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Tricampeonato más que merecido

Se acabó la lucha por el título de liga. Con el empate de ayer en el campo del Levante, el F.C. Barcelona se proclamó, a dos jornadas del final, matemáticamente campeón por tercer año consecutivo, sumando 21 ya en toda su historia. El tricampeonato del Barça desde que Pep Guardiola se sienta en el banquillo blaugrana no es una cuestión baladí ni tampoco algo que se deba pasar por alto puesto que tan sólo es la segunda vez que ocurre en los 112 años de vida de la entidad catalana, después del tetracampeonato entre 1991 y 1994, con Johann Cruyff en el banquillo… y Guardiola como cerebro.

En un final que recordó al de la liga 2004-2005, tras más de una hora de batalla tanto culés como “granotas” sacaron la bandera blanca, dado que el empate les venía bien a ambos. Los goles de Keita y de Caicedo habían adornado una primera parte ciertamente interesante, en la que el Barça intentó llegar a la meta rival, como siempre, a base de toque y de paciencia, mientras que el Levante nunca le perdió la cara.

Pero tras lo que pudo haber sido uno de los goles del año -por justicia divina y futbolística el jugadón de Messi mereció acabar en el fondo de la red y no en el palo-, todo se tranquilizó sobremanera hasta que el andaluz Paradas Romero pitó el final y dio paso al inicio de la fiesta azulgrana. No fue precisamente el final más lucido posible para una temporada en la que el Barça ha vuelto a enamorar con su fútbol, pero particularmente yo entiendo a sus profesionales.

Porque no hace falta ser demasiado listo para darse cuenta de que los culés han llegado al final con la reserva señalada en su depósito. Es lógico, porque pese al K.O. técnico asestado al Madrid en la liga, ha sido un año durísimo. Está siendo, mejor dicho, porque todavía queda la última traca, que no es otra que la final de la Liga de Campeones ante el United en Wembley. Plantilla corta -eso es lo que principalmente deben mirar Guardiola, Zubizarreta y Rosell de cara a la próxima temporada-; lesiones importantes; adversarios y ataques tanto deportivos como extradeportivos; poderío -y pujanza- cada vez mayor de la plantilla de su máximo rival; tensión suprema con los cuatro clásicos de hace poco… y todos los partidos posibles, porque el Barça está jugando todo lo que podía jugar con las finales de Copa y de Champions. Con todo eso, es fácilmente comprensible que los jugadores del Barça decidieran, de acuerdo mutuo con los levantinistas, “no jugar” los minutos finales de ayer.

Sería de una mezquindad total llegar a afear el título del Barça por eso, o por la falta de perfección de las últimas semanas. Las goleadas conseguidas -destacando, claro está, el 5-0 endosado en casa al Madrid- jornada sí jornada también, en una primera vuelta casi impecable, hicieron pensar que incluso podría caer el histórico récord de goles del Madrid de 1990, con 107.

Luego llegaron las lesiones de Puyol, Bojan y Maxwell; el tumor de Abidal; los problemas físicos puntuales de campeones del mundo como Xavi, Iniesta o Pedro; el acoso de los “paparazzi” por la relación entre Piqué y Shakira… y el llamado “rally de clásicos”, con toda la mierda que se echó encima durante aquellas escasas tres semanas. Ahí es donde Guardiola demostró no sólo su valía como técnico, sino su carácter. Primero, con la lesión de Puyol, fue capaz de reconvertir a un buen lateral como Abidal en un excelente central; luego, tras el desgraciado tumor del francés, hizo 3/4 de lo mismo con Mascherano. Posteriormente no tuvo reparos en darle el mando del equipo a Thiago Alcántara cuando más falta le hacía; y, por último, sacó en el momento justo las garras contra Mourinho y la prensa de Madrid cuando desde la capital ya todo pasaba de castaño oscuro. Sin despreciar a los demás, el técnico de Santpedor es, junto a Leo Messi -indiscutible mejor jugador de la liga, aunque el poderoso sprint final de C. Ronaldo le vaya a dejar sin ser el máximo goleador-, el blaugrana que más se ha merecido este título.

