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Mr Banks, “salvado” con nota


CRÍTICA DE CINE

PELÍCULA: AL ENCUENTRO DE MR BANKS (SAVING MR BANKS)
DIRECTOR: John Lee Hankock
REPARTO: Emma Thompson, Tom Hanks, Colin Farrell, Paul Giamatti, Jason Schwartzman, Bradley Whitford, Ruth Wilson, B.J. Novak, Rachel Griffiths, Kathy Baker
GUIÓN: Sue Smith y Kelly Marcel
PRODUCCIÓN: Walt Disney Pictures / Ruby Films / Essential Media & Entertainment
GÉNERO: Drama
NACIONALIDAD: Estados Unidos
DURACIÓN: 125 minutos
CALIFICACIÓN: * * * * (sobre 5)

Tom Hanks (Walt Disney) y Emma Thompson (P.L. Travers), paseando por DisneylandiaEn primer lugar, si esta crítica llega a manos de algún determinado especialista puro en el mundo del cine, me gustaría pedirle perdón porque, a la hora de emitir mi puntuación particular de SAVING MR BANKS -prefiero el título original; además de más corto es más adecuado para con la filosofía del film- me haya dejado llevar por los entrañables recuerdos que en mi mente evocan tanto el universo Disney en general como, concretamente, una película –Mary Poppins– que siempre, tenga la edad que tenga, estaré dispuesto a ver al menos una vez más.

No quiere esto decir que el homenaje que Disney ha preparado por el cincuentenario del estreno de uno de sus éxitos históricos sea objetivamente una mierda, capaz de captar de manera facilona al seguidor de Mary Poppins pero de aburrir soberanamente al resto de la humanidad. Que nadie se atreva a pensar tal cosa. Aunque sí que la casi excelencia otorgada por mí en su evaluación podría deberse a la gran cantidad de agradables reminiscencias provocadas principalmente por la inolvidable banda sonora creada por los míticos hermanos Robert y Richard Sherman.

O no tanto, quién sabe. Porque si dejamos a un lado todo esto -cosa harto complicada- el resultado no es otro que el de un trabajo con sus pequeñas imperfecciones, pero cuya historia está notablemente conducida, yendo progresivamente a más con el transcurrir de los minutos. La visión -parece ser, eso sí, un poco edulcorada según los acontecimientos reales- de cómo Walt Disney consiguió, allá por 1961, hacerse con los derechos de la novela escrita por P.L. Travers para su adaptación cinematográfica, combinado todo ello con el recuerdo de las desgraciadas vivencias infantiles de la propia autora.

Los entresijos -algunos de ellos- del mundo del séptimo arte; el tira y afloja entre ambas partes a la hora de elaborar el guión de una obra que terminaría pasando a la historia… y la reivindicación, como uno de los “mensajes” incluidos, de la figura paterna. Ese “Mr Banks” -con el recuerdo, sencillo pero emotivo, del inolvidable David Tomlinson, el rostro por excelencia del personaje-, posiblemente imperfecto pero con seguridad cariñoso que quien más quien menos tiene o ha podido tener a lo largo de su vida. Ese padre “salvado”, ya sea por una simpática y eficaz institutriz… o más bien por uno mismo.

¿Y cuál es el proceso para “salvar”, y con la mejor nota posible, a Mr Banks? Para saberlo, es preciso que se acerquen a las salas de cine -o a los videoclubs, cuando salga la película en DVD- y sean testigos del maravilloso mano a mano interpretativo que mantienen dos verdaderos monstruos como EMMA THOMPSON y TOM HANKS.

Thompson encarna a la perfección probablemente no con exactitud a la Travers real, pero sí a la que exige el guión de Sue Smith y Kelly Marcel: la típica mujer inglesa -de origen australiano, en su caso- seca y en ocasiones hasta impertinente pero que, a través de los recuerdos de su desafortunado padre –COLIN FARRELL– va mostrando su corazoncito y que termina -con esto no descubro nada que el espectador mínimamente sagaz pueda dejar de imaginarse- realmente encantada con el multitudinario estreno de Mary Poppins. Y Hanks responde como un perfecto “partenaire” en la piel del -controvertido para algunos- “creador de sueños”, el “Rey Midas” que todo lo que toca lo transforma en oro pero que, a su vez, es capaz de soportar una úlcera para no incumplir una promesa hecha veinte años antes a sus niñas.

Si todo ello es totalmente cierto o no, qué más da. Hay ciertas “licencias poéticas” -ahí tenemos, por ejemplo, a Shakespeare in love con el genio inglés y Romeo y Julieta– que, dependiendo del guión en sí y del propósito de la película a montar, resultan perdonables y asumibles. Es la magia del cine. Y con Saving Mr Banks no cabe otra cosa que dejarse llevar, y disfrutar.

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