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Entre amigos en tierras nazarenas

Navidad: Según el DRAE en una de sus acepciones, es el día en el que se celebra la natividad (nacimiento) de Nuestro Señor Jesucristo. También se admite que sea considerada como un período de ambiente festivo que transcurre, aproximadamente, desde el 22 de diciembre hasta el 6 de enero, en el que los niños están de vacaciones y los mayores ocupan su agenda con compromisos -comidas y veladas- más o menos obligados; o también más o menos deseados, que todo hay que decirlo.

El grupito que nos dimos cita (yo soy el primero por la izquierda de los de abajo), salvo Alberto, que es quien echa la foto Hay quien la ama y también quien la odia hasta límites extremos; hay quien suele recordar su época infantil con los Reyes Magos y/o Papá Noel -o también con personajes de otras culturas autóctonas de cada lugar, como el Olentzero para los vascos-; y quien critica la hipocresía reinante en el ser humano porque todo lo que se suele hacer en estas fechas podría llevarse a cabo durante el resto del año.

Que cada cual se identifique con sus creencias. Yo no soy abiertamente ni “pro” ni “anti” Navidad: hay cosas que me gustan más y cosas que me gustan menos de ella; pero tiendo a quedarme con lo bueno, como por ejemplo las reuniones y los reencuentros con la familia y los amigos, o al menos con los que se pueda quedar. Y en el día de ayer tuvo lugar uno de esos momentos tan especiales.

Siete buenos amigos de los tiempos en la facultad de Filología -aunque realmente no todos eran filólogos, pero casi como si lo fueran- nos vimos en un lugar de Dos Hermanas -de cuyo nombre realmente no puedo acordarme- para rememorar viejos tiempos, y ponernos un poco al día. A saber: Esperanza, Massimo, Quique, Tere y un servidor quedamos con nuestra querida compañera y amiga Ana y con Alberto, su novio, para ir a casa de éstos y compartir una tarde con ellos.

Era una reunión que teníamos pendiente desde hace más o menos un mes, y ayer fue la fecha escogida para tan entrañable velada. Entrañable porque en ella se encontraban varias de las personas con las que compartí de forma magnífica cuatro de los cinco cursos de la carrera de Hispánica -manteniendo después el contacto de forma más o menos regular-; y entrañable porque pude volver a ver a Ana, una de las personas a las que más cariño le tengo pero a la que hacía varios meses, entre unas cosas y otras -más allá de su estancia en Buenos Aires, de donde regresó a finales de noviembre- que no le había podido dar un abrazo.

Una tarde completa tanto por el tiempo como por lo que hicimos, en la que, entre tras cosas, pude probar la bebida platense y porteña por excelencia, el mate; y en la que brindamos con sidra, vino blanco o dulce -según las preferencias de cada uno- por nosotros, por la amistad que, a pesar de los tres años que hace que acabamos la carrera, las vidas particulares de cada uno y también la distancia, nunca se ha perdido. Antes al contrario.

Amigos, va por vosotros.

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