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El resto del fin de semana polideportivo

Comenzamos con las motos, en las que los pilotos españoles lograron un nuevo triplete en el Gran Premio de San Marino, disputado en el italiano circuito de Misano. Jorge Lorenzo, Marc Márquez y Nico Terol se llevaron sendos triunfos que bien refuerzan sus opciones de ser campeones, bien hacen que se metan de nuevo en la lucha.

Este último es el caso de Lorenzo, que en MotoGP ha recortado 25 puntos a Stoner tras una carrera dominada de principio a fin. Para completar la fiesta, Dani Pedrosa alcanzó la segunda posición tras rebasar espectacularmente al australiano a pocas vueltas del final. Pese a ello Stoner aún conserva 35 puntos de ventaja a cinco carreras del final.

Terol y Márquez, por el contrario, sí que están verdaderamente cerca de los títulos de 125cc y Moto2. El primero aprovechó un regalito inestimable de su máximo rival, Johann Zarco, quien le “cedió” la victoria al estar más pendiente de mirar hacia atrás en la última recta que de llegar el primero a meta. Terol le saca ya 31 puntos. Márquez se escapó en las últimas vueltas de Moto2, y ya tan sólo está a 23 puntos de Stefan Bradl y, lo que es mejor, en franca progresión.

POBRE ACTUACIÓN ESPAÑOLA EN ATLETISMO
Se acabaron los campeonatos del mundo de atletismo, celebrados este año en Daegu (Corea del Sur), los peores de la historia en cuanto a resultados para el atletismo español. Una sola medalla y otro puesto de finalista es un balance global sumamente pobre.

Para llevarnos a la boca, el bronce de Natalia Rodríguez y el cuarto puesto de Manuel Olmedo, ambos en 1.500 metros. La catalana pudo haber sido oro de no haber atacado tan pronto, pero su tercer lugar sabe a gloria tras la descalificación de hace dos años; mientras que al sevillano se le hizo corta la prueba masculina tras su explosivo final.

Los campeonatos terminaron el domingo de forma apoteósica con el récord del mundo de 4×100 a cargo de Jamaica. Nesta Carter, Michael Frater, Yohann Blake y Usain Bolt pararon el cronómetro en unos estratosféricos 37.04, seis centésimas menos que la marca establecida por el cuarteto jamaicano en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Bolt acabó por redimirse de su fiasco en los 100, ya que un día antes se había impuesto claramente en los 200 con la cuarta mejor marca de toda la historia, 19.40.

COBO TOMA EL MANDO DE LA VUELTA EN EL ANGLIRU
Giro casi total el que dio el domingo la clasificación general de la Vuelta Ciclista a España. Se llegaba al ya mítico Angliru, y allí el cántabro del Geox Juanjo Cobo dinamitó la carrera con un ataque lejano, antes de la llegada de lo más duro.

Cobo lanzó su apuesta a siete kilómetros de meta, mientras que por detrás el teórico gran favorito, Vincenzo Nibali, que ya había dado muestras de debilidad un día antes en La Farrapona, acabó por enterrar sus opciones de revalidar su triunfo. Y como quiera que los dos primeros de la general, los británicos del Sky Chris Froome y Bradley Wiggins, acabaron por ceder en la durísima Cueña Les Cabres -sobre todo el segundo, líder de la general hasta ayer-, Cobo encabeza la general antes de la última semana con 20 segundos sobre Froome y 46 sobre el multicampeón olímpico en pista.

EL BARÇA CEDE DOS TÍTULOS
Por último, es llamativo en estos tiempos que corren que el F.C. Barcelona, como entidad polideportiva, deje escapar dos finales, por muy de Supercopa que sean. De una parte, la de fútbol sala, en la que el Inter Movistar derrotó a los de Marc Carmona, tricampeones la pasada temporada, por 4-3 en el pabellón “Jorge Garbajosa” de Torrejón de Ardoz.

Y la segunda fue la de balonmano, en un encuentro muy especial porque supuso la vuelta a las canchas del Atlético de Madrid, 17 años después. Los nuevos colchoneros, herederos directos del Balonmano Ciudad Real tras la mudanza a Madrid organizada por Domingo Díaz de Mera, vencieron claramente a los blaugrana por 33-27 en el Palacio/Plaza de Toros de Vistalegre, que registró un récord histórico de 11.300 espectadores, la mayor cantidad de gente dentro de un encuentro de clubes en España.

