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Khorkina o la elegancia al servicio de la gimnasia

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (31)

Hoy se disputa la final individual femenina de los campeonatos del mundo de gimnasia artística, que este año se están celebrando en Tokio, la capital de Japón. Y ante un evento como éste, uno no puede por menos que acordarse de una de las más grandes campeonas de la historia de este deporte; posiblemente la más grande, tanto por longevidad como por palmarés, que uno haya tenido la ocasión de ver en directo.

Hablo, naturalmente, de SVETLANA KHORKINA (pronúnciese Jórkina). Hay quien es reticente a situarla en el olimpo de la gimnasia femenina por el hecho de que se le negase el oro olímpico -siempre refiriéndonos al concurso general-; pero por esa regla de tres, por ejemplo, habría que excluir también de esa lista a la otra gran Svetlana, la gran dama Boguinskaia, maestra en cierto modo de Khorkina en elegancia y marcando estilo, de la cual todos estamos de acuerdo en que su grandeza apenas tiene parangón.

Es verdad que la gran estrella rusa lo más lejos que pudo llegar en unos Juegos fue a la plata en su última gran competición, Atenas 2004, tras una cerrada lucha contra una estadounidense nueve años más joven que ella -25 contra 16-, a la que había vencido un año antes en los mundiales y de la que, tras la cita ateniense, nunca más se supo: Carly Patterson. Pero ello no desmerece ni mucho menos el extensísimo historial de esta extraordinaria deportista que se retiró hace ya siete años ni más ni menos que con tres campeonatos del mundo -récord absoluto, teniendo en cuenta eso sí que hasta mediados de los 70 se celebraban cada cuatro años- y otros tantos europeos, como logros más sobresalientes.

Algo tremendamente meritorio dado que, a lo largo de sus once años de carrera deportiva, tuvo que coincidir con grandes campeonas de varias generaciones como la propia Boguinskaia (Bielorrusia), Lilia Podkopayeva (Ucrania), Shannon Miller (USA), Lavinia Milosovici, Simona Amanar o Andrea Raducan (las tres de Rumanía), y también con la fugaz eclosión de la ya mencionada Patterson (USA).

Gran maestra en las asimétricas -dos títulos olímpicos, cinco mundiales y seis europeos en este aparato para ella- y espectacular también en suelo, Khorkina logró su primer resultado de relevancia mundial en los campeonatos de 1995, celebrados en Sabae (Japón), ocupando la segunda posición a algo más de una décima de Podkopayeva, -posteriormente también campeona olímpica en el 96-; pero debió esperar a dos años más tarde para, en Lausana (Suiza), ganar su primer oro venciendo a Amanar y a su compatriota Elena Produnova.

Tanto este primer título como el segundo, en 2001, sirvieron como bálsamo de sendas decepciones olímpicas, en Atlanta 96 y Sidney 2000, donde no pudo acabar entre las mejores y donde se tuvo que conformar con el oro en “sus” asimétricas, curiosamente las mismas que le apartaron de las medallas en los concursos generales. En 2001, ya con 22 años y con la retirada más que preparada según muchos, fue a Gante (Bélgica) y dijo que ahí seguía ella dando guerra, imponiéndose por delante de la también rusa Natalia Ziganshina y de la campeona olímpica en Sidney -para mí lo es pese a que los resultados oficiales digan lo contrario- Andrea Raducan.

Aquel triunfo supuso el inicio de la que, en mi particularísima opinión, fue su mejor etapa, la crepuscular; culminada con el apoteósico oro de 2003, el tercero y último de su carrera a sus 24 años, cuando, pese a haber ganado en 2002 su tercer europeo consecutivo, todos la daban ya por acabada. Más aún cuando en la ronda de clasificación, en la ciudad californiana de Anaheim, no se metió en ninguna final por aparatos y apenas ocupó la tercera plaza en la general.

Pero en la final “Sveta” resurgió de sus cenizas, algo que se pudo comprobar en sus sempiternas asimétricas -que parecían haberle abandonado- y en la barra de equilibrios, donde se la jugó al límite. En suelo, con un ejercicio de estilo para ella clásico, en el que desplegó toda su elegancia y todos sus “truquillos” de veterana, acabó con el sueño de la debutante Carly Patterson -que competía en casa-, quien no pudo frenar en su último aparato, el salto, al “vendaval Khorkina”.

Un año más tarde, en la cita olímpica, Patterson se tomó la revancha en una final tildada por algunos de polémica, por el supuesto trato de favor que la estadounidense gozó de los jueces con respecto a la rusa -tercera fue, tanto en Anaheim como en Atenas, la china Zhang Nan-, que no pudo poner la guinda a un palmarés más que envidiable con el oro olímpico -aunque sí mejoró notabilísimamente sus prestaciones de Atlanta y Sidney-, pero cuyo amplísimo legado, tanto en títulos como en calidad gimnástica y, sobre todo, en carisma, permanecerá en el historial de la gimnasia para siempre.

