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I Copa del Rey: 40 años no son nada


25 de junio de 1977. Estadio Vicente Calderón (Madrid). La parada de Esnaola al mítico guardameta del Athletic Club de Bilbao Iríbar le da al REAL BETIS BALOMPIÉ la I COPA DEL REY, antaño Copa del Generalísimo –el Campeonato de España de fútbol por eliminatorias-, rebautizada de esa guisa tras la muerte del dictador Franco.

Cuarenta años han pasado ya de aquel histórico día para el beticismo en particular y para el balompié sevillano en general, dado que a la capital de Andalucía no llegaba un título en materia futbolística desde hacía 29 años, y que tardaría otros 28 años más en ganar el siguiente cuando el propio Betis, en el mismo escenario y contra el Osasuna (2-1), volvió a ganar la Copa.

De aquel partido, de aquel gran triunfo frente al por entonces “Rey de Copas”, se han escrito y recordado muchas cosas a lo largo de estos años, y no solamente en Sevilla. Desde la celebración de 120 minutos apasionantes, que culminaron con 2-2 -Carlos y Dani adelantaron por partida doble al Athletic, y López empató en otras tantas ocasiones-, hasta una tanda de penaltis histórica, la joya de la corona de una de las finales más míticas del “Torneo del KO”; objetivamente quizás la que más, y subjetivamente, la más mediática a nivel nacional exceptuando los clásicos Barça-Madrid. Leer el resto de la entrada »

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Que no se repita más… o, al menos, que tarde


Se acabó, por fin, la pesadilla. El pasado domingo el Real Betis Balompié no sólo confirmó matemáticamente su retorno a Primera División tan sólo un año después del ignominioso descenso de la pasada temporada, sino que también certificó su vuelta a la élite como campeón de la categoría de plata, dos semanas antes del final de la liga..

Ochenta y cuatro puntos, seis más que el Girona (a quien gana el “average” particular) y ocho más que el Sporting de Gijón, después de un tremendo parcial conseguido tras la destitución, allá por finales del pasado noviembre, de un Julio Velázquez con el que los verdiblancos llevaban camino de echar raíces en Segunda.

1432508673_139465_1432508799_noticia_normalAfortunadamente, ya todo eso ha quedado atrás; y mientras los demás siguen “matándose” por los dos lugares restantes de ascenso (uno directo, y otro vía play-off) y por evitar la caída en Segunda B, en el Betis es el momento de comenzar a planificar una verdadera apuesta de futuro entre los grandes del fútbol español.

Vaya por delante que, mientras que no haya dictamen definitivo sobre el caso de las acciones de Lopera, sobre el club siempre pesará esa espada de Damocles que hace que, en cualquier momento, todo esto vuelva a dar un giro radical si vuelven Lopera u Oliver, y pesan más los supuestos caprichos personales de cada uno. Pero, ahora mismo, a diferencia de hace cuatro años, sí que parece haber una base organizativa sobre la que dar pie a un moderado optimismo.

A diferencia de hace cuatro años, el Betis cuenta tanto con un presidente (Juan Carlos Ollero) como con un director deportivo (Eduardo Maciá) al menos con experiencias positivas en sus respectivas parcelas dentro de un club deportivo, lo que no ocurría ni con Miguel Guillén ni con Vlada Stosic. Son ellos dos, especialmente el segundo, quienes deben encargarse de realizar un proyecto ilusionante, empezando por mantener la base que ha llevado al club de las trece barras a recuperar de inmediato la categoría perdida.

¿Cuál es esa base? Muy sencillo: comencemos por el entrenador, el “santo” Pepe Mel; un hombre que, con sus defectos y sus virtudes, ha demostrado una vez más ser el hombre propicio para llevar esta nave que, sin él a los mandos, se iba irremisiblemente a pique. No me importan los resultados del técnico madrileño (y otrora goleador bético) en otros clubes: sólo sé que el Betis, con él, lleva ya dos ascensos, una permanencia relativamente cómoda y una clasificación europea, poniendo en solfa que el vergonzoso descenso de 2014 hubiese llegado a producirse porque, en el momento de su destitución, el equipo era malo pero no estaba ni mucho menos muerto.

