sigue siendo la mejor interpretación de su vida profesional, sin discusión alguna.
Todo acompañado por esa bellísima y acertadísima banda sonora en la que destacan el tema central, compuesto por Wendy Carlos a partir de una pieza de finales del XVII; la mítica Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven -segundo y, sobre todo, cuarto movimiento-; la Obertura de Guillermo Tell, de Gioacchino Rossini; y, por supuesto -aportación personal del propio McDowell-, el Singin´ in the Rain popularizado por Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia.
En resumen, una magnífica oportunidad para los aficionados al cine de culto de disfrutar de Kubrick, McDowell y Beethoven en todo su esplendor; y también de reflexionar un poco sobre algunas de las cuestiones que, tal vez con algo menos de crudeza de lo que expresa la obra, afectan al mundo del siglo XXI en el que vivimos. Ello se lo debemos tanto a Unión Cine Ciudad como al cine Avenida. De todo corazón, muchas gracias.
“Rakatá”, una compañía a tener muy en cuenta
Escrito por victor en Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura, General el Noviembre 29th, 2009
CRÍTICA TEATRAL
OBRA: Fuenteovejuna
AUTOR: Lope de Vega
COMPAÑÍA: Rakatá
REPARTO (principales personajes y actores): Jesús Fuente (Fernán Gómez, Comendador de Fuenteovejuna); Lidia Otón (Laurencia); Bruno Ciordia (Frondoso); Luis Moreno (Flores); Cristóbal Suárez (Rodrigo Téllez Girón, Maestre de Calatrava); Inge San Juan (Pascuala); Óscar Zafra (Mengo); Roberto Mori (Barrildo); Mario Vedoya (Alonso, tío de Laurencia); Paco Luque (Juan Rojo); Rodrigo Arribas (Rey Don Fernando); Elia Muñoz (Reina Doña Isabel); Emilio Buale (Don Manrique); Jesús Teyssiere (Cimbranos); Alejandra Sáenz (Jacinta); Andrés Rus (Leonelo); y la colaboración especial de Gerardo Maya (Esteban, alcalde de Fuenteovejuna y padre de Laurencia).
DIRECCIÓN: Laurence Boswell
LUGAR: Teatro Lope de Vega (Sevilla)
DÍA: 28-11-2009
DURACIÓN: 2 horas y 25 minutos, con 15 de descanso.
CALIFICACIÓN: **** (Sobre 5)
Reconozco haber asistido ayer al Lope de Vega para ver mi primera versión de Fuenteovejuna (imposible mejor escenario para traer a Sevilla la obra cumbre del Fénix) sin tener ni idea de la compañía que la representaba, Rakatá. Sólo el cartel del montaje, compuesto por un montón de personas a las que es casi imposible distinguir por lo minúsculo de las fotos que se les dedican y, para qué negarlo, estaba un poco temeroso ante la posibilidad de que éstos “destrozaran” el clásico por excelencia de Lope de Vega.
Pero cuando al comenzar van apareciendo los actores y uno descubre que entre ellos hay notables rostros de la escena y de la interpretación en general; y cuando esta mañana, investigando un poco, veo que el encargado de edición es un filólogo como Alberto Blecua, y que el director es ni más ni menos que Laurence Boswell (uno de los más importantes del mundo, cuya compañía habitual, ni más ni menos que la Royal Shakespeare Company de Londres, lleva ya algún tiempo colaborando con la que está este fin de semana en la capital andaluza), un servidor comprende que el resultado de lo que Rakatá ha preparado difícilmente debe y puede ser inferior al que es: un extraordinario montaje en el que estos chicos de San Sebastián de los Reyes no han escatimado esfuerzo alguno, ni en vestuario, ni en maquillaje, ni en escenografía (en el fondo) y, por supuesto, ni en calidad interpretativa.
Desde mi asiento en la primera fila del patio de butacas (no había más entradas cuando fui a comprarlas; el sitio tiene sus inconvenientes pero se goza de la perfecta observación de cualquier mínimo detalle por parte de los actores) pude observar que la cosa “iba en serio” cuando vi que el primer actor en aparecer en escena era Jesús Fuente, un antiguo miembro de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y del elenco al que habitualmente sigo cuando puedo. Fuente es un habitual de los papeles secundarios, pero en la representación de ayer salió ni más ni menos que como Fernán Gómez, el Comendador de Fuenteovejuna, bordando un papel que no iba a ser el suyo (si se ve la página de Rakatá se puede comprobar que aparece como Ortuño), pero en el que debió entrar en sustitución de Alberto Jiménez. En ese mismo momento comprendí que el producto iba a ser muy bueno, como así fue.