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El “mega-récord” de Mike Powell cumple 20 años

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (29)

Hace justo dos décadas, el 30 de agosto de 1991, se produjo uno de los grandes acontecimientos de la historia del atletismo y del deporte mundial. Mike Powell, gran saltador estadounidense pero hasta el momento siempre a la sombra de Carl Lewis, batió ante el “Hijo del Viento” el récord del mundo de salto de longitud que, desde 1968, poseía Bob Beamon, en los cuartos Mundiales de Atletismo que, aquel verano, se celebraron en el Estadio Nacional de Tokio, Japón.

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Fue en el quinto intento cuando Powell enganchó aquel estratosférico salto de 8,95 metros, que dejaban atrás los 8,90 de Beamon en los JJOO de México. Carl Lewis, llamado a superar la mítica marca, hizo probablemente el mejor concurso que jamás ser humano haya hecho nunca, con casi todos sus saltos por encima de 8,80 y con un récord provisional de 8,91 invalidado por el exceso de viento a favor; pero finalmente tuvo que ceder ante su más que eufórico rival.

(Años más tarde, en 1995, el gran Iván Pedroso hizo un centímetro más que Powell (8,96) en una reunión en la estación invernal de Sestriere, pero la IAAF, de manera tan injusta como lamentable, rechazó su homologación pese a que el anemómetro marcaba viento legal, porque decían que había alguien que estorbaba a la hora de hacer la medición. Sea como fuere, aquella “cacicada” posterior no desmerece lo más mínimo la gesta de Powell en aquel verano atlético del Sol Naciente).

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España, ocho medallas en los Europeos de atletismo

Ayer finalizaron los Campeonatos de Europa de Atletismo 2010, celebrados este año en el Estadio Olímpico “Lluis Companys” de Barcelona, que albergó su segunda gran cita internacional al aire libre de este deporte tras los memorables Juegos Olímpicos de 1992.

España estaba obligada a hacer un buen papel debido principalmente a su condición de local, y, aunque se empezó muy mal, durante las tres últimas jornadas al menos se consiguió mejorar bastante la imagen. Ocho medallas, ocho; con dos oros, tres platas y tres bronces, que no son las quince que había pronosticado nuestro “pitoniso” -y bocazas- presidente José María Odriozola -las mismas que se consiguieron hace ocho años en Munich-, pero buenas son.

Si hay que destacar una prueba “talismán” este año en la cita de la Ciudad Condal para los españoles esa ha sido, sin duda, los 1.500 metros. Nuestros atletas recuperaron el excelente nivel exhibido en la que para muchos es la prueba reina del atletismo -aparte de la maratón- y se llevaron nada menos que cuatro medallas: dos oros con Arturo Casado y Nuria Fernández, y dos bronces con Manuel Olmedo y Natalia Rodríguez. En los chicos los triunfadores fueron dos atletas con experiencia -aunque Olmedo en el 1.500 un poco menos- pero todavía jóvenes; mientras que en la prueba femenina el éxito fue para dos de las veteranas de nuestro atletismo.

Especialmente emotivo fue el triunfo de Nuria, no ya porque “cerrara” el medallero en la noche de ayer, sino porque fue la victoria de toda una currante que, a sus 34 años, ha llegado al cénit de su carrera deportiva no sólo por el resultado, sino por la marca (4:00:20). Para Natalia su bronce vino a compensar un poco el amargo sabor de la final mundialista de hace un año, donde se llevó la victoria pero luego fue justamente descalificada por haber dejado caer a una rival.

El resto de las medallas se las llevaron la incombustible y excepcional Marta Domínguez -plata en 3.000 metros/obstáculos-, José Luis Blanco -bronce en la misma prueba, aunque en categoría masculina-, Jesús España -plata en 5.000– y Chema Martínez plata en la maratón-. Todos ellos ilustres veteranos.