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Copa Davis 2008: España superó a una confiada Argentina en la “guerra de Mar del Plata” (2ª parte)

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (30/2)

Continuamos recordando, a tres días de la elección de la sede de la final de la Copa Davis 2011 entre España y Argentina, lo que ocurrió hace tres años, en el polideportivo “Islas Malvinas”, de Mar del Plata, entre estos dos mismos equipos. Nos habíamos quedado, tras lo publicado hace dos semanas, en la segunda jornada, la del vital partido de dobles con 1-1 en el cómputo global.

Cuando los jugadores saltaron a la pista, todo lo parecido ambientalmente hablando con respecto al día anterior fue pura coincidencia. No es que en la primera jornada de individuales el público albiceleste estuviera apagado, para nada; pero la cómoda victoria de Nalbandián sobre Ferrer posiblemente les acomodó un poco y les hizo pensar que aquello ya estaba ganado, con lo que en el segundo encuentro “aflojaron” un poco.

Por eso en el “doble” las “barras bravas” argentinas decidieron poner toda la carne en el asador, y desplegar todo su arsenal de ruido, cánticos de ánimos… y también cánticos provocativos hacia el rival, como si se jugase un partido de fútbol de la máxima. Aunque frente a ellos estaba un grupito reducido de españoles que no se arrugaron y que, como se podrá comprobar posteriormente, les plantaron cara y de la buena.

España, como se esperaba, puso en liza a su pareja más fiable, Feliciano López y Fernando Verdasco; mientras que el capitán argentino hizo un cambio de última hora. Alberto Mancini no respetó la pareja acordada inicialmente, y con el empate en el marcador colocó, al lado de Agustín el “Gordo” Calleri, a su líder, David Nalbandián en lugar de José “el Chucho” Acasuso, quien había venido realizando un papel bastante digno junto Calleri en los torneos anteriores.

Ni que decir tiene que fue un partido durísimo y larguísimo, de esos que se cuecen a fuego lento y con mil y una variables en cada set. Los dos primeros se desarrollaron de forma similar, cayendo uno para cada equipo con el mismo tanteo, 7-5. En el inicial, Verdasco perdió su saque en el undécimo juego y el set cayó para los locales; pero en el siguiente quien cedió el servicio “in extremis” fue Nalbandián gracias a dos errores de Calleri, “volando” la manga para los nuestros.

Fue, sin embargo, en el tercer set en el que se vivió la mayor cantidad de pasiones de todo el encuentro, y de todo el fin de semana. “Feli” y Verdasco estuvieron toreros y se pusieron 5 juegos a 1; pero los argentinos sacaron su orgullo y todo su arsenal, y fueron remontando hasta forzar un “tie break” en el que se adelantaron también por cinco a uno, quedándose a dos puntos de consolidar el tremendo golpe psicológico que le estaban dando a los españoles.

EL PÚBLICO SE PASA TRES PUEBLOS
¿Cómo se llegó a aquel extremo? Gracias a la comunión entre jugadores y aficionados. Argentina no jugaba con 2, sino con todos los miles de personas que se daban cita en el pabellón. Si ya de por sí el público se estaba comportando de forma realmente apasionada, durante la remontada albiceleste la pasión fue trocando en marrullería y malos modos, por no hablar directamente de antideportividad.

Los cánticos contra los jugadores españoles se multiplicaron, algunos con más guasa –“Tiene mieeeedo, Verdasco tiene mieeeedo”, gritaban a un “Fer” fallón, a ritmo de un conocido gran éxito en inglés de los 80-, pero otros con un alto contenido de insultos –“A estos p… les tenemos que ganaaaar”-; además de gritar cada vez que alguno de los dos españoles se disponía a sacar, todo ello con la complacencia del juez de silla.

EL “NOOO” ESPAÑOL QUE CAMBIÓ LA SUERTE DEL PARTIDO
Pero entonces, cuando absolutamente nadie lo esperaba, los argentinos recibieron de su propia medicina. Se disponía a ejecutar Nalbandián su segundo servicio para ponerse con 6-1, después de haber fallado el primero, cuando desde la grada de los españoles alguien exhaló, con toda su alma, un “¡nooooo!” similar al de la afición argentina, justo antes de que la raqueta del “Rey David” contactara con la bola. Doble falta, y 5-2. Los jugadores locales protestaron pero el juez de silla estuvo coherente: si se lo había permitido a los “ultras” porteños, también debía hacer lo mismo ahora. Ni que decir tiene que el público argentino soltó hacia la persona que había gritado todos los insultos que los lectores se puedan imaginar, lo que provocó que el partido anduviese parado un par de minutos.