Aunque tampoco hay que olvidarse de los “Zipi y Zape” del Barça y de la selección española, Xavi e Iniesta; ni de Víctor Valdés, que va a ser por cuarta vez el portero menos goleado en la que probablemente está siendo la mejor temporada de su carrera. Son algunos de los nombres de una campaña que el Barça intentará cerrar con un magnífico sobresaliente el próximo día 28.

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Unas tablas -en todos los sentidos- que decidieron la liga

Bueno, pues ya se ha disputado el primero de los cuatro clásicos entre Barça y Madrid que tendremos en las próximas dos semanas y media: el de liga. Y la sensación inicial, como no podía ser de otra forma, es que, con el empate que se dio ayer en el Bernabéu (1-1), definitivamente ya se puede decir que los blaugrana, de forma virtual, han conseguido su tercera liga consecutiva, y su 21ª en total.

En un partido tremendamente igualado en su desarrollo, los penaltis transformados por Messi y C. Ronaldo -para los amantes de las estadísticas, primer gol que le hace el argentino a un equipo de Mourinho, y primer gol que le marca el portugués al Barça en siete enfrentamientos- hacen que el Barça mantenga los ocho puntos, más el “average”, a falta de seis jornadas para el final del campeonato.

A partir de ahí, dado que ambos equipos prácticamente se van a jugar entre ellos los dos títulos que restan, lo de anoche nos dejó varios aspectos a analizar, de cara sobre todo a la final de Copa del miércoles, que es el partido más próximo.

En primer lugar, no creo que el Madrid haya salido necesariamente reforzado, o al menos no más que su rival. Realmente, tanto unos como otros tienen motivos suficientes como para sentirse satisfechos con la igualada. El Barça salvó la, a priori, última salida realmente complicada que le restaba de aquí al final de temporada; mientras que el Madrid, con diez -Albiol se perderá la batalla copera de Mestalla-, pudo sobreponerse a la ventaja que los culés adquirieron con el penalti de Messi; si bien a mí me dio la sensación de que, tras adelantarse en el marcador, jugaron un poco a medio gas, a verlas venir.

En segundo lugar, que tanto Mourinho como Guardiola ni mucho menos “tiraron” el encuentro, pero sí se atrevieron a hacer alguna que otra probatura, para ver cuál era el resultado de la misma pensando en el futuro. Pep hizo reaparecer a Puyol, y el técnico madridista metió un “trivote” con Pepe, Khedira y Xabi Alonso, prescindiendo de Özil. Visto lo visto, se prevé que Guardiola repita con el capitán si las molestias que sufrió ayer se quedan sólo en eso; y que el llamado “Mou” por sus adeptos, a pesar de que el mayor empuje de su equipo llegó cuando cambió a doble pivote tras quitar a Xabi Alonso, le dé continuidad a la tripleta en el medio campo y se decida a introducir al turco-germano.

Y en tercer lugar, algo de lo que ya nos habíamos dado cuenta en las semanas anteriores: el Barça, sin Puyol y sin Busquets en el medio campo -es decir, de central junto a Piqué-, sufre más de lo que desearía. Mientras su capitán estuvo sobre el césped, el Barça pasó únicamente los apuros justitos, los que entran en el lote de cada equipo que visita el Bernabéu.

Pero, más aún que la entrada de Özil, fue irse Puyol por las molestias típicas de la inactividad -ojalá sólo sea eso- y bajar Sergio Busquets a la zona central de la defensa, y comenzar el asedio blanco. Como ya hemos hablado más de una vez de la sensible merma que supone para la defensa azulgrana la ausencia del carácter del ilerdense, nos centraremos un poco más en el asunto del medio defensivo.