Después, la pareja de delanteros, Rubén Castro y Jorge Molina, los “Zipi y Zape” de al final de La Palmera; aquellos que llegaron con Mel hace cinco años y que se han convertido en uno de los mejores dúos atacantes de toda la historia bética. El primero, máximo goleador histórico del club, se hará con el “Pichichi” esta temporada; el segundo, desde el regreso del técnico, está batiendo récords personales. Ellos dos, Vincenzo Rennella y otro delantero más que llegue (no olvidemos que Rubén, para su desgracia y la del Betis, está involucrado en un proceso personal que no sabemos cómo va a terminar) deben ser los componentes de la punta del ataque dentro de la plantilla del Betis.

Y, por último, el ojalá que futuro crack, y el defensor de la portería. La apuesta por Dani Ceballos debe ser clara: el joven mediocampista es aún un melón por calar debido a su juventud, pero su rendimiento en Segunda nos hace pensar que con madurez, bien pulido y un poco de suerte, el Betis puede tener ahí a un jugador que marque diferencias. De ahí que merezca la pena apostar por él. Y, con respecto al cancerbero, no es que Adán sea el mejor portero de Primera (de hecho a mí me gustaba mucho más Adrián, a quien nunca jamás se le debió dejar marchar), pero sí es bastante bueno para un equipo como el Betis; más con la dificultad que suelen tener los verdiblancos para encontrar un buen inquilino de la portería desde la marcha de Toni Prats.

A partir de ahí, la papeleta para Maciá es la de saber manejar el presupuesto del que dispondrá para dar un buen número de bajas y acertar con las correspondientes incorporaciones. A nadie que haya seguido al Betis esta temporada se le escapa que, como mínimo, han de venir dos defensas, dos centrocampistas y un jugador de banda, más el delantero antes mencionado; y creo que todos tenemos en mente los nombres que deberían salir porque ya han demostrado que no valen para Primera División.

Todo ello para intentar evitar que lo que ya ha sucedido un total de once veces, es decir, bajar a Segunda, vuelva a suceder. O al menos, ya que conociendo la centenaria historia bética creer que nunca más se va a descender no entra dentro de lo viable ni verosímil, para que la próxima visita a Segunda División tarde una notable cantidad de años en producirse. Por masa social es lo mínimo que debería exigirse.

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El regreso del Eurobetis


Hace dos años, tras lograr el ascenso, dije, un poco a modo de bravuconada a pesar de ser rigurosamente cierto, que últimamente, cada vez que el Betis volvía a la Primera División, la temporada siguiente se clasificaba para jugar en Europa. Así había venido sucediendo en las temporadas 94-95 y 2001-2002. Esta vez, sólo ha tardado un año más, porque el Betis volverá a pasear las trece barras verdiblancas por el continente europeo la próxima temporada.

El Betis, de nuevo equipo europeoCon el empate del pasado sábado en el campo del Levante, el equipo heliopolitano ha puesto un buen broche a una temporada sobresaliente, en la que sólo el corto número de efectivos en determinadas zonas como el medio campo ha impedido que incluso haya estado más cerca de un logro todavía mayor que el del pase a la Europa League, merecidamente logrado con el séptimo puesto final -56 puntos- en la liga.

Es la décima vez en su historia que el Betis se gana el derecho a jugar un torneo continental; la primera desde aquella histórica y memorable campaña 2004-2005, la de la clasificación para la Champions -luego también jugaría la UEFA, después de quedar tercero en su grupo- y la segunda Copa del Rey. Ahora, sólo hay que estar pendiente de ver qué le dice el TAS al Málaga para saber si el Betis necesitará jugar una o dos eliminatorias antes de entrar en la fase de grupos de la segunda competición internacional del “viejo continente”.

Rubén Castro (18 goles) y Jorge Molina (13): una de las mejores parejas de Primera DivisiónHablaba de la cortedad de la plantilla, y es cierto, aunque como atenuante hay que resaltar el importante número de pequeñas lesiones que han sufrido todos aquellos, a excepción del menos brillante pero más luchador Beñat -los Cañas, Rubén Pérez, Salva Sevilla o la última, de Nosa-, encargados bien de la destrucción, bien de la creación de juego. También los zagueros, aunque ahí el bloque sí que ha tenido las espaldas bastante bien cubiertas.

