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Reseña de ‘Biblioteca Studio Ghibli: El viaje de Chihiro’


Una auténtica joya, con la que se inicia un proyecto ilusionante, a la vez que necesario para la bibliografía en nuestro idioma sobre cine de animación.

La editorial sevillana HÉROES DE PAPEL nos presenta el primer volumen de su nueva colección de monográficos dedicados a STUDIO GHIBLI; una serie que nos dará a conocer los pormenores de todos los largometrajes realizados por Hayao Miyazaki, Isao Takahata y el resto de cineastas y animadores que, junto con estos dos grandes maestros, han colaborado para hacer de Ghibli uno de los mejores y más afamados estudios de elaboración y producción de cine animado.

Y qué mejor manera de comenzar esta andadura hablando de la que no es sino, al mismo tiempo, una de las mejores películas de animación de siempre, y una de los más grandes largometrajes de toda la historia del cine japonés: EL VIAJE DE CHIHIRO, la embaucadora fábula surgida dentro de la mente de Miyazaki que, entre otros galardones, se hizo con el Óscar a la Mejor Película de animación en 2002, así como el Oso de Oro a la Mejor Película en el Festival Internacional de Cine de Berlín ese mismo año.

Para ello Héroes de Papel pone esta historia, la obra maestra de Studio Ghibli, en las manos de MARTA GARCÍA VILLAR, joven filóloga hispánica y escritora malagueña, coautora junto a Álvaro López Martín de Mi vecino Miyazaki y Antes de Mi vecino Miyazaki –para Diábolo Ediciones-, y alguien que, con todo merecimiento, se está haciendo –si es que no se ha hecho ya- un nombre dentro de la literatura ensayística sobre animación nipona. Leer el resto de la entrada »

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La materialización vital de los sueños


CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: EL VIENTO SE LEVANTA
DIRECTOR Y GUIONISTA: Hayao Miyazaki
MÚSICA: Joe Hisaishi
PRODUCCIÓN: Toshio Suzuki / Studio Ghibli
GÉNERO: Anime / Drama
NACIONALIDAD: Japonesa
DURACIÓN: 126 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * * (sobre 5)

Se despide -o eso asegura, al menos- HAYAO MIYAZAKI, el gran maestro de la animación al estilo japonés y, sin duda, uno de los más grandes de todos los tiempos. Y lo hace -poniendo fin a más de tres décadas de grandes obras maestras desde que colaborara estrechamente en la creación de Heidi– a lo grande, con una creación que para algunos es su mejor película -yo lo considero un tanto atrevido, analizando su trayectoria- pero que, en tal caso, es indudable que te termina llegando al corazón desde el primer fotograma.

EL VIENTO SE LEVANTA no es sino un canto a la vida a través de la materialización de los sueños, o el intento de esto último. Los sueños del joven Jiro Horikoshi, el ingeniero aeronáutico japonés, responsable máximo del diseño de muchos de los cazas de combate nipones durante la Segunda Guerra Mundial, y en cuya historia se basa el argumento de la película. Los sueños propios, también, de un Miyazaki que anhelaba convertirse en aviador antes de llegar a convertirse en uno de los iconos del cine animado. Y los sueños, por qué no decirlo, de todos y cada uno de quienes nos sentamos en nuestras respectivas butacas para disfrutar de la presentación del último apartado correspondiente a un legado, el de “don Hayao”, difícilmente igualable.

Partiendo de un verso de Paul ValeryEl viento se levanta… ¡Hay que intentar vivir!, Miyazaki y “su” Studio Ghibli nos presentan quizás su fábula más realista. Alejada de la complejidad argumental de obras como El viaje de Chihiro o El castillo ambulante, El viento se levanta se ubica dentro de una época convulsa y un tanto oscura en la historia de Japón, el período de entreguerras en el que la ambición por situarse a la vanguardia de la tecnología del momento contrastaba con la pobreza que asolaba a gran parte del país merced a las consecuencias de los diversos conflictos armados, y a los desastres naturales.

Y es precisamente ese entorno con el que Miyazaki -más Joe Hisaishi y con su excelsa y preciosa banda sonora– vuelve a hacer gala de su magisterio a la hora de tejer el hilo argumental, su inigualable calidad como narrador cuyo resultado vuelve a ser emocionante y conmovedor. Y, pese al “exceso” de realismo latente, sin perder en ningún momento su sello. Ese toque maestro para mezclar como nadie la magia y fantasía de los sueños con la -a veces muy dura- realidad; y también ese toque romántico que siempre le ha caracterizado para elaborar la bonita -y, a su vez, dramática- historia de amor entre Jiro y Nahoko, la jovencita a la que él salva la vida tras un terremoto y que, años más tarde, se convertiría en su gran impulso vital.

