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Hace justo 365 días… (recuerdos de un crucero especial)

Hoy, 21 de abril de 2009, es un día especial. Se cumple justo un año de la magnífica semana de crucero por el Mediterráneo -“Brisas del Mediterráneo” se llamaba- que varios de los estudiantes de Periodismo de la Universidad de Sevilla pasamos a bordo del SS Oceanic, con motivo del viaje fin de carrera.

La entrada en el barco. Aún no estábamos todos, pero sí bastantes.

La entrada en el barco. Aún no estábamos todos, pero sí bastantes.


Las curiosidades de la vida me llevaron, dos años después de haber salido de España por primera vez con mis compañeros de Filologia Hispánica -Praga y Budapest-, a realizar con los “periodistas” el mismo viaje que, en aquel momento, rechacé. Claro que si entonces hice eso fue, simple y llanamente, porque no iban mis mejores amigos, así que yo estaba totalmente seguro de que aquellos días iban a ser fantásticos, como así sucedió.
Montecarlo: en el monumento a Fangio (curva de entrada a la recta de meta)

Montecarlo: en el monumento a Fangio (curva de entrada a la recta de meta)


Barcelona -salida desde el puerto-, Mónaco, Florencia (y Pisa), Roma, Pompeya-Nápoles, y Túnez. Ese fue nuestro itinerario. Por vez primera iba a visitar lugares tan simbólicos como las Ramblas; las calles del circuito urbano de Montecarlo por donde un mes después iban a estar los Alonso, Hamilton, Massa o Raikkonen; el Duomo; el Coliseo; el Panteón de Agripa; la Fontana di Trevi; las míticas ruinas pompeyanas o el zoco de Túnez, donde el regateo es arte y obligación para poder comprar.
En el Duomo florentino

En el Duomo florentino

Sin embargo, tan bueno como las visitas turísticas fue lo que ocurrió dentro del barco. Los oficiales del Oceanic, encabezados por la directora del crucero, la argentina Marta Rossi -“señoras y señores, muuuy bueeeenos díiiias”… cómo olvidar esa voz todas las mañanas a las 8 en punto- nos prepararon una oferta lúdica excelente a lo largo de los siete días, para cuando volviéramos de nuestras salidas. Juegos, espectáculos, noches temáticas, karaokes, bingo, fiestas en la discoteca para después de la cena… lo típico de estos viajes. Todo ello a ritmo de las “bandas sonoras” particulares del crucero -el “Dame Fiesta” y el “Chucu chucu”-, y a cargo del fenomenal equipo de animación. Nombres como los de Santi -alias “hombre al agua” el último día en la piscina-, María, Emilio, “Peluche”, “Colacao”, Cocoliso -el Dj- y otros que ahora mismo no recuerdo fueron durante esa semana casi como de la familia para nosotros. Ah, y se me olvidaba: también nos ofrecieron comida, sin duda lo que más. Comida de todo tipo y a todas horas: desayuno, almuerzo, merienda, cena, picoteos… todo el santo día zampando; de hecho creo que no he comido más en todos los días de mi vida que la semana que pasamos en el barco. Eso sí, entre las salidas por el día y las fiestas por la noche puedo asegurar que conseguimos quemar si no todo sí al menos buena parte de lo que ingerimos, que ya digo que fue algo exagerado.

Con la moneda, en la Fontana

Con la moneda, en la Fontana

En el barco, además, conocimos a gente diversa -sobre todo Marina, nuestra querida delegada, la relaciones públicas más natural que he conocido-, entre los pasajeros. De hecho, desde el primer día agregamos al grupo a dos muchachas cántabras, Marta y Miriam; esta última, además de pasárselo de muerte con nosotros, tuvo la enorme suerte de llevarse el premio gordo del super bingo del último día. Como para que se olvide del crucero…

El equipo de animación

El equipo de animación

Pero de entre todos con los que compartí mis vivencias, debo hacer una mención especial para los “maestros” murcianos de inglés. Sin ellos, puedo asegurar que el crucero no habría sido lo mismo. Especial y particularmente, sin Sandra -“Sandrica” la ARTISTA, la continuadora de voces y nombres tan significativos de la canción española como Ana Belén, porque cómo cantaba su “Lía”…-, Mari -la melómana bunburiana y calamarista por excelencia-, Hanna -o Janna, como queráis llamarla, la futura periodista de la Semana Santa de Lorca y con quien comparto cumpleaños-, y David, el líder masculino y conductor junto a las otras tres y a todo el grupo de las mayores “frikadas” que jamás hayan podido vivir las instalaciones del buque de Pullmantur, sobre todo la última… cómo olvidar el mítico entierro de aquel Shrek de gas bautizado como “Oootye”

Murcianicos y Marina

Murcianicos y Marina


En resumen, me podría llevar escribiendo párrafos y párrafos de aquel viaje, pero acabaría aburriendo hasta a las ovejas seguro; así que ya pongo punto y final a este recordatorio. Ya intentaré satisfacer mis gustos particulares intentando reeditar al menos casi todo lo acontecido allí en una especie de “diario de los hechos acaecidos hace un año”.

Mi pregunta para terminar es: ¿por qué no volvemos, un día de éstos, a reunirnos todos de nuevo para repetirlo? Sería lo ideal, porque de aquellos días, además de muchos recuerdos, saqué amigos y amigas a los que, si bien no pudo hablar todo lo que a mí me gustaría, tengo un gran aprecio; y a los que me encantaria, como es lógico, volver a ver un día de éstos.

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