El equipo, en general, ha llegado muy justo al tramo final, como bien se ha podido ver en los dos últimos partidos fuera de casa. En Mallorca no falló tanto la actitud como el fuelle; y en el Ciutat de Valencia, tres cuartos de lo mismo, lo que no le permitió al Betis desplegar las fuerzas suficientes como para ir a por la sexta plaza y entrar así, automáticamente, en la última ronda previa a la liguilla.

Pabón, la gran incorporación del mercado invernalNo obstante, el lógico bajón en la segunda vuelta, después de una primera casi impecable, estaba o debía estar en los planes de todos aquellos béticos que supieran mínimamente de fútbol; aunque a nadie se le escapa que, para afrontar tres competiciones, harán falta mucho más que los Chuli, Cedric, Andersen o el ex madridista Juanfran para reemplazar a los Cañas, Adrián -baja muy sensible la del mejor portero que ha encontrado el Betis desde Toni Prats-, los cedidos Pabón, Campbell o Juan Carlos; y casi seguramente también Beñat.

Y Pepe Mel, el gran artífice desde la banda de este éxitoPero antes de meternos en planificaciones y en evaluar lo que debe o no hacer el Betis para que no le ocurra lo de otros años “europeos”, dejemos unos días para que la afición disfrute de lo que ha sido un resultado extraordinario, en el que sin duda ha jugado un papel decisivo la “pareja de oro” compuesta por Rubén Castro y Jorge Molina -31 tantos entre los dos; el último, el golazo del alcoyano en Valencia-, y complementada por Dorlán Pabón, el delantero colombiano que sustituyó en la plantilla a Jonathan Pereira en el mercado invernal, y que ha marcado ocho goles como otros tantos soles en cuatro meses antes de irse a jugar a México, salvo improbable pago de ocho millones al América, club al que el Parma lo traspasó antes de mandarlo cedido a Sevilla.

Y todo ello, con un capitán general, Pepe Mel, que acaba de renovar hasta 2017 y que se ha convertido en el mejor entrenador de la entidad verdiblanca desde los tiempos de Lorenzo Serra Ferrer. Mel, que está completando una trayectoria impecable en el mismo equipo donde más destacó como goleador en sus tiempos de jugador en activo, ha cumplido el primer gran objetivo con el que regresó a Heliópolis: entrenar a un Betis europeo. Ahora, tal y como reconoció ayer, su sueño es conseguir lo mismo que el hoy caído en desgracia dueño del Mallorca: jugar la Champions y ganar un título con el Betis. Una barbaridad a día de hoy, sí; pero también lo era pensar en jugar en Europa hace tres años, con el equipo en Segunda y en plena descomposición general. Sin dejar de poner los pies en el suelo, la sufrida afición verdiblanca se ha ganado el derecho a soñar, y nadie mejor para depositar su confianza en ello que un gran bético y magnífico entrenador como lo está demostrando ser Pepe Mel.

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Reflexiones (deportivas) del derbi


Gran encuentro el disputado el viernes de pre-Feria por Betis y Sevilla; un derbi en el que hubo absolutamente de todo, hasta el punto de que, a diferencia de lo que suele suceder en este tipo de choques, se convirtió verdaderamente en un partido no ya sólo para los sevillanos, sino enteramente de los que hacen afición. Un duelo de la máxima rivalidad en el que lo mejor, a nivel social, fue la ausencia total de incidentes entre las aficiones de ambos equipos -como he comentado en DIARIO SIGLO XXI– pero que, deportivamente hablando, deja una buena lista de reflexiones.

Pabón eleva en balón sobre Beto para marcar el 1-3. Foto: Reuters– En primer lugar, algo que no se le escapa absolutamente a nadie. El empate a tres, por los motivos que todos imaginamos, dejó un clarísimo sabor a victoria en las filas verdiblancas. Haber levantado un 0-3 -empatando además en el último minuto, muy propio de la idiosincrasia histórica del Betis-, consolidarse un poco más en puestos europeos -Getafe y Rayo perdieron, y los béticos les sacan ya cuatro puntos- y mantenerse seis puntos por encima de su eterno rival en la clasificación son motivos más que suficientes como para que la afición heliopolitana se fuera a la cama con una amplia sonrisa.