Notables fueron también las interpretaciones de la pareja de labradores protagonistas, realizadas por Lidia Otón (conocida por el “gran público” por su papel de secretaria de Don Pablo en Cuéntame cómo pasó) y Bruno Ciordia (otro de los que hizo un papel radicalmente diferente al que le correspondía originalmente); así como la de un Óscar Zafra que resultó ser un perfecto Mengo. Pero la guinda en este sentido fue la inclusión en el reparto de todo un veterano de los escenarios como Gerardo Malla, que en la piel de Esteban otorgó a los versos de Lope una maestría especial. Todo ello acompañado de diferentes momentos de música, canto y baile (como el recibimiento al Comendador por parte de los villanos en el primer acto, o las bodas de Frondoso y Laurencia), perfectamente ejecutados por parte del grupo de más de treinta actores de los que se compone el elenco. Aire fresco, pues, con una faceta del arte que, si bien no es ni mucho menos una novedad, lo cierto es que no suele abundar para nada en el teatro clásico español.
Escenográficamente, la base del montaje es un enorme recinto de múltiples lados situado en el centro del escenario, a través del cual van entrando y saliendo los personajes (junto a los laterales), y con el que se nos van anunciando los diferentes cambios de lugar que caracterizan a la obra (recordemos que con Fuenteovejuna Lope rompe la regla de las tres unidades que prevalecía en el teatro hasta entonces). Asimismo también es destacable la colocación de un pequeño “estanque” con agua al pie del escenario.
El vestuario es otro punto fuerte. Rakatá no ha reparado en ningún tipo de esfuerzos a la hora de vestir a los actores, caraterizándolos perfectamente como villanos de la época, soldados, miembros de la orden de Calatrava y Reyes Católicos, respectivamente. El maquillaje usado, por su parte, otorga un mayor grado de dramatismo y de realismo a los violentos momentos que van teniendo lugar en Fuenteovejuna a medida que a transcurriendo la acción. Se puede decir, sin ningún tipo de tapujos, que en el escenario la “sangre” corre de verdad, sin restarle ni un ápice de protagonismo a la interpretación de los actores.
En definitiva, excelente trabajo el desempeñado por todos y cada uno de los profesionales de Rakatá, una compañía joven (su primer montaje data de 2003) pero que en los últimos años se está convirtiendo en una importante alternativa a la Compañía Nacional de Teatro Clásico a la hora de dar a conocer al público nacional algunos de los textos más significativos del teatro español de los Siglos de Oro. Al menos con Fuenteovejuna, en su primera visita a Sevilla, se han lucido de verdad.
Antes de terminar, no obstante, quisiera hacer una pequeña crítica a los responsables del Teatro Lope de Vega. Es, cuanto menos, incomprensible que los números de las localidades de algunas filas (por ejemplo la primera) estén o repetidos o mal colocados, con la confusión que, como es lógico, esto genera; y también es para que lo miren el hecho de tener que eliminar a última hora dos localidades por incompatibilidad con los elementos de la escenografía (en este caso la escalera de acceso al escenario, situada en un lateral en vez de en el centro) y no poner un aviso para dar a los dueños de dichas localidades la posibilidad de pedir una reubicación o, en su defecto, la devolución del importe de su entrada. Esto le sucedió ayer a dos espectadores (un padre y uno de sus hijos) en la zona izquierda de la primera fila, aunque por fortuna quedó alguna localidad sin vender y se les pudo reubicar.
Bendito oasis
Escrito por victor en Críticas cinéfilo-teatrales, Cultura, General el Noviembre 28th, 2009
CRÍTICA DE CINE
PELÍCULA: Celda 211
DIRECTOR: Daniel Monzón
REPARTO: Luis Tosar, Alberto Ammann, Antonio Resines, Manuel Morón, Marta Etura, Carlos Bardem, Luis Zahera, Vicente Romero, Fernando Soto.
GÉNERO: Drama/Thriller
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 110 minutos
CALIFICACIÓN: **** (Sobre 5)
Juan (Alberto Amman), joven funcionario de prisiones y que espera un hijo con su esposa, se presenta en un centro penitenciario de Zamora un día antes de comenzar a trabajar allí, para ir tomando contacto con lo que allí sucede. Un accidente sufrido poco antes de comenzar un motín hace que sus compañeros, después de que se desmayara, le dejen en la celda 211, mientras ellos corren a salvarse. Cuando recobra el sentido, comprendiendo qué es lo que sucede, se hace pasar por preso (”Calzones”), comenzando desde ese mismo momento una lucha particular por la supervivencia en el sector de los FIES (Fichero de Internos de Especial Seguimiento), los presos más peligrosos, cuyo líder indiscutible responde al apodo de “Malamadre” (Luis Tosar).