La acción del aficionado español actuó de revitalizante para los nuestros, que enlazaron otros cinco puntos consecutivos y se llevaron el set por 6-7, gracias a que “Feli” estuvo demoledor con sus saques, y Verdasco, “respondiendo” a la hinchada local, se sacó un globo magistral ante Calleri con 5 iguales, y resolvió luego con su saque, dejando “KO” tanto a la pareja argentina… como al público. Tanto fue así, que el cuarto set cayó también del lado español, esta vez con mayor claridad, por 3-6, con un sensacional resto de revés con el que Feliciano López puso fin a la batalla más cruenta y más decisiva de toda la “guerra de Mar del Plata”.

TODO EN MANOS DE VERDASCO EL DOMINGO
España afrontaba la jornada final ganando por 2-1, y con el convencimiento de que la Davis, la primera ganada fuera de nuestro país, prácticamente estaba en el bote. Más cuando se supo que Del Potro, tras acabar el viernes muy tocado, no estaría disponible para esa última jornada de individuales. Para medirse a Fernando Verdasco, sustituto de David Ferrer, Mancini alineó a todo un “terrícola” –especialista en tierra batida- como José Acasuso.

Pese a estar en territorio hostil –aunque el público esta vez se dedicó exclusivamente a animar a su jugador-, se preveía una victoria fácil de Verdasco, más aún cuando ganó el primer set por 3-6. Pero el “Chucho” sacó la garra y no le puso fácil la sentencia a España porque se hizo con las dos siguientes mangas, 7-6 y 6-4; mas fue el canto del cisne para Argentina. “Fer”, como le llaman sus amigos, consciente de que a Nalbandián sería muy difícil ganarle en el quinto y definitivo punto, se reactivó y le dio la Copa Davis a España al vencer en las dos últimas mangas por 3-6 y 1-6 a un Acasuso que hizo todo lo que pudo para evitar el descalabro de Argentina, pero que no lo consiguió.

Con un sensacional “drive” de zurda de Verdasco se cerró la historia de esta heroica victoria de España en la Copa Davis, la tercera de un total de cuatro hasta la fecha; una final que Argentina comenzó a perder el día en el que se lesionó Nadal, y que terminaron de ganarle dos zurdos que no están entre los mejores jugadores del mundo, pero que cuando llega la Davis, y más en pistas duras, se transforman y llegan a ser verdaderos artistas de la raqueta: Feliciano López y Fernando Verdasco.

Este año, ocasión para la revancha albiceleste. Nadie da un duro por ellos porque han de venir a España, a “nuestra” tierra batida, y con Nadal en el equipo. Pero… y si Nadal volviera a lesionarse, ¿qué ocurriría esta vez? Sea como fuere, lo veremos del 4 al 6 de diciembre, donde el próximo viernes día 7 decida la Federación Española: Valencia o, como en 2004, el estadio de La Cartuja de Sevilla.

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Copa Davis 2008: España superó a una confiada Argentina en la “guerra de Mar del Plata” (1ª parte)

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (30/1)

El equipo español de tenis recibirá a Argentina del 4 al 6 de diciembre en la final de la Copa Davis, para la que se clasificó el pasado fin de semana tras deshacerse de Francia en la eliminatoria de semifinales celebrada en la Plaza de Toros de Córdoba; mientras que los sudamericanos dieron buena cuenta en Belgrado de la Serbia de un tocado Novak Djokovic.

Sinceramente, estoy encantado de que sean los argentinos nuestros rivales en la final, primero porque es en España; segundo, porque evitamos al gran “ogro” de la temporada, Djokovic, y en su país; y tercero, porque debo confesar que a mí me encanta el morbo. Y tras lo que ocurrió hace tres años en la final de Mar del Plata, sin negar el favoritismo de los nuestros en esta ocasión, queda claro que Argentina va a acudir a Valencia, Sevilla, Madrid… con enormes ganas de revancha.

En 2008 el equipo capitaneado entonces por Emilio Sánchez Vicario, después de ganar a Estados Unidos en la semifinal disputada en la Plaza de Toros de Las Ventas (Madrid), debía rendir visita a los albicelestes para intentar hacerse con su tercera “Ensaladera”, toda vez que el último enfrentamiento hasta la fecha, en la semifinal de 2003, había tenido lugar en Málaga.

Los argentinos, liderados como ahora por Juan Martín Del Potro y David Nalbandián, y tradicionalmente potentes en tierra batida, decidieron “renunciar” a su superficie favorita para no dar facilidades a Rafa Nadal, escogiendo un tipo de pista de las consideradas duras, bastante rápida, instalada en el polideportivoIslas Malvinas”, de la ciudad bonaerense de Mar del Plata.

