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Kubrick, Malcom McDowell y Beethoven, juntos en una sala de cine: un verdadero placer

CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: La naranja mecánica
DIRECTOR: Stanley Kubrick
GUIÓN: Stanley Kubrick y Anthony Burgess
REPARTO: Malcom McDowell, Patrick Magee, Michael Bates, Warren Clarke y John Clive, entre otros
GÉNERO: Drama
NACIONALIDAD: Gran Bretaña/USA (1971)
DURACIÓN: 136 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * * (Sobre 5)
CINE: Avenida 5 Cines (Sevilla). Versión Original Inglesa subtitulada en español.

Cartel de la película No va a ser ésta una crítica como las demás; no puede serlo de ninguna de las maneras. En primer lugar no voy a proceder a escribir unas líneas a modo de sinopsis porque La naranja mecánica no necesita presentación; y en segundo lugar apenas si voy a decir nada en sí sobre la película porque se han escrito ya tantas y tantas líneas desde que se estrenó hace casi cuarenta años que corro el riesgo de dar a entender, erróneamente, que he descubierto la pólvora.

Sólo me gustaría darle las gracias a Unión Cine Ciudad y al Avenida 5 Cines -tal y como hace algunos años se la di al Alameda por traer al inigualable e inimitable Sir Charles Chaplin- por haber tenido el detalle de recuperar la que tal vez sea la obra maestra de Sir Stanley Kubrick -de entre las varias que tiene el cineasta británico que perfectamente podrían ser así consideradas- para el público sevillano; y también expresar mi enorme satisfacción por haber podido ver en pantalla grande, por fin, una de las películas que más me ha impactado y más me ha fascinado desde que la vi por primera vez, en el instituto -clase de Ética-, allá por 1996.

Porque para mí ha sido un enorme placer poder contemplar “como Dios manda” esta muy notable adaptación de la novela escrita en 1962 por Anthony Burgess -curiosamente el propio Burgess ni mucho menos la ubica entre sus mejores obras-; una historia en cierto modo profética y muy controvertida que propició que se expresaran todo tipo de opiniones nada más estrenarse en 1971.

Álex y sus "drugos" caminan por la ribera Lógico por otra parte, dado que si algo tiene La naranja mecánica es que produce un sinfín de profundas reflexiones sobre todo lo que se cuenta y se advierte en la historia, desde la condenable ultraviolencia de Alex y sus “drugos” -con el uso de la llamada jerga “nadsat” creada por Burgess- hasta la no menos condenable manipulación que hace la política -tanto el gobierno como la oposición-, los cuales intentan tirar de forma despiadada y casi denunciable del protagonista hacia sus respectivos bandos según sus intereses, para intentar llegar o perpetrarse en el poder, al más puro estilo de Maquiavelo. Temas todos ellos de rabiosa actualidad en buena parte de los países del mundo; sin olvidarnos para nada de la controversia religiosa: la privación del libre albedrío, de la posibilidad de elección moral para el ser humano gracias al infernal “tratamiento Ludovico”.

El tratamiento Ludovico: "uno de los pacientes lo calificó como lo más parecido a la muerte", dijo el reverendo de la prisión. Un film extremadamente duro por momentos, sobre todo en lo psicológico; y un excelente trabajo -incluso cuando Kubrick se “come”, para satisfacer al público de Estados Unidos, el capítulo final de la novela- en el que sobresale por encima de todos Malcom McDowell, en la que sigue siendo la mejor interpretación de su vida profesional, sin discusión alguna.

Todo acompañado por esa bellísima y acertadísima banda sonora en la que destacan el tema central, compuesto por Wendy Carlos a partir de una pieza de finales del XVII; la mítica Novena Sinfonía de Ludwig Van Beethoven -segundo y, sobre todo, cuarto movimiento-; la Obertura de Guillermo Tell, de Gioacchino Rossini; y, por supuesto -aportación personal del propio McDowell-, el Singin´ in the Rain popularizado por Gene Kelly en Cantando bajo la lluvia.

En resumen, una magnífica oportunidad para los aficionados al cine de culto de disfrutar de Kubrick, McDowell y Beethoven en todo su esplendor; y también de reflexionar un poco sobre algunas de las cuestiones que, tal vez con algo menos de crudeza de lo que expresa la obra, afectan al mundo del siglo XXI en el que vivimos. Ello se lo debemos tanto a Unión Cine Ciudad como al cine Avenida. De todo corazón, muchas gracias.

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