Con mis respetos hacia Keita, el malí tiene muchas virtudes, pero una de ellas no es la de imponer el orden y concierto necesarios en estas situaciones. La labor de Busquets se antoja imprescindible para tener el balón y para que, así, el Madrid tenga menos opciones de poner en práctica su juego directo, mucho más dañino para el Barça si tenemos en cuenta que los delanteros catalanes, salvo Messi, continúan con la pólvora mojada.

Por ello, si Puyol no estuviera en disposición de saltar al campo, lo normal sería que Guardiola, que ya no confía en Milito, tirara el miércoles de Mascherano -que anoche estaba sancionado- como “parche” para la zaga. Si no, lo lógico sería que el Madrid les causara muchos más problemas con Busquets y Piqué como pareja de centrales. Anoche se vio.

Postdata primera: Si la actuación de Muñiz Fernández hubiese sido justo a la inversa, en la mal llamada “prensa deportiva nacional” poco menos que habría ardido Troya.

Postdata segunda: Muy mal Messi pegando el patadón que dio a la pelota y que impactó con el público de las primeras filas del Bernabéu; algo realmente impropio de él. Aunque, señores de la “prensa deportiva nacional”, la intención de Leo no era darle al respetable, sino a las vallas. Eso sí, a ver si aprende para la próxima que una acción así puede llegar a hacer bastante daño.

Y postdata tercera: Mourinho, te aplaudo por pagarle con la misma moneda a quienes el sábado le hicieron un feo enorme a Karanka abandonando la sala de prensa; pero tu discurso victimista arbitral ya cansa.

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Ahora sí que sí, la liga se acabó

Hablo, naturalmente, de la lucha por el título. Porque, después de lo que ha pasado esta noche, pese a que todavía restan ocho jornadas para el final del campeonato, sólo un necio se atrevería a decir que el primer puesto todavía está en disputa. Los ocho puntos que el Barça ya le saca al Madrid, récord entre ambos equipos desde hace más de dos años, así me hacen pensar.

Dejémonos, pues, de zarandajas, y no sólo por la cuestión puramente estadística sino por las sensaciones que transmiten unos y otros. Porque mientras que el Madrid hoy ha recibido un golpe descomunal, el Barça, con rotaciones tanto obligadas como voluntarias, ha vuelto a salir victorioso de El Madrigal, otro de los campos ciertamente complicados de la geografía nacional y el último de los equipos teóricamente fuertes que le faltaba por visitar, a excepción del Bernabéu.

Paradojas del destino, hoy Mourinho ha terminado de recoger las tempestades provocadas por los vientos que él mismo sembró allá por los inicios del campeonato, cuando insinuó que los rivales del Barça poco menos que se dejaban perder cuando iban al Camp Nou, empezando por el Sporting, que era quien en aquel momento debía visitar el estadio barcelonista.

A buen seguro que Manolo Preciado, aunque por elegancia no vaya a decirlo jamás, se acostará hoy con el dulce sabor de la venganza en su paladar. Y no sólo por la victoria en el coliseo capitalino, la primera que un equipo de Mourinho recibe como local en liga en nueve años, sino también por el hecho de que hasta seis jugadores de los que salieron en el Camp Nou -a los que hay que unir al autor del gol, De las Cuevas, que hoy ha entrado en el segundo tiempo- han jugado el partido de hoy casi completo.

El argumento de las bajas -que es cierto que el Madrid las tenía- no es suficiente, porque con el equipo que ha sacado hoy, el equipo “merengue” tenía más que de sobra como para, al menos, haber encerrado a su rival tal y como lo hizo en los quince minutos que faltaban para el final tras el tanto gijonés. ¿A qué se dedicaron los que hoy vestían de blanco hasta entonces? No lo sé; lo que sí sé es que unos “currantes” como Preciado y sus chicos les han dado tanto a los jugadores como al propio Mourinho -y también a la prensa afín- toda una lección, principalmente de humildad.

