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35 años sin Chaplin (2)


PRIMERA PARTE

Con La quimera del oro (1925), Chaplin hizo la que, para muchos, es la mejor de todas sus películas. Una obra monumental que, para su desgracia, no pudo rodarla en Alaska como era su pretensión; pero que en sus propios estudios -inaugurados en 1918- terminó resultando, pese a todo, una obra maestra.

Charlot, comiéndose su zapato en "La quimera del oro"

Sin embargo, de El circo (1928) no debió guardar un recuerdo excesivamente bueno, ya que ni siquiera la menciona en su libro Mi autobiografía (1964). Y no le faltan motivos para ello, ya que el rodaje se produjo en medio del costosísimo divorcio de su segunda esposa, Lita Grey; y además un incendio que acabó con todo el atrezzo le obligó a suspender el trabajo durante bastantes meses. A pesar de todo, y aunque algunos críticos vean ciertas notas de dejadez, para mí El circo, con el final más bello de todos aquellos rodados por Chaplin, es otro de aquellos films en los que nuestro Charlot alcanzó cotas cercanas a la perfección. Leer el resto de la entrada »

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35 años sin Chaplin (1)


Tal jornada como la de hoy, el día de Navidad de 1977, se marchó para siempre del mundo terrenal el que, para muchos -entre los que yo mismo me incluyo- es el cineasta más grande de la historia, y uno de los personajes más importantes de todo el siglo XX. Hoy, 25 de diciembre de 2012, se cumplen 35 años de la muerte de SIR CHARLES SPENCER CHAPLIN, a la sazón director, actor, productor y compositor.

Chaplin

En definitiva, ARTISTA con mayúsculas, posiblemente el más completo del pasado siglo. Un hombre verdaderamente fascinante no ya sólo por su mera faceta profesional, sino también por toda la controversia que despertó en Estados Unidos por sus ideales, y también por sus tan concretas como profundas imperfecciones. Leer el resto de la entrada »

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Cuando el tiempo es oro

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: IN TIME
DIRECTOR: Andrew Niccol
REPARTO: Justin Timberlake, Amanda Seyfried, Cillian Murphy, Vincent Karthesier, Olivia Wilde, Alex Pettyfer, Matt Borner, Johnny Galecki
PRODUCCIÓN: New Regency Pictures, Strike Entertainment
GÉNERO: Ciencia-ficción
NACIONALIDAD: USA
DURACIÓN: 109 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: * * * (sobre 5)

Valga este titular entre la famosa frase que algunos atribuyen a Benjamin Franklin y el conocido programa de TVE que presentaba Constantino Romero a finales de los 80 para referirnos a este nuevo producto de la industria norteamericana del cine, que no es ni mucho menos perfecto pero, al menos para mí, sí bastante mejor y con más contenido que algunos otros.

Nos encontramos en un mundo imaginario, donde el tiempo de vida y las riquezas económicas se unen en un todo que dictamina que una persona deja de envejecer a los 25 años, disponiendo desde entonces de un año de vida para su administración.

Éste puede aumentar o disminuir, a través de un reloj biológico, dependiendo de la gestión y el manejo del mismo, pudiéndose ganar o perder tiempo del mismo modo en el que mengua o se incrementa la cuenta corriente de una persona normal. El tiempo, pues, como moneda de cambio (ya sea de forma honrada o bien a través de las distintas formas de robo) para evitar la superpoblación.

En esas, un joven llamado Will Salas (Justin Timberlake), de escasos recursos “tempoeconónicos”, debe intentar sobrevivir en un mundo sin escrúpulos, tras ser acusado erróneamente de haber cometido un crimen para apropiarse de un siglo de vida, un auténtico tesoro en las zonas marginales en las que él se ha criado desde niño.

