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Drogba y Cech alargan la maldición del anfitrión


Si Didier Drogba no hubiese errado el penalti que impidió a Costa de Marfil ser campeona de África ante Zambia, posiblemente hoy en día sería el candidato más serio para llevarse el Balón de Oro FIFA 2012. Porque una gran parte de la Champions que el Chelsea le acaba de arrebatar al Bayern Munich, en el mismísimo Allianz Arena de la ciudad bávara, lleva su nombre.

Y si no, repasemos: a sus 34 “tacos” y en un Chelsea ultradefensivo, él fue el hombre que encarriló la semifinal con el Barça gracias a su gol en la ida; él ha sido quien, con su tremendo cabezazo casi sobre la hora, ha salvado a los “blues” de una segura derrota esta noche; y no contento con ello, en la tanda ha demostrado una sangre fría increíble para anotar el penalti decisivo, el que le ha dado al Chelsea la primera Champions de su historia.

Claro que este título no habría sido posible sin la aportación de Peter Cech. Él solito, ante la mediocre calidad defensiva de sus zagueros, se encargó de abortar, una a una, la mayoría de las intentonas por parte de los jugadores del Barça en la semifinal; él se ha encargado de subsanar, en la prórroga, el único error de Drogba parando el penalti de Robben.

Y el guardameta checo, no contento con ello, se ha encargado de ponerle “botando” el triunfo colectivo a su equipo y personal a su compañero adivinando las cinco penas máximas del Bayern en la tanda definitiva, desviando dos de ellas. Cierto es que en el casi definitivo gol de Thomas Müller pudo haber hecho algo más, pero su actuación posterior le redime absolutamente.

La otra cara es la del Bayern. Era “su” final, la que más deseaban ganar al celebrarse en su propio estadio, pero al final la maldición del anfitrión, aquélla que dice que el organizador de la final no gana el título desde que lo consiguiera el Inter de Milán en 1965, ha terminado por imponerse.

Los muniqueses han intentado de todas las formas posibles abrir el candado del italianizado Chelsea, pero no han tenido la claridad suficiente ni para crear un número avasallador de ocasiones, ni para culminar con claridad aquellas que se han podido sacar de la chistera. Mal Robben -su penalti errado en la prórroga le perseguirá casi tanto como su doble error ante Casillas en la final del Mundial-; mal Ribery; y mal Mario Gómez, todos ellos no tanto en el juego sino más bien en el tiro a puerta.

Incluso el cabezazo que convirtió Thomas Müller, picado pero muy flojo en una gran posición del delantero internacional germano, se puede catalogar como deficiente. No obstante, el Bayern lo tuvo en la mano cuando el Bota de Oro del último Mundial consiguió alojar el balón en la portería londinense faltando escasos siete minutos para el final; pero los bávaros se olvidaron de la fuerza y la calidad de Drogba. Minuto 88, único córner forzado por el Chelsea hasta el momento: centro de Mata y poderoso remate del marfileño, imparable para Neuer.

Luego, ya en el tiempo extra, vendría la crucial intervención de Cech en el penalti horriblemente lanzado por Robben. En ese momento, la suerte de la final estaba echada. Dio igual que Neuer luchara denodadamente por convertirse en el héroe de su equipo, abortando el primer penalti “blue” de la tanda -el de Mata- y convirtiendo uno con posterioridad. Cech volteó la situación desviando los lanzamientos de Olic y Schweinsteiger -éste de forma muy ligera, pero efectiva, antes de que el balón fuera al poste-; y Drogba se dio el gustazo de rubricar la primera Champions para esta generación de jugadores a la que tanto le ha costado conseguirlo.

Y más que a ellos, a Roman Abramovich, que se ha dejado una fortuna a lo largo de nueve años para terminar ganando con un estilo, el clásico “catenaccio” -personificado esta vez en Roberto Di Matteo-, repudiado por todos aquellos a los que nos gusta el buen fútbol -no obstante hoy, con la gran cantidad de bajas, tenía “bula” para jugar de nuevo así-, pero que ha llevado al Chelsea a la victoria gracias a dos artistas en sus respectivas demarcaciones: Drogba y Cech.

Twitter: @victordiaz79

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Athletic y Atlético salvan el honor del fútbol español en Europa


Habrá final española en la Europa League, después de las decepcionantes semifinales de Champions para los equipos españoles. Athletic de Bilbao y Atlético de Madrid se verán las caras el próximo 10 de mayo en Bucarest para luchar por el segundo título del fútbol continental, después de deshacerse del Sporting de Lisboa y del Valencia, respectivamente.

Fueron los leones quienes aseguraron el triunfo nacional, remontando en San Mamés el 2-1 que traían los lusos de la ida. Los goles de Susaeta, Ibai y, sobre todo, el de Fernando Llorente a dos minutos del final, colocaron el 3-1 definitivo que lleva al Athletic a reeditar lo que hizo en 1977: final europea y final de la Copa del Rey. Hace 35 años la Juventus (UEFA) y el Betis (el mítico duelo en los penaltis entre Esnaola e Iribar); ojalá esta vez tengan algo más de suerte.

El Atlético lo tenía mucho más claro, tras el 4-2 del Calderón frente a un Valencia muy inferior. La lesión de Canales (probablemente se haya roto de nuevo el ligamento cruzado de su rodilla) dejó en estado de “shock” a los “che”, y un golazo de Adrián selló el pase de los colchoneros, dos años después de su victoria en 2010, a la final de la Europa League.

CHAMPIONS: DECEPCIÓN CULÉ Y FIASCO MADRIDISTA
Por el contrario, en la Liga de Campeones, las cosas rodaron de forma muy distinta, ya que los dos grandes de nuestro fútbol, el campeón y uno de los semifinalistas de 2011, sufrieron sendos batacazos que hicieron que la final del 19 de mayo en el Allianz Arena de Munich la vayan a disputar el anfitrión Bayern y el Chelsea.

Fueron dos batacazos de distinta índole, aunque igual de sonados. El Barça pecó ante el Chelsea de todo lo que no debe pecar un equipo que ha sido una máquina de ganar títulos. No se puede decir que, pese a haber llegado ciertamente cansados al final de temporada, los blaugrana no hicieran todo lo posible por repetir final; pero en el fútbol de élite los errores se pagan.