Entre las decepciones cabría destacar en primer lugar la marcha. Cierto es que no estaba el sancionado “Paquillo”, pero ello no es óbice para que España se haya marchado -valga el juego de palabras- de unos Europeos sin medallas por primera vez en 28 años. Que el mejor resultado lo haya conseguido otro ilustre como Jesús Ángel García Bragado es algo que debe hacer reflexionar, y mucho, a la Federación.

Luego ha habido otros que han vuelto a fracasar, como Ruth Beitia -que, a imagen y semejanza del “capi” Manolo Martínez es incapaz de llevar al aire libre sus excelentes prestaciones en pista cubierta- o Mario Pestano; mientras que también se esperaba mucho de los fondistas nacionalizados. Ayad Lamdassem perdió la medalla en 10.000 metros de una forma bastante incomprensible; mientras que el campeón español de 5.000 Alemayehu Bezabeh pareció haber gastado toda su fuerza en los Nacionales.

Pero también ha habido sorpresas agradables, sobre todo en los 800 metros y en el salto de longitud. En la doble vuelta a la pista dos jóvenes atletas sevillanos, Luis Alberto Marco y Kevin López, se metieron en la final aunque su inexperiencia les pasó factura a la hora de luchar por las medallas; mientras que en el salto horizontal un chaval de 18 años que acababa de proclamarse subcampeón del mundo junior, Eusebio Cáceres, logró en la calificación ser el tercer atleta español que más ha saltado en la historia. Sus 8,27 le colocaron tras Yago Lamela -8,56 tanto al aire libre como en pista cubierta- y Joan Lino Martínez -8,37 bajo techo y 8,32 al aire libre-. La lástima fue que en la final se lesionó el tobillo en el tercer salto y decidió dejar de saltar en el quinto. Su posición, la octava, con 7,97 metros. Son algunos de los nombres que deberán mantener alto el pabellón nacional en los próximos años.

Los grandes triunfadores de los Europeos a nivel general fueron, en hombres, el francés Christophe Lemaitre y el británico de origen somalí Mo Farah. Lemaitre -primer blanco en ganar los 100 metros- fue el rey de la velocidad con tres oros en 100, 200 y 4×100 metros; mientras que Farah hizo doblete tanto en 5.000 como en 10.000, a costa entre otros de los atletas españoles. Y en chicas, Rusia. El primer puesto de los ex soviéticos en el medallero ha tenido su clave principal en los ocho triunfos cosechados en la categoría femenina, algo que no sorprende porque a nivel europeo son, desde hace muchos años, las indiscutibles reinas.

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Fernando Alonso debuta en Ferrari con victoria

No ha podido tener un mejor estreno con la escudería del “Cavallino Rampante”. Fernando Alonso se ha impuesto en el Gran Premio de Bahrein, primera cita del Mundial 2010 de Fórmula 1, disputada en el circuito de Sahkir. Es la 22ª victoria del asturiano en su carrera deportiva, y la primera desde Japón 2008.

El alemán Sebastian Vettel parecía el favorito para ganar por la “pole” y por el gran ritmo que llevaba su Red Bull; pero acosado por Fernando y, en menor medida, por Felipe Massa, debió exprimir al máximo la mecánica de su monoplaza, lo que se tradujo en problemas mecánicos a 15 vueltas del final, que facilitaron el triunfo de Alonso. Segundo fue Massa y tercero Lewis Hamilton, quedando la cuarta plaza para Vettel. No han podido empezar mejor, pues, los dos Ferrari.Fernando Alonso, victorioso en el podium de Bahrein. Fot: Marca.com

Del resto de los españoles, Jaime Alguersuari (Toro Rosso) finalizó 13º, mientras que Pedro De la Rosa (Sauber) tuvo que abandonar por un problema hidráulico. Por su parte Bruno Senna y Karun Chandhok, los dos pilotos de la escudería española Hispania Racing, debieron abandonar cuando se llevaban 19 y 2 vueltas, respectivamente. Y otro de los momentos destacables fue la reaparición de Michael Schumacher, con Mercedes. El heptacampeón alemán acabó 6º, por detrás de su compañero Nico Rosberg y por delante del actual poseedor del título, Jenson Button (McLaren).