Las posibilidades de España, además, sufrieron a priori un duro golpe con la baja, escasos días antes de la final, de un lesionado Nadal, que sufrió unos problemas físicos que previamente le habían impedido disputar la Copa Masters.

Argentina suspiró aliviada. Nalbandián y Del Potro, que tras ganar al ruso Davydenko y darle a los suyos el punto decisivo en la semifinal había vacilado un poco a los españoles diciendo que “le sacarían a Nadal los calzones del orto” (el “orto”, para quien no lo sepa, es la parte del cuerpo humano ubicada allá donde la espalda pierde su nombre), no tendrían enfrente al número 1 mundial, vencedor aquel año en Roland Garros, Wimbledon y los Juegos Olímpicos de Pekín, entre otros torneos.

Pero lo que aún no sabían los argentinos era que la ausencia del gran líder del tenis español, contrariamente a lo que creían, iba a resultar sumamente perjudicial para sus intereses. La baja de Nadal les obligó a “comerse” con patatas fritas una superficie en la que, si bien no eran malos, no se encontraban tan a gusto como en el llamado polvo de ladrillo. Pese a que intentaron cambiarla, ya no podían dar marcha atrás… y en el equipo español se encontraban dos notables especialistas en pistas rápidas como Feliciano López y Fernando Verdasco, completando la alineación David Ferrer y Marcel Granollers.

PRIMERA JORNADA: ESPAÑA AVISA
No obstante, en Mar del Plata seguían confiando en un fácil triunfo de los suyos, más aún cuando “el Rey” David Nalbandián pasó por encima de su tocayo Ferrer en el partido inicial. El alicantino se encontraba en una importante crisis deportiva, y fue arrollado sin contemplaciones por el líder argentino (pese a que ejercía, por ránking, de número 2), que le venció por 6-3, 6-2 y 6-3.

Pero todo comenzó a cambiar cuando, en el segundo encuentro, un artista consumado como Feliciano López tuvo que medirse a uno de los mejores jugadores del año, un “Top-Ten” como Juan Martín Del Potro, número 1 albiceleste. Emilio Sánchez Vicario era un perfecto conocedor de la capacidad de “Feli” para motivarse en los ambientes más hostiles (y el público argentino que abarrotó durante los tres días el polideportivo “Islas Malvinas” era netamente futbolero, con todo lo que ello supone), y por ello alineó al toledano en los individuales del primer día.

Pese a perder el primer set por 6-4, “Feli” no se vino abajo; y en dos mangas de verdadero infarto, resueltas ambas en el “tie break”, le dio la vuelta a un partido que remató en el cuarto por 3-6 ante un Del Potro que acabó algo tocado física y, por qué no decirlo, también moralmente.

El final de la primera jornada nos resumió lo que sería la tónica del resto de la eliminatoria: España estaba contra las cuerdas, pero seguía viva. Y el siguiente punto en juego, al día siguiente, sería lo más parecido a la madre de todas las batallas: el partido de dobles, para muchos el que decanta la balanza en gran parte de los enfrentamientos en la Davis.

(CONTINUARÁ…)

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El “mega-récord” de Mike Powell cumple 20 años

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (29)

Hace justo dos décadas, el 30 de agosto de 1991, se produjo uno de los grandes acontecimientos de la historia del atletismo y del deporte mundial. Mike Powell, gran saltador estadounidense pero hasta el momento siempre a la sombra de Carl Lewis, batió ante el “Hijo del Viento” el récord del mundo de salto de longitud que, desde 1968, poseía Bob Beamon, en los cuartos Mundiales de Atletismo que, aquel verano, se celebraron en el Estadio Nacional de Tokio, Japón.

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Fue en el quinto intento cuando Powell enganchó aquel estratosférico salto de 8,95 metros, que dejaban atrás los 8,90 de Beamon en los JJOO de México. Carl Lewis, llamado a superar la mítica marca, hizo probablemente el mejor concurso que jamás ser humano haya hecho nunca, con casi todos sus saltos por encima de 8,80 y con un récord provisional de 8,91 invalidado por el exceso de viento a favor; pero finalmente tuvo que ceder ante su más que eufórico rival.

(Años más tarde, en 1995, el gran Iván Pedroso hizo un centímetro más que Powell (8,96) en una reunión en la estación invernal de Sestriere, pero la IAAF, de manera tan injusta como lamentable, rechazó su homologación pese a que el anemómetro marcaba viento legal, porque decían que había alguien que estorbaba a la hora de hacer la medición. Sea como fuere, aquella “cacicada” posterior no desmerece lo más mínimo la gesta de Powell en aquel verano atlético del Sol Naciente).