Falta de pegada más concesiones atrás en momentos claves más ausencia de claridad a la hora de superar defensas cerradas. ¿Resultado? Que te quedas sin final pese a haber gozado de al menos doce o trece ocasiones claras de gol entre la ida y la vuelta. Fue realmente inadmisible que, tanto en Londres como en el Camp Nou, el Barça cediera sendos contragolpes al Chelsea en el descuento de la primera mitad.

Sobre todo fue sangrante lo del encuentro del pasado martes (2-2), en el que el Barça hizo lo más difícil (remontar el 1-0 de Stamford Bridge con los goles de Busquets e Iniesta, y jugar una hora en superioridad por la estupidez de Terry), para luego autoinmolarse con un par de disparos en el pie: el error defensivo en el tanto de Ramires, y el penalti fallado por Messi a los pocos minutos del segundo tiempo.

El empate postrero de Fernando Torres no hizo sino confirmar que, un año más, el campeón no reeditará su corona, y que el Barça se le da especialmente bien al, últimamente seco en goles, delantero madrileño. No obstante, después de todo lo que el Barça le ha dado últimamente al fútbol mundial, creo que es justo afirmar que este equipo, empezando por Guardiola y Messi, tiene derecho a equivocarse y a fallar algún año sin reproches de ningún tipo.

Pero si hay un refrán que se debe seguir en estos casos, es aquél que dice que cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pongas las tuyas a remojar. El madridismo, muy especialmente gran parte de su prensa afín (sobre todo Radio Marca, en sus programas Directo Marca e Intermedio), se dedicó al día siguiente a hacer burla y chanza de la derrota del Barça… y por la noche llegó el palo del Bayern Munich a un Madrid que, antes de empezar, se veía ya con el doblete, con la “Décima” y con la hegemonía arrebatada por completo a su rival.

Todo esto se acrecentó con los tempraneros goles de C. Ronaldo (el primero, de claro penalti; y el segundo, en un fuera de juego complicado de ver). Superado ya el 2-1 de Munich, el Madrid retrasó sus líneas, pero el Bayern no se vino abajo y, tras el penalti marcado por Robben, se hizo merecedor del pase bastante antes de unos penaltis en los que las dos paradas de Casillas fueron insuficientes.

Neuer atajó los lanzamientos de C. Ronaldo (primera pena máxima que falla en más de dos años, y segunda vez que yerra un tiro en una tanda, tras el de la final M. United-Chelsea de 2008) y de Kaká; Sergio Ramos mandó el balón al Paseo de la Castellana, y Schweinsteiger le dio la puntilla definitiva a un equipo cuyo entrenador, tras fracasar de nuevo en Europa, volvió a cargar contra… el calendario.

Guardiola no puso excusas a la derrota del Barça: Mourinho culpó al calendario de la eliminación del Madrid. He aquí la diferencia entre uno y otro. Según cuentan, es probable que Pep no siga en el Barça; “Mou”, por su parte, dijo que seguirá en el Madrid -nos ha fastidiado, como que todavía tiene dos años más de contrato-. Y, mientras tanto, leones y colchoneros protagonizarán en Bucarest, dentro de apenas dos semanas, la gran fiesta del fútbol español de clubes en la presente temporada. Porque ellos sí que se lo han ganado.

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El Barça de Guardiola, un equipo de leyenda

FINAL DE LA LIGA DE CAMPEONES 2010-2011

F.C. BARCELONA 3-MANCHESTER UNITED 1

Definitivamente, el Barça de Pep Guardiola ha entrado en los anales de la historia del fútbol, si es que no lo estaba ya. La entidad blaugrana ha conquistado esta noche, en el nuevo Wembley, su cuarta Copa de Europa -primer equipo en salir campeón tanto en el clásico como en el moderno mítico estadio londinense-, lo que le iguala a históricos como Ajax o Bayern Munich. Es la tercera “Champions” de las últimas seis ediciones, y la segunda con el técnico de Santpedor en el banquillo, quien se ha hecho con su décimo título desde que es entrenador del Barça.

Su trayectoria al frente de la entidad catalana asusta y, al mismo tiempo, asombra: tres Ligas, dos Copas de Europa, una Copa del Rey, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa y dos Supercopas de España en tres temporadas; además de poseer un récord difícilmente igualable como el de los seis títulos de seis posibles en 2009. Y si ampliamos el palmarés del equipo al período de Frank Rijkaard -en el que coincidieron muchos de los que están ahora-, uno se queda aún más perplejo: cinco Ligas, tres Copas de Europa, una Copa del Rey, un Mundial de Clubes, una Supercopa de Europa y cuatro de España en siete años. Casi nada al aparato, que diría aquél.

Pero lo que hará perdurar para siempre a este bloque en la memoria de los buenos aficionados al fútbol no es la cantidad de títulos que está logrando ni la hegemonía que -ahora sí señor Mourinho- ha conseguido establecer en el continente europeo; sino su forma de ganar y de jugar al fútbol.

Enfrente hoy estaba el Manchester United, multicampeón de la Premier League en la última década y que buscaba resarcirse de la final de Roma 2009; pero no ha tenido nada que hacer. Todo el mundo estaba pendiente de cómo Rooney y “Chicharito” Hernández, junto con el veteranísimo Giggs, iban a intentar buscarle las cosquillas a un equipo que llegaba al final de temporada con la reserva en su depósito; pero al final a los grandes jugadores del United no les quedó otra que claudicar ante esa máquina de hacer fútbol que es el Barça, al que las dos semanas de descanso de sus titulares desde que ganaron la tercera liga le han venido de perlas para recobrar de la manera más esplendorosa el nivel con el que han enamorado al mundo en estos tres años.

Y eso que el partido comenzó casi como la final de hace dos años. El United salió presionando arriba del todo, especialmente con Carrick y Park en el medio campo y un Rooney bastante activo. Cierto es que los de Ferguson no llegaron a gozar de las claras ocasiones del enfrentamiento en Roma, pero el continuo rondar de los “Diablos Rojos” sobre la meta de Víctor Valdés metía un poco el miedo en el cuerpo en los aficionados y profesionales culés.