– Todo lo contrario que la parroquia nervionense. El Sevilla, tan solvente en el Pizjuán desde la llegada de Emery -aunque siempre con rivales modestos, como los de la zona baja-, continúa siendo una “madre” cuando se aleja de su “bombonera”, lo que le impedirá, si sigue así o si los rivales no se “apajaran” por completo, cumplir con el objetivo europeo. Lo peor para ellos es que la amplia mayoría de la masa social está convencida de que el único culpable del nuevo fracaso de su equipo fue el árbitro; así, sin autocrítica ni nada, lo tendrán difícil para salir adelante porque su calendario de la recta final, aunque no incluya al Barça y al Madrid como sí le ocurre al Betis, no es nada fácil. Leer el resto de la entrada »

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Urge usar ya la tecnología en el fútbol


Minuto 34 del partido entre el Betis y el Málaga, celebrado el pasado domingo en el estadio Benito Villamarín. Los verdiblancos, que ganan por 2-0, disponen de un penalti a favor, que se dispone a lanzar Jorge Molina, ante Willy Caballero. El lanzamiento del delantero bético bota entre 30 y 50 centímetros dentro de la portería después de dar en el larguero, pero ni el colegiado ni su asistente conceden el que debía haber sido el tercer gol de los de Pepe Mel. Un claro ejemplo más de la conveniencia de aplicar lo antes posible la tecnología en el balompié, no para cualquier cosa, sino para acabar con la controversia en acciones de este tipo.

El penalti de Jorge Molina entró, y además por mucho

Los goles “fantasmas” existen desde los comienzos de la historia del fútbol, y continuarán existiendo. En España todos recordamos el célebre “gol de Michel” ante Brasil en el Mundial México 86; pero sin duda el gol “fantasma” más famoso, por su trascendencia, sigue siendo el del inglés Geoffrey Hurst en la final del Mundial de Inglaterra 66 frente a la República Federal de Alemania, que decantó el título hacia el equipo anfitrión.

El gol que no entró de Hurst, en el Mundial 66

Cuarenta y cuatro años más tarde, la historia compensó a los alemanes al “permitir” que el colegiado de turno no viera el gol de Lampard en los octavos de final de Sudáfrica 2010. La vaselina del centrocampista de Inglaterra traspasó como dos metros la línea de gol; cierto es que Alemania ganó claramente por 4-1, pero esa acción habría supuesto el momentáneo empate a dos, con lo que todo podía haber cambiado. Y hace menos de un año, en el Ucrania-Inglaterra de la última Eurocopa (0-1), el juez de área se “tragó” un tanto de los ucranianos al no ver cómo el defensa inglés sacaba el balón -ligeramente, eso sí- por detrás de la línea.

Y el que claramente entró pero no se concedió de Lampard, en Sudáfrica 2010

Siendo garrafales estos fallos ya comentados, lo de Heliópolis, en cambio, me parece más grave. No por su trascendencia, ya que el Betis-Málaga al fin y al cabo terminó 3-0 -aunque, ojo, que con el 4-0 se habría igualado el “average” particular entre dos equipos que podrían estar peleando por posición al final de la liga-; sino porque si un asistente ubicado en la mismísima línea de fondo no es capaz de ver ese gol, apaga y vámonos. Y si no estaba atento, directamente sería de durísima sanción arbitral, para mí. Imaginemos, por ejemplo, que se decidiera un título o, peor aún, un descenso, ni tan siquiera por anular un gol; sino directamente por no darlo habiendo entrado la pelota de forma tan clara.

Por fortuna, la FIFA se está atreviendo a dar los primeros pasos con la aplicación, a modo de prueba, del “Ojo del Halcón” tanto en el último Mundial de Clubes como en la próxima Copa Confederaciones; no es que vaya a resultar un éxito inmediato, pero algo es algo. Pepe Mel decía tras el partido del domingo, con toda la razón del mundo, que no importa perder 30 segundos si, tras consultar un monitor de televisión, se acaba con la duda en los goles “fantasmas”. FIFA parece estar dispuesta a hallar la solución; sólo falta ahora que Platini -es decir, la UEFA- se deje de historias como la de los jueces de área y se decida, de una vez, a seguir estos pasos.