Fernando Alonso, exultante en el podium, celebró como se merece su primer triunfo en dos años, que le coloca a la cabeza de los favoritos para conseguir el título en 2010.

Natalia Rodríguez, medalla de plata en 1.500. Foto: Marca.com Tres medallas para la delegación española
No ha estado nada mal el botín obtenido por los atletas españoles en los Mundiales en pista cubierta que se han celebrado este fin de semana en Doha (Qatar); más concretamente tres medallas de plata. Ruth Beitia, con 1,98 metros, quedó en salto de altura sólo por detrás de la gran favorita, la croata Blanca Blasic (2,00); Natalia Rodríguez se quitó en parte el mal sabor de boca de su descalificación en la cita al aire libre del pasado verano quedando segunda en los 1.500 metros tras la etíope Kalkidan Gezahegne; mientras que Sergio Sánchez hizo lo propio en los 3.000, en una prueba ganada por Bernard Lagat (USA).

La gran sorpresa del campeonato fue que Yelena Isinbayeva se quedó fuera del podium en salto con pértiga, al no poder superar los 4,75 metros, una distancia que ella suele saltar casi con los ojos cerrados. Es el segundo fallo consecutivo en un gran campeonato de Isinbayeva, que intentará resarcirse en los Europeos al aire libre de Barcelona.

Contador levanta los brazos victorioso, una vez finalizada la París-Niza. Foto: Marca.com
Triplete español en la París-Niza
La última gran noticia del fin de semana para el deporte español llegó del ciclismo, más concretamente desde la francesa Costa Azul. Alberto Contador (Astana), vencedor en la etapa del pasado jueves con final en el puerto de Mende, se hizo con su segunda victoria en la París-Niza, tras la lograda en 2007. El madrileño, que superó una caída sufrida en el segundo día y que iguala en victorias a Miguel Indurain, comienza a mostrar su cartas de cara a su gran cita de cada año, el Tour de Francia.

A Contador le acompañaron en el podium Alejandro Valverde y el vencedor del año pasado, Luis León Sánchez, ambos de Caisse D´Epargne, en un histórico podium 100% español. El murciano intentó por todos los medios arrebatarle la victoria final a Contador en la última etapa, pero definitivamente se ha quedado a 13 segundos en la general.

Son las notas más destacadas de un excelente fin de semana polideportivo para el deporte español.

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La apoteósica victoria de Abel Antón en los Mundiales de Sevilla

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (1)

Gracias a los consejos y las sugerencias de mi querido amigo Quique -a quien le dedico especialmente la entrada de hoy- me he animado a abrir esta sección en la que mi único objetivo es recordar ciertos momentos del deporte vividos desde que soy aficionado que, al menos a mí, me han parecido particularmente significativos.

Y, para la inauguración de la misma, dado el carácter maratoniano de quien me la sugirió, qué menos que hablar del momento cumbre para el atletismo español -para el atletismo mundial fue otro que trataré en un futuro- del que, probablemente, sea el acontecimiento deportivo más importante que se ha vivido en Sevilla a lo largo de la historia, los Campeonatos del Mundo de atletismo de 1999. Me refiero, claro está, a la celebración de la maratón masculina.

Sábado 28 de agosto de 1999. Penúltima jornada. Tanto en las calles de Sevilla como en el estadio Olímpico de La Cartuja se respira ambiente de día grande, como así terminará siendo. Sobre las 18:30 de la tarde, bajo un calor sofocante aunque menor del que se esperaba, los participantes en la maratón masculina aguardaban en el interior del estadio a que se diera oficialmente la salida a una prueba que les llevaría por algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad.

Después de salir de la Isla de La Cartuja a través del puente de La Barqueta, los atletas debían dar un total de 4 vueltas a un circuito que transcurría por La Macarena, la Plaza de España, el Parque de María Luisa, Los Remedios, el Paseo de Las Delicias, el Paseo Colón, la calle Arjona y la calle Torneo; para terminar retornando al estadio entrando a La Cartuja de nuevo por el puente de La Barqueta.