Y para colmo de males de la entidad sita en Concha Espina el Villarreal, ese “Submarino Amarillo 2” en el que confiaba el madridismo para activar el “cagómetro” culé -que diría ese “maestro” del periodismo objetivo que es Tomás Guasch-, no sólo no ha podido aliviar su drama sino que también ha terminado siendo víctima del que va a ser tricampeón de liga. Y con rotaciones, que también el Barça andaba algo corto de sus principales efectivos.

¿Que falta mucha gente en la parcela defensiva? Allá está Busquets, a quien da relevo Mascherano. ¿Que falta Xavi? Alternativa para Thiago. ¿Que Pedro está lesionado, y Bojan y Messi tocados? Minutos para Keita y Afellay; así de claro.

Y de esta forma, salvo un primer tercio en el que Rossi y Marco Ruben estuvieron a punto de aprovechar la poca conjunción de la zaga blaugrana, los de Guardiola han controlado el partido en el feudo del cuarto de la liga a su antojo. Con menos pólvora arriba, sí, pero a su antojo. Piqué, en la segunda parte, se ha encargado, tras parar el balón con el pecho -sí, con el pecho- de darle un definitivo jaque mate a la pelea por el título, por mucho que todavía falte el clásico del Bernabéu.

El Madrid, mientras tanto, ha perdido hoy de golpe toda la ventaja psicológica que recuperó hace un par de días por la estulticia -esperemos que sólo puntual- de Sandro Rosell; ya saben, porras públicas de 5-0 y demás. Al megaproyecto de Florentino Pérez y Mourinho todavía le quedan dos títulos por los que pelear, y para los que cuentan, numéricamente hablando, con todas las opciones del mundo.

Ganarlos, sobre todo la Champions, les salvaría con creces la temporada; pero por desgracia para ellos, si quieren lograr tal hazaña deberán pasar -salvo que el Shakhtar les haga el favor del año- por encima del mismo Barça que va a privar al madridismo, por tercer año consecutivo, de poder conquistar la liga. El doblete Copa-Champions para el Madrid no es imposible pero, visto lo visto, ahora mismo parece poco menos que quimérico. Por mucho que pronto vayan a estar listos C. Ronaldo y Benzema, y aunque el “lumbreras” de Rosell se volviera a ir de la lengua.

PD: Señor Marcos López, comentarista en LaSexta, GolT, Marca TV, la Cope y no sé cuántos sitios más: cuando un atacante recibe el balón de frente teniendo la portería a su izquierda, si lo para con el pecho siempre le quedará perfilado hacia la pierna derecha, que por su posición, en ese caso es la de su “perfil bueno” para disparar. Por eso, y porque de haberle dado con el brazo la pelota se le hubiese quedado cayendo a plomo prácticamente muerta -cosa que no ocurre-, el gol de Piqué es legal. Por mucho que usted y sus compañeros capitalinos intenten hacer creer lo contrario.

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¿Liga decidida? No, pero casi

Este pasado fin de semana se ha producido un verdadero golpe de efecto en la liga de Primera División. El madridismo confiaba en el factor psicológico para que el Barça volviera a pinchar ante el Hércules, único equipo que le ha ganado hasta la fecha en la presente temporada, y así recortar la diferencia de cuatro puntos favorable a los blaugrana con la victoria de su equipo en Pamplona.

Pero finalmente las aspiraciones del Madrid han sufrido un duro varapalo porque no sólo el Barça no falló en Alicante (0-3), sino que además los merengues cayeron ayer ante Osasuna por 1-0. Una dolorosa derrota para los blancos, que ya ven cómo su único rival se aleja ya hasta los siete puntos, la mayor distancia entre ambos equipos en los dos últimos años.

Visto, pues, que el Barça continúa con su paseo triunfal (la del Rico Pérez fue su 15ª victoria consecutiva en la liga, lo que le permite igualar el récord del Madrid de Di Stéfano en la campaña 60-61), la pregunta que todo el mundo del fútbol español se hace está clara: ¿se acabó la lucha por el título?