Todo ello en una película sin excesivos alardes pero bastante bien narrada e interpretada. Una buena metáfora de y contra el sistema capitalista (y también en cierto modo contra el deseo de envejecer y el mito de la eterna juventud), en la que tanto Salas como la joven heredera Sylvia Weiss (Amanda Seyfried) forman una peculiar pareja con claras reminiscencias de Bonnie & Clyde más el espíritu de Robin Hood.

Intentar lograr -de la forma que el lector ya se puede ir imaginando- una distribución más equitativa, más igualitaria del tiempo entre las clases sociales, en contraposición con el propósito del multimillonario padre de la muchacha, Phillip Weiss (Vincent Khartesier), y de la tenaz persecución del policía “guardián del tiempo” (un magnífico Cillian Murphy): ese es el objetivo. ¿Lo conseguirán? Pueden ustedes ir a su cine favorito para comprobarlo sin ningún temor a desperdiciar el dinero… perdón, el tiempo.

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…Y comieron perdices

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: Harry Potter y las reliquias de la muerte (2ª parte)
DIRECTOR: David Yates
REPARTO: Daniel Radcliffe, Emma Watson, Rupert Grint, Ralpf Fiennes, Michael Gambon, Bill Nighy, Matthew Lewis, John Hurt, Helena Bonham Carter, Robbie Coltrane, Imelda Staunton, Alan Rickman, Jason Isaacs, Maggie Smith, Timothy Spall, Julie Walters, Bonnie Wright, Tom Felton, Evanna Lynch, Mark Williams.
GUIÓN: Steve Kloves, basado en la novela de J.K. Rowling
PRODUCCIÓN: David Barron, David Heyman y J.K. Rowling
GÉNERO: Magia/Aventuras
NACIONALIDAD: Británica
DURACIÓN: 135 minutos (aprox.)
CALIFICACIÓN: * * (sobre 5)

Se acabó la historia de las andanzas de Harry Potter; una historia que ha durado, como creo que todos sabemos, un total de siete libros y ocho películas, las dos últimas abarcando el volumen final.

He escuchado tantas cosas sobre la evolución de las andaduras del joven mago de Hogwarts (tanto sobre el papel como sobre la pantalla), que cuando hace algo menos de un año acudí al cine para ver la primera parte de Las Reliquias de la Muerte (la segunda película, después de la inaugural, que iba a ver de las siete que se habían estrenado hasta 2010) lo hice pensando acerca de si el el tiempo y el dinero gastados iban a ser en vano.

La anterior entrega no me hizo ni fu ni fa, pero me dejó en el cuerpo la curiosidad por ir a ver la segunda, entre otras cosas para comprobar cómo acababa todo, aunque cierto es que alguna idea tenía de las miles de cosas que se comentaron cuando, hace cuatro años, salió el libro en cuestión.

Lo mejor que se puede decir de ésta es que al menos es entretenida, lo cual no es poco en estos tiempos que corren. Hay pocos minutos para la pausa en la acción, y el hecho de que los personajes estén para arriba y para abajo casi todo el rato, con sus misterios -incluyendo un destacado porcentaje culebronesco del film-, sus peligros y su necesidad de ir buscando y destruyendo objetos para conseguir el objetivo final hacen que las más de dos horas que estás sentado en la sala no se te hagan especialmente largas.

En contraposición, un final -de la película y, según me cuentan, también del libro- demasiado previsible y , sobre todo, comercial, quizás el más comercial posible -que cada cual lo descubra, quien lo desconozca, aunque en el titular de la crítica hay una pista más que fidedigna-, tal vez para contentar a los miles de “fans” que cada uno de los protagonistas tienen en todo el mundo. Además, la actuación de los jóvenes intérpretes, en general, es poco convincente, apreciándose una notable diferencia con los más veteranos, según mi criterio.

Eso sí, reitero: si bien parece ser que, según las críticas, hay mejores títulos para ir a ver en nuestro paseo por las salas de cine, en el fondo, sin ser para nada lo que su aparato mediático -el mismo que acompaña a la saga desde su inicio- nos quiere hacer ver, éste no es de los peores. Con Harry Potter y las Reliquias de la Muerte (2ª parte) se puede echar un rato más o menos divertido y sin perder demasiado el hilo de la acción, por mucho que no se haya ido a ver prácticamente ninguna -o casi ninguna- de las entregas anteriores.