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Hungría 2003: La primera victoria de Alonso -y de España- en la Fórmula 1

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (28)

Hoy es el 30º cumpleaños de Fernando Alonso. Treinta años en los que el piloto asturiano lo ha conseguido absolutamente todo en la Fórmula 1 menos ser campeón con la “Scuderia” Ferrari, aunque todo se andará. En total, dos títulos mundiales (2005 y 2006) y veintisiete carreras ganadas hasta la fecha.

Sin duda, una de las victorias que más ilusión le ha hecho -tal vez la que más, junto a las de España y Mónaco en 2006, y la de Italia el pasado año- fue la primera de ellas, hace siete años en el Gran Premio de Hungría de 2003. Un día histórico aquel 24 de agosto, ya que Alonso entró en la historia del deporte español al convertirse en el primer piloto nacional en ganar un Gran Premio de Fórmula 1, y en el más joven en hacerlo hasta aquel momento (hoy es Vettel, gracias a su victoria con Toro Rosso en Italia 2008), con algo más de 22 años.

Se trataba de la segunda temporada de Alonso en el “Gran Circo”, y el primero en el que gozaba de un coche competitivo, el Renault R-23, tras haberse “fogueado” con un Minardi en 2001 y tras ser probador de la escudería francesa en 2002. Aquel Renault, a diferencia de sus sucesores R-25 y R-26, no era un coche como para ser campeón del mundo, pero sí le permitió comenzar a frecuentar los lugares de honor en las carreras de la Fórmula 1. Eran los tiempos en los que TVE, a través de La 2, retransmitía para toda España las carreras del campeonato del mundo, con Jesús Fraile como narrador y Pedro Fermín Flores de comentarista -a veces también contaban con Adrián Campos-; así que se puede decir que ellos pueden apuntarse el tanto de habernos cantado y contado el primer gran año del automovilismo español en la Fórmula 1.

Antes de llegar a Hungría, Alonso había conseguido el hito de subir al “cajón” -algo que en España tan sólo había hecho el Marqués de Portago, en 1956, y que hasta el momento, además de ellos dos, sólo lo ha logrado Pedro Martínez de la Rosa, en Hungría 2006- hasta en tres ocasiones: tercero en Malasia -con “pole position” incluida, la primera de un español, y con casi 40º de fiebre- y en Brasil -el día de su célebre accidente-, y segundo en España, ante el delirio de la gente que se dio cita en Montmeló.

El circuito de Hungaroring, revirado y más “de manos” que otra cosa, era el más propicio para hacer algo verdaderamente gordo, ya que era el que mejor se adaptaba a las condiciones tanto del R-23 como de quien lo llevaba. Dicho y hecho: Fernando clasificó el sábado en la “pole” por delante de Mark Webber -entonces en Jaguar-; y el domingo, desde el principio, hizo diferencias no sólo con el australiano, sino sobre todo con los “gallos”, el McLaren de Kimi Raikkonen, el Williams de Juan Pablo Montoya, y el Ferrari del multicampeón Michael Schumacher.

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Tal fue el dominio de Alonso que, a pocas vueltas del final, incluso llegó a doblar a “Schumi”, en una imagen que dio la vuelta al mundo y que fue el primer indicio del relevo que se produciría dos años más tarde. Fernando ganó a lo campeón, con notable diferencia sobre Raikkonen, segundo; y Montoya, tercero; y mostró por vez primera los “pajaritos” que luego se hicieron tan populares con los triunfos en sus años de campeón mundial.

Aquel campeonato, como los tres anteriores, como los de 1994 y 1995, y como el posterior de 2004, lo ganó el “Kaiser”, en durísima lucha con sus rivales finlandés y colombiano, respectivamente. Fernando Alonso acabó sexto con 55 puntos, pero en Hungría el rey fue él, que puso la primera “pica en Flandes” de España en la Fórmula 1.

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La exhibición de Carlos Sastre en Alpe D´Huez que le dio el Tour 2008

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (27)

El Tour de Francia llega hoy a una de sus cimas míticas por antonomasia, el Alpe D´Huez; probablemente el puerto más duro y más célebre de la cordillera alpina. Como siempre, nos espera un gran espectáculo, aunque por desgracia, el ciclismo español ya poco tiene que decir después de que tanto Alberto Contador como Samuel Sánchez flaquearan ayer en el Galibier.

Para compensar un poco la decepción, recordaremos qué fue lo que sucedió hace tres años, en la última vez que el Tour incluyó el Alpe D´Huez en su recorrido; el gran día de gloria de la carrera ciclista de Carlos Sastre, que realizó a lo largo de las legendarias 21 curvas la demostración por antonomasia de su carrera, que le valió para ganar, pocos días más tarde, el Tour 2008.