COMIENZA LA EXHIBICIÓN
No obstante, como en Roma, a los diez minutos cambió el signo del partido. Hoy no ha hecho falta un gol tan tempranero como el de Eto´o; simplemente el Barça empezó a echar el balón al suelo y a asediar la portería de Van der Sar. Una ocasión de Pedro y dos disparos de Villa precedieron al tanto de Pedro a los 27 minutos; toda una obra de arte iniciada por Xavi y culminada por el canario, que como casi siempre volvió a marcar en un partido grande. Merecido premio al fútbol de ataque y brillo.

Aunque el United, antes de rendirse, aprovechó un momento de relax blaugrana para dar un zarpazo que sólo un equipo grande puede dar en este tipo de momentos. Siete minutos más tarde del 1-0, un saque de banda de Abidal -titular en toda una final de Champions semanas después de su operación- acabó en los pies de Rooney, hoy el mejor con diferencia de los ingleses, quien aprovechó el pasillo dejado por el medio campo culé para hacer una pared de libro con Giggs y marcar el empate. Un gol, todo hay que decirlo, que no debió subir al marcador ya que, aunque por muy poquito, el veteranísimo zurdo galés estaba en fuera de juego cuando Rooney le dio el pase.

MESSI, REY DEL FÚTBOL MUNDIAL
En el descanso bien pudo pensar el Barça que su falta de efectividad había dejado vivo al United, pero en vez de eso los azulgrana continuaron jugando al fútbol en la reanudación como lo habían hecho hasta entonces. Piqué y un sensacional Mascherano ponían orden atrás y, en ataque, como no podía ser de otra forma, terminó apareciendo ante el gol el rey del fútbol en el siglo XXI, don Lionel Messi, del que ya no se duda que, por tercer año consecutivo, recibirá el Balón de Oro como el mejor del año.

El argentino, que en el primer tiempo había participado en muchas de las jugadas de ataque de su equipo, volvió a hacer gala de su condición indiscutible de mejor jugador del mundo agarrando un balón a los 54 minutos y soltando un latigazo imposible de parar para Van der Sar. Un tanto celebrado de la manera más efusiva posible ante los 24.000 barcelonistas que, finalmente, pudieron viajar a Londres. Doce goles para Messi en otros tantos partidos europeos este año, récord absoluto de la Champions igualado con Van Nistelrooy, quien lo consiguiera en la temporada 2002-2003 precisamente con la camiseta del United.

Y Messi culminó su estelar actuación con el espectacular slalom que inició la jugada del 3-1, a los 70 minutos. Una acción tras la que el jugador más parecido a Maradona que ha dado Sudamérica pasó el balón a Sergio Busquets, quien tuvo la visión suficiente para ver a Villa en la frontal del área. El “Guaje”, como si nada, la puso en la escuadra con la derecha y obtuvo un más que merecido premio ya que en su carrera, si bien lo que más abunda son los goles, faltaba un tanto en una gran final. Un auténtico “chicharrazo” con el que selló la cuarta Copa de Europa del Barça.

PUYOL CEDE LA COPA A ABIDAL
De ahí al final, a disfrutar. Un disfrute que derivó en un relax que bien pudo haber complicado el título si Víctor Valdés no hubiese estado atento en una salida ante el hoy inédito “Chicharito”; aunque visto lo visto si el Barça hubiese necesitado otro gol a buen seguro que lo habría metido.

La fiesta se inició cuando el húngaro Viktor Kassai silbó el final de la batalla. Una batalla que, con el paso de los años, se recordará como la mejor exhibición de las muchas con las que, hasta la fecha, nos ha obsequiado este legendario equipo; y también se recordará por el bellísimo gesto de Puyol con Abidal, al cederle el brazalete de capitán para que el francés, uno de los jugadores más queridos por todo el barcelonismo, tuviera el honor de levantar la copa. Un premio más que merecido para el gran Eric, por todo lo que ha tenido que batallar en los últimos meses para seguir jugando al fútbol.

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La primera Copa de Europa del Barça, en el clásico Wembley

MI PARTICULAR MEMORIA DEPORTIVA (22)

Diecinueve años después, Londres vuelve a acoger una final de la Liga de Campeones. Y diecinueve años después, el F.C. Barcelona volverá a estar en ella; aunque no será en el clásico Wembley, ya que éste fue derribado en 2001, sino en el nuevo. Por lo tanto, el cuadro blaugrana puede convertirse -si no, lo será el United- en el primer equipo que se proclama campeón de Europa en las dos versiones de la “Catedral” del fútbol continental.

Sirva pues este artículo no sólo para rememorar no sólo el primer título del Barça, sino también para recordar al que, probablemente, haya sido el escenario más emblemático de la historia del fútbol europeo al que ahora, sobre el mismo tapete aunque con distinta estructura, sustituye el que va a enfrentar al equipo de Pep Guardiola contra el Manchester United dentro de 22 días.

Haciendo memoria, hasta finales de los ochenta el Barça era, eminentemente, un club perdedor, que había tenido puntuales momentos de gloria pero que, sobre todo, estaba sumamente acomplejado -con parte de razón, aunque quizás sólo con eso- con el Real Madrid; del que nadie con dos dedos de frente dudaba que era el “equipo del gobierno” durante la dictadura franquista, pero que en la Transición también se estaba hinchando a ganar títulos.

Tuvo que llegar Johann Cruyff al banquillo en 1988 para culminar la obra que él mismo sobre el campo había dejado inconclusa allá por los setenta. Le costó al técnico holandés, pero dos años más tarde “su” Barça ya tenía asimilados todos sus conceptos y toda su filosofía, la filosofía del gusto por el buen fútbol que, salvo pequeños períodos puntuales, ha perdurado hasta la actualidad. Había nacido el “Dream Team” del fútbol internacional.

Campeón indiscutible de liga en 1991, el Barça se disponía a afrontar su participación en la Copa de Europa, en el último año de la máxima competición futbolística europea con su denominación clásica. Un torneo en el que apenas si se contaban con los dedos de una mano su participación hasta la fecha; y un torneo que, pese a haber llegado dos veces a la final, únicamente le había dado disgustos por la forma tan desgraciada de perder ambas finales.