Creo que todos estamos más o menos de acuerdo en que el cine nacional atraviesa un período cuanto menos preocupante en estos últimos años. Poseemos buenos actores; sin embargo la mayoría de nuestros productos con denominación de origen van dirigidos a promocionar o a explotar la imagen de actores más o menos jóvenes (más más que menos), convertidos en rostros populares gracias a las exitosas series de televisión. Con ello se consiguen películas que, en algunos casos, escasamente sirven para poder decir que hemos pasado en el cine un rato ciertamente distraído (por lo poco que se espera de ellas), pero muy poco más.
Sin embargo todo desierto tiene su oasis; y ese oasis, en el caso de nuestro cine, es, sin lugar a dudas, Celda 211.
Antes que nada, me gustaría darle mi más sincera enhorabuena al director, Daniel Monzón (El corazón del guerrero, El robo más grande jamás contado o La caja Kovac), por ser quien encabeza la ficha artística de esta adaptación de la novela de Francisco Pérez Gandul, la cual no me cabe ninguna duda de que aumentará sus ventas de forma más que notable después del estreno de este excelente film. Una película que se ha convertido ya en la más taquillera del año en el cine español, superando a Ágora; algo en este caso perfectamente comprensible, no necesariamente por defecto de calidad de la superproducción de Amenábar (la cual no he tenido el gusto de ver y, por tanto, no debo evaluarla), sino por exceso de Celda 211.
Magistral es la forma en la que Pérez Gandul y Monzón se adentran en el género carcelario, muy poco habitual en la filmografía nacional, y en el que tanto el escritor como el director hacen una incursión llena de intriga (bien entendida artísticamente), dureza, dramatismo y diríase incluso que realidad. Tanto es así que no creo que la película esté siendo precisamente bien recibida entre los trabajadores de las prisiones en España, porque la dura crítica que se hace no ya del funcionariado sino más bien de todo el cuerpo de responsables principales de nuestras cárceles es más que notoria.
Si buena es la labor de la dirección, mejor aún es la del reparto. Extraordinario Luis Tosar, tanto en su caracterización como en la interpretación del líder de los FIES, “Malamadre”. El actor gallego realiza en Celda 211 si no la interpretación de su vida sí una de las dos o tres más destacadas; entre otras cosas porque, por encima de todo, su personaje es convincente al 100% ante el público. Tosar, un tipo con pinta de buenazo que en la película parece el criminal más peligroso que te puedas echar a la cara, se convierte con este papel en el principal candidato al Goya al mejor actor.
Al mismo nivel está Alberto Ammann, un joven actor con escasa experiencia en el mundo del cine (Las flores del mal, 2008) pero ha entrado como un elefante en una cacharrería, alcanzando prácticamente el grado de estrella en la piel de Juan (”Calzones”). Ammann, que el año que viene será Lope de Vega en Lope, no sólo le da una perfecta réplica a Tosar, sino que se puede decir que lo trata de igual a igual, sin ningún tipo de complejos, dándole la razón a Daniel Monzón, que ha apostado por él siendo prácticamente un perfecto desconocido.
Tampoco me quiero olvidar de Antonio Resines. Situado en Celda 211 un peldaño por debajo de sus dos compañeros, su actuación dando vida a Utrilla, el conflictivo funcionario jefe de prisión, merece también una mención especial. Lo mejor que se puede decir de todo un actorazo como Resines es que lo borda con un papel secundario y con un personaje tremendamente impopular, muy alejado no ya del más que conocido Diego Serrano sino de otros que el excelente actor cántabro ha interpretado a lo largo de su ya dilatada carrera.
Y también debo destacar la actuación del resto de actores de reparto, sobre todo Manuel Morón (el negociador); Marta Etura (Elena, la dulce y bella esposa de Juan); y Carlos Bardem, que parece totalmente un sudamericano en la piel de “Apache”, uno de los presos más relacionados de la prisión, y personaje clave, como todos los demás.
En resumen, hacedme caso quienes seáis los que leáis esta crítica y que todavía no hayáis ido a ver la película: gastaos unos euros en Celda 211, porque merece muy mucho la pena.
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