La respuesta, de entrada, para mí está clara: no. Es cierto que a los chicos de Guardiola no se les atisba, hasta ahora, ni un mínimo resquebrajamiento físico ni moral; pero sería absolutamente de necios descartar, a falta ni más ni menos que de 17 partidos, al equipo que, históricamente, más vidas ha tenido siempre -Pep “dixit”- en el fútbol español. Aunque los siete puntos actuales sean una diferencia que ni el denostado -por cierto sector en concreto de la prensa capitalina- Pellegrini tuvo en su contra durante toda la pasada temporada.

Ahora bien, sería más de necios todavía negar la evidencia. El Barça sigue a lo suyo, como un cohete, deleitando a todo el mundo del fútbol y goleando incluso cuando no realiza su mejor partido, como ocurrió el pasado sábado. Messi sigue haciendo goles hasta cuando no juega bien -con los dos de Alicante suma 22, y ya está solamente a uno de C. Ronaldo-; Pedro continúa creciendo como futbolista y como goleador -doce tantos ya en liga, donde suma seis semanas seguidas marcando-; mientras que Xavi, Iniesta y Busquets siguen imponiendo su ley en el centro del campo; y Víctor Valdés es el “Zamora”, de largo además.

Y no sólo eso. Al Madrid se le ve cansado, con sus jugadores exprimidos, incluso un C. Ronaldo obcecado y fallón que vuelve a echarle la culpa al “empedrado” -véase el ambiente, el juego duro del Osasuna, los balones tirados desde la grada…- por no haber ganado en un campo, el Reyno de Navarra, donde el Barça ganó en su día por 0-3 nada más bajarse del autobús -literalmente hablando-.

Cuando Xabi Alonso no está -y ayer una gripe le dejó en el banquillo hasta que marcó el Osasuna-, el Madrid se descompone; y encima, en la delantera, han fichado para sustituir a Higuaín a un tipo tan bueno -dicen- como conflictivo, Adebayor, que llevaba hasta ayer mes y medio sin jugar, y que cuando empiece a enterarse de qué va esto me da a mí que las vacaciones van a estar más cerca que otra cosa. En resumen, que pese a la millonada que se ha gastado Florentino Pérez desde su vuelta a la presidencia el Madrid, en su juego, sigue siendo un equipo tan ramplón que cuando disminuye su acierto de cara a la portería rival se vuelve sumamente mediocre.

Tanto es así que desde la prensa de la capital del reino, despreciando la liga cual zorra con las uvas, ya están diciendo que si hay que centrarse en las copas -este miércoles se juegan el pase a la final de la Copa del Rey ante el Sevilla, eliminatoria que ganan por 0 a 1-; que si el Madrid lo que realmente quiere ganar es la tan cacareada “Décima”; o que cuando realmente se va a notar la mano de aquél al que llaman “Mou” -ni que fuera el “barman” de Los Simpsons– es a partir de la segunda temporada del portugués. Por no hablar de la guerra declarada que, digan lo que digan a partir de ahora, sigue habiendo entre el técnico y el director general blanco Jorge Valdano.

Con todo ello, salvo que se lesionen de gravedad Messi, Xavi e Iniesta, me es relativamente fácil llegar a la conclusión de que la liga -siempre que desde “Can Barça” no se entierre de antemano al Madrid- no está decidida al 100%, pero sí a un 90-95%. Vamos, que a 31 de enero de 2011 apostaría, fútbol en mano, por la repetición del histórico triplete barcelonista de hace dos años -el que luego se convirtió en “sextete”- muchísimo antes que por la remontada madridista en la liga. No porque lo primero sea fácil -aunque el Barça sin duda lo volverá a lograr si sigue jugando de esa forma-, sino porque lo segundo, entre las virtudes de uno y los defectos del otro, es harto, pero que harto complicado.