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Vuelve el mejor Woody Allen

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: Midnight in Paris
DIRECTOR: Woody Allen
REPARTO: Owen Wilson, Rachel McAdams, Kathy Bates, Corey Stoll, Adrien Brody, Carla Bruni, Marion Cotillard, Tom Hiddleston, Alison Pill
GUIÓN: Woody Allen
PRODUCCIÓN: Letty Aronson, Stephen Tenenbaum y Jaume Roures (Mediapro)
GÉNERO: Comedia
NACIONALIDAD: USA/española
DURACIÓN: 95 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (sobre 5)

Retornaba yo a las salas de cine para intentar disfrutar de una producción del señor Allen, don Woody, algunos años después de su más que aceptable Scoop, y tras rechazar algunos títulos (El sueño de Cassandra, Vicky Cristina Barcelona) que no parecían sino meros experimentos los cuales, como todos sabemos, hay que hacer con gaseosa.

Pero Midnight in Paris, aunque no sé por qué, me atraía bastante -más allá de las tradicionales 4/5 estrellas que algunos críticos le otorgan siempre al genio de Brooklyn, haga lo que haga-, incluso sin haber prestado atención ni a la sinopsis ni al reparto, excepción hecha del pequeño papel otorgado a la “señora Sarkozy”, Carla Bruni, reflejado por todos y cada uno de los medios de comunicación y del que era poco menos que imposible no enterarse.

Y no me equivocaba, porque Woody Allen aborda, con su habitual maestría cuando le da por hacer verdaderamente bien las cosas, una historia en la que la mezcla entre realidad e imaginación, la evocación constante del pasado nunca vivido “in situ” frente al presente que nos toca vivir, y el homenaje al París cultural de los años 30 “casan” como únicamente es capaz de propiciarlo don Woody.

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Sólo él puede hacer aparecer de tal forma una ciudad, dicen que de las más bellas de Europa -a ver si un día tengo la ocasión de comprobarlo-, que pasa del actual siglo XXI a la época vanguardista, previa a la Segunda Guerra Mundial, al dar las campanadas de la medianoche. Y sólo él puede mezclar con verdadera magia a un guionista con vocación de escritor -el que interpreta un perfecto “alter ego” suyo como Owen Wilson-, “desubicado” en el presente, con grandes artistas de aquel tiempo como Hemingway, Sean Fitgerald, Picasso, Buñuel, Belmonte, Toulousse-Lautrec, Degas, Gauguin o Dalí; además de hacerle vivir la historia romántica inevitable en la llamada “ciudad del amor”, de la que Allen hace un retrato sensacional.

Todo ello con un elenco perfectamente elegido, en el que además de Wilson hay que señalar especialmente a una magnífica Marion Cotillard en la piel de una de las amantes de Picasso-, y también con un vestuario y una caracterización sobresalientes -sobre todo un muy conseguido Dalí con Adrien Brody-, aunque con una única pega en ese sentido. Y es que, viendo las imágenes que hay publicadas en Internet además de las que aparecen en los programas taurinos de televisión, no recordaba yo que Belmonte fuera un tipo en el que su aspecto más reseñable fuera su belleza, sino más bien todo lo contrario.

Pecata minuta, no obstante. La película te embruja desde su inicio hasta el último de los minutos de los noventa y cinco que permaneces en la sala. Poco más de hora y media que no se te hace larga, sino todo lo contrario.

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122 años con Charles Chaplin

Hoy se cumple el 122º aniversario del nacimiento del que, como bien sabe quien bien me conoce, es para mí el mayor genio de la historia del cine, y probablemente el artista más completo del siglo XX: Sir Charles Spencer Chaplin.