Tan sólo dos españoles habían ganado hasta entonces en Alpe D´Huez, los vascos Fede Extabe e Iban Mayo en 1987 y 2003, respectivamente; y tan sólo dos etapas había conseguido Sastre en el Tour hasta aquella jornada, una en 2003 -Ax3 Domains- y otra en 2006 -Morzine, tras la descalificación por dopaje de Floyd Landis-. El 23 de julio de 2008 el abulense entraría definitivamente en la historia del gran coloso alpino y de la carrera francesa.

Fue un Tour marcado por la injusta ausencia de Contador, vencedor en 2007 -por el pasado turbulento de un equipo, el Astana, del que tan sólo quedaba el nombre-. El pabellón del ciclismo español quedaba en manos de Óscar Freire para los sprints y, sobre todo -con permiso de Alejandro Valverde-, de Carlos Sastre para la general.

CONTRA EVANS… Y SUS ENTONCES COMPAÑEROS, LOS SCHLECK
El madrileño -medio abulense-, líder del CSC -actual Saxo Bank- estaba pasándolas canutas en el seno de su equipo, merced a la labor desestabilizadora que estaban llevando a la práctica los hermanos Schleck, que podía llevar al equipo de Bjarne Riis a perder la carrera en beneficio de un corredor más experimentado y buen contrarrelojista como Cadel Evans.

Cierto es que, dos días antes, en Prato Nevoso, Frank Schleck había arrebatado a Evans el maillot amarillo, pero el mayor del clan no era el hombre del CSC para la general por su nulidad contra el crono, mientras que el pequeño Andy aún estaba demasiado verde por su juventud. El jefe de filas, por mucho que los hermanos luxemburgueses se empeñaran en demostrar lo contrario, era Carlos Sastre.

PONIENDO ORDEN A LO CAMPEÓN
Y en el Alpe D´Huez, entre Sastre y Riis reestablecieron el orden en el CSC. Pese a tener a un compañero vestido de amarillo Carlos, como los grandes, apostó fuerte atacando al comienzo del puerto -unos 13 km restaban para la meta-; mientras que Riis, que ni era ni es tonto precisamente, ordenó a los díscolos Frank y Andy que le dejaran a Evans la responsabilidad de la caza.

El australiano resultó claramente perdedor en el mano a mano con Sastre, cuyas ventajas aumentaban paulatinamente con el transcurrir de las curvas, hasta el punto de ganar con 2:02 sobre Samuel Sánchez y Andy Schleck, 2:13 sobre Valverde y Frank Schleck, y 2:15 sobre Evans, al que aventajó en la general en algunos segundos menos.

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Una renta suficiente porque tres días más tarde, en la contrarreloj final sobre 53 kilómetros en Saint Amand Montrond, Sastre aguantó perfectamente a Evans, al que ganó en la general por 58 segundos. Menchov fue tercero aprovechando la postrera exclusión por dopaje del austríaco Bernard Kohl -rey de la montaña, cuyo primer puesto heredó Sastre- las escasas prestaciones de Frank Schleck, quinto; mientras que “Samu” fue 6º; Valverde, 8º; y Freire, además de dos etapas, se llevó el maillot verde de la regularidad.

A pesar de la “cacicada” de la organización a Contador fue un Tour soberbio para el ciclismo español; un Tour que un veterano de 33 años curtido en mil batallas sentenció un 23 de julio en la última subida hasta la fecha al Alpe D´Huez.

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Tres años del triunfo en la Eurocopa

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (26)

Parece que fue ayer, pero el comienzo del ciclo victorioso de la selección española de fútbol cumple ya tres años. Tal día como hoy, un 29 de junio de 2008, España se proclamó por segunda vez en su historia campeona de la Eurocopa de Naciones al derrotar en la final a Alemania por 1-0.

El gol de Fernando Torres a los 31 minutos en el Ernst Happel de Viena certificó la condición de la selección española como el mejor equipo del “viejo continente”, sellada con una actuación en la final mucho más brillante y con un triunfo mucho más rotundo de lo que dictaminó el marcador, ya que España, como en la segunda parte de la semifinal ante Rusia, desarboló a los alemanes con un fútbol bello y de alta escuela.

Un fútbol, el practicado por los muchachos de Luis Aragonés -a quien aprovecho para reivindicar, con todo el cariño y con todo el respeto hacia Vicente del Bosque, como el técnico con el que comenzó la excelencia balompédica para la selección-, con el que España mostró al mundo el estilo por el que hoy es reconocida. Aquél que, dos años más tarde, nos llevó a alcanzar la gloria suprema en el Mundial de Sudáfrica con un grupo muy parecido al que salió triunfador en la cita de Austria y Suiza; además del reconocimiento unánime del balompié internacional.