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El Barça sigue marcando la pauta

Hemos llegado ya al ecuador de la liga en Primera División, y lo hemos hecho tras una jornada en la que el Madrid ha sufrido un importante tropezón en Almería (1-1), mientras que el Barça, a su estilo y forma, ha dado buena cuenta del Málaga (4-1). Importante tropezón, decimos, porque con este empate los blancos se alejan ya en cuatro puntos de su único rival, una distancia no insalvable pero, teniendo en cuenta el reducido número de errores que ambos están teniendo, sí que puede llegar a ser decisiva.

Haciendo un balance general, es increíble lo que es capaz de hacer el Barça de Guardiola. Da igual que tenga delante a un Madrid bicampeón de liga (primer año), a un Madrid con fichajes estratosféricamente millonarios (segundo año), o a un Madrid con el que dice la FIFA que es el mejor entrenador del año (temporada presente), sí, más aún que el del combinado campeón del mundo.

Da absolutamente igual porque este Barça, mientras más difícil se lo ponen, mejor aún es capaz de rendir. Ridículos “llantos” de su entrenador (y de su “prensa afín”) aparte, los números del Madrid han sido impresionantes; pero es que los del Barça han sido bestiales, de récord total y absoluto: 52 puntos, 17 victorias (sólo ha cedido un empate y una derrota), 61 goles a favor y 28 partidos consecutivos (entre Liga, Copa y Champions) sin perder.

Al son no sólo de Messi (indiscutible mejor jugador del planeta tanto por los goles que mete como por el juego que genera para sus compañeros) sino también de los campeones del mundo con España, el Barça de Guardiola va camino de seguir aumentando su leyenda, una leyenda que, de momento, ni Mourinho ni Cristiano Ronaldo ni Florentino Pérez juntos están siendo capaces de contrarrestar, por mucho que el crack portugués también esté batiendo récords en la tabla de goleadores, 22 (sí, Marca, 22, el de Anoeta fue de Pepe), por 18 de Messi.

Del resto de equipos, parece que el Villarreal se consolida como la tercera potencia nacional. Con el mismo tipo de fútbol atractivo que viene practicando desde que lo entrenara Manuel Pellegrini, los amarillos (37 puntos) llevan camino de meterse en la Champions de la próxima temporada. Junto a ellos, un Valencia irregular pero entre los mejores (37), y un Espanyol (34) que, desde su quinta plaza, es hasta ahora la gran revelación.

Por su parte la gran decepción, sin duda, está siendo el Sevilla, más aún que el Atlético de Madrid. Ni con Álvarez ni con Manzano, ni con Navas ni sin Navas están haciendo bueno los nervionenses el estatus que se les presupone. Un equipo que, hasta la fecha, se está salvando gracias a que, de momento, está solventando los torneos por eliminatorias, porque en la liga, el Sevilla ha cerrado la primera vuelta perdiendo en casa por 1-2 ante un rival directo como el Espanyol, y terminando décimo con 26 puntos, a ocho de la Champions y a tres del sexto clasificado.

Y por abajo, pocas sorpresas, si acaso que la Real Sociedad (25 puntos) y el Hércules (22) están solventando con muy buena nota en general la temporada de su retorno a Primera. Zaragoza (16), Levante (15) y Almería (14) cierran la tabla con el Sporting (16) igualado con los puestos de descenso, y con el nuevo Málaga (17) de Pellegrini y de los fichajes rutilantes (Demichelis, Maresca, Baptista y Asenjo) intentando alejarse de ellos.

Son algunas de las notas más destacadas de un campeonato que, en su segunda mitad, seguro que nos da más de una vuelta de tuerca con respecto a la primera. Pero como el Barça no afloje (y, de momento, no tiene visos de hacerlo a corto plazo) tendremos que prestar atención al resto de batallas si queremos encontrar sorpresas.

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Imperial “saludo” del Barça al Madrid (5-0)

Señoras, señores, hay que quitarse el sombrero una vez más ante el mejor equipo del mundo, el F.C. Barcelona. Da igual que el Madrid tenga el que, para algunos, es el “galáctico” de los entrenadores; da igual que el Madrid tenga sobre el campo un equipo plagado de millones de euros y, lógicamente, también de grandísimas individualidades; después de lo de esta noche todo eso da exactamente igual.

