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Libre, aunque entretenida versión del clásico de Wilde

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: El retrato de Dorian Gray
DIRECTOR: Oliver Parker
REPARTO: Ben Barnes, Colin Firth, Ben Chaplin, Rachel Hurd-Wood, Rebecca Hall, Emilia Fox, Fiona Shaw, Caroline Goodall, Douglas Henshall, Michael Culkin
Guión: Toby Finley
GÉNERO: Aventuras/acción
NACIONALIDAD: Reino Unido
DURACIÓN: 112 minutos
CALIFICACIÓN: * * (Sobre 5)

Metido de lleno como estoy en mis colaboraciones mundialistas, hoy, que la actualidad deportiva se toma un respiro por la mañana, por fin he encontrado un hueco para dar mi visión de esta versión de la conocida novela de Óscar Wilde, dirigida por Oliver Parker.

Hace aproximadamente algo más de un año que me decidí a resolver la asignatura que tenía pendiente con esta obra, animado por los consejos de mi amiga Untzizu, gran aficionada a la literatura de Wilde. Cuando lo hice me encontré exactamente lo que me esperaba: un relato con su parte de acción pero eminentemente filosófico y moralista acerca de la superficialidad, el hedonismo y la naturaleza en general del ser humano.

Por el contrario esta adaptación, aunque mantiene en esencia el espíritu del texto original, incluye una serie de cambios perfectamente visibles y reconocibles, quizá para otorgarle un formato un tanto más “cinéfilo”.

El resultado no es malo del todo porque el espectador medio sale del cine con la sensación de haber visto un producto bastante entretenido, pero es inevitable que surjan las comparaciones -como en cualquier obra literaria llevada a la gran pantalla- por parte de los que ya conocíamos el texto original. Aún así es recomendable ir a verla porque, más allá de lo visible que pueda llegar a ser, conserva buena parte de lo que Oscar Wilde quiso hacernos ver en su momento.

¿Cuáles son los cambios? La excesiva dosis de suspense y de thriller que incluyen Oliver Parker y el guionista Toby Finley, y el desmesurado erotismo, que no pornografía; todo ello siempre en comparación con la novela. Además la película incluye algunos personajes ausentes en la versión original, como Emily, la hija de Lord Henry Wotton, el excesivamente juerguista “amigo” de Dorian. Todo, repito, perfectamente asumible en el fondo por el espectador conocedor de Wilde.

Lo mejor de todo es, por una parte, la perfecta recreación del Londres de la época victoriana. En ese sentido la película se convierte en un bello y magnífico retrato pictórico de la Inglaterra del siglo XIX. Y, por otra, la interpretación de Colin Firth, metido en la piel de Lord Henry. El actor británico realiza la mejor interpretación de su carrera, o al menos de entre las películas que yo le he visto; y nada más por verle actuar merece la pena pagar la entrada.

Tampoco está tan mal el actor protagonista, Ben Barnes. He leído críticas en las que se dice que el papel de Dorian Gray le viene excesivamente grande porque es un niño bonito y poco más; pero no creo que sea para tanto. Quizá, eso sí, el compartir escena con un arrasador Colin Firth haga que su trabajo -que tampoco es digno de un Oscar- desluzca más de lo que debiera. El tercero en discordia, Ben Chaplin (Basil), cumple de manera más o menos sobria; y también es reseñable el buen hacer de Rebecca Hall, interpretando a Emily Wotton.

Todo ello da como resultado un film del que probablemente se esperaba más, pero que en el fondo resulta una opción más que notable para cualquiera que se decida a acudir a las salas, si acaso salvo para los excesivamente fanáticos de Oscar Wilde.

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