En nómina, un equipazo con cracks de la categoría de Ronald Koeman, Michael Laudrup o Hristo Stoichkov; veteranos como Alexanco o Zubizarreta; magníficos jugadores como Bakero, Beguiristain, Eusebio, Amor, Nadal, Julio Salinas, Ferrer o Goicoechea -el extremo-… y un imberbe Pep Guardiola, que desde muy joven comenzó a adquirir maneras de líder.

Como decíamos, era el último año del torneo antes de que pasara a llamarse oficialmente “Liga de Campeones”; y en él se puso en funcionamiento por primera vez el sistema de liguilla a doble vuelta, al que llegarían los ocho mejores equipos tras las dos primeras rondas, y del que saldrían los dos finalistas, que no serían otros que los campeones de cada uno de los dos grupos de cuatro conjuntos.

La ilusión de los blaugrana era romper de una vez con sus complejos y su maldición histórica, y hacerse de una vez con un campeonato que habían perdido en 1961 por la mala fortuna con los palos; y en 1986 por el desacierto supremo en la tanda de penaltis. Pero tras eliminar en la primera ronda al Hansa Rostock, último campeón de la extinta RDA, el bombo le emparejó en octavos de final con el último campeón de la también desaparecida RFA, el Kaiserslautern.

Fue la eliminatoria del heroico y épico gol de José Mari Bakero en el Fritz Walter Stadium, en el último minuto de un doble enfrentamiento que el Barça había empezado ganando 2-0 en el Camp Nou, pero que en la ciudad alemana se le complicó de tal forma que, justo antes del enorme cabezazo del navarro a centro de Koeman, los azulgrana estaban eliminados al ir perdiendo por 3-0.

En la liguilla, el Barça quedó encuadrado en el grupo B, junto al Sparta de Praga, el Benfica y el Dinamo de Kiev. Sólo los checos, en casa, consiguieron vencer a los azulgrana a lo largo de los seis partidos, con lo que el Barça acabó accediendo a la final, sentenciando el grupo tras ganarle al Benfica por 2-1 en el Camp Nou.

Su rival, el 20 de mayo del 92, era la Sampdoria. La “squadra” genovesa había sido en los últimos años, por orden cronológico, campeona de la Copa de Italia en 1988 y 1989; subcampeona de la Recopa -precisamente ante el Barça- ese último año; campeona de la Recopa en 1990 y campeona del “Scudetto” italiano en 1991.

Un equipo, entrenado por Vujadin Boskov, que contaba en sus filas con grandes jugadores como Vialli, “Toninho” Cerezo, Pagliuca o Roberto Mancini. Y un equipo que, además, no había accedido a la competición por la sanción de un año al Milan -debido al llamado escándalo de Marsella- como algunos todavía quieren hacer ver; sino simplemente porque era el campeón de liga en Italia, por delante de los “rossoneri” de Sacchi, Van Basten, Gullit y Rijkaard entre otros. Casi nada.

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Fue un partido durísimo y feo durante muchos minutos. La “Samp”, como buen equipo italiano, impuso su defensa a lo largo del primer tiempo, a la espera de pillar alguna contra letal; y no fue hasta los comienzos de la segunda parte cuando el Barça puso de verdad en apuros a Pagliuca con las ocasiones de Julio Salinas, Eusebio y Stoichkov.

Se llegó a la prórroga, y poco a poco sobre la mente del barcelonismo sobrevolaba el infausto recuerdo de la tanda de penaltis de 1986 contra el Steaua de Bucarest, hasta que llegó el minuto 112. Una falta cercana a la frontal del área le dio al mejor lanzador que han visto estos ojos la ocasión de meter al Barça en la historia del fútbol europeo. Stoichkov tocó la pelota, Bakero la paró y Ronald Koeman la clavó en la red de Pagliuca.

El aficionado “culé” estalló; los fantasmas se fueron; Alexanco recogió la “Orejona” de manos del presidente de la UEFA Lennart Johansson; y el “Dream Team” de Cruyff llegó a su punto más alto aquella noche de mayo en Wembley. Casi dos décadas después, el Barça de su principal discípulo de entonces volverá, aunque en un escenario distinto, al lugar de los hechos. Ojalá regrese igual de feliz que entonces.

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El Barça, justo finalista de la Champions

Dos años más tarde de su última final, el Barça tendrá la oportunidad de pelear de nuevo por la Liga de Campeones. El 1-1 de esta noche en el Camp Nou ante el Real Madrid, en el último de los cuatro clásicos que se han celebrado recientemente, mete justísimamente a los de Pep Guardiola en el partido decisivo del 28 de mayo en el Nuevo Wembley, tras el 0-2 del encuentro de ida.

El gol de Pedro a los 53 minutos, tras un gran pase de Iniesta, ha sentenciado la eliminatoria ante un Madrid digno, pero hoy también inferior a los culés; aunque el tanto minutos más tarde de Marcelo les ha otorgado una mínima esperanza, sin pasar de ahí.

Pese a haber planteado el partido de manera muy diferente a los anteriores -al sancionado Mourinho no le quedaba otra-, el Madrid en ningún momento ha sido superior al Barcelona. Cierto es que las ganas y la necesidad llevaron de entrada a los blancos a apretar la salida de balón blaugrana de forma similar a la de la final de Copa, pero eso apenas duró diez minutos.

En cuanto el Barça se puso a tocar, llegaron las ocasiones. Casillas tuvo que atajar dos peligrosísimas llegadas de Messi y otra de Villa, siempre generadas desde el exquisito manejo del balón; mientras que, en el ataque blanco, C. Ronaldo, Di María, Kaká -una completa nulidad el brasileño- e Higuaín ni la olían. El Madrid luchó, pero en los primeros cuarenta y cinco minutos sólo puso a prueba a Víctor Valdés con un par de centros rasos. Ni un solo disparo de los merengues, ni a puerta ni fuera de los tres palos.

Sólo en el comienzo de la segunda parte encontraron los del hoy inhabilitado Mourinho. Fue entonces cuando llegó la jugada que les sirve esta vez de coartada para justificar su nuevo fracaso. Tras un choque entre Piqué y C. Ronaldo en un ataque del luso, el madridista trabó -involuntariamente, pero trabó- a Mascherano en su caída. La acción le impidió al jugador argentino salir al corte del balón, que fue aprovechado por Higuaín para alojarlo en las mallas de Valdés, todo sea dicho cuando el belga Frank De Bleeckere -aquél que hace un año echó al “mourinhista” Motta en el Barça-Inter, pero que también anuló de forma flagrantemente injusta un gol de Bojan que hubiese supuesto la clasificación de los culés- ya había pitado.

