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“Por los pelos”: la “contracrítica”

Tomo la palabra a mi ya estimado Marcelo Casas, y por ello titulo de esta forma este artículo, destinado a ofrecer una segunda visión acerca de esta peculiar obra de teatro que tanto éxito está teniendo allá por donde va. Pero, a diferencia de lo que me sugirió en la noche del pasado viernes, no la voy a realizar partiendo del trabajo desempeñado por algún crítico profesional, sino de lo que yo mismo expuse en el espacio que están ustedes viendo allá por las últimas fechas del pasado mes de octubre, durante su anterior visita a Sevilla.

Gracias a la gentileza de Por los Pelos Teatro/Producciones Marcelo Casas y a la de una de sus productoras, Laura Santana, el destino nos proporcionó una segunda oportunidad a mí y a mis amigos principales para poder disfrutar de nuevo de esta forma de hacer teatro, en la que se cumple como nunca la máxima escénica que reza que ninguna representación es igual a la anterior.

Como muy bien dice en su blog mi muy querida amiga y compañera teatral Laura López, desde el momento en el que ocupamos nuestros respectivos asientos en el Teatro Quintero ya no éramos -a excepción de los “noveles” Massimo y Mª Jesús- los típicos espectadores que acuden a una función esperando a ver qué les ofrecen; para nada. Sabíamos perfectamente a lo que íbamos, lo que siempre supone para quien actúa -aunque no sea consciente de ello porque ni mucho menos tiene por qué saber si quien le observa ya lo ha visto con anterioridad- una dificultad extra a la hora de ser evaluado. Y a fe que esta obra y este elenco han superado esto con creces.

El lugar, el mismo: el Salón de Estética Unisex Tony´s; los protagonistas, los de la vez anterior, a excepción de Pablo Paz -el agente de policía Miguel Torres-, sustituido por Arturo Gregorio; la trama, la que todos ya conocemos; la calidad interpretativa, la misma o mejor aún. El desenlace, desgraciadamente, idéntico al de la vez anterior, a pesar de lo que luchamos por evitar que saliera de nuevo como asesino el personaje de Alicia Martos; aunque ello nos dio la oportunidad de disfrutar de nuevo con las extraordinarias dotes artísticas de Eva García-Vacas, capaz de pasar en un pis-pas, de forma sobresaliente, del “estilo Belén Esteban” al drama puro y duro.

Pero entre medias, el plato fuerte de la obra, la interacción con los espectadores, que nos volvió a ofrecer instantes realmente memorables. Es extremadamente divertido que te ofrezcan la oportunidad de hacer de testigo en un caso como éste; y eso, como en cada una de las funciones, lo volvió a agradecer el también llamado “respetable”.

Un público mayoritariamente de la tercera edad, que parece haber encontrado su hueco en la primera representación de los viernes, la de las 19:00; lo mismo que las familias y la gente más joven también gozan del suyo. Porque Por los Pelos es una obra que gusta a todo el mundo, ya que no sólo te brinda la oportunidad de intercambiar opiniones con los personajes -en la sala, y durante el descanso en el ambigú-, sino incluso de subir al escenario y participar sobre las tablas, como así sucedió en la temprana sesión del pasado viernes.

Y si además de hablar con los personajes también puedes hacerlo con los actores una vez terminado su trabajo, la noche adquiere ya tintes realmente mágicos para todos aquellos a los que nos gusta el buen teatro. Desde DAME UN SILBIDITO quiero agradecerle a Laura Santana la oportunidad concedida, así como a los fenómenos Marcelo Casas -me quedo con las ganas de ver el final de Tony-; Juanjo Pérez Yuste -de “policía”, de “ladrón”, pero lo importante en estos tiempos que corren es seguir trabajando-; Jesús Cabrero -como bien sabes, votamos por tu “alter ego” Eduardo López, pero sin rencores, ¿ok?-; Pilar Barrera -¿incriminarán algún día a tu Pitita, “Señora de la Mar Serena”? Sería muy interesante, artísticamente, verte ahí-; y Eva García-Vacas -de vez en cuando es bueno “librarse” de la policía, aunque si salir culpable supone verte actuar, entonces que te cojan las veces que quieran-.

¿Por qué? Entre otras cosas, por la amabilidad y la sencillez demostrada en el trato humano con nosotros; por la paciencia que tuvisteis a la hora de satisfacer todas nuestras curiosidades -muy especialmente las mías, que no fueron pocas-; y por compartir con nosotros, además de unos minutos de tertulia en los albores de la madrugada, el recuerdo gráfico que ilustra esta “contracrítica”. Ojalá podamos volver a vernos muy pronto, con Por los Pelos -de verdad que no me importaría una tercera vez-, o con lo que venga bien.