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El equipo español se presentaba, entre otros, con tres hombes perfectamente capacitados para conseguir el oro y alguna medalla más: Abel Antón, por entonces vigente campeón mundial (Atenas 97); Martín Fiz, campeón y subcampeón mundial (Goteborg 95 y Atenas 97, respectivamente) y campeón europeo (Helsinki 1994); y Fabián Roncero, sexto dos años antes en la cita griega y en un estado de forma envidiable, según los expertos. El histórico doblete obtenido dos años antes en Atenas podía tener su continuidad en la capital de Andalucía.

Sin embargo, en carrera las cosas no estaban saliendo como todos esperábamos. Superada la hora y media de carrera, con el japonés Nobuyuki Sato líder, el sudafricano Gert Thijs avivó de tal forma la carrera en el grupo principal que hizo que Roncero se descolgara. El madrileño se desfondó de tal forma que terminó abandonando, mientras que Martín Fiz también se alejaba paulatinamente de la cabeza. La única esperanza era el actual campeón mundial, que resistía junto a los que perseguían a Sato: Thjis, el italiano Vincenzo Modica, el keniano Simon Biwott y el portugués Luis Novo.

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En el último tramo de la carrera, con los corredores transitando por el Paseo Colón (km 38 aproximadamente), Sato marchaba en cabeza con unos veinte segundos sobre sus perseguidores, que ya sólo eran Antón, Biwott y Modica. La renta, pues, comenzaba a ser bastante peligrosa, y Abel Antón decidió que era el momento de atacar. Con su primer gran tirón descolgó a Biwott; y poco después volvió a hacer otro cambio de ritmo espectacular que acabó con el italiano -que estaba bebiendo-, lanzándose acto seguido a la caza del japonés.

Sato fue alcanzado entre Arjona y Torneo y, en un primer momento, aguantó estoicamente el ritmo del soriano. Pero éste era demasiado fuerte no ya sólo para el japonés, sino para cualquiera que se hubiese puesto en su camino aquel día. Antón, medio kilómetro después, llevado en volandas por los miles de espectadores que contemplaban la carrera, abandonó la compañía del nipón y comenzó su marcha imperial hacia su segundo campeonato del mundo.

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Al paso por el puente de La Barqueta (km 40) ya no había dudas: Antón iba a ser, indiscutiblemente, de nuevo medalla de oro. Por detrás Modica alcanzaba a Sato, y entre ambos se iban a jugar la medalla de plata; pero eso a la afición española y sevillana prácticamente no les importaba.

Todos y cada uno de los 60 mil espectadores que abarrotaron el estadio olímpico se giraron hacia los monitores gigantes para contemplar la marcha triunfal de Abel Antón, que -a punto de confundirse por la deficiente indicación de la policía en las puertas del estadio- accedió a la pista en loor de multitudes, recibiendo una ovación estruendosa, todavía mayor de la que él mismo se podía imaginar.

El atleta soriano saboreó como nunca los últimos metros antes de su entrada en la línea de meta; y no era para menos. Antón se convirtió en el primer atleta de la historia en repetir título mundial en la especilidad más exigente de todas, la maratón, entrando definitivamente dentro del selecto grupo de mitos del deporte español. Lástima que al año siguiente la rodilla le impidiera brillar en los Juegos de Sydney.

En la lucha por las otras dos medallas Modica también terminó dejando atrás a Sato, que se tuvo que conformar con el bronce. El portugués Luis Novo fue cuarto; y Martín Fiz, octavo. El vitoriano hizo un “rush” final impresionante, y terminó dentro de los considerados “puestos de finalista”, lo que le daba de forma automática la clasificación para la cita olímpica australiana.

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La jornada para el atletismo español finalizó de forma casi inmejorable porque, al mismo tiempo que se celebraba la maratón, un jovencísimo Yago Lamela se labraba la medalla de plata que terminó consiguiendo en el salto de longitud, sólo por detrás del “superclase” Iván Pedroso.

Yo, al contrario que cuando se disputaron, entre otros, los increíbles 1500 metros masculinos -de los que hablaré en otra ocasión-, no pude estar “in situ” en las gradas puesto que, días antes, me había salido un trabajillo como colaborador de El Correo de Andalucía para los partidos del Coria C.F. y el club ribereño no pudo haber elegido otro día peor para debutar en Segunda División B, según mis intereses, claro.