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A “echarla al césped” y trabajar con la tranquilidad merecidamente ganada


El Betis lleva tres partidos sin ganar en la liga, sumando tan sólo un punto de nueve en lo que llevamos de segunda vuelta, merced al empate frente al Athletic, y las dos derrotas consecutivas en dos feudos complicados como Vallecas y el Vicente Calderón. Además, ganó a Las Palmas en Copa con muchos apuros, y recientemente quedó eliminado frente al Atlético de Madrid. Queda claro que el bache, tan lógico como esperado en un equipo que no goza de las excelencias de Barça o Madrid, ha llegado a Villa Heliópolis.

Rubén Castro, como ante el "colchonero" Godín en la foto, parece estar dando un tropezón. Se recuperará, a buen seguro, como todo el Betis.A partir de ahí, no es momento sino de relativizar las cosas, y echarle al asunto un poquito de optimismo razonado, entre tanto pesimismo que parece que se está despertando entre la Sevilla bética, a tenor de ciertas informaciones, crónicas y artículos que están apareciendo en las últimas horas en los diversos medios de comunicación locales.

En primer lugar, en pocas fechas va a quedar mitigado el principal mal de este bajón, o al menos uno de ellos: la cortedad de la plantilla merced, fundamentalmente, a las lesiones sufridas por varios jugadores importantes. Para empezar, Paulao ya está listo para ser utilizado cuando Pepe Mel lo estime oportuno; mientras que en breve los zurdos Juan Carlos y Álex Martínez -dos de los mejores hombres en la primera vuelta- comenzarán a trabajar de nuevo con el grupo, superadas sus respectivas lesiones. Además, la próxima semana Nosa regresará de la Copa de África, con lo que Mel dispondrá de un miembro más en el medio campo, por mucho que el nigeriano hasta ahora no haya dado lo que se espera de él.

Y después, está la tranquilidad que, al menos quien firma este artículo, le ha dejado el partido del domingo en el feudo colchonero. Que sí, que se perdió; que sí, que los dos principales puntales -Beñat y Rubén Castro- están atravesando ahora una cierta crisis -no son dioses, lo recordamos-; que sí, que el juego ofensivo no fue especialmente brillante, ni mucho menos. Pero, a diferencia del día del Rayo, el Betis le echó casta, ganas y mucho esfuerzo, por mucho que ciertos periódicos y radios se empeñen en lo contrario.

Hasta el punto de que el único equipo que le está medio plantando cara en esta liga al grandísimo Barça tan sólo fue capaz de derrotarle en un córner, costándole dios y ayuda crearle ocasiones de gol a Adrián -que no se está viniendo abajo, Santi Ortega, por mucho que te empeñes en meterle presión-. Es decir, el Betis perdió ante el Atlético exactamente por la misma diferencia que su renovadísimo, intensísimo y ahora ilusionantísimo vecino de Nervión, tres días antes en la Copa.

El apocalipsis vaticinado por mis compañeros de mundillo, pues, creo que está lejos de hacerse realidad, al menos a 5 de febrero de 2013. Porque estoy absolutamente convencido de que Beñat recuperará más pronto que tarde su mejor tono físico -y, consecuentemente, su toque y clarividencia-; Rubén Castro volverá a ser el goleador de moda en el fútbol español; y Adrián, además de renovar, mantendrá el excelente nivel mostrado en la mayoría de partidos de esta temporada, incluso en alguno de los de este período repleto, según dicen, de fallos garrafales. Que se lo pregunten al Athletic, por ejemplo. Con ellos, con los Juan Carlos, Álex o, por qué no decirlo, el recién incorporado Pabón, el Betis no llegará a los 34 puntos de la primera vuelta, pero sí completará una buena segunda mitad de temporada.

Ah, y no lo olvidemos: con toda esta catástrofe que ahora mismo está viviendo, el Betis sigue quinto -es decir, en puestos europeos-, con la “zona Champions” a tiro de un punto -oficialmente, ahora mismo sigue en ella por mor de la sanción al Málaga-, y con el descenso nada menos que a quince. Así que por el sur de la ciudad lo único que tienen que hacer es echarla al suelo, y ponerse a jugar; metafórica y literalmente. O, lo que es lo mismo, a trabajar con tranquilidad y con la seguridad absoluta de que, si Mel y los suyos no se vuelven locos, los buenos días regresarán mucho antes de lo que los diversos soportes de información y opinión de la capital andaluza vaticinan, con sus análisis injustificadamente alarmistas, por dedicarles un calificativo moderado y alejado del forofismo que, en ocasiones, muestran más de uno y más de dos. El Valladolid, el próximo lunes, debe ser la primera “víctima” de esta pronosticada -y prevista- recuperación.

