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Fernando Alonso debuta en Ferrari con victoria
No ha podido tener un mejor estreno con la escudería del “Cavallino Rampante”. Fernando Alonso se ha impuesto en el Gran Premio de Bahrein, primera cita del Mundial 2010 de Fórmula 1, disputada en el circuito de Sahkir. Es la 22ª victoria del asturiano en su carrera deportiva, y la primera desde Japón 2008.
El alemán Sebastian Vettel parecía el favorito para ganar por la “pole” y por el gran ritmo que llevaba su Red Bull; pero acosado por Fernando y, en menor medida, por Felipe Massa, debió exprimir al máximo la mecánica de su monoplaza, lo que se tradujo en problemas mecánicos a 15 vueltas del final, que facilitaron el triunfo de Alonso. Segundo fue Massa y tercero Lewis Hamilton, quedando la cuarta plaza para Vettel. No han podido empezar mejor, pues, los dos Ferrari.
Del resto de los españoles, Jaime Alguersuari (Toro Rosso) finalizó 13º, mientras que Pedro De la Rosa (Sauber) tuvo que abandonar por un problema hidráulico. Por su parte Bruno Senna y Karun Chandhok, los dos pilotos de la escudería española Hispania Racing, debieron abandonar cuando se llevaban 19 y 2 vueltas, respectivamente. Y otro de los momentos destacables fue la reaparición de Michael Schumacher, con Mercedes. El heptacampeón alemán acabó 6º, por detrás de su compañero Nico Rosberg y por delante del actual poseedor del título, Jenson Button (McLaren).
Fernando Alonso, exultante en el podium, celebró como se merece su primer triunfo en dos años, que le coloca a la cabeza de los favoritos para conseguir el título en 2010.
Tres medallas para la delegación española
No ha estado nada mal el botín obtenido por los atletas españoles en los Mundiales en pista cubierta que se han celebrado este fin de semana en Doha (Qatar); más concretamente tres medallas de plata. Ruth Beitia, con 1,98 metros, quedó en salto de altura sólo por detrás de la gran favorita, la croata Blanca Blasic (2,00); Natalia Rodríguez se quitó en parte el mal sabor de boca de su descalificación en la cita al aire libre del pasado verano quedando segunda en los 1.500 metros tras la etíope Kalkidan Gezahegne; mientras que Sergio Sánchez hizo lo propio en los 3.000, en una prueba ganada por Bernard Lagat (USA).
La gran sorpresa del campeonato fue que Yelena Isinbayeva se quedó fuera del podium en salto con pértiga, al no poder superar los 4,75 metros, una distancia que ella suele saltar casi con los ojos cerrados. Es el segundo fallo consecutivo en un gran campeonato de Isinbayeva, que intentará resarcirse en los Europeos al aire libre de Barcelona.

Triplete español en la París-Niza
La última gran noticia del fin de semana para el deporte español llegó del ciclismo, más concretamente desde la francesa Costa Azul. Alberto Contador (Astana), vencedor en la etapa del pasado jueves con final en el puerto de Mende, se hizo con su segunda victoria en la París-Niza, tras la lograda en 2007. El madrileño, que superó una caída sufrida en el segundo día y que iguala en victorias a Miguel Indurain, comienza a mostrar su cartas de cara a su gran cita de cada año, el Tour de Francia.
A Contador le acompañaron en el podium Alejandro Valverde y el vencedor del año pasado, Luis León Sánchez, ambos de Caisse D´Epargne, en un histórico podium 100% español. El murciano intentó por todos los medios arrebatarle la victoria final a Contador en la última etapa, pero definitivamente se ha quedado a 13 segundos en la general.
Son las notas más destacadas de un excelente fin de semana polideportivo para el deporte español.
La apoteósica victoria de Abel Antón en los Mundiales de Sevilla
Por victor - General, Momentos personalmente especiales del deporte - 12 Marzo 2010
MOMENTOS PERSONALMENTE ESPECIALES DEL DEPORTE (1)
Gracias a los consejos y las sugerencias de mi querido amigo Quique -a quien le dedico especialmente la entrada de hoy- me he animado a abrir esta sección en la que mi único objetivo es recordar ciertos momentos del deporte vividos desde que soy aficionado que, al menos a mí, me han parecido particularmente significativos.
Y, para la inauguración de la misma, dado el carácter maratoniano de quien me la sugirió, qué menos que hablar del momento cumbre para el atletismo español -para el atletismo mundial fue otro que trataré en un futuro- del que, probablemente, sea el acontecimiento deportivo más importante que se ha vivido en Sevilla a lo largo de la historia, los Campeonatos del Mundo de atletismo de 1999. Me refiero, claro está, a la celebración de la maratón masculina.