Luego llegó la puntilla para el Madrid, por culpa no de De Bleeckere, sino de Pedro. Da igual que lleve varios partidos sin marcar; cuando hay uno grande allí está el canario para marcar goles importantes. El toque medido de Iniesta y la acción de Messi dejando pasar el balón merecían acabar en gol, como así fue. Esta vez Casillas no pudo hacer nada, y el Camp Nou deliró y cantó bajo la lluvia que caía desde hacía varios minutos sobre la Ciudad Condal.

No obstante, la excesiva suficiencia del Barça en la conducción de la pelota en campo propio -quizás fruto de la relajación- propició el gol de Marcelo diez minutos más tarde que el de Pedro, en la única jugada en la que el Madrid tiró a puerta -dos veces- en todo el partido. Instantes de zozobra que los ya finalistas jugaron con mucha inteligencia, mientras que el Madrid hacía faltas una detrás de otra.

Y lo mejor, clasificación aparte, llegó en el descuento, con la ovacionadísima y verdaderamente magnífica reaparición de Eric Abidal, mes y medio después de la operación por su tumor benigno. Huelga decir que fue el jugador más aplaudido, con muchísima diferencia, de toda la noche; además de recibir el “manteo” de sus compañeros sobre el césped a la conclusión.

No hubo tiempo para más. El Barça jugará su séptima final de la máxima competición continental -hasta ahora tres ganadas y tres perdidas, aunque las dos últimas cayeron del lado culé-; mientras que el Madrid y sus medios afines, en vez de hacer autocrítica continúan con la misma canción de siempre.

Lo siento mucho, pero me parece ridículo y lamentable que las dos cabezas visibles del madridismo en el día de hoy -el sumiso Karanka y un tipo al que respeto y admiro como Iker Casillas– justifiquen con dos acciones arbitrales -“con el 0-0 de la ida y el empate de hoy habríamos pasado…“, “los árbitros nos han fusilado…“, comentaba Casillas- una derrota fruto exclusivamente del mejor y más ambicioso juego del Barça, y de la racanería de su técnico en el Bernabéu, impropia de un equipo con todos los millones que Florentino Pérez se ha gastado en “neogalácticos” desde su reaparición en la presidencia.

Más aún cuando, le pese a quien le pese, la entrada de Pepe sobre Dani Alves hace una semana es de juzgado de guardia; aunque reconozco que la jugada anulada hoy a Higuaín es cuando menos polémica: para mí y para muchos barcelonistas estuvo bien anulada; para los madridistas -incluyendo, repito, a los periodistas- todo lo contrario.

Algo que es legítimo que lo piensen, de no ser porque omiten -lo mismo que la prensa culé, que no los jugadores, cuando le “toca” al Barça- que bien Carvalho, Xabi Alonso, Lass Diarra y/o Adebayor debían haberse ido a la calle por la enorme cantidad de faltas, algunas bastante duras, que han cometido en la noche de hoy. Flaco favor le hacen a la causa blanca al verter más y más lágrimas, en vez de reflexionar sobre por qué, tras casi 500 millones de euros gastados, en estos últimos años sólo han podido con el Barça en la última final de Copa -y en la prórroga-, en vez de buscar soluciones para acabar con la hegemonía barcelonista.

No quiero terminar sin alabar a los profesionales de ambos equipos. Tras unos duelos más que calentitos, y siempre dejando aparte los “lloriqueos” de los madridistas por la labor arbitral, lo cierto es que hoy tanto blancos como azulgranas -especialmente aquéllos que son compañeros en la selección española– se han dejado de broncas y se han centrado en jugar al fútbol, cada bando con sus armas y cada bando lo mejor que ha podido. Y eso sí que es digno de alabar.

El Barça espera rival. Presumiblemente será el Manchester United, que lleva un 0-2 de la ida ante el Schalke 04; pero antes los “red devils” deberán cumplir mañana lo que se espera que sea algo parecido a un mero trámite en Old Trafford.

ÚLTIMA HORA (4-5-2011): Como se esperaba, será el United el que se medirá al Barça en la final del día 28. Los de Manchester, que hoy han jugado con varios suplentes debido al importantísimo partido del domingo ante el Chelsea, han goleado al Schalke 04 por 4 goles a 1. Habrá, pues, posibilidad de revancha de la final de 2009.

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El “K.O. técnico” de Guardiola a Mourinho

Jamás pensé que tras el primer “crochet” serio se iba a derrumbar con tanta facilidad. Jamás pensé, tratándose de todo un maestro en la guerra de guerrillas y en el “otro fútbol”, que una simple rueda de prensa -por dura y clarificadora que ésta fuera- de su rival lo iba a dejar con el norte absolutamente perdido.

Estoy hablando, naturalmente, de Jose Mourinho. No voy a entrar a valorar lo adecuado (o no) ni la corrección de las palabras que pronunció el pasado martes Pep Guardiola en la previa de la ida de la semifinal europea; aunque sí me gustaría dejar claro que, como persona, entiendo sobradamente al “míster” del Barça (que lleva aguantando carros y carretas durante mucho tiempo).

Solamente me voy a limitar a valorar lo que ayer vi sobre el césped del Bernabéu, y lo que pude escuchar a la finalización del partido en la comparecencia del técnico luso. Mourinho tuvo mil formas posibles de plantarle cara a un equipo que, pese a ser el mejor y el que mejor juega de todo el mundo, ha llegado al final de temporada con la “infantería” seriamente mermada; y, por lo tanto, de responder al reto de Guardiola -“fuera del campo ya ha ganado; dentro de él nos enfrentaremos a partir de las 20:45“- como se supone que ha de hacerlo un gran bloque con su cabeza visible y pensante. Sin ir más lejos, el “pressing” asfixiante (más allá de la dureza de algunos de sus jugadores) practicado durante la primera parte de la final de Copa, más aún llevado en volandas por su público. Y más aún todavía cuando cuenta con una plantilla auténticamente de cinco estrellas.