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“Fiebre de fútbol”: la historia animada de la Copa del Mundo


Cuando hablamos en España de series animadas sobre fútbol, el imaginario popular -sobre todo de aquellos que éramos niños a finales de los 80 y principios de los 90- piensa siempre en las mismas: Campeones/Oliver y Benji (Capitán Tsubasa), con sus variantes Supercampeones y Campeones: Hacia el Mundial; Supergol; Goleadores… todas ellas emitidas en los tiempos en los que Telecinco ofrecía otro tipo de programación al margen de la “telebasura”.

Pero en aquel período dorado para el público infantil -por la cantidad de horas dedicadas en todas y cada una de las emisoras de televisión- en el que se produjo el primer desembarco casi masivo de series japonesas o “animes”, también surgió otro título bastante menos conocido, pero que asimismo merece ser recordado por su particularidad.

Hablo de una co-producción italo-nipona-norteamericana llamada FIEBRE DE FÚTBOL (SOCCER FEVER en inglés o I RAGAZZI DEL MUNDIAL en italiano), emitida en España, que yo sepa, en Canal Sur y Canal Sur 2, la televisión autonómica andaluza. Una serie producida en 1994, justo antes del Campeonato del Mundo que iba a celebrarse en Estados Unidos, y en la que se nos cuenta la historia de los mundiales a través de las aventuras de un veterano periodista inglés, Brian Thompson.

Cabecera de la serie (en italiano).

La sinopsis es la siguiente: faltan pocas semanas para el inicio del mundial, y en Nueva York el periodista deportivo Jim Ackerman -ahora dueño de su propio periódico y cabeza visible de una megaempresa familiar- está preocupado por el poco interés que el fútbol sigue despertando entre sus compatriotas norteamericanos. Entonces, decide recurrir a Thompson, el único informador que ha vivido “in situ” todas las ediciones de la Copa del Mundo desde 1930 y colega suyo en muchas de ellas, para que la escriba una serie de artículos sobre la historia del torneo.

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Thompson, ya con más de 80 años, jubilado y viviendo tranquilamente en su casa inglesa con su nieta Kim; Jack, el marido de ésta; sus bisnietos Tim y Alice y su perra Dick 24ª -descendiente de toda una saga de canes, machos y hembras, del mismo nombre-, declina en principio la propuesta de su amigo; pero presionado tanto por éste -que va a visitarle personalmente en su helicóptero personal- como por sus bisnietos y los amigos de éstos -que forman un equipo de fútbol entrenado por él-, termina aceptando.

Abuelo -o

A partir de aquí, Thompson aprovecha cualquier circunstancia y momento para contar historias particulares de su vida, siempre con el trasfondo de algunos de los más importantes partidos de los mundiales, desde la primera edición, la de Uruguay 1930; artículos redactados con la ayuda de los niños y enviados a la oficina postal a través de su mascota. Y no sólo narra vivencias en los mundiales, sino también en otros acontecimientos deportivos como los célebres JJOO de Berlín 1936; o históricos, como la II Guerra Mundial; Siempre con la compañía de sus amigos periodistas Archie Dunaway (Inglaterra); Mario Casatti (Italia); Jean Rivière (Francia); Fritz Grubber (Alemania, quien hasta le perdona la vida en el segundo conflicto bélico) y Arnold Baker (Escocia) -además de Ackerman-; de sus perros Dick -desde el que inaugura la saga-; e incluso puntualmente junto a su esposa Mary, su hija Susan y Kim, su nieta, respectivamente. Así hasta que su familia le regala, en el último capítulo de los 52 que componen la serie, un viaje a Estados Unidos para asistir a una nueva fase final mundialista.

Imagen de una de las dos primeras ediciones que ganó Italia (1934 ó 1938).