Por ello os dejo, como homenaje, un par de videos que he encontrado en Youtube con buena parte de lo mejor de su obra, bajo la música de varias de las piezas usadas y/o compuestas por él mismo para sus películas.

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Y también este otro video, correspondiente al numerito final en Candilejas junto a otro grande del cine mudo, Buster Keaton.

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Su recuerdo -ese mismo que en cierto modo se encargan de perpetuar su hija Geraldine y su nieta Oona con sus respectivas carreras artísticas en España- y su enorme legado permanecerán entre nosotros por siempre jamás.

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De no ser por los actores…

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: 23-F: la película
DIRECTOR: Chema de la Peña
REPARTO: Paco Tous, Fernando Cayo, Juan Diego, Mariano Venancio, Lluís Marco, Ginés García Millán, Luis Zahera, Joaquín Notario, José Manuel Seda
GUIÓN: Joaquín Andújar
GÉNERO: Histórico
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 97 minutos
CALIFICACIÓN: * * (Sobre 5)

Sea porque el 23-F lo tenemos todavía relativamente cerca en el tiempo -tan sólo 30 años-; sea porque se ha dicho y se ha escrito tanto sobre aquel día que lo tenemos ya en cierto modo bastante manido; o sea porque, además, hace no demasiado se estrenó una miniserie relacionada con el tema, lo cierto es que en muchos de sus aspectos esta película que conmemoraba el trigésimo aniversario del fallido golpe de estado de Tejero pasa sin pena ni gloria por la cartelera contemporánea del cine nacional.

Demasiado anodina, en líneas generales. Es verdad que las 17 horas esperando la resolución del conflicto no dan para una historia excesivamente dinámica, pero precisamente por eso mismo quizá se debía haber enfocado el argumento de otra forma, siempre con lo sucedido en 1981 como tema central, claro está.

Además, al desarrollo de los acontecimientos en la película le resulta material y literalmente imposible desembarazarse de su estructura más que visible de “TV Movie”, quizás porque, tal vez de manera inconsciente, tanto Chema de la Peña como Joaquín Andújar -director y guionista, respectivamente- beben más de la cuenta de las fuentes de la miniserie antes aludida, que no es otra que 23-F: el día más difícil del rey con la que, además, son inevitables las comparaciones dado que desde su estreno no han pasado ni dos años.

A la historia claramente la salvan los actores. De hecho, si los casi cien minutos que hay que estar en el cine no se terminan haciendo prácticamente insoportables es por la excelente labor de la gran mayoría de los intérpretes. Paco Tous es un Tejero más que notable. El célebre “inspector Miranda”, con una dilatada carrera teatral a cargo de su grupo “Los Ulen”, logra desembarazarse, sin perder su esencia interpretativa, del personaje que tanta fama le dio en Los hombres de Paco; mientras que Fernando Cayo encarna excelentemente al rey -no es la primera vez que se mete en su piel-, y Juan Diego nos da una nueva clase maestra dando vida al general Armada, otro de los hombres clave dentro del 23-F. Todo ello con la colaboración inestimable de otros buenos actores como Lluís Marco, que encarna al general Milans del Bosch; o Ginés García Millán, que tras interpretar recientemente a Adolfo Suárez vuelve a darle vida en 23-F: la película.

Es lo único por lo que realmente merece la pena gastarse los euros acudiendo a las salas. Cierto es que, tanto como la historia en sí, los intérpretes son la clave del buen funcionamiento de un largometraje; pero, teniendo en cuenta las pretensiones con las que 23-F: la película acudía a los cines, lo cierto es que al menos a mí eso me parece bastante poco. Pese a todo, recomiendo a quienes lean esta crítica que vayan a ver este film, siempre y cuando sean conscientes de que, más allá de los actores, no se van a encontrar gran cosa ni mucho menos.

