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“Leyendo” al Pato Donald

Revisando algunas de mis anteriores “vidas cibernéticas”, me reencontré con este artículo, escrito hace casi tres años, y que me gustaría volver a compartir, esta vez a través del presente espacio.

Caminante, no hay camino; se hace camino al andar, escribió Machado. Y Disney, en cambio, canta otros versitos: Caminante, sólo hay caminos; no te eches a andar”.

De esta forma tan llamativa comienza uno de los capítulos de un libro que, después de ser leído, podría cambiar la concepción que una persona tiene sobre uno de los iconos de la infancia de cualquiera: los personajes de la factoría Disney.

PARA LEER AL PATO DONALD. COMUNICACIÓN DE MASA Y NACIONALISMO es un ensayo escrito por los reputados sociólogos y teóricos de la comunicación de masas Ariel Dorfman y Armand Mattelart. En él, desde una perspectiva eminentemente marxista, ambos critican el papel desempeñado por Walt Disney como promotor, de manera suave y sibilina, de la difusión del “american way of life” en literatura de masas (principalmente dirigida a “la base”, los niños, claro). Su tesis principal es que las historietas publicadas en su revista Disneylandia (dirigida a la América latina) no sólo son un reflejo de la ideología anteriormente mencionada, sino que, además, Disney debería ser considerado como cómplice activo y consciente a la hora de difundirla.

Todo ello a través de teorías como, por ejemplo:

1) La desaparición de la figura del padre. En las aventuras de los personajes Disney no hay padres, sólo tíos y sobrinos; y además, los pequeños suelen ser siempre más inteligentes que los mayores. Así, en la vida real, los padres no se oponen a que los niños lean las revistas porque no temen que se les “rebelen”: en las mismas, los “peques” siempre terminan sobreponiéndose a los “titos”, no a los “papis”.

2) El consumismo y la “ociosidad del trabajo”. Éste no es algo que haga falta, sino una actividad ociosa, un mero consumir del tiempo libre. Para ello, Dorfman y Mattelart ponen el ejemplo de una historieta en la que el Lobo Feroz termina atrapando a los tres cerditos, pero el cerdito Práctico (el listo, para que nos entendamos) acaba por convencerle para que los suelte, con el siguiente argumento: “¿En qué te vas a divertir ahora que nos tienes atrapados? No tendrás nada que hacer, fuera de estar sentado, envejeciendo antes de tiempo”. En resumen, el Lobo Feroz termina por pensar sobre su trabajo que eso es lo que le entretiene más que nada.

Ambos meten a todos los personajes en el mismo saco, pero se centran sobre todo en la familia de los patos: Donald, los sobrinitos y el Tío Gilito (o Tío Rico, como también le llaman), porque son ellos los máximos exponentes y encargados de la difusión de la ideología estadounidense en América Latina, donde el Pato Donald es el personaje más popular (el libro salió publicado en Chile en 1971-72).

El libro es muy interesante, más allá de si se está de acuerdo o no. Objetivamente, Dorfman y Mattelart tienen toda la razón del mundo en la mayoría de las cosas que afirman, pero a veces se pasan un poco. Los que bien me conocen saben que yo no soy sospechoso de ir a favor de lo americano; pero lo cierto es que desde niño he disfrutado como un enano con las aventuras de Mickey, Donald, Goofy y compañía, y siempre he tenido la cabeza muy bien amueblada, sin dejarme influenciar.

Así que, para desagraviar un poco a Disney y sus personajes, dejo estos dos magníficos cortos, dos verdaderas obras de arte, recomendadas para gente de todas las edades:

EL CONCIERTO DE LA BANDA, con Mickey y su orquesta intentando tocar la obertura de la ópera Guillermo Tell, y el Pato Donald, literalmente, dando por saco:

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EL VIEJO MOLINO, realmente emocionante y espectacular donde los haya:

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Sin embargo, sí estoy de acuerdo con aquello que, por lo general, se comenta del doble mensaje de las animaciones de Disney. Un ejemplo lo tenemos en el corto de EL PATITO FEO.

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…¿o quizás debería llamarse “el patito bastardo“? Porque las circunstancias en las que aparece son muy sospechosas, y además, la discusión entre papá pato y mamá pata se podría interpretar… de aquella manera. Vedlo vosotros mismos.

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