Pero no. El apodado “Mou” y “The Special One” volvió a las andadas. Su planteamiento de anoche, pensando más en la vuelta que en lo que tenía entre manos fue, simple y llanamente, igual de ruin y cobarde que el de los clásicos anteriores al de Mestalla de hace una semana. Cero a cero, y a sacar a Kaká a falta tan sólo de veinte minutos para apretar un poquito. Algo muy respetable, pero factible de ser rebatido y criticado, sobre todo cuando no da resultado.

Jose (léase “Xosé”), con tus tres delanteros en el banquillo, jugando en casa y esperando a tu rival en tu campo no te puedes escudar, como lo haces cada vez que pierdes, en el árbitro. En vez de pedirle explicaciones al alemán Wolfgang Stark y a la UEFA (o a la Federación Española, o a la Federación Inglesa cuando entrenabas en la Premier, y a la italiana no porque ganabas siempre el “Scudetto”), deberías hacerlo con algunos de tus hombres, empezando por Pepe.

Un jugador al que todos conocemos (con sus virtudes y, sobre todo, con sus defectos), y al que tú has colocado ahí desde el clásico de la liga para que hiciera precisamente eso, dar leña; aún a riesgo de que, como le ocurre frecuentemente, se le fuera la cabeza y diera con un colegiado que aplicara la ley en su justa medida. Eso mismo fue lo que le pasó ayer, con su entrada -qué digo entrada, entradón- a Dani Alves; y todavía, Jose, te tienes que dar con un canto en los dientes porque Marcelo y Adebayor acabaran el partido.

Aunque tampoco quiero incidir hoy mucho más sobre el tema, sobre todo porque ayer, en sus declaraciones a los medios, vi a un Mourinho absolutamente derrotado, por no decir profundamente desquiciado, tirando de un discurso, el suyo, tan manido como nada convincente, ya ni tan siquiera para sí mismo. Pero no derrotado ni desquiciado por Stark, ni por Leo Messi pese a sus dos golazos (de muy distinto estilo y factura, dignos del mejor jugador de lo que llevamos de siglo); sino por Guardiola.

Sí, repito que parece sumamente increíble que una sola contestación haya bastado para dejar al “p… amo” de las salas de prensa en estado de shock. La actitud ayer de su equipo y su patética -por no decir vergonzosa- comparecencia en el “postpartido” -con la que flaco favor le hace al Madrid, aunque Florentino haya vendido completamente su alma al diablo; y por la que el Barça le va a denunciar ante el comité disciplinario de la UEFA- lo dejan bien claro.

Y, a todo esto, el Barça aún no está en la final. Mal harían los blaugrana en confiarse para la vuelta, pero tengan seguro que Guardiola no trabajará en otra cosa durante toda la semana. Allí Mourinho deberá variar radicalmente su discurso futbolístico si quiere tener alguna que otra opción; aunque, sin Pepe ni Sergio Ramos, si se decidiera a meter toda la pólvora que no introdujo anoche, se arriesgaría a que se repitiera lo del pasado “29-N”. No obstante, no le queda otra.

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Ya tenemos la semifinal Madrid-Barça

Se cumplieron los pronósticos en los cuartos de final de la Champions, y la esperada semifinal entre el Barça y el Madrid ya está más que servida. Tal y como se pensaba, ambos equipos se verán las caras un total de cuatro veces en apenas dos semanas, un récord mundial en la historia de blaugranas y merengues.

Tanto el uno como el otro sentenciaron sus respectivas eliminatorias en el partido de ida, en el que hicieron valer con creces el “factor cancha”. Cierto es que el Shakhtar, por lo visto sobre todo en el Camp Nou, parece que ha demostrado ser bastante mejor equipo que el Tottenham -que se “autoeliminó” de entrada en el Bernabéu con los errores de su portero y la estupidez de Crouch-; pero al final el resultado es lo que cuenta, y los dos conjuntos hicieron gala de una fenomenal calidad y pegada para dejar los enfrentamientos vistos para sentencia antes de volver a vencer tanto en el Dombass Arena de Donetsk como en White Hart Lane.

¿Qué puede pasar, no ya en la Champions sino en el global de enfrentamientos próximos? Pues, aunque suene a tópico, es toda una incógnita. La historia reciente dice que si el Barça está en plenitud de condiciones y juega como sólo él sabe -más ahora que Messi parece haber vuelto a encontrar el tono futbolístico y goleador- el Madrid, pese a la constelación de estrellas que tiene en su plantilla, no tiene nada que hacer.

Pero es que los de Guardiola, como todos sabemos, vienen cojeando en defensa desde hace ya varias semanas. La desgracia se ha cebado con ellos tanto por la misteriosa lesión de Puyol -siempre digo que en teoría debe quedarle poco, pero que…- como por la enfermedad de Abidal; y desde entonces, pese a que tanto Sergio Busquets como Mascherano lo han hecho lo mejor posible para acompañar a Piqué, las bajas tanto del capitán como del francés se vienen notando sensiblemente.

Y es ahí donde el Madrid podría hacer mucho daño, sobre todo si consigue arrebatarle parte de la posesión que suele tener habitualmente su rival. Los blancos se acuerdan todavía del tremendo 5-0 de la primera vuelta, lo que sin duda constituirá todo un estímulo para vencer de una vez al Barça, con el que llevan perdiendo tres temporadas consecutivas con ésta.

Aunque para que el Madrid tenga opciones de resarcirse de tan dolorosas derrotas deberá revertir otra particular situación, ligada estrechamente con la psicología. El colectivo de Mourinho no sólo dispone en sus filas de jugadores claves habitualmente “zarandeados” por el Barça -C. Ronaldo, sin ir más lejos, que por mucho que lo intenta no consigue “mojar” ni de casualidad contra el enemigo barcelonés ni con el United ni en Chamartín-, sino también por la selección española -que, en un 80%, es lo mismo que el Barça-, como por ejemplo Özil -y, en menor medida, Khedira-, “barrido” clamorosamente por Busquets, Xavi e Iniesta en la semifinal del Mundial.

De todos modos, esto no son más que palabras. Los hechos comenzarán el sábado con el partido de liga (Bernabéu); seguirán el Miércoles Santo con la final de Copa (Mestalla); y culminarán en primera instancia el miércoles 27 de abril (Bernabéu) y el martes 3 de mayo (Camp Nou), con la semifinal de la Champions. No va más, pues.