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Jorge VI le ganó a Facebook

El discurso del rey ha sido la indiscutible triunfadora de los Óscars 2011, cuya gala se celebró anoche en el Teatro Kodak de Los Ángeles. La cinta que trataba las andanzas del tartamudo monarca británico Jorge VI se ha impuesto a la que más de uno apuntaba cuando se estrenó que podría arrasar entre los premios de la Academia de Hollywood, La red social. El discurso del rey se ha llevado cuatro estatuillas por las tres de su rival, si bien la enorme diferencia entre ambas películas ha estribado en la calidad de las mismas.

Así pues, se puede decir que Jorge VI no sólo le ha terminado ganando la partida a Facebook, sino que además lo ha hecho a base de bien. No fue, pese a la calidad que reconozco que tiene, El discurso del rey una película que me entusiasmara demasiado -sí, fui a verla, pese a no haber hecho crítica alguna-, pero sí que me parece más completa que La red social y, sobre todo, capaz de llegar más al público que la fría historia de Facebook, más propicia sólo para entendidos en este conocido espacio cibernético. Óscar a la Mejor Película -en detrimento también de otro de los grandes triunfos del año, como el “remake” hecho por los Coen del western Valor de ley-; Óscar al Mejor Director en la persona de Tom Hooper; Óscar al Mejor Guión originalDavid Seidler-; y Óscar al Mejor Actor Principal para un Colin Firth magnífico en la piel del rey inglés.

El de Firth fue uno de los premios cantados de la noche, un premio pese a todo realmente meritorio por la calidad de sus oponentes: Jesse Eisenberg -Zuckerberg en La red social-, Jeff Bridges –Valor de ley-, James Franco –127 horas– y nuestro Javier Bardem –Biutiful-, en su segunda nominación al Óscar en esta categoría. A Firth le acompañó Nathalie Portman -Mejor Actriz Principal- gracias a su excelente labor en la mediocre -según los críticos- El cisne negro; mientras que los premios de reparto fueron para Christian Bale y Melissa Leo, ambos por The Fighter.

Hubo que esperar a los premios menores para encontrar a La red social. Aaron Sorkin logró para el film sobre Facebook el Óscar al Mejor Guión adaptado; Angus Wall y Kirk Baxter fueron premiados por el mejor montaje; y Trent Reznor y Atticus Ross lograron el Óscar a la Mejor Banda Sonora Original para una película cuyos galardones no se correspondieron con lo que la crítica -que no un servidor- opinaba de ella.

Del resto, quizás lo más destacado haya sido el “olvido” de la Academia de Hollywood con los hermanos Coen por Valor de Ley -una obra maestra según lo que un servidor ha podido llegar a leer y escuchar-, a la que es posible que le llegara a pesar su condición de “remake” del clásico de John Wayne; el Óscar a la Mejor Película de Habla No Inglesa para la dansea En un mundo mejor; y también lo conseguido por Toy Story 3. Disney y Pixar han cerrado la saga casi de la mejor manera posible, con el Óscar a la Mejor Película de Animación y a la Mejor Canción Original -We Belong Together, de Randy Newman-, además de la nominación a Mejor Película.

La relación completa de los ganadores y de los nominados, la podéis ver aquí:

http://www.elmundo.es/especiales/premios_oscar/candidatos.html?cid=SEM020103

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Y la Academia acertó en la elección

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: También la lluvia
DIRECTOR: Icíar Bollaín
REPARTO: Luis Tosar, Gael García Bernal, Juan Carlos Aduviri, Karra Elejalde, Carlos Santos, Raúl Arévalo, Cassandra Ciangherotti
GUIÓN: Paul Laverty
GÉNERO: Drama basado en hechos reales
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 108 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

Esperaba con curiosidad el estreno de También la lluvia, sobre todo después de que, hace algunos meses, se publicara que sería la película que representaría a España en los Oscar de este año, dejando fuera a un gran film como Celda 211 y a una superproducción como Lope. Y lo primero que debo decir es que la Academia del cine español ha acertado de pleno.