La serie no es la mejor del mundo, ni mucho menos; en ella pueden descubrirse algunos fallos e incoherencias, relacionados sobre todo con determinados hechos y fechas; y también con el estatus de celebridad internacional que se le otorga a Thompson -ya quisiéramos los periodistas…-, lo que hace que éste sea amigo personal de la mayoría de “leyendas” de la competición: Pelé, Maradona, Beckenbauer, Zoff, Rossi, Leónidas, Ademir, Schiaffino, Ghiggia… hasta del mítico portero español Ricardo Zamora, a quien se le dedica un capítulo previo a la edición de 1934. Pero lo primero ocurre de manera muy puntual; y lo demás son licencias más o menos permisibles.

Y lo mejor de todo es que Fiebre de fútbol es una serie sumamente entretenida, “blanca” en todos los aspectos -es decir, propia y adecuada absolutamente para el público al que se dirige, a diferencia de otras producciones niponas-, y que permite a los niños un primer contacto con un capítulo tan significativo en el mundo del deporte en general y del fútbol en particular, como la historia de los Mundiales.

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Un 2012 muy positivo en Villa Heliópolis


Se cierra un año que ha resultado ser tremendamente bueno para el Betis. A pesar de la última y sorprendente derrota en casa ante el Mallorca -en la que, como bien sabemos, además de la tradicional faceta de “Currobetis” tuvo bastante que ver el ¿considerado? como “mejor árbitro de España”, Undiano Mallenco-, el equipo heliopolitano despide 2012 en unos más que merecidos puestos europeos; además de haber sido el quinto mejor conjunto en puntuación a lo largo de los doce meses.

Los goles de Beñat en el derbi del pasado mes de mayo sin duda constituyeron la noticia más feliz de 2012 para los béticos.Y no se puede decir que Pepe Mel y los suyos lo hayan tenido fácil, ni que vayan a disfrutar de un camino de rosas en el futuro. Las limitaciones económicas de un club que, gracias al plan de viabilidad firmado en el verano, está consiguiendo limar poco a poco su deuda, hace que les esté costando bastante poder mantener a algunos de sus mejores valores, casos de Beñat, Cañas y el portero Adrián, una de las revelaciones de la temporada. Por no hablar de la noticia trágica del año: el fallecimiento de Miki Roqué, un duro golpe en el aspecto humano.

Es por ello por lo que todo esto que está consiguiendo el Betis tiene más mérito aún. Con la clase de Beñat, nuevo internacional con España, y los goles de Rubén Castro -20 en todo el año, máximo goleador nacional de la liga española en 2012- como aspectos más destacados, los verdiblancos se han constituido en uno de los equipos más atractivos de la liga gracias a un fútbol eminentemente vistoso de enero a junio; y algo más práctico en los últimos meses del año, pero también más eficaz aún.

La "cresta" de Rubén Castro apareció, en liga, un total de 20 veces en 2012.La afición espera ahora que se mantenga el nivel en el año 2013 que está a punto de entrar; aunque no va a ser sencillo. Si en verano no se consiguió retener a Iriney por sus altas pretensiones, lo mismo está a punto de suceder con los antes mentados Cañas y Adrián. Aunque con los canteranos se podría intentar recurrir a su corazón verdiblanco, lo cierto es que las últimas noticias dejan entrever que, al igual que el ex capitán brasileño del Betis, podrían terminar prevaleciendo las cuantiosísimas ofertas que, según sus señores representantes, les están llegando de otros lares, allende nuestras fronteras.

Será un aspecto en el que Bosch, Guillén y compañía deberán seguir trabajando, pero que si las negociaciones no llegan a buen puerto se deberá asumir, y punto. Aunque fastidie. Como también si algún club se decide a venir en el verano con una jugosa oferta por Beñat, que entrará en su último año. Por ahora, sigamos disfrutando de ellos, y esperando que se consoliden los Vadillo y compañía, que Jorge Molina siga aprovechando los minutos que tiene desde el banquillo, y que Rubén Castro siga con su habitual acierto, y sin problemas físicos.

Si se dan todos estos condicionantes, los béticos pueden confiar de lleno en que su equipo, entre o no en Europa, acabará firmando una gran campaña, y tendrá algo más sencillo continuar creciendo quién sabe hasta dónde. Con o sin Beñat, Cañas o Adrián… aunque con ellos, si siguen manteniendo su rendimiento actual, qué duda cabe que la empresa sería un poco más factible. Por ello, desde este humilde espacio brindamos por un año 2013 igual o mejor para el Betis que el 2012 que vamos a dejar atrás.