El de hoy era el Clásico del siglo; aquél al que, por primera vez en varios años -al menos eso se decía desde la prensa de la capital de España-, llegaba el Madrid en igualdad de condiciones con el Barça. Aquél, en definitiva, en el que los dos grandes de nuestra liga se jugaban de nuevo la hegemonía.

Todo eso, no obstante, ha quedado en agua de borrajas ante la tremebunda exhibición, una más, de los muchachos de Pep Guardiola. Una exhibición a la altura del histórico 2-6. La clasificación dice que el Barça, actualmente, sólo le lleva dos puntos al Madrid; que los líderes hasta hoy eran los “galácticos” de Mourinho.

Cierto es; pero ante la sacudida de esta noche; ante el terremoto que ha hecho temblar los cimientos del Camp Nou y del fútbol europeo, mucha personalidad van a necesitar los profesionales madridistas para sobreponerse de cara a los próximos encuentros. La misma, no obstante, que va a necesitar al Barça para no dormirse en los laureles; aunque si algo no le falta a los blaugrana es precisamente eso, personalidad y confianza, que no relajación.

Qué repaso, señores; qué soberano repaso y qué nueva lección nos ha regalado el Barça a los aficionados al fútbol en general. Inclusive a los madridistas, porque todos, repito, todos los futboleros deben estar agradecidos al equipo de Guardiola por lo que está haciendo por nuestro deporte desde hace con ésta tres temporadas.

Una manita en la que, para gozo y disfrute del fútbol español, han cobrado especial protagonismo los campeones del mundo con España. Xavi, Pedro y Villa no sólo han bailado a todo el Madrid, sino que además han sido los autores de los cuatro primeros goles del partido, haciendo el asturiano un doblete con el que vuelve a reivindicarse ante los que han llegado a dudar de él.

Y también ha estado estelar Iniesta, y Jeffren -que ha cerrado la goleada en los pocos minutos que ha jugado-… incluso Messi, pese a que el argentino no haya estado ni mucho menos tan acertado como en él es habitual. Eso, realmente, también dice mucho de este equipo. Ha sido, desde el primer minuto hasta el último, un clarísimo ejemplo sobre cómo callar bocas, sin más -que cada cual piense si darse o no por aludido-; hablando exclusivamente en el terreno de juego, que es donde hay que hacerlo. Y menos mal que Pepe, el único madridista que se ha salvado hoy, ha tirado durante los noventa minutos de amor propio, porque si no los ocho goles de hace ocho días en Almería se hubieran quedado cortos.

Para el Madrid, un pequeño consejo: hay que saber perder. Hay que saber aguantar el chaparrón con una actitud realmente digna. Porque si mal ha estado Cristiano Ronaldo -nuevamente anulado y humillado ante el Barça- con su empujón a Guardiola cuando iban 2-0, demencial ha sido la actitud de otro campeón del mundo, que esta vez no se ha comportado como tal.

Hablo, naturalmente, de Sergio Ramos, quien con su criminal -sí, criminal- parada a Messi cuando el 5-0 ya estaba puesto en el marcador ha estado a punto de mandar al hospital al mejor jugador del mundo. Por no hablar de la tremenda falta de respeto que ha supuesto los sucesivos manotazos del camero a los que se supone que son amigos suyos de la selección, Puyol y Xavi. Muy mal, Real Madrid; pero que muy mal. Si el rival te humilla te jodes, le das la mano -nunca mejor dicho en esta ocasión- y se la intentas devolver en la segunda vuelta.

En resumen, ni con Mourinho ni sin Mourinho; ni con Cristiano ni sin Cristiano. Lo que ocurra al final de liga ya se verá; por el momento, para bien o para mal -dependiendo de los colores de quien lo mire- el que sigue mandando en el fútbol español es el F.C. Barcelona. Como aficionado al fútbol, una vez más, muchas gracias por el espectáculo ofrecido.

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