Para mí También la lluvia no es Celda 211, eso debo dejarlo claro. Pese a su notable calidad en muchos de sus aspectos, a la película de Icíar Bollaín le falta “algo” para alcanzar el sobresaliente que mereció en su momento la carcelaria historia de Daniel Monzón; pero analizándola minuciosamente no me cabe duda que, a la hora de valorarla, a los americanos les gustará mucho más.

¿Por qué? En primer lugar por la historia en sí: por la “autodesmitificación” de un personaje como Cristóbal Colón combinada con el tratamiento otorgado a un conflicto social, sucedido allende nuestras fronteras, como la “Guerra del Agua” en Bolivia en el año 2000. Un doble plano llevado con bastante lucidez y acierto.

La visión que Bollaín y el guionista Paul Laverty nos dan del descubridor del “Nuevo Mundo”, a través de la película que los personajes de Luis Tosar y Gael García Bernal pretenden rodar en el país andino (se podría hablar entonces de metacine), se aleja de los convencionalismos utilizados en España (conquistador, héroe y casi evangelizador y misionero), para centrarse en su faceta codiciosa, ambicionadora en exceso y tiránica, haciendo hincapié en la leyenda negra que los españoles en el siglo XVI tienen en el continente americano. Y, al mismo tiempo, la lucha en el siglo XXI de las clases más humildes por defender lo suyo. Todo ello llega a calar entre el público, y podría ser que también sucediera lo mismo con los miembros de la Academia de Cine de Hollywood.

Pero no es menos cierto que, pese a los criterios a veces tan particulares de los cinéfilos californianos a la hora de valorar para sus premios una película por encima de otra, nada de lo anteriormente contado serviría si También la lluvia no tuviese siquiera una mínima calidad, algo con lo que cumple, y de sobra. Además de la notable dirección y de la más que aceptable narración de los hechos, sin duda lo más destacado es la elección y el trabajo de los actores, comenzando por un Luis Tosar pletórico en todos los sentidos durante los últimos años -está absolutamente en todas-, y siguiendo por Gael García Bernal, protagonistas ambos (en sus papeles de productor y director respectivamente dentro de la película sobre Colón) de un “mano a mano” en el que salen ganando claramente tanto el cine como el espectador. Un mano a mano de dos magníficos profesionales, todo hay que decirlo, en la piel de dos excelentes personajes.

Y como a Tosar y a García Bernal le dan una excelente réplica los secundarios, se puede decir que a Icíar Bollaín hay que darle un diez por la designación del elenco. Tanto Karra Elejalde -que, tras haberlo visto anteriormente en bazofias del estilo de Año Mariano, me ha sorprendido gratamente- como Carlos Santos -el otrora “Povedilla” de Los hombres de Paco-; el actor indígena Juan Carlos Aduviri, magnífico; y también la joven mexicana Cassandra Ciangherotti colaboran como Dios manda para que el resultado de También la lluvia haya sido, aunque no sobresaliente, sí ciertamente bueno. A ver ahora qué es lo que piensan los académicos de Hollywood.

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A la salud y en memoria de Rodríguez de la Fuente

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: Entrelobos
DIRECTOR: Gerardo Olivares
REPARTO: Juan José Ballesta, Sancho Gracia, Carlos Bardem, Manuel Camacho, Antonio Dechent, Vicente Romero, Luisa Martín, Álex Brendemühl, Dafne Fernández, Eduardo Gómez, José Chaves, Francisco Conde, José Manuel Soto y Marcos Rodríguez
GUIÓN: Gerardo Olivares
GÉNERO: Drama/documental naturalista basado en hechos reales
NACIONALIDAD: Española
DURACIÓN: 110 minutos
CALIFICACIÓN: * * * (Sobre 5)

Probablemente Gerardo Olivares no pensó en ello cuando decidió abordar la historia de Marcos Rodríguez, el niño que, en los años 50, convivió durante doce años con lobos y demás animales en la parte cordobesa de Sierra Morena. Pero lo cierto es que, a punto de finalizar el año en el que se ha cumplido el 30º aniversario de su muerte, se puede decir que Entrelobos es un más que entrañable homenaje al gran Félix Rodríguez de la Fuente.