Aunque, en honor a la verdad, hay que reconocer que el día en el que verdaderamente acabó la selección con sus miedos y con su mal fario llegó una semana antes de que Iker Casillas recogiera la Eurocopa de manos de Platini. Ningún aficionado del equipo nacional olvidará la noche del 22 de junio de aquel 2008, en la que acabamos, también en el Ernst Happel, con el gafe de los cuartos de final derrotando en los penaltis a la campeona del mundo, Italia.

Desde aquel momento la selección española se dio cuenta de que podía hacer grandes cosas, y a fe que las está haciendo: aquella Eurocopa, el Mundial 2010, y lo que falta por venir.

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Seis años de la segunda Copa del Rey del Betis

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (25)

Tal día como hoy, hace justo seis años, el Betis se proclamó por segunda vez en su historia campeón de la Copa del Rey. Fue la guinda a una temporada histórica, la 2004-2005, la del regreso al banquillo del histórico y querido Lorenzo Serra Ferrer, en la que también se consiguió por vez primera la clasificación para la Liga de Campeones; y tras la que se desarrolló progresivamente el negro período del que parece que empezamos a salir ahora.

Era la segunda final de Copa que le veía jugar al Betis -en la primera, la perdida de 1997 ante el Barça, estuve “in situ” en el Santiago Bernabéu- y el primer y único título que he podido disfrutar hasta ahora -y lo que me queda…- del equipo verdiblanco ya que en los otros dos, la Liga del 35 y la Copa del 77, todavía no había nacido. Así pues, no podía por menos que recordarlo en mi espacio personal con motivo de esta efeméride.

ALCALÁ Y CÁDIZ, PRIMEROS ESCOLLOS
Todo empezó en el Francisco Bono de Alcalá de Guadaíra, ante un equipo paisano como el Alcalá. Entonces, al igual que ahora, las dos primeras eliminatorias se jugaban a partido único, pero los equipos de Primera entraban en el bombo copero desde el inicio jugando como visitantes ante rivales de inferior categoría. Una ruleta rusa en la que los conjuntos de la máxima categoría tenían poco que ganar y mucho que perder, y en la que alguna que otra vez al Betis le había tocado meter la pata hasta el fondo. Leer el resto de la entrada »

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El sufridísimo ascenso de Jaén en 2001

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (24)

Tras el artículo de la semana pasada dedicado al ascenso del Betis en 1994, ahora toca hablar del penúltimo hasta la fecha, el décimo, el más sufrido de los cuatro que estos ojos han tenido la oportunidad de ver: el de la temporada 2000-2001.

En junio de 2000 el Betis había concluido de manera catastrófica un ciclo de seis años en los que llegó a ser una vez tercero y otra cuarto; a jugar una final de la Copa del Rey y también tres veces en Europa. El equipo bético, tras una temporada lamentable, bajó a Segunda junto -ahí es nada- al Sevilla y al Atlético de Madrid.

Era una Segunda histórica, en la que, además de béticos, sevillistas y atléticos se encontraban equipos como el Tenerife, el Sporting de Gijón, el Albacete, el Salamanca o el Extremadura, todos ellos con pasado reciente en Primera. Además, el Betis se vio obligado a afrontar una lógica regeneración -Finidi, Alfonso, Oli y algunos más dejaron el club- agravada por el conocido motín de Mérida en agosto, encabezado por uno que no jugaba y que, al igual que había hecho en su anterior club años antes, se estaba dedicando a malmeter, el “señor” Roberto Solozábal.

Manuel Ruiz de Lopera, que pese al batacazo no había perdido aún ni un ápice de popularidad, confió el equipo a un buen entrenador como Fernando Vázquez, después de que Faruk Hadzibegic, el entrañable “Pepe” que a punto estuviera de salvar al equipo en la anterior campaña, no dispusiera de la acreditación necesaria para dirigir al equipo más allá de unos cuantos partidos. Leer el resto de la entrada »

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El ascenso del 94 en Burgos

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (23)

Desde que un servidor vio la luz hace algo más de 30 años, ha vivido “in situ” cuatro ascensos a Primera División del Real Betis Balompié. Del primero de ellos hablamos ya en este espacio hace algún tiempo; y ahora, consumado ya éste de 2011, me gustaría ir recordando los otros dos, empezando por el referido en el titular.

Nos situamos en la temporada 93-94, la tercera consecutiva del Betis en Segunda a principios de los 90, y la segunda de Manuel Ruiz de Lopera al frente del club. Recordemos que el empresario de El Fontanal, ahora desposeído ahora del 51% de las acciones por todo lo que ya sabemos, puso en 1992 el dinero que otros fueron incapaces de ir sacando para que el Betis superara el plan de saneamiento; pero su primer año -el último de Pepe Mel en la plantilla como jugador-, pese a las ilusiones que trajo la recuperación de todo un mito como el actual presidente Rafael Gordillo, fue un verdadero fracaso en lo deportivo.