Sábado 28 de agosto de 1999. Penúltima jornada. Tanto en las calles de Sevilla como en el estadio Olímpico de La Cartuja se respira ambiente de día grande, como así terminará siendo. Sobre las 18:30 de la tarde, bajo un calor sofocante aunque menor del que se esperaba, los participantes en la maratón masculina aguardaban en el interior del estadio a que se diera oficialmente la salida a una prueba que les llevaría por algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad.
Después de salir de la Isla de La Cartuja a través del puente de La Barqueta, los atletas debían dar un total de 4 vueltas a un circuito que transcurría por La Macarena, la Plaza de España, el Parque de María Luisa, Los Remedios, el Paseo de Las Delicias, el Paseo Colón, la calle Arjona y la calle Torneo; para terminar retornando al estadio entrando a La Cartuja de nuevo por el puente de La Barqueta.
El equipo español se presentaba, entre otros, con tres hombes perfectamente capacitados para conseguir el oro y alguna medalla más: Abel Antón, por entonces vigente campeón mundial (Atenas 97); Martín Fiz, campeón y subcampeón mundial (Goteborg 95 y Atenas 97, respectivamente) y campeón europeo (Helsinki 1994); y Fabián Roncero, sexto dos años antes en la cita griega y en un estado de forma envidiable, según los expertos. El histórico doblete obtenido dos años antes en Atenas podía tener su continuidad en la capital de Andalucía.
Sin embargo, en carrera las cosas no estaban saliendo como todos esperábamos. Superada la hora y media de carrera, con el japonés Nobuyuki Sato líder, el sudafricano Gert Thijs avivó de tal forma la carrera en el grupo principal que hizo que Roncero se descolgara. El madrileño se desfondó de tal forma que terminó abandonando, mientras que Martín Fiz también se alejaba paulatinamente de la cabeza. La única esperanza era el actual campeón mundial, que resistía junto a los que perseguían a Sato: Thjis, el italiano Vincenzo Modica, el keniano Simon Biwott y el portugués Luis Novo.
En el último tramo de la carrera, con los corredores transitando por el Paseo Colón (km 38 aproximadamente), Sato marchaba en cabeza con unos veinte segundos sobre sus perseguidores, que ya sólo eran Antón, Biwott y Modica. La renta, pues, comenzaba a ser bastante peligrosa, y Abel Antón decidió que era el momento de atacar. Con su primer gran tirón descolgó a Biwott; y poco después volvió a hacer otro cambio de ritmo espectacular que acabó con el italiano -que estaba bebiendo-, lanzándose acto seguido a la caza del japonés.
Sato fue alcanzado entre Arjona y Torneo y, en un primer momento, aguantó estoicamente el ritmo del soriano. Pero éste era demasiado fuerte no ya sólo para el japonés, sino para cualquiera que se hubiese puesto en su camino aquel día. Antón, medio kilómetro después, llevado en volandas por los miles de espectadores que contemplaban la carrera, abandonó la compañía del nipón y comenzó su marcha imperial hacia su segundo campeonato del mundo.
Al paso por el puente de La Barqueta (km 40) ya no había dudas: Antón iba a ser, indiscutiblemente, de nuevo medalla de oro. Por detrás Modica alcanzaba a Sato, y entre ambos se iban a jugar la medalla de plata; pero eso a la afición española y sevillana prácticamente no les importaba.
Todos y cada uno de los 60 mil espectadores que abarrotaron el estadio olímpico se giraron hacia los monitores gigantes para contemplar la marcha triunfal de Abel Antón, que -a punto de confundirse por la deficiente indicación de la policía en las puertas del estadio- accedió a la pista en loor de multitudes, recibiendo una ovación estruendosa, todavía mayor de la que él mismo se podía imaginar.
El atleta soriano saboreó como nunca los últimos metros antes de su entrada en la línea de meta; y no era para menos. Antón se convirtió en el primer atleta de la historia en repetir título mundial en la especilidad más exigente de todas, la maratón, entrando definitivamente dentro del selecto grupo de mitos del deporte español. Lástima que al año siguiente la rodilla le impidiera brillar en los Juegos de Sydney.
En la lucha por las otras dos medallas Modica también terminó dejando atrás a Sato, que se tuvo que conformar con el bronce. El portugués Luis Novo fue cuarto; y Martín Fiz, octavo. El vitoriano hizo un “rush” final impresionante, y terminó dentro de los considerados “puestos de finalista”, lo que le daba de forma automática la clasificación para la cita olímpica australiana.