La otra semifinal, dicho sea de paso, enfrentará al sorprendente Schalke 04 de Raúl y Jurado y al Manchester United. Los alemanes han dejado en la cuneta con todas las de la ley al campeón de la temporada pasada, el Inter; mientras que los ingleses han apeado a sus compatriotas del Chelsea en la única eliminatoria ciertamente emocionante de las cuatro.

ÚLTIMA HORA (14-4-2011): El Villarreal también se ha clasificado para semifinales, en este caso de la Europa League, al deshacerse con suma facilidad del Twente holandés (5-1 y 1-3). Su rival en la penúltima ronda será el Oporto; mientras que el otro enfrentamiento, en unas semifinales muy portuguesas, medirá a Benfica y a Sporting de Braga.

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Barça y Madrid, con el permiso de Shakhtar y Tottenham, se citan para las “semis” de la Champions

El clásico en la Champions cada vez está más cerca. Barça-Shakhtar Donetsk y Real Madrid-Tottenham Hotspurs ha sido el resultado del sorteo para los dos equipos españoles, que se verán las caras en las semifinales (primero en el Bernabéu) si consiguen deshacerse de sus respectivos rivales.

Algo que, pese a que son favoritos, no les debe resultar tan fácil. El Shakhtar Donetsk (equipo al que ha retornado el ex azulgrana Chigrinski y que cuenta con varios brasileños en sus filas), campeón de la UEFA en 2009, es un viejo conocido de los azulgrana, a los que siempre han puesto en aprietos. La última vez que se vieron las caras fue en la Supercopa de Europa en agosto de 2009, encuentro que ganaron los de Guardiola por 1-0 (gol de Pedro) a pocos minutos para el final de la prórroga. Los ucranianos vienen de eliminar contundentemente a la Roma.

Por su parte, habrá que bucear un poco más en los archivos para encontrar algún antecedente europeo entre el Madrid y el Tottenham, ya que no se conoce ninguno en los últimos 20-25 años. Los “Spurs” (que cuentan en sus filas con el ex madridista Van der Vaart), pese a que no logran meterse de lleno en la lucha por el título en la Premier, en los últimos años está recuperando parte del esplendor y del brío de épocas pasadas. Pese a ello, y pese a que el Tottenham cuenta con la credencial de haberse deshecho del Milan, el Madrid debería terminar dejándoles en la cuneta.

Las otras dos eliminatorias nos depararán otro clásico, éste de la Premier League, trasladado a la máxima competición continental. Chelsea y Manchester United reeditarán la final de 2008; mientras que, por último, el actual campeón, el Inter, se enfrentará a la sorpresa, el Schalke 04, equipo en el que milita Raúl. Los vencedores se cruzarán en semifinales.

RESULTADO DEL SORTEO:

Cuartos de final (5 y 6/12 y 13 de abril):
1) Real Madrid-Tottenham
2) Barça-Shakhtar
3) Inter-Schalke 04
4) Chelsea-Manchester United

Semifinales (26 y 27 de abril/3 y 4 de mayo):
Vencedor 1-Vencedor 2
Vencedor 3-Vencedor 4

Por su parte, en la Europa League, el Villarreal, que elimonó al Bayer Leverkusen, se medirá en cuartos de final al Twente holandés (primero en El Madrigal) y luego, en semifinales, le esperaría el vencedor del Oporto-Spartak de Moscú.

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El Madrid acompaña al Barça en cuartos de final

Ha tardado lo suyo, pero por fin lo ha conseguido. Siete años más tarde, el Real Madrid ha espantado de golpe dos de sus fantasmas por excelencia en la época contemporánea de la Liga de Campeones. Por una parte, tras seis años de sonados fracasos en octavos de final -algo inexplicable-, esta noche ha logrado superar su eliminatoria fatídica; y por otra, lo ha hecho derrotando por vez primera -algo aún más inexplicable- a su “bestia negra” de los últimos años, el Olympique de Lyon, al hacer bueno el 1-1 de la ida con un 3-0 en el Bernabéu.

Era la cuarta edición de la máxima competición continental en los últimos seis años en la que blancos y lioneses se veían las caras, y en las tres anteriores el Olýmpique, bien en la liguilla bien en eliminatorias, le había pintado sistemáticamente la cara a su rival en el global de los dos enfrentamientos por temporada; mas esta noche no, para alivio de toda la masa social madridista.

El Madrid, por una vez, sí que le ha jugado a los franceses de forma inteligente, y el 3-0 de la vuelta no es más que una muestra de la enorme diferencia que, históricamente y también en el tiempo presente, hay entre ambos conjuntos. Ni más, ni menos. Y a los de Mourinho no les ha hecho falta apabullar, en absoluto, para terminar dando buena cuenta de los del país vecino.

Tres golitos casi sin darse cuenta, uno de Marcelo en la primera parte, y otros dos de Benzema y Di María en la segunda, le han endosado los merengues al Olympique que, alejados ya sus mejores años, apenas si han hecho trabajar a Casillas.

Así pues, el Madrid va a experimentar el próximo viernes una sensación que parecía ya perdida y olvidada, la de estar en el bombo de los cuartos de final de la Champions, en el que acompañará al Barça como representante del fútbol español. Sus rivales, además de los que ya se clasificaron junto a los blaugrana la pasada semana –Schalke 04, Shakhtar y Tottenham-, serán tres pesos pesados históricos de la competición.

De todos ellos, quizás lo más sorprendente haya sido lo del Inter. El actual campeón demostró ante el Bayern Munich, en la reedición de la final del pasado año, que también sabe competir sin Mourinho y, tras perder por 0-1 en San Siro, volteó la eliminatoria en un espectacular partido en el Allianz Arena.

Los milaneses remontaron un 2-1 de los bávaros en la segunda parte y, con goles de Sneijder y Pandev -éste en el último minuto-, acabaron ganando por 2-3, pasando por el valor doble de los goles en campo contrario, y salvando el honor del maltrecho fútbol italiano al ser el único equipo en torneos europeos del país de la bota que sigue en liza.