En el verano del 93 la consigna era ascender por lo civil o por lo criminal, porque una cuarta campaña seguida en Segunda podría haber resultado poco menos que funesta. Para ello se confió el equipo a un técnico experimentado en la categoría como Sergio Kresic, y se fichó a importantes jugadores como Tomás Olías, Alexis Trujillo y, sobre todo, procedente del Mérida, el máximo goleador de la división de plata, Toribio Daniel Aquino; quienes se unían a los Cuéllar, Cañas, Merino, Márquez, Ureña, Roberto Ríos, Diezma o el propio Gordillo.

SUFRIMIENTO CON KRESIC
Pero la andadura del técnico croata no fue todo lo positiva que los béticos hubiesen deseado. Cierto es que el equipo se hizo fuerte en casa, pero fuera era poco menos que una verdadera madre con sus rivales. Además, el juego se caracterizaba por la racanería más absoluta en cuanto se hacía un gol, lo que propiciaba que en más de un partido -y de dos- se ganara con muchas fatiguitas o, lo que era peor, se terminara empatando o perdiendo.

Tanto fue así que, pese a la sensacional trayectoria en la Copa y pese a un salvador tanto del sueco Ekstrom -que llegó en el mercado de invierno junto al recordado Juanito– en el descuento (3-2) contra el Compostela en la jornada 23, la derrota en Toledo tres semanas más tarde hizo que Kresic diera con sus huesos en la calle. El Español -sí, todavía con “ñ”- se había escapado en el liderato, y los de la capital gallega parecían sólidos en el segundo puesto mientras que el Betis luchaba con el Mallorca y el Toledo por las dos plazas de promoción que se repartían por entonces.

CON SERRA CAMBIÓ LA HISTORIA
El sustituto de Kresic fue el que se convertiría en uno de los entrenadores más míticos y recordados de toda la historia del club, Lorenzo Serra Ferrer, a quien Lopera había fichado para mantenerlo en la sombra cuando el bueno de Sergio comenzó a flojear. Dicha acción no fue todo lo ética que debiera, antes al contrario; pero el cambio dio un resultado excepcional.

Porque Serra Ferrer empezó a poner un equipo más ofensivo, en el que Diezma comenzó a ser el guardameta que se pensaba que era; Ureña, Ríos y Olías tres muros; Alexis el jefe del medio campo; Cañas el pulmón; Aquino el goleador; y Cuéllar, su socio más destacado. Y también surgió Julio Soler, un centrocampista fichado del Albacete que, con la lesión de Gordillo, ocupó la plaza de lateral izquierdo -siendo diestro- con un sensacional rendimiento.

Así el Betis empezó a ganar sus partidos por goleada -sobre todo en casa- y remontó hasta arrebatarle la segunda plaza al Compostela, teniendo la ocasión de certificar matemáticamente el ascenso con una jornada de adelanto, en el estadio El Plantío de Burgos.

LA “MARCHA VERDE” A TIERRAS CASTELLANAS
Hasta allí se desplazaron casi diez mil béticos, que superaron en número a los aficionados locales, desanimados teniendo en cuenta que su equipo, el año anterior en Primera, había caído al pozo de la Segunda B.

El equipo no podía hacer otra cosa que responder, y ganó con solvencia, por 0-2. El primer gol llegó a la media hora tras una brillante combinación del ataque bético que culminó Márquez entrando por la derecha y batiendo por bajo al portero burgalés. Y en el segundo tiempo, antes del cuarto de hora el goleador Aquino puso la tranquilidad con un lanzamiento de falta que rozó en un defensa antes de llegar a la red. Era el noveno ascenso a Primera en 87 años de historia, y la afición lo celebró a lo grande con los jugadores a la llegada de éstos a Sevilla. No era para menos: tres años después, el Betis volvía a Primera.

El fin de fiesta llegó en Heliópolis a la semana siguiente, con el triunfo sobre el campeón Español gracias a sendos goles de Aquino -máximo goleador también en el Betis con 26 goles- y Roberto Ríos. El Betis ascendió a lo grande, con diez victorias y dos empates en las últimas doce jornadas -22 puntos de 24 posibles, puesto que todavía se repartían dos por triunfo-, tras las que acabó a tan sólo un punto de los catalanes, cuando la ventaja de éstos llegó a ser abismal. A Primera les acompañó el Compostela al ganar éstos en la promoción al Rayo; mientras que el Toledo perdió contra el Valladolid.

Fue éste el comienzo de uno de los períodos más fructíferos en lo deportivo para los verdiblancos, que sumaron en seis años tres clasificaciones europeas y una final de Copa del Rey, antes de regresar a Segunda en 2000 y volver a ascender en 2001. Pero esa será otra historia.

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