Sin embargo debo confesar que, cada vez que veo las imágenes de la carrera, siento exactamente lo mismo que todos y cada uno de los 60 mil espectadores que aplaudieron a rabiar a Abel Antón. Porque no estuve allí pero, sinceramente, para mí es como si hubiese estado.

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“Relámpago” a la velocidad de la luz

Me refiero a ese fenómeno de la velocidad atlética nacido en Jamaica, que responde al nombre de Usain Bolt, y que anoche se proclamó campeón del mundo de los 100 metros lisos, pulverizando de nuevo su plusmarca mundial.

Usain Bolt, entrando en meta y parando el reloj en 9,58. Foto: Marca.com

Usain Bolt, entrando en meta y parando el reloj en 9,58. Foto: Marca.com

Este caballero, que ya el pasado año en los Juegos Olímpicos destrozó dos récords del mundo y medio -el del relevo 4×100 es suyo por lo menos en un 50%-, protagonizó anoche en el Estadio Olímpico de Berlín un capítulo más en su larga lista de hazañas deportivas, e incluso relacionadas con la física. Y lo mejor de todo es que cada una es más increíble que la anterior.

Porque si grandiosa fue su marca de 9,69 en los 100 metros de Pekín -realizada justo un año antes, el 16 de agosto de 2008- y estratosférica la de 19,30 en los 200, la rebaja que le metió anoche a la del hectómetro solamente encuentra parangón en los famosos 8 metros y 90 centímetros de Bob Beamon en el salto de longitud de México 68, y en los 19,32 de Michael Johnson en los 200 metros de Atlanta 96; marcas que, como saben los buenos aficionados al atletismo, ya han vuelto a ser batidas.

9,58. Nueve segundos y 58 centésimas, para que todo el mundo lo entienda correctamente; once centésimas menos que su anterior récord, una auténtica barbaridad siempre y cuando los controles antidoping no digan lo contrario, que hasta ahora no lo han dicho pese a que han tenido ocasiones si Bolt hubiese incurrido en ilegalidades. Volviendo a la marca, si lo pensamos bien deberiamos estar sorprendidos, pero con matices; porque si analizamos la carrera de Pekín Bolt se dejó ir a unos 15 metros de la meta; es decir, ya el año pasado tenía esta marca en sus piernas. Y ayer, como ocurrió en los 200 metros hace un año, no se dejó ir, porque volvió a tener un rival que le apretó bastante.

Bolt, posando con su estratosférica marca. Foto: Marca.com

Bolt, posando con su estratosférica marca. Foto: Marca.com

En Pekín, éste fue Michael Johnson o, mejor dicho, su marca conseguida doce años antes; ayer fue Tyson Gay, un velocista estadounidense que, pese a ser doble campeón del mundo -100 y 200 metros, Bolt era un chavalín por entonces- en 2007, pasará a la historia como el 90% de los ciclistas que se enfrentaban a Eddy Merckx en los 60 y 70; es decir, como un pobre desgraciado que ha tenido la malísima fortuna de coincidir con el velocista más grande de la historia del atletismo. Gay hizo ayer la tercera mejor marca de toda la historia, 9,71; en cualquier competición sin Bolt le habría dado para apabullar al resto de sus rivales -ayer sacó 13 centésimas a Asafa Powell, el segundo jamaicano, que fue tercero con 9,84-, pero no cuando se enfrenta a Usain. Entonces, como se suele decir en esto casos, a Gay ni tan siquiera le vale el sagrado.

El resto de los finalistas fueron verdaderos espectadores de lujo, personas que pudieron contemplar desde el más privilegiado de los lugares cómo el “relámpago” jamaicano -no le puede venir más al pelo su apellido, porque uno de los significados de “bolt” es “relámpago”- se deslizaba por el tartán azul del estadio olímpico de Berlín a una velocidad casi más próxima a los 300.000 km/segundo que suponen la velocidad de la luz, que a lo que puede correr un ser humano.

Y todavía hay quien piensa que puede bajar de los 9,50; ya eso parece una utopía de las de verdad, pero visto lo visto, ¿hay quien piense hoy en día que existe algo imposible para este hombre?

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