El bombo lo completarán los otros dos representantes de la Premier League -que ha metido a todos sus equipos salvo al Arsenal-, el Manchester United y el Chelsea. Los “red devils” dejaron fuera ayer con muchos apuros al Olympique de Marsella (0-0 y 2-1), a quienes sólo dos goles del “Chicharito” Hernández en la vuelta mandaron a casa; y los “blues” han eliminado esta noche al Copenhague sin brillo, pero con mucho oficio (0-2 y 0-0). A ver qué sucede en menos ya de 48 horas con los emparejamientos de cuartos de final.

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Champions: Barça, a cuartos; Valencia, a casa

Cara y cruz para los equipos españoles en la primera semana de partidos de vuelta de octavos de final de la Liga de Campeones. La cara, para el Barça, que remontó ayer el 2-1 adverso de la ida contra el Arsenal (3-1); mientras que la cruz se la ha llevado el Valencia, al caer ante un rival teóricamente inferior como el Schalke 04. La participación nacional se cerrará el próximo miércoles con el Real Madrid-Olympique de Lyon.

El Barça solventó un choque ciertamente complicado. Los de Guardiola perdonaron la vida en Londres a los “gunners”, y en el Camp Nou se encontraron con un rival que, contrariamente a sus principios habituales, renunció casi a cualquier intento de jugar el balón para intentar dejar el “cero” en su portería. La táctica le salió bien al Arsenal durante casi toda la primera parte, ya que lograron maniatar el juego de ataque azulgrana hasta el minuto 48 (el descuento estuvo justificado por la lesión del meta Szczesny). Entonces un error de Cesc fue aprovechado por Iniesta para dar un pase medido a Messi, que el crack argentino se encargó de convertir en el 1-0, previo sombrerazo sutil a Almunia, sustituto del meta polaco.

La eliminatoria se ponía de cara justo antes del descanso; pero en la reanudación la suerte se alió de entrada con los de Arsene Wenger. El Arsenal no tiró a puerta en todo el partido, pero a los 53 minutos consiguió empatar gracias a un cabezazo en propia meta de Sergio Busquets -improvisado central con las bajas de Puyol y Piqué- tras córner de Nasry. Una jugada desgraciada que adelantaba de nuevo a los londinenses en el global. Sin embargo, dos minutos más tarde Van Persie fue expulsado de la manera más tonta posible. El delantero holandés del Arsenal culminó una jugada con un supuesto disparo dos segundos más tarde de que le señalaran fuera de juego, y Massimo Busacca, colegiado del encuentro, le mostró su segunda tarjeta amarilla.

El Arsenal, pues, se quedaba con diez; y a raíz de esto me gustaría hacerles una aclaración al señor Wenger, a toda la expedición del Arsenal -y también a otros que no son precisamente habitantes de aquella zona de Londres-, que dicen que lo de Van Persie no es expulsión. Cierto, pegarle un patadón a la pelota -para perder tiempo o por desconsideración- cuando ha pitado el árbitro -por fuera de juego, falta o cualquier otra infracción- no es roja, sino amarilla; lo dice claramente el reglamento.

Pero es que eso mismo fue lo que le enseño Busacca; lo que ocurre es que esa amarilla fue la segunda. Es decir, Busacca no expulsó a Van Persie por esa jugada; sólo cumplió con su obligación según el reglamento, que no era otra que amonestarle, con tan mala suerte para el “tulipán” de que dicha amonestación supusiera la segunda para él, único responsable de haber dejado al Arsenal con uno menos a falta de más de media hora.

La inferioridad no supuso una gran modificación para la manera de jugar del Arsenal, ya que con el autogol de Busquets no necesitaban atacar. Guardiola, entonces, decidió intercambiar las posiciones del “16” y Mascherano; y el Barça comenzó a generar jugadas de ataque hasta darle de nuevo, en apenas tres minutos la vuelta a la eliminatoria. A los 69 minutos otra gran jugada de Iniesta fue continuada por Villa y culminada por Xavi en el 2-1, lo que equilibraba las cosas a veinte minutos del final; y en el 72 un clarísimo penalti sobre Pedro lo transformó Messi en el gol que supuso el pase a cuartos.

Ahora el Arsenal debía atacar de nuevo, pero pese a que Wenger dio entrada a Arshavin y a Bendtner, con diez y sin Van Persie los “gunners” ya no tuvieron respuesta. Aún así, un tremendo error de Adriano en el último minuto pudo costarle muy caro a los suyos, pero Mascherano estuvo providencial arrojándose a los pies de Bendtner para impedir que el danés batiera a Víctor Valdés. Los culés eliminaron al Arsenal por segunda temporada consecutiva, y celebraron el pase a los cuartos de final de la Champions; una competición en la que, con la salvedad de 2007, desde 2006 no “bajan” de las semifinales.

“Petardazo” valencianista, en plenas Fallas
Por su parte el Valencia, de manera ciertamente sorprendente, ha sido eliminado por el Schalke 04. Se suponía que los de Emery eran bastante mejores que el equipo de Raúl, pero tanto en Mestalla como en Gelsenkirchen metieron la pata cuando mejor lo tenían. En la ida, pese a las ocasiones de las que disfrutaron los “ché”, un gol del ex madridista contrarrestó el de Soldado; y en la vuelta, ha ocurrido 3/4 de lo mismo.

El gol de Ricardo Costa a centro de Topal clasificaba momentáneamente al Valencia; pero antes del descanso el peruano Farfán igualó la eliminatoria con un golazo de falta directa. Y en el segundo tiempo, un tanto de Gavranovic tras error de Guaita y su defensa más otro de Farfán, en el último instante y con el Valencia a la desesperada, certificaron el 3-1 final con el que los alemanes, undécimos en la Bundesliga, se meten en cuartos por segunda vez en las últimas cuatro ediciones.

A Barça y Schalke le acompañan, por el momento, dos buenos equipos pero que no están nada acostumbrados a estas lides en la máxima competición continental, a costa de dos escuadras italianas. El Shakhtar Donetsk, campeón de la UEFA en 2009, ha dejado fuera a la Roma (2-3 y 3-0); mientras que el Tottenham Hotspurs -el rival histórico londinense del Arsenal- se ha cargado esta noche al Milan, haciendo valer, con el 0-0, el 0-1 con el que los ingleses regresaron de San Siro a las islas. La próxima semana, el resto.

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