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La interactividad en el teatro, en estado puro

CRÍTICA TEATRAL

OBRA: POR LOS PELOS
AUTOR: Paul Pörtner
COMPAÑÍA: Producciones Marcelo Casas
REPARTO: Marcelo Casas, Eva García-Vacas, Juanjo Pérez Yuste, Jesús Cabrero, Pilar Barrera y Pablo Paz.
VERSIÓN/DIRECCIÓN: Marilyn Abrams y Bruce Jordan/Cesáreo Estébanez
LUGAR: Teatro Quintero (Sevilla)
DÍA: 29-10-2011 (sesión de las 22:30)
AFORO: Casi completo
DURACIÓN: 2 horas y 15 minutos (duración variable), con un descanso de 10 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (Sobre 5)

Los aficionados al teatro debemos estar agradecidos a seis personas: de una parte al dramaturgo alemán Paul Pörtner, por haber creado en 1963 la obra Scherenschnitt oder Der Mörder sind Sie; de otra, a los señores Marilyn Abrams y Bruce Jordan, por traducirla al inglés y adaptarla bajo el nombre de Shear Madness, para difundirla por los Estados Unidos -y luego por el resto del mundo-; también a Marcelo Casas, productor y protagonista principal de este montaje, por el éxito -justificado- que está teniendo allá donde lo está llevando; a Cesáreo Estébanez, el popular “Romerales” de Farmacia de guardia , por la excepcional dirección escénica; y, por último, a Jesús Quintero, popularmente conocido como el “Loco de la Colina”, por haber traído la obra a Sevilla.

¿Por qué debe justificarse tal agradecimiento? Pues por el buen nivel tanto de la trama como de los actores… pero sobre todo, por dar rienda suelta de forma excelente a la participación de los espectadores. Y es que la interactividad entre público y actores se convierte en la peculiar y principal característica de esta obra que ha gozado de diez meses de éxito ininterrumpido en Madrid, y que mañana culmina un bagaje similar de tres semanas en el Teatro Quintero, el recinto de la céntrica calle Cuna.

Todo comienza en el Salón de Estética Unisex Tony´s, la típica barbería/peluquería en la que, más incluso que atender a los clientes, los trabajadores se dedican a cotillear, marujear y desvariar hasta tal punto que su dueño, Tony Luján (Marcelo Casas) se “convierte” en una diva del cine delante mismo de su sorprendida y, por momentos, desesperada. clientela. De repente, se comete un asesinato, llega la policía y todos los allí presentes quedan retenidos como sospechosos del crimen.

Y es ahí donde entramos en el juego los espectadores. Como únicos testigos, se nos pedirá la colaboración pertinente, pudiendo realizar todo tipo de preguntas al comisario encargado de la investigación (Juanjo Pérez Yuste) sobre los sopechosos, y decidiendo quién es el culpable, lo que hace que cada representación pueda desembocar en un final absolutamente diferente con respecto a la anterior.

Como los lectores se pueden imaginar, otro de los puntos fuertes de la obra es la capacidad de improvisación de los actores -la mayoría rostros más o menos conocidos de la televisión, especialmente para los fans de la telenovela Amar en tiempos revueltos-, especialmente cuando el público entra en acción, para poder mantener la coherencia de las historias de cada personaje, y también para compatibilizar de manera adecuada con los espectadores con el objetivo de mantenerles permanentemente con la carcajada en sus rostros.

Y en eso Marcelo Casas, sin desmerecer a los demás, es el rey absoluto de la función, ganándose al público con su desparpajo y su peculiar forma de interpretar al extrovertido Tony, el peluquero homosexual y amanerado propietario del salón. Hasta tal punto es capaz de llegar su improvisación que en la función que servidor de ustedes fue a ver uno de sus gestos provocó lo que en cualquier otro tipo de obra habría sido un error imperdonable -que alguno(s) de los actores se descojone(n) en el escenario hasta el punto de tener que “parar” durante algunos minutos-, pero que en ésta sirvió para que la gente congeniara un poco más si cabe con quienes estaban en el escenario.

Claro que un montaje difícilmente se sostiene con un solo actor, por muy bueno que sea; y ahí a Casas le dan una excelente réplica todos y cada uno de sus compañeros de escena, desde el comisario y su ayudante (Pablo Paz) hasta la señora rica y elegante, llamada “de la Mar Serena”, interpretada por Pilar Barrera, pasando por el anticuario “yuppie de las Tres Mil” (Jesús Cabrero). Pero quizás la más destacada del resto sea Eva García-Vacas, capaz de llevar a un personaje, la señorita peluquera Alicia Martos, con un registro a lo Belén Esteban perfectamente mantenido durante toda la representación, y de darle cuando se le declara culpable -como se puede comprobar ese fue el final que eligió el respetable en el pase que estoy comentando- un tono dramático digno de una notable actriz.

En definitiva, una obra altamente recomendable cuya crítica no quiero dejar sin felicitar a mi querida amiga Laura López (“CAS“), porque su intervención fue, con mucha diferencia, la mejor de todas las que se hicieron desde el público. Y que conste que en absoluto lo digo por ser quien es.

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