La jornada para el atletismo español finalizó de forma casi inmejorable porque, al mismo tiempo que se celebraba la maratón, un jovencísimo Yago Lamela se labraba la medalla de plata que terminó consiguiendo en el salto de longitud, sólo por detrás del “superclase” Iván Pedroso.
Yo, al contrario que cuando se disputaron, entre otros, los increíbles 1500 metros masculinos -de los que hablaré en otra ocasión-, no pude estar “in situ” en las gradas puesto que, días antes, me había salido un trabajillo como colaborador de El Correo de Andalucía para los partidos del Coria C.F. y el club ribereño no pudo haber elegido otro día peor para debutar en Segunda División B, según mis intereses, claro.
Sin embargo debo confesar que, cada vez que veo las imágenes de la carrera, siento exactamente lo mismo que todos y cada uno de los 60 mil espectadores que aplaudieron a rabiar a Abel Antón. Porque no estuve allí pero, sinceramente, para mí es como si hubiese estado.
“Relámpago” a la velocidad de la luz
Me refiero a ese fenómeno de la velocidad atlética nacido en Jamaica, que responde al nombre de Usain Bolt, y que anoche se proclamó campeón del mundo de los 100 metros lisos, pulverizando de nuevo su plusmarca mundial.

Usain Bolt, entrando en meta y parando el reloj en 9,58. Foto: Marca.com
Este caballero, que ya el pasado año en los Juegos Olímpicos destrozó dos récords del mundo y medio -el del relevo 4×100 es suyo por lo menos en un 50%-, protagonizó anoche en el Estadio Olímpico de Berlín un capítulo más en su larga lista de hazañas deportivas, e incluso relacionadas con la física. Y lo mejor de todo es que cada una es más increíble que la anterior.
Porque si grandiosa fue su marca de 9,69 en los 100 metros de Pekín -realizada justo un año antes, el 16 de agosto de 2008- y estratosférica la de 19,30 en los 200, la rebaja que le metió anoche a la del hectómetro solamente encuentra parangón en los famosos 8 metros y 90 centímetros de Bob Beamon en el salto de longitud de México 68, y en los 19,32 de Michael Johnson en los 200 metros de Atlanta 96; marcas que, como saben los buenos aficionados al atletismo, ya han vuelto a ser batidas.
9,58. Nueve segundos y 58 centésimas, para que todo el mundo lo entienda correctamente; once centésimas menos que su anterior récord, una auténtica barbaridad siempre y cuando los controles antidoping no digan lo contrario, que hasta ahora no lo han dicho pese a que han tenido ocasiones si Bolt hubiese incurrido en ilegalidades. Volviendo a la marca, si lo pensamos bien deberiamos estar sorprendidos, pero con matices; porque si analizamos la carrera de Pekín Bolt se dejó ir a unos 15 metros de la meta; es decir, ya el año pasado tenía esta marca en sus piernas. Y ayer, como ocurrió en los 200 metros hace un año, no se dejó ir, porque volvió a tener un rival que le apretó bastante.

Bolt, posando con su estratosférica marca. Foto: Marca.com
En Pekín, éste fue Michael Johnson o, mejor dicho, su marca conseguida doce años antes; ayer fue Tyson Gay, un velocista estadounidense que, pese a ser doble campeón del mundo -100 y 200 metros, Bolt era un chavalín por entonces- en 2007, pasará a la historia como el 90% de los ciclistas que se enfrentaban a Eddy Merckx en los 60 y 70; es decir, como un pobre desgraciado que ha tenido la malísima fortuna de coincidir con el velocista más grande de la historia del atletismo. Gay hizo ayer la tercera mejor marca de toda la historia, 9,71; en cualquier competición sin Bolt le habría dado para apabullar al resto de sus rivales -ayer sacó 13 centésimas a Asafa Powell, el segundo jamaicano, que fue tercero con 9,84-, pero no cuando se enfrenta a Usain. Entonces, como se suele decir en esto casos, a Gay ni tan siquiera le vale el sagrado.
El resto de los finalistas fueron verdaderos espectadores de lujo, personas que pudieron contemplar desde el más privilegiado de los lugares cómo el “relámpago” jamaicano -no le puede venir más al pelo su apellido, porque uno de los significados de “bolt” es “relámpago”- se deslizaba por el tartán azul del estadio olímpico de Berlín a una velocidad casi más próxima a los 300.000 km/segundo que suponen la velocidad de la luz, que a lo que puede correr un ser humano.
Y todavía hay quien piensa que puede bajar de los 9,50; ya eso parece una utopía de las de verdad, pero visto lo visto, ¿hay quien piense hoy en día que existe algo imposible para este hombre?
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