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Betis: ahora a no bajar el pistón


El Betis ha salido muy reforzado del llamado “Tourmalet” de la liga, el doble enfrentamiento ante los dos grandes del fútbol español. Tras derrotar al Madrid y vencer en Riazor, el gran partido hecho el pasado domingo ante el Barça de los récords -en Diario Siglo XXI homenajeo al monstruo Messi por su sideral récord de goles en un año-, pese a perder por 1-2, confirma al equipo de Pepe Mel como uno de los mejores de la competición -siempre en un segundo escalón-, con quince jornadas disputadas.

Mucho más que la derrota por la mínima merecieron los verdiblancos, que pagaron sobremanera los aproximadamente 20 minutos de obnubilación sufridos entre el primer gol del genio de Rosario y la reestructuración general con la entrada de Vadillo. El enorme segundo tiempo realizado -continuación de un gran tramo final del primero- redime por completo a los jugadores béticos pese a no sacar punto alguno, porque los 25 acumulados les mantienen en puestos europeos y, lo que es más importante, lejísimos del descenso.

Pero, por seguir con el símil ciclista, después de pasar la correspondiente pancarta del “Gran Premio de la Montaña” hay que afrontar el “descenso”, a modo de tres duelos aparentemente mucho más asequibles hasta final de año, como son el de Las Palmas de copa -ida de octavos de final-, y los de Balaídos y Villamarín -ante el Mallorca– en liga. Y ahí es donde Pepe Mel deberá poner toda la carne en el asador para concienciar a sus hombres, una vez más, de que si no se mantiene la intensidad y la concentración es muy fácil salirse de la carretera e incluso despeñarse, al tomar mal una curva.

No voy a reincidir en la histórica condición de “Currobetis” -que ya se puso de manifiesto durante dos jornadas tras sumar, no hace tanto, 9 puntos de 12-; sino que esta vez tomaremos el ejemplo de lo que le ocurrió al vecino después de salir del mismo tramo. Porque tras someter al Madrid en el Pizjuán, ganar solventemente en Riazor y acogotar al Barcelona durante gran parte del partido, el Sevilla entró en un período negro del que todavía no ha salido, excepción del oasis del derbi.

Cierto es que los sevillistas, entonces, perdieron mucho tiempo y gastaron muchas energías quejándose en vano de cierto presunto “robo” arbitral; pero valga esto por la complacencia en la que -esperemos que no- podría volver a caer el Betis si se duerme en los laureles por tanto -merecidísimo- elogio. Mel lo sabe; y por ello no escatimará esfuerzos para hacer descender de nuevo a la tierra a sus muchachos, y para mantenerlos activos y dispuestos a seguir mordiendo, comenzando por la cita copera de pasado mañana (22:00, Canal Plus Liga/Gol Televisión) en el Estadio de Gran Canaria. Amén.

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El Betis, dos semanas después del derbi


Quién le iba a decir a los aficionados béticos que, después de haber sufrido y padecido la mayor vergüenza de los últimos setenta años, ahora iban a estar disfrutando del mejor momento de su equipo desde la histórica temporada 2004-2005.

Parece que los cinco goles encajados en el Sánchez-Pizjuán -y las posteriores represalias de la hinchada por la manera en la que afrontaron el partido- han activado el orgullo de unos jugadores que, desde entonces, se han vuelto a poner las pilas. Y de qué forma: sonado triunfo sobre todo un Real Madrid; eliminatoria de Copa remontada y superada con la solvencia de los mejores; y valioso triunfo ayer en Riazor (2-3) que le aúpa a la cuarta plaza y, lo que es más importante a estas alturas, le permite alcanzar los 25 puntos en tal sólo 14 jornadas.

Lo mejor del encuentro contra el Deportivo es que, aun repitiendo los errores de ésta y la anterior campaña -otra vez se “dejó” igualar una renta de dos goles o más- el Betis, como por ejemplo también ocurrió en San Mamés durante la primera jornada, no se vino abajo y continuó teniendo la calma y la pegada necesarias como para mantener sus opciones de ganar. Y así es mucho más fácil seguir sumando puntos. Leer el resto de la entrada »

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