Todo ello mostrado a través de la extraordinaria calidad de imagen que es habitual dentro del Studio Ghibli. Una forma de hacer animación en la que el diseño de personajes y objetos se combina con la excelente profusión de colores para hacernos ver que, aunque la vida nos trate mal, siempre hay que intentar seguir adelante, continuar ahondando en la búsqueda y la materialización de nuestros sueños. En definitiva, seguir viviendo, seguir “volando”… mientras el viento se levante.

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El “emperador de la animación” en el Sol Naciente


El pasado 1 de septiembre de 2013 nos dejó, profesionalmente hablando, HAYAO MIYAZAKI, uno de los mayores genios de la animación mundial. En el crepúsculo de la temporada estival, el afamado director y productor japonés anunció oficialmente su retirada, a sus 72 años -el próximo domingo cumplirá 73-, dejando un profundo legado que, aunque la producción de “manga” –cómics- y “anime” –películas- continúa siendo amplísima, sin duda será muy difícil de igualar.

Miyazaki, con el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia, ganado por "El castillo ambulante"No me las voy a dar de listo y decir que yo, buen aficionado a la animación procedente del país nipón, siempre he sido un gran admirador de Miyazaki y de su obra, la cual venía siguiendo desde que era un niño, porque ni mucho menos es así. O sí, en cierto modo; aunque yo no lo sabía. En breve me explicaré.

Todo comenzó cuando este pasado verano, por pura casualidad y por los avatares del destino, fui a ver al Cicus –Centro de Iniciativas Culturales de la Universidad de Sevilla-, en buena compañía, una de las grandes joyas del cine japonés, El viaje de Chihiro. Me lo propusieron y yo, por la curiosidad que me confería su extraordinario éxito de público y crítica, acepté a pesar de que hubo quien me comentó que era una “puñetera paranoia”.

En efecto, quienes lo afirmaban tenían toda la razón. Una “puñetera paranoia”, pero perfectamente producida, contada y narrada; en definitiva, una verdadera obra maestra. Y así se lo hice ver a quienes venían conmigo, y también a quienes se sumaron posteriormente, después de la sesión. Tanto que, al día siguiente, me puse a investigar un poco en internet para saber algo más de ese tal Hayao Miyazaki del que antes escasamente había oído campanas.

"El viaje de Chihiro", su obra más completa y más reconocidaY fue entonces cuando descubrí que, sin tener ni idea, le conocía bastante más de lo que yo creía. Porque Miyazaki, por ejemplo, colaboró estrechamente durante los años setenta en series que han marcado la infancia de los que tenemos ya más de treinta, como Heidi o Marco; y también en otro clásico como Ana de las tejas verdes. Y luego, en los ochenta, justo antes de fundar junto a su colega Isao Takahata su ya mítico Studio Ghibli, dirigió los que sin duda son los mejores capítulos de otro “anime” mítico, como Sherlock Holmes.

Con este aval, con la experiencia de Chihiro y bien asesorado por gente “experta”, poco a poco me fui animando a conocer mejor la parte más sobresaliente de la producción en largometrajes de Miyazaki: La princesa Mononoke, El castillo ambulante y la última, de 2008, Ponyo en el acantilado.

Y ellas, como en Chihiro, se puede observar nítidamente el “sello Miyazaki”: surrealismo bien entendido, combinado con grandes dosis de magia, ternura, aventuras –con la naturaleza como protagonista- y mensajes antibelicistas perfectamente expresados. Incluso la casa Disney se inspiró en la parte final de La princesa Mononoke para crear la última historia de Fantasía 2000, la musicalizada por el Pájaro de fuego, de Stravinski.

Obras, a pesar de ser de dibujos animados, ni mucho menos destinadas en exclusividad para los más pequeños –a excepción de Ponyo, una particular versión del cuento de La sirenita-; y películas convenientemente reconocidas en los diferentes festivales y certámenes cinematográficos: Óscar a la mejor película animada y Oso de Oro del Festival Internacional de Berlín en 2002 para El viaje de Chihiro; León de Oro del Festival Internacional de Venecia y nominación al Óscar a la mejor película animada en 2005 para El castillo ambulante. Además de un reconocimiento a toda su carrera en 2002, durante la celebración del evento italiano.

Estaba claro que un seguidor de la producción animada nipona desde que comenzara a ver Mazinger Z, como lo soy yo, debía dedicarle unas líneas a quien, indiscutiblemente, ha marcado una época en este campo; especialmente cuando, salvo que se lo piense, ya no le veremos más.

Hasta ahora no había encontrado ni el momento, ni la inspiración; pero creo que esta es una excelente forma de iniciar el año en este espacio que, últimamente, reconozco que tenía un poco olvidado. El “emperador de la animación” en el Sol Naciente, el señor Miyazaki, don Hayao, sin duda así lo merece.

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