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Seguro que el considerado popularmente como “amigo de los animales” se sentiría bastante orgulloso si levantase la cabeza de este producto que combina dramatismo y naturaleza; interpretación de calidad y muestra de lo mejor de la fauna y de los bellos parajes de Sierra Morena, sobre todo esto último. La sucesión de planos y de escenas con los montes como protagonistas son, simplemente, espectaculares.

Por Entrelobos pasa parte de lo más granado que Rodríguez de la Fuente se encargaba de mostrarnos en su serie sobre la fauna ibérica de El Hombre y la Tierra, desde la gineta hasta el búho real pasando por el jabalí y otras especies animales como un simpático huroncillo que juega un papel importantísimo durante toda la película.

Aunque a quien le se le otorga una especial atención, como es lógico, es a una de las “joyas” de su corona: el lobo. Un animal sobre el que se desprende desde hace bastantes años ya un aura de maldad, y que entre Gerardo Olivares y el propio Marcos Rodríguez con sus vivencias se encargan de reivindicar como si hubiese estado delante el propio Félix.

Pero Entrelobos no es sólo naturaleza documental. La interpretación de los actores es otro de los puntos más fuertes de la película, a pesar de la -brevísima, por fortuna- inexplicable inclusión en el reparto de un “folclórico” como José Manuel Soto. Perdonen, pero a veces no puedo ocultar la aversión que siento hacia este personaje. Al menos esta vez se alaba su intención de, tras años viviendo del cuentecillo de sus coplas de los años 90, intentar ganarse la vida de forma honrada, más allá de islas de los famosos, o de los mosquitos, o de como demonios se llame el programita en cuestión.

No hagamos esperar más a los verdaderos artistas. Aunque se vende a Juan José Ballesta como actor principal, lo cierto es que el otrora conocido popularmente, gracias a Achero Mañas, como “el Bola” -ahora en Hispania– tan sólo aparece en el rato final de la película, en el que, no obstante, hace de Marcos -un “Mowgli” ibérico y real del siglo XX- bastante bien.

El protagonismo real lo adquieren el niño Manuel Camacho -excelente carta de presentación-, Sancho Gracia y Carlos Bardem. La relación entre Camacho -Marcos en su etapa infantil- y Gracia -el pastor que comparte con él sus últimos meses de vida- es, sin lugar a dudas, lo mejor de la historia junto a la del niño con los animales; hasta el punto de que la actuación del mítico “Curro Jiménez” adquiere unas cotas de calidad como hacía muchos años que no se le veía. “Bardem II”, por su parte, también cumple de sobra en el papel de hombre de confianza del señorito hijo de puta.

La película no es redonda entre otras cosas porque, coincidiendo con el salto temporal de niño a joven de Marcos, la historia va decayendo progresivamente -no por culpa de Juan José Ballesta, que conste- no hasta el aburrimiento, para nada, pero sí se puede ver cómo el dramatismo y la intensidad con los que se aborda el desenlace de la búsqueda del “maqui” y la localización de Marcos para llevarlo de vuelta con la sociedad no son todo lo fuertes que deberían. Aunque la presencia entre los lobos del verdadero Marcos Rodríguez en el epílogo hace que el film termine recobrando la ternura y la calidad con las que se maneja durante su mayor parte.

Entrelobos es, en líneas generales, una excelente película para ir a ver con la seguridad de que uno no habrá tirado el dinero, antes al contrario. Aunque, como se habrá podido comprobar a lo largo de toda esta crítica, es obvio que es un producto que les gustará un poco más a los amantes de la naturaleza y a los que, como yo, son seguidores de El